Escribe Adolfo Santos
En los primeros días de noviembre de 1917 (últimos días de octubre según el calendario gregoriano), un hecho político ocurrido en Rusia conmovió al mundo. Se instalaba en el poder un gobierno revolucionario y socialista, dirigido por el partido bolchevique encabezado por Lenin y Trotsky, cuya fuerza se asentaba en la movilización democrática de las masas obreras y campesinas organizadas en los soviets.
A principios del siglo XX, Rusia era gobernada por el imperio de los zares construido por la familia Romanov tres siglos antes. Su población de 150 millones de habitantes era pobre, constituida mayoritariamente por campesinos y analfabetos. A pesar de conservar rasgos feudales, en las grandes ciudades como Petrogrado y Moscú capitalistas ingleses y franceses fueron desarrollando una industria moderna, alrededor de la cual crecieron grandes concentraciones obreras como las industrias Putilov, donde trabajaban 36.000 obreros.
En 1914, el zar Nicolás II se alió a Francia e Inglaterra en la guerra interimperialista, mandando a la muerte a millones de rusos que enfrentaban a los alemanes en inferioridad de condiciones. Esta situación, que fue desmoralizando las tropas rusas en las trincheras y provocando terribles penurias a la población en general, incentivó un movimiento creciente contra la guerra. Ese descontento se manifestaba en permanentes protestas que eran reprimidas por la policía zarista provocando muertes, heridos y encarcelados.
En febrero de 1917 una enorme movilización en Petrogrado, luego de cinco días de combates en las calles, consiguió la caída del zarismo. Escribe Trotsky en Historia de la Revolución Rusa: “El 23 de Febrero era el Día Internacional de la Mujer […] A nadie se le había ocurrido que pudiera convertirse en el primer día de la revolución […] la Revolución de Febrero comenzó desde abajo,[...] con la particularidad de que [...] corrió a cargo del sector más oprimido y pisoteado del proletariado: las obreras del ramo textil”.
Ese gran triunfo democrático instaló un “gobierno provisional” encabezado por el partido de la burguesía liberal, Kadetes, que había acompañado al zarismo hasta sus últimos días. El nuevo gobierno fue apoyado e integrado por partidos obreros y campesinos, los mencheviques (el ala reformista del partido marxista social democrático fundado en 1898) y los social revolucionarios (SR) con influencia en el campesinado.
El doble poder de los soviets
Al calor de este ascenso contra la guerra y la miseria surgieron los soviets (consejos), una experiencia retomada de la revolución derrotada en 1905. Estos organismos, formados por delegados obreros, campesinos y de soldados, deliberaban y decidían sobre todos los problemas. Se convirtieron en verdaderos organismos de “doble poder”, exigiendo soluciones a un gobierno que no atendía las principales exigencias de las masas empobrecidas. Los bolcheviques encabezados por Lenin, que comenzaron siendo una absoluta minoría en los soviets, dirigidos por los mencheviques y los SR, se fueron fortaleciendo al desenmascarar a estos sectores reformistas que sostenían el gobierno burgués para, supuestamente, desarrollar una Rusia capitalista y en una etapa posterior luchar por el socialismo.
En abril Lenin regresa del exilio y presenta un programa (ver recuadro “Las Tesis de Abril”) llamando a rechazar la política de conciliación menchevique, a combatir el gobierno burgués y a delegar el poder a los soviets, única alternativa para conquistar paz, pan y tierra. Esa política desató una feroz campaña contra el líder bolchevique, que fue acusado de agente alemán por defender la paz. Este ataque se extendió a Trotsky, destacado dirigente de los soviets, que en mayo había ingresado al partido de Lenin.
Pero con esa política de exigir “paz, pan y tierra”, los bolcheviques se fueron fortaleciendo y en los meses anteriores a la revolución se habían convertido en la mayoría entre los delegados soviéticos. Esa nueva relación de fuerzas les permitió a sus principales dirigentes, aún desde la cárcel, organizar la resistencia e impedir el intento de golpe del general Kornilov para derrotar el ascenso que acorralaba al gobierno de Kerensky.
La insurrección
El fin del gobierno burgués se produjo casi sin derramamiento de sangre, tal la fuerza de la movilización motorizada desde los soviets que fue organizada y dirigida por los bolcheviques, con Lenin y Trotsky (que dirigía el soviet de Petrogrado) a la cabeza. Fueron centenas de milicias armadas desde las fábricas y barriadas obreras y de los propios destacamentos de soldados y marinos. El último acto lo protagonizó el acorazado Aurora desde las aguas del río Neva que, con dos tiros de cañón, definió la rendición final del gobierno burgués y el abandono del Palacio de Invierno. Nacía un gobierno revolucionario y socialista dirigido por el partido bolchevique.
En su Historia de la Revolución Rusa, Trotsky concluye: “La Revolución de Octubre sentó las bases de una nueva cultura al servicio de todos, y por esa misma razón adquiere de inmediato significado Internacional. Incluso suponiendo por un momento que debido a una situación desfavorable y por circunstancias y golpes hostiles el régimen soviético fuera temporalmente derrocado, la Revolución de Octubre continuaría ejerciendo una influencia indeleble sobre todo el desarrollo futuro de la humanidad”. Trotsky tenía razón. Frente a la debacle del actual sistema capitalista imperialista, las tareas desarrolladas por la revolución de octubre y las medidas por ella aplicadas están más vigentes que nunca.
Escribe Adolfo Santos
Las primeras medidas del gobierno revolucionario fueron en el sentido de hacer realidad las exigencias impostergables de las masas movilizadas: ¡pan, paz y tierra!
• Al asumir, el gobierno soviético decretó una paz inmediata, sin anexiones, y la abolición de la diplomacia secreta. Al día siguiente el decreto sobre la tierra abolió, sin indemnización, la propiedad terrateniente y de la iglesia. Las construcciones e instrumentos de labranza también pasaban a los soviets campesinos. En las ciudades hubo moratoria de alquileres y medidas para garantizar la provisión de alimentos.
• En noviembre se dio igualdad de derechos a todos los pueblos oprimidos por el imperio ruso. Se abolieron los privilegios religiosos y se dio libertad a las minorías nacionales o étnicas. Se estableció el control obrero sobre las empresas. Se tomaron las imprentas y el papel, para garantizar las publicaciones de los soviets, y comenzó la organización de milicias.
• En diciembre se formó un Consejo Superior de Economía Nacional para coordinar las gestiones de las empresas que pasaban a manos de los obreros. Se confiscaron empresas imperialistas. Se estableció la educación pública (en manos de la Iglesia hasta entonces), el matrimonio civil, el divorcio y medidas de protección a la maternidad y la infancia. Se estatizó el sistema bancario y se abolieron los títulos de nobleza.
• En enero de 1918 se anuló la deuda externa. Se aprobó la formación del Ejército Rojo.
• En noviembre de 1919, en medio de la guerra civil, se fundó en Moscú la Tercera Internacional.
Escribe Adolfo Santos
El 3 de abril de 1917 Lenin regresó a Petrogrado desde su exilio en Suiza y presentó sus famosas Tesis de Abril. Cambió completamente la política defendida por dirigentes del partido bolchevique como Stalin y Kamenev, que justificaban la participación en la guerra (defensismo revolucionario) y proponían colaborar con el gobierno de Kerensky.
En síntesis, las Tesis proponían: “1. La guerra para Rusia sigue siendo imperialista, de rapiña, […] ninguna concesión al ‘defensismo revolucionario’. […] 2. La revolución ha dado el poder en esta primera etapa a la burguesía por la falta de conciencia y organización del proletariado. Hay que avanzar a la segunda, que debe poner el poder en manos del proletariado. 3. Ningún apoyo al gobierno provisional; […] 4. […] Los soviets son la única forma posible de gobierno revolucionario […] 5. […] Supresión de la policía, el ejército y la burocracia. Sustitución del ejército regular por el armamento general del pueblo. 6. Confiscación de las tierras de los latifundistas. Nacionalización de las tierras. […] 7. Fusión de un banco nacional único, bajo control del soviet. 8. No ‘implantación’ del socialismo como tarea inmediata, sino comenzar por el control obrero de la producción y distribución de los productos por los soviets. 9. Realización inmediata de un congreso partidario para modificar el programa […] y el cambio de nombre para pasar a denominarse Partido Comunista. 10. Constituir una nueva organización internacional”.
La adopción de este programa por parte de los bolcheviques fue determinante para el triunfo de la revolución, demostrando el liderazgo indiscutido y la capacidad de Lenin, así como la importancia de un programa para guiar la acción de las masas en momentos de crisis.
Escribe Miguel Ángel Hernández, dirigente del PSL, sección venezolana de la UIT-CI
El 18 de octubre se llevó a cabo en toda Francia una jornada de protesta nacional, con huelgas en varios sectores y movilizaciones en unas ciento cuarenta ciudades y localidades de todo el país.
La acción fue convocada por las centrales sindicales CGT, Fuerza Obrera (FO), la Federación Sindical Unitaria (FSU), el sindicato Solidarios y cuatro organizaciones estudiantiles, exigiendo aumentos salariales, en defensa del derecho a huelga y en apoyo a los trabajadores de la petrolera TotalEnergies, que se encuentran en huelga desde finales de septiembre.
El centro de la protesta es la exigencia de un aumento general de salarios a 2.000 euros, es decir, 300 euros más respecto al actual. En un país donde la espiral inflacionaria avanza, especialmente en los alimentos que han experimentado un incremento de 10%, los salarios siguen estancados.
A la jornada de protesta que semiparalizó al país se incorporaron trabajadores y trabajadoras del sector salud, educación, empleados públicos, así como al transporte, petroleros y trabajadores de once de las diecinueve centrales nucleares. En París se movilizaron más de 40 mil trabajadoras, trabajadores y jóvenes, siendo una de las ciento cuarenta marchas que se realizaron en todo el país.
La huelga del martes 18 tuvo especial repercusión en los trenes regionales, circulando solo la mitad. En las rutas ferroviarias de cercanía a la capital, la paralización habría sido de un 25%. También se han visto afectados los autobuses urbanos, suspendiendo el servicio un tercio de sus líneas. Hubo huelga en el subte. Y restricciones ferroviarias en la conexión entre Francia y España, así como entre París y Londres. En el sector educativo y en el sanitario la huelga fue parcial. Sin embargo, los organizadores de la jornada de protesta amenazaron con continuar las medidas de fuerza en los próximos días.
La acción huelguista fue precedida por una marcha “contra la vida cara”, realizada el pasado domingo 16 en París, convocada por organizaciones de izquierda, en la cual habrían participado unas 100 mil personas.
Crece el malestar social
El “octubre caliente” en Francia es consecuencia del gran malestar social que se viene acumulando en la segunda economía de Europa, producto de la caída abrupta del nivel de vida de las trabajadoras y trabajadores por el incremento de la inflación. Esto contrasta con los altos beneficios obtenidos por las empresas petroleras y petroquímicas. El gran repudio por parte de las trabajadoras y trabajadores, se produce porque ven cómo las grandes transnacionales siguen lucrándo, en medio de la crisis económica agravada por la invasión de Putin a Ucrania.
Sigue la huelga de petroleros
La gran jornada de protesta se produce con el trasfondo de una huelga en las refinerías de la petrolera TotalEnergies, que comenzó a finales de septiembre, por aumento de salarios. El sindicato que los agrupa exige un aumento de un 6%, mientras que la transnacional petrolera habría obtenido ganancias por 8 mil millones de euros.
TotalEnergies, al igual que la mayoría de las empresas petroleras y petroquímicas, ha obtenido ganancias récord, gracias al aumento de los precios de la energía como consecuencia del agravamiento de la crisis económica capitalista, potenciada por la invasión de Rusia a Ucrania, y las sanciones impuestas a este último país.
La huelga en las refinerías de petróleo redujo la producción de gasolina en más del 60% y dejó a una de cada tres gasolineras con escasez de combustible, generando largas filas para surtir a los vehículos. Sin embargo, el gobierno derechista de Macron impuso por la fuerza la reincorporación al trabajo de muchos trabajadores de Total, logrando reducir la escasez a un 30%. Esta acción del gobierno produjo un gran rechazo entre muchos trabajadores que consideraron la medida como una restricción del derecho a huelga.
Todo esto sucede en momentos en que el gobierno de Macron pretende aprobar en el parlamento el presupuesto del 2023 a través de un mecanismo de vía rápida, contemplado por la constitución. Y tiene pendiente una reforma de las pensiones para aumentar la edad de 62 a 65 años, que en el 2019 fue frenada por la movilización obrera y popular.
Desde la UIT-CI respaldamos las huelgas, y la movilización de las trabajadoras, trabajadores y jóvenes franceses que hoy luchan por salarios, contra la inflación y el ajuste del gobierno de Macron. Rechazamos las restricciones al derecho a huelga impuestas por su gobierno a los trabajadores petroleros de TotalEnergies.
Apostamos a que continúen las jornadas de protesta hacia una huelga general, y que al calor de la lucha los trabajadores y jóvenes se organicen en la perspectiva de conformar una alternativa socialista revolucionaria que enfrente al gobierno y su ajuste.
Irán: huelgas de los principales sindicatos del país y continúan las protestas masivas
En Irán los docentes convocaron a una huelga de dos días. Los sindicatos de la industria alimentaria y de la industria petrolera también han iniciado huelgas. Esto se produce al tiempo que se inicia el segundo mes de protestas por los derechos de las mujeres, luego de que Mahsa Amini muriera el 16 de septiembre mientras estaba bajo la custodia de la llamada “policía de la moral”.
El régimen reprime brutalmente, con más de 200 asesinados, entre ellos más de 20 menores, y 7.500 presos. Pero no consigue frenar el movimiento. Crece el odio popular a la dictadura capitalista islámica.
Las manifestaciones de solidaridad internacional también continúan. En Berlín, unas 80.000 personas salieron a las calles el sábado en apoyo a la lucha iraní.
Gran Bretaña: crisis política y siguen las huelgas
La primera ministra británica Liz Truss renunció el pasado jueves, habiendo durado solo seis semanas, después de intentar anular impuestos a grandes empresas. Esto fue criticado hasta por el FMI. El nuevo primer ministro, otro conservador electo por el parlamento, es Rishi Sunak, un multimillonario con 1.200 millones de dólares. Pocos creen entre trabajadoras y trabajadores que solucione algo de la grave crisis de inflación y el precio de la energía.
Mientras tanto se anunciaron nuevas huelgas por salarios por parte de los ferroviarios, trabajadores portuarios y 300.000 enfermeras, entre otros gremios.
Grandes protestas en Hungría de profesores y estudiantes
Este domingo Hungría celebra el “Día de la Revolución”. Conmemora la revuelta contra la dictadura burocrática del 23 de octubre de 1956 que fue aplastada por una invasión de la Unión Soviética.
Este aniversario ha coincidido con masivas protestas de profesores en Budapest, para exigir un aumento salarial. Decenas de miles de manifestantes, entre ellos profesores y estudiantes, han exigido mejoras salariales en la enseñanza y una respuesta para hacer frente a la elevada inflación. Alzaban pancartas denunciando la mala gestión del gobierno.
Para evitar a las masas, el primer ministro ultraderechista húngaro Viktor Orbán tuvo que irse de Budapest y hacer un acto en la ciudad de Zalaegerszeg.