Jun 22, 2026 Last Updated 2:06 PM, Jun 21, 2026

Izquierda Socialista

Escribe José Castillo

Una vez más, la izquierda, junto con el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia, llenó la Plaza de Mayo. Decenas de miles de luchadores, de distintas generaciones, se hicieron presentes y acompañaron el acto. Por supuesto que una parte importante de cada 24 es reivindicar la memoria de los 30.000 desaparecidos y su lucha por la liberación nacional y social, un gobierno de los trabajadores y el socialismo.

Pero queremos invitar a todos los que se vienen movilizando año tras año con la izquierda y el Encuentro Memoria Verdad y Justicia a avanzar un paso más en las conclusiones. Todas y todos decimos, cada 24 de Marzo, que las peleas siguen vigentes. Hablamos de “la impunidad de ayer y de hoy”. ¿Por qué?

Esencialmente porque, desde 1983 a la fecha, seguimos sometidos al saqueo de la deuda externa y el FMI con sus planes de ajuste, a cifras cada vez mayores de pobreza, desempleo y marginación. Un único número: la pobreza en 1974 era de 4%. Hoy supera cómodamente el 40%. Esta es la más triste y cruda realidad.

Todos nos han gobernado. Pasaron radicales, peronistas, centroizquierdistas, macristas. Con distintos discursos, la esencia fue siempre la misma: ajuste, endeudamiento, sometimiento al FMI y cada vez mayor entrega.
Hace falta otra cosa. Que gobiernen los que nunca lo hicieron, los trabajadores y la izquierda.

Peleamos entonces por un gobierno distinto, que tome medidas de fondo, apuntando a resolver de inmediato las más urgentes necesidades populares. Que, para eso, deje inmediatamente de pagar la deuda externa, rompa con el FMI, nacionalice la banca y el comercio exterior, reestatice las privatizadas y las ponga a funcionar bajo gestión de los trabajadores y usuarios. Que le ponga fuertes impuestos a los ricos y libere al pueblo trabajador de vergüenzas como el impuesto al salario o el IVA. Que aumente los salarios y las jubilaciones para que nadie gane menos que el valor de la canasta familiar. Que cree trabajo genuino, terminando con el flagelo de la desocupación por medio de un gran plan de construcción de viviendas populares. Que triplique los presupuestos de educación y salud. Que luche efectivamente contra el patriarcado, poniendo todos los recursos necesarios para acabar con los femicidios, garantizar el real acceso al aborto legal, seguro y gratuito y la plena igualdad de salarios y oportunidades entre los géneros. Que le dé reales oportunidades y perspectivas a la juventud, con becas para estudiar, trabajo y créditos para acceder a la vivienda.

Todo esto será posible con otro sistema. Porque la salida es el socialismo, no el capitalismo, por más que se le agreguen adjetivos para embellecerlo, como hizo recientemente el presidente Alberto Fernández al cantarle loas a un supuesto “capitalismo productivo”.

Nosotros, la izquierda, somos los únicos que decimos que el capitalismo nos lleva al desastre, a la miseria extrema, que con él no hay futuro, que no sólo es más hambre y superexplotación, sino también destrucción del ambiente.
Por todo esto, hoy más que nunca hay que construir y fortalecer una alternativa política de los trabajadores, el movimiento de mujeres y disidencias y la juventud, frente a todos los partidos patronales. Eso es lo que venimos haciendo con el Frente de Izquierda Unidad desde hace ya más de diez años. Estamos presentes en todas las luchas, fortaleciendo al sindicalismo combativo, siendo muchas veces la única voz opositora a todas las políticas de ajuste, del gobierno que sea. En las últimas elecciones, un sector que venía teniendo expectativas y tradicionalmente votaba al peronismo nos dio su apoyo. Pero necesitamos más, muchos más. Tenemos que convertirnos en una real alternativa para el conjunto de la clase trabajadora. Y para eso precisamos manos, cuerpos y militancia.

Decíamos más arriba que los 30.000, entre ellos nuestros compañeros del glorioso PST, luchaban por un gobierno de los trabajadores y el socialismo. Seguir su legado es continuar con esa pelea. Hacer cada día más fuerte esa alternativa política, que hoy estamos construyendo desde Izquierda Socialista y el Frente de Izquierda Unidad.


Escribe Juan Carlos Giordano, diputado nacional electo Izquierda Socialista/FIT Unidad

La Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad reveló que hay 1.058 condenados por delitos de lesa humanidad, 542 procesados y 764 detenidos. Un triunfo de la lucha popular. Pero también mostró que 964 milicos fallecieron antes de obtener sentencia (es decir, en la impunidad), 1.532 permanecen en libertad y 573 están imputados pero no han prestado siquiera declaración indagatoria. La semana pasada, por ejemplo, murió en su casa, impune y sin condena, el genocida Villanova, acusado en la Megacausa Campo de Mayo. Por su parte, el ex gerente de Mercedes Benz, Juan Ronaldo Tasselkraut, de 80 años, viene postergando su declaración indagatoria acusado de “indicar al personal militar a los delegados y empleados para que pudieran ser privados de la libertad”. Y Blaquier, con 94 años, dueño del Ingenio Ledesma y emblema de la responsabilidad empresarial en los crímenes de la dictadura en Jujuy, sigue en la impunidad. Vaya si hay motivos para movilizarnos.

Argentina es ejemplo en el mundo por haber mandado a la cárcel a muchos genocidas, pero la impunidad sigue. Algunos dicen que con Néstor Kirchner llegaron los juicios. No. En el gobierno peronista kirchnerista se anularon las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, lo que permitió que se reiniciaran muchos de ellos. Esto fue por la lucha popular. Pero al no invertirse la carga de la prueba (para que todo genocida se presuma culpable y vaya preso), muchos siguen en libertad. Por eso se llegó a este 24M con 20 juicios por delitos de lesa humanidad aunque otros 65 esperan fecha de inicio.

Si a esto le sumamos la impunidad que reina sobre el resto de los cómplices civiles de la dictadura (cúpula de la Iglesia Católica, burócratas sindicales y políticos patronales), con archivos que aún no se abrieron, y que queda por restituir la identidad de 400 jóvenes apropiados, está claro que la lucha continuará bajo todos los gobiernos.

Nora Cortiñas fue la principal oradora en el Acto en Plaza de Mayo del Encuentro Memoria, Verdad y Justicia. Sus palabras fueron: “[…] si hoy estuvieran acá los 30.000 desaparecidos muchas cosas no pasarían, porque estarían al lado de ustedes luchando con todas sus fuerzas, seguramente no aceptarían al Fondo Monetario Internacional, junto a ustedes.

“[…] Los desaparecidos y desaparecidas son nuestros, son del pueblo, no son solo de las madres, de los padres y de las familias, por eso seguimos en la lucha. Si ellos estuvieran acá dirían: ¡No a la megaminería! ¡No a la entrega de la soberanía! Dirían: ¡Los ríos son nuestros, los puertos son nuestros, la tierra es nuestra y el agua es nuestra! ¡A defenderla! […] ¡Todos los que votaron para apoyar al FMI son traidores al pueblo! ¡Fuera, fuera, fuera Fondo, fuera!

“[…] Hoy también están todos los pibes caídos por la bala asesina policial. Están con nosotras las mujeres caídas por los femicidas. ¡Presentes! Las madres del gatillo fácil que piden justicia. […] ¡No bajen los brazos! ¡30.000 detenidas y detenidos desaparecidos presentes! ¡Ahora y siempre!”

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Escribe Federico Novo Foti
 
Se cumplen cuarenta años de la recuperación de Malvinas. En este segundo artículo de la serie iniciada en el número pasado, desarrollamos los sucesos de la guerra y la política que adoptó el Partido Socialista de los Trabajadores (PST), antecesor de Izquierda Socialista. Desde el inicio del conflicto, el PST planteó una política para ganar la guerra y, tras la rendición, denunció las causas por las que la dictadura eligió la derrota. Rendimos homenaje a los héroes y mártires de la gesta de Malvinas continuando la lucha antiimperialista.
 
El 30 de marzo de 1982, la CGT convocó a una movilización a Plaza de Mayo ante los despidos y suspensiones en fábricas automotrices. La represión policial caldeó los ánimos pre anunciando el malestar social en medio de la crisis económica. El 2 de abril, la Junta Militar anunció el desembarco y recuperación de las islas Malvinas. La dictadura, comandada por Leopoldo Fortunato Galtieri, niño mimado del imperialismo yanqui, no buscaba hacer una guerra antiimperialista, sino establecer una ocupación breve y una negociación. Un golpe de efecto, utilizando la justa causa de Malvinas, para lograr apoyo social ante el crecimiento de las luchas obreras y la ruptura de sectores de la clase media. (ver número anterior) Pero la maniobra fracasó.

La respuesta del imperialismo no se hizo esperar. El 3 de abril, Gran Bretaña rompió relaciones con Argentina, anunciando sanciones económicas y el envío de Fuerzas de Tareas. La ONU exigió el retiro de las tropas argentinas y la Comunidad Económica Europea respaldó a los ingleses. El presidente estadounidense, Ronald Reagan, designó al General Alexander Haig para interceder en el conflicto, mientras apoyaba con pertrechos y logística a los ingleses. El 25 de abril, comenzó la invasión británica en las islas Georgias del Sur y el 1° de mayo los combates en Puerto Argentino y Puerto Darwin en Malvinas. El 2 de mayo fue hundido, fuera de la zona de exclusión de guerra, el ARA General Belgrano, donde murieron 323 personas.

El inicio del conflicto desencadenó una enorme movilización popular antiimperialista que desbordó a la dictadura. El 10 de abril, 150.000 personas se reunieron en Plaza de Mayo ante la llegada de Haig. Entre la multitud se leían carteles que decían “fuera ingleses y yanquis de Malvinas”. El discurso de Galtieri, desde el balcón de Casa Rosada, fue aplaudido cuando hizo referencia a la soberanía de Malvinas y silbado cuando se refirió a sus gestiones y las de Haig. Con el inicio de los combates la indignación popular y la solidaridad crecieron. El 26 de abril, la CGT realizó una movilización de 10.000 personas, donde se coreó “levadura, levadura, apoyamos las Malvinas, pero no la dictadura”.1 Juntas vecinales organizaron marchas en sus barrios, miles donaron sangre y se inscribieron como voluntarios, se realizaron colectas para el Fondo Patriótico en las fábricas, niños escribían cartas a los soldados y mujeres tejían abrigos. Así nació la gesta de Malvinas. La guerra también despertó la solidaridad de los pueblos latinoamericanos. Ejemplo destacado fue la movilización de 150.000 personas en apoyo a la Argentina realizada en Lima, Perú.  
 
Se podía ganar la guerra

Tras el anuncio de la recuperación de Malvinas, el PST se ubicó por el triunfo argentino y la derrota inglesa, sin depositar ninguna confianza en la dictadura y denunciando sus crímenes. Su posición surgía de la caracterización de la guerra. Detrás de los distintos regímenes y gobiernos de ambos países, la guerra enfrentaba a un país imperialista, que buscaba retener sus últimas colonias, contra un país oprimido, semicolonial, sometido al imperialismo por el saqueo de multinacionales y la sangría de la deuda externa, que reclamaba la soberanía sobre su propio territorio. (ver número anterior)

 En las marchas, en las barriadas populares y los lugares de trabajo y estudio, el PST desarrolló una fuerte crítica a la conducción de la guerra por la Junta Militar. Denunció que la dictadura no hacía la guerra en todos los terrenos. En contrapartida, el PST exigía una política a fondo para combatir al imperialismo. Demandó plenas libertades para que el pueblo resolviera democráticamente todos los problemas de la guerra. Reclamó que el esfuerzo de guerra lo pagaran los asesinos imperialistas, suspendiendo los pagos de la deuda externa, la incautación de las empresas inglesas y estadounidenses (Banco de Londres, Shell, Ford, etcétera) y que el gobierno aceptara la ayuda externa ofrecida por los gobiernos de Perú, Venezuela, Cuba, Libia o la URSS. Para coordinar la fenomenal corriente de solidaridad obrera y popular, el PST exigió a la CGT que se pusiera al frente y unificara todas las acciones antiimperialistas que recorrían el país.

De regreso al frente de batalla, el 21 de mayo, los ingleses lograron establecer una cabecera de playa en Puerto San Carlos en Malvinas y los combates aeronavales recrudecieron. El 25 de mayo, aviadores argentinos hundieron tres fragatas misilísticas, el “Atlantic Conveyor” de transporte pesado y el destructor “Coventry”. Para entonces, los ingleses asumían que, sometidos a enormes dificultades logísticas, Argentina podía ganar la guerra. Así lo reconoció el brigadier inglés Julian Thompson, quien dirigió la operación terrestre en Malvinas: “podríamos haber perdido la guerra”. (Clarín 27/3/2022)

Sin embargo, la Junta Militar no asumió ninguna de las medidas para ganar. La intervención de la Fuerza Aérea, relegada dentro de la Junta Militar, no fue coordinada con el resto de las fuerzas. Mientras los soldados y aviadores argentinos heroicamente daban la vida, muchos de sus jefes los torturaban y se robaban las donaciones. El genocida Alfredo Astiz se rendía en las islas Georgias del Sur sin disparar un solo tiro. La dictadura siguió pagando la deuda externa, que era usada para financiar a las Fuerzas de Tareas británicas, y no tocó los intereses de las empresas inglesas y estadounidenses en el país. Tampoco aceptó la ayuda externa ofrecida por varios gobiernos.

El PST denunció que la Junta Militar, incapaz de tomar medidas de fondo para lograr la victoria y aterrada por la irrupción de la movilización antiimperialista, terminó eligiendo la derrota. La UCR y el PJ acompañaron la política derrotista. Carlos Contín, presidente de la UCR declaró: “es la hora de los grandes silencios”. La oportunidad de imponer la rendición en las calles la dio la llegada del Papa, Juan Pablo II, quien vino a predicar la “paz”, pero reconociendo la posesión inglesa de Malvinas. La UCR, el PJ y la CGT se sumaron a las misas masivas del 11 y 12 de junio. El PST en soledad llamó a no ir a los actos papales, denunciando que planteaban, en medio de la guerra, “nuestra rendición disfrazada tras la palabra paz”.2
 
Lecciones de la gesta de Malvinas

El 14 de junio cayó Puerto Argentino. Mario Benjamín Menéndez, gobernador militar de las islas, acordó el alto al fuego y la rendición argentina. El 15 de junio, la indignación popular alimentó la movilización a Plaza de Mayo, donde Galtieri prometió hablar. El cordón policial que recibió a los manifestantes fue rechazado al grito de “se va a acabar la dictadura militar”, comenzaron la represión y los enfrentamientos callejeros. Era el fin de la dictadura.

Días después, el PST denunciaba que la desastrosa conducción de la guerra por la Junta Militar había sido el fiel reflejo de la clase social que ella representaba: la patronal argentina, cobarde, entregada al imperialismo por mil lazos más fuertes que las necesidades que imponía la guerra y temerosa de la movilización obrera y popular. Esa era una de las grandes lecciones que había dejado la gesta de Malvinas.

Hoy, a cuarenta años, Izquierda Socialista/FIT Unidad rinde homenaje a los héroes y mártires de Malvinas diciendo, ¡fuera ingleses de Malvinas, fuera yanquis de América Latina! Continuamos la lucha antiimperialista rechazando el pacto del gobierno con el FMI, contra el pago de la deuda externa y llamamos a conformar un frente de países deudores. Por la ruptura de todos los lazos que nos unen al imperialismo y por la segunda y definitiva independencia. Para recuperar nuestras islas Malvinas y luchar consecuentemente contra el imperialismo es necesario luchar por un gobierno obrero y popular, porque las y los trabajadores no tenemos compromisos ni lazos con el imperialismo, sino que es nuestro enemigo mortal.    
 
1. En “Malvinas. Prueba de fuego”. Ediciones El Socialista, Buenos Aires, 2007.
2. Op. Cit. Página 83.

Escribe Martín Fú

Este 2 de abril se cumplen cuarenta años de la gesta por la recuperación de las Islas Malvinas. Una página de la historia Argentina que inició como una medida desesperada de la dictadura genocida y rápidamente pasó a convertirse en un movimiento popular antiimperialista y, también, en el inicio de la caída del régimen del “Proceso”, como lo venimos reflejando en las notas de El Socialista.

Desde estas páginas rendimos homenaje a los héroes y mártires de Malvinas, a los 649 caídos en la lucha contra el invasor imperialista. Quienes, junto a las y los 30.000 detenidos-desaparecidos, deben ser considerados héroes y mártires que lucharon por la liberación nacional y social, y por nuestra segunda y definitiva independencia. Así deben ser recordados por las presentes y nuevas generaciones.

Tan profundamente caló la guerra contra el invasor inglés que durante años hemos visto a los dirigentes de los partidos patronales (peronistas, radicales y del macrismo) y a sus medios de comunicación realizar denodados esfuerzos por cambiar la memoria colectiva. Se trató de borrar la inmensa movilización antiimperialista que se generó, la gigantesca solidaridad que se dio automáticamente en toda Latinoamérica y, por sobre todo, la gesta heroica de nuestros pibes. Esto último, junto a la traición de la dictadura, quedó marcada a fuego en la consigna que recorrió la movilización que repudió a Galtieri el mismo día de la rendición y terminó provocando su renuncia: “los pibes murieron, los jefes los vendieron”.

Este esfuerzo por borrar de la memoria histórica la gesta antiimperialista de Malvinas comenzó casi inmediatamente. Hasta se le puso un nombre: la “desmalvinización”. Alfonsín llamó a la gesta de Malvinas “carro atmosférico”. Carlos Menem inauguró las “relaciones carnales” con el imperialismo. Néstor Kirchner dijo que fue un conflicto “insensato y siniestro”. Todos los gobiernos reclaman discursivamente que “las Malvinas son argentinas”, mientras avanzan en acuerdos políticos y económicos con la misma potencia imperialista británica que ocupa nuestro territorio.  

Esa política de “desmalvinización” está íntimamente atada a la de todos los gobiernos que se arrodillan ante los dictados del FMI y  los usureros de la deuda externa. Son los mismos gobiernos patronales que renunciaron a la recuperación de las islas, con todas sus consecuencias. Que incluye, en su afán de silenciar la gesta, hasta haber dejado a la deriva a los ex combatientes, con la trágica consecuencia de más de 350 suicidios hasta la fecha.

La “desmalvinización” es invisibilizar la existencia de un enclave imperialista en pleno siglo XXI (una población ajena mudada al territorio para reemplazar a una población anterior expulsada), de una base militar de la OTAN en Mount Pleasant, de la ocupación de las Georgias y Sandwich del Sur, y del control que ejercen sobre un espacio marítimo que cada día unilateralmente se extiende más en nuestro Mar Argentino.

Nuestra corriente siempre tuvo claro de qué lado había que estar. Como dijo en 1982 nuestro fundador Nahuel Moreno, orientando al PST (antecesor de Izquierda Socialista): “Si fuera más joven, ya me hubiera anotado como voluntario”, planteando el apoyo a Malvinas pero no a la dictadura (como se cantaba en las marchas).

A 40 años de la gesta, la lucha antiimperialista está plenamente vigente y el camino para recuperar las Islas Malvinas se resume en ¡Fuera ingleses de Malvinas, fuera yanquis de América Latina! Esto está estrechamente unido a la lucha por romper el pacto con el FMI y dejar de pagar la ilegal e inmoral deuda externa, junto con la expropiación de las multinacionales y bancos imperialistas. Punto básico de la ruptura de los lazos económicos y políticos que nos atan al imperialismo.

Artículos de Iván Ponce

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