
Escribe Juan Carlos Giordano, diputado nacional electo Izquierda Socialista/FIT Unidad
Hablamos con Aleksandr Skiba, líder del Sindicato Libre de las y los Trabajadores del Ferrocarril de Ucrania. Además de contarnos cómo se vive en ese importante sindicato de Kiev, llamó en un video alos ferroviarios de Argentina y del Estado Español a redoblar la solidaridad en su apoyo.
| Foto de portada: Aleksandr Skiba, segundo de derecha a izquierda, con la delegación de la UIT-CI y Sergei Movchan, primero a la izquierda |
El transporte ferroviario ucraniano es vital. Es el medio que conecta a todo el país. Por eso Putin ha elegido las vías férreas como blanco de sus bombardeos. Las y los trabajadores del ferrocarril tuvieron mucha responsabilidad en los primeros días de la invasión. Fue el único medio de transporte regular que se mantuvo al escasear el diésel para los autobuses. Fue esencial para permitir los movimientos de las primeras semanas con las evacuaciones masivas, para hacer llegar alimentos a zonas desabastecidas y también en el plano militar. Esto obligó a realizar jornadas interminables en condiciones de trabajo muy precarias y con mucho riesgo, más teniendo en cuenta que una parte de sus operarios se han incorporado al ejército y a la Defensa Territorial, “mientras los jefes seguían viviendo bien”, nos cuenta Aleksandr.
Aleksandr rechaza categóricamente las imposiciones que ha tomado el gobierno de Zelensky con el decreto especial promulgado el pasado 24 de marzo, que permite el retraso en los pagos de los salarios y anuló los convenios colectivos. “Después de años de lucha habíamos conseguido establecer tiempos de descanso, vacaciones y otras conquistas que ahora han sido derogadas”, señala.
La legislación ucraniana no permite en el ferrocarril la huelga, al considerarlo como servicio esencial. Sin embargo los trabajadores luchan con movilizaciones contra la administración y lo que llaman “huelga a la italiana”, que supone un estricto trabajo a reglamento. La última convocatoria de huelga se realizó en 2018 y se fue extendiendo desde los centros de Kiev a la mayor parte del país. Se consiguieron importantes mejoras y el sindicato ganó influencia, pasando a ser el segundo del sector en número de afiliadas y afiliados. Los conductores son el sector más combativo.
Los ferrocarriles en Ucrania son estatales y trabajan allí alrededor de 240.000 trabajadoras y trabajadores. Pero ahora el gobierno tiene el proyecto de privatizar las partes más rentables, es decir el transporte de mercancías (carga), manteniendo como estatales las que no lo son, el transporte de pasajeros. Hasta el año 2000 el transporte de pasajeros daba ganancias, pero a partir de esa fecha se combinaron los altos salarios en la dirección de la compañía y una política que abandonó el mantenimiento, se cerraron talleres de reparación, las inversiones se limitaron a la compra de algunos trenes nuevos, se disparó la corrupción y la mala gestión.
Aleksandr señala que están muy preocupados por la situación en el campo. Los trenes en esta época siempre cargaban fertilizantes minerales, los cuales son fundamentales para asegurar la producción agrícola. Hoy no se transporta, lo que puede provocar una crisis alimenticia que sería gravísima, unida a las consecuencias de la guerra, no solo para Ucrania sino para otras partes del mundo. También hay una gran preocupación por las zonas ocupadas, donde si bien se entrega algo de comida a la población no hay medicamentos. Se han hecho algunos intentos para hacerlos llegar pero han sido bloqueados por las tropas de Putin. Nos cuenta Aleksandr que es urgente hacer llegar medicamentos y equipos médicos a esos lugares.
Por último, hace un llamado a que las y los trabajadores hagan respetar sus derechos en todo el mundo. “La guerra no puede ser el mecanismo por el cual los gobiernos hagan retroceder los derechos de las y los trabajadores”, nos dice, en un claro mensaje internacionalista para que las consecuencias de la guerra no las paguen los trabajadores sino los capitalistas. Por nuestra parte le hicimos llegar el saludo de los ferroviarios del Sarmiento de Argentina, haciendo conocer su lucha en defensa del salario, las condiciones de trabajo y por la reestatización de todo el sistema ferroviario bajo control de sus trabajadoras y trabajadores. Y le reprodujimos a Aleksandr las palabras de la diputada de Izquierda Socialista y delegada ferroviaria Mónica Schlotthauer y de Rubén Sobrero en el acto del Primero de Mayo. El dirigente ferroviario llamó a solidarizarse en su apoyo. Un deber de los luchadores del mundo en defensa de la clase obrera de Ucrania, en este caso, de las y los trabajadores ferroviarios y sus dirigentes combativos que luchan en una situación tan difícil.

Aleksandr Skiba
“Nuestra lucha es la suya”
Reproducimos el llamado que hizo Aleksandr a través de un video pidiendo la solidaridad internacional a su lucha.
“Soy Aleksandr Skiba, vivo en Kiev, soy conductor de trenes. Pertenezco a la seccional local del sindicato libre de ferroviarios de Ucrania, ubicada en Dárnytsia, Kiev. Para nuestros camaradas en Argentina, el Estado Español y alrededor del mundo, quiero desearles fuerza, suerte y paciencia en su lucha por su liberación. Porque su lucha es nuestra lucha, al igual que nuestra lucha es la suya. Nosotros necesitamos pelear hasta salir victoriosos y lograr la cancelación de nuestra deuda, tanto externa como interna. Los problemas y calamidades que nosotros estamos sufriendo en este momento de guerra son problemas que afectan a las gentes en otras partes del mundo, así que es importante unirnos en solidaridad. Muchas gracias”.

Escribe Juan Carlos Giordano, diputado nacional electo Izquierda Socialista/FIT Unidad
El presidente de Rusia dio un discurso en el Día de la Victoria, aprovechando el 77º aniversario de la derrota de la Alemania nazi por parte del Ejército Rojo para justificar sus atrocidades, horribles crímenes y bombardeos salvajes contra Ucrania. Hizo un falso paralelismo para simular que Rusia estaría combatiendo ahora a una supuesta Ucrania nazi, cuando el que está aplicando una política nazi es el propio Putin. El dirigente de Operación Solidaridad, Sergei Movchan (ver “Gracias por venir”), dice con claridad “ser antifascista hoy es estar en contra de Putin”.
Putin dijo que fue “inevitable” y “una decisión correcta” la invasión. Y que sus tropas en el este de Ucrania están luchando “en su tierra”. Es decir, considera “su tierra” parte del territorio ucraniano usurpado por su ejército. También argumentó que hizo un despliegue “preventivo ante el peligro que iba creciendo cada día” por parte de la OTAN, diciendo que su política fue un acierto “de un país soberano, fuerte e independiente” en pos del “bien común”. Nada más cínico. Claro que estamos en contra de la OTAN y por su disolución. Pero decir que no le quedaba otra que invadir es un despropósito absoluto. Usa el odio a la OTAN entre los luchadores del mundo para justificar sus crímenes.
La campaña de “desnazificación” de Ucrania es una mentira total. Allí existe una extrema derecha que hay que combatir, pero eso quedará en manos del pueblo de Ucrania. Como dicen desde Operación Solidaridad, es exagerada la alusión a ella por parte de la propaganda rusa que explota y parasita el lenguaje y la tradición del antifascismo para justificar sus crímenes. Rusia “cada día se parece más a un régimen fascista desde que comenzó la guerra”, afirman con razón.
El otro aspecto del discurso de Putin es que, al contrario de las expectativas periodísticas al respecto, no le declaró formalmente la guerra a Kiev ni anunció una ofensiva más global. Tampoco pudo mostrar un triunfo militar categórico tras la derrota en su intento de tomar Kiev al inicio de la invasión. Sin embargo sigue con su política criminal. Lo que quiere es controlar a Ucrania y disolverla como nación. Por eso es tan importante seguir redoblando el apoyo a la resistencia del pueblo ucraniano.

Escribe Miguel Sorans, dirigente de la UIT-CI y de Izquierda Socialista/FIT Unidad
Desde que comenzó la invasión de Rusia y la guerra en Ucrania hay un debate en el FIT Unidad sobre cuál debe ser la posición de los socialistas revolucionarios ante ella. Esta polémica expresa los alineamientos de la izquierda en el mundo. Las diferencias las tenemos, centralmente, con el Partido Obrero (PO) y el Partido de los Trabajadores por el Socialismo (PTS) y se reflejaron en el acto central del FIT Unidad del 1° de Mayo.
La postura de Izquierda Socialista la planteó clara y contundentemente nuestra compañera Mónica Schlotttauer (ver video). La síntesis fueron tres consignas: Fuera Putin y sus tropas de Ucrania, apoyo a la resistencia del pueblo ucraniano y No a la OTAN y toda injerencia imperialista en Ucrania. La postura opuesta se mostró en el largo discurso de Gabriel Solano, dirigente del PO, quien expresó que no hay que estar del lado de Ucrania y su pueblo, porque es estar del lado de la OTAN. Él, sin mencionar a Izquierda Socialista, nos ubicó entre “los lamebotas de la OTAN”.
El PO sí acusó en forma directa a nuestro partido de estar en el campo de la OTAN en una nota de Prensa Obrera: “Es claro, evidente e indiscutible que Izquierda Socialista está parado en el mismo campo político que la OTAN” […] y “tributan al objetivo estratégico del imperialismo yanqui y europeo” (Pablo Giachello., Prensa Obrera, 3/5/2022).
Son definiciones falsas y lamentables. Es el viejo método heredado del estalinismo: amalgamar posturas para calumniar y confundir los debates. El estalinismo lo usaba para atacar al trotskismo, por ejemplo, argumentando que como Trotsky era opositor al régimen de Stalin estaba con el imperialismo y el nazismo. O cuando los trotskistas nos opusimos a las invasiones de las tropas de la burocracia soviética a Hungría (1956) o Checoslovaquia (1968), la burocracia del Kremlin nos acusaba de “estar del lado del imperialismo yanqui” porque también los Estados Unidos “denunciaban” esas invasiones.
No es una guerra interimperialista
Tanto el PO como el PTS definen mal el carácter de la guerra. Afirman que es una guerra interimperialista, entre los imperialismos de Rusia y la OTAN con los Estados Unidos a la cabeza. Adoptan una política del NI-NI, una política objetivamente de neutralidad. Se oponen a cualquier apoyo a la resistencia militar del pueblo ucraniano y al envío de armas para esa resistencia.
El PO, equivocadamente, dice que el gran enemigo es la OTAN y no el invasor Putin, por eso la consigna abstracta de “Guerra a la guerra”. El PTS parte de una consigna correcta reclamando fuera las tropas de Putin de Ucrania, pero al también definir que es una guerra interimperialista, niegan en los hechos el apoyo al pueblo ucraniano y consideran que apoyar el envío de armas es fortalecer a la OTAN.
Están totalmente equivocados. No se trata de una guerra entre imperialismos. La guerra, por ahora, es entre Rusia, una potencia imperialista capitalista, y un país como Ucrania que es una semicolonia, es un país pobre, uno de los más pobres de Europa.
Y siguiendo la tradición del marxismo nosotros estamos con la nación oprimida e invadida por una potencia capitalista. Los hechos han puesto en evidencia que el objetivo de la invasión es imperialista. No es “desnazificar”. Putin dijo textualmente en su discurso, cuando lanzó la invasión, que el objetivo era terminar con Ucrania como nación. Claramente dijo que Ucrania es parte de Rusia, “que siempre lo fue”. Por eso en ese discurso criticó a Lenin, porque en la revolución socialista de 1917 reconocieron a Ucrania como una nación.
Por otro lado, si hubiera una guerra interimperialista estaríamos entonces en medio de la tercera guerra mundial y eso aún no está ocurriendo. Si la guerra desatada fuera entre la OTAN, encabezada por los Estados Unidos y Europa contra Rusia, se habría iniciado la tercera guerra mundial. Y no hay casi nadie en el mundo, sea de derecha o de izquierda, que diga eso (tampoco lo dicen el PO y el PTS). Nosotros como socialistas revolucionarios no lo podemos descartar, pero una cosa es la posibilidad y otra la realidad.
Apoyamos la causa justa de Ucrania contra el invasor imperialista. No a Zelensky y a la OTAN
Por supuesto que Estados Unidos, el imperialismo europeo y la OTAN quieren aprovecharse de esta guerra para debilitar a su competidor imperialista Putin-Rusia. Y al final de la guerra quedarse con el control político y económico de lo que quede de Ucrania.
Pero no hay tropas de la OTAN en Ucrania. Y el armamento que están enviado, recién luego de dos meses de guerra, es limitado. No es cierto la afirmación de que la OTAN “armó hasta los dientes” a Ucrania. Si así hubiera sido no se entiende la evidente debilidad y desigualdad militar de Ucrania con la que tuvo que afrontar la invasión rusa. Ucrania solo se defiende de los invasores y no tiene capacidad siquiera para lanzar misiles o un contraataque militar importante en territorio ruso.
El PO y el PTS afirman su neutralidad, diciendo que Zelensky es burgués y aliado de la OTAN y pro Norteamérica. Desde la UIT-CI e Izquierda Socialista coincidimos con esa caracterización. Evidentemente Zelensky es un gobierno capitalista que quiere subordinar Ucrania al imperialismo europeo y a la OTAN. Pero nosotros no apoyamos a Zelensky ni a la OTAN. Nosotros apoyamos al pueblo ucraniano, a la clase trabajadora, a las mujeres que hacen molotovs, a los que están combatiendo junto al ejército en defensa de su país y de su autodeterminación nacional. Y a eso, aunque los gobierne Zelensky, nosotros lo definimos como una causa justa. Tenemos una política independiente y apoyamos a la izquierda ucraniana para que construya una nueva dirección revolucionaria.
Esto es lo que está en discusión: ¿es o no es una causa justa la lucha del pueblo ucraniano contra una potencia invasora? Más allá de que tenga a Zelensky como dirección político-militar. PO y PTS dicen que no.
No es la primera vez que hay una guerra justa con dirección contrarrevolucionaria. En la historia hubo muchas. En 1935 el pueblo de Etiopía, gobernado por un sanguinario emperador, tuvo que enfrentar la invasión de la Italia de Mussolini. En 1937 la guerra de China contra la invasión del imperialismo japonés. China era encabezada por el dictador Chiang Kai-shek, que había matado a miles de obreros y campesinos en las insurrecciones de los años ´20. Pese a ello Trotsky dijo que había que estar del lado de China, sin apoyar políticamente a Chiang Kai-shek. Y reclamaba armas para China y Etiopía. En 1982 estalló la Guerra de Malvinas contra Gran Bretaña y la OTAN, dirigida por la dictadura genocida. En el 2001 la guerra de Irak contra el invasor los Estados Unidos, y la OTAN. Toda la izquierda estuvo a favor de apoyar a Irak, que estaba encabezado por el dictador Saddam Hussein que reprimía al pueblo kurdo con gases mortales.
En todos estos casos los revolucionarios estuvimos del lado de las causas justas de esos pueblos pese a las direcciones reaccionarias y dictatoriales que estaban a la cabeza.
Por eso es un grave error del PO y el PTS proponer para Ucrania aplicar la política del “derrotismo revolucionario”. Aplicado para Ucrania es ir a decirle al pueblo ucraniano, a los soldados, que son obreros y campesinos, y a las milicias, que no tiren contra el invasor ruso, que tiren contra Zelensky y dejen de combatir al invasor. O sea, que se rindan a Putin. ¿Eso vamos a decir en Ucrania? Es lo opuesto a lo que proponía Trotsky y la tradición de los revolucionarios.
Fue León Trotsky el que siempre polemizó con quienes se negaban en las guerras justas a no apoyarlas porque tenían direcciones traidoras. Nosotros nos reivindicamos de la izquierda trotskista y seguimos esas enseñanzas. PO y PTS deben responder si Trotsky estuvo equivocado o no.
Trotsky y la guerra chino-japonesa*
“La lucha de Japón es imperialista y reaccionaria. La lucha de China es emancipadora y progresiva.
Pero, ¿y Chiang Kai-shek? No tenemos que hacernos ilusiones con Chiang Kai-shek, su partido y toda la clase dominante china […] Chiang Kai-shek es el verdugo de los obreros y campesinos chinos. Pero hoy se ve obligado, contra su voluntad, a luchar contra Japón por lo que resta de la independencia china. Puede que mañana vuelva a traicionar. Es posible. Es probable. Hasta es inevitable. Pero hoy está luchando. […] Participar activa y conscientemente en la guerra no significa “servir a Chiang Kai-shek” […]
Al participar en la lucha militar bajo las órdenes de Chiang Kai-shek, puesto que desgraciadamente él tiene el mando de la guerra por la independencia, nos preparamos políticamente para el derrocamiento de Chiang Kai-shek esa es la única política revolucionaria”.
* Carta a Diego Rivera. León Trotsky, 23 de septiembre de 1937. (Tomado de La segunda revolución china (notas y escritos de 1919 a 1938), Editorial Pluma, Bogotá, 1976, páginas 163,169
Tras su viaje por Ucrania, el diputado Giordano va a brindar una charla en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA (Santiago del Estero 1029, aula a confirmar).
"Fuimos a Ucrania a llevar nuestro apoyo y solidaridad a la resistencia", señala el diputado de Izquierda Socialista/FIT-U. Quien, como parte de la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores - Cuarta Internacional, conformó una delegación internacional que llevó apoyo material y político a la izquierda de Operación Solidaridad - ОПЕРАЦІЯ СОЛІДАРНІСТЬ en la resistencia ucraniana.
Te esperamos este sábado 14/5 a las 15hs para conocer más sobre la situación frente a la invasión de Putin a Ucrania y cómo apoyar al pueblo que resiste.
La campaña Operación Solidaridad continúa. Sumate con tu colaboración:
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Escribe José Castillo
Los precios siguen subiendo, comiéndose a los salarios. Los últimos acuerdos paritarios, que se presentan como de 60% anual, son en cómodas cuotas, no recuperan lo perdido y ni siquiera garantizan empatar en el porcentaje a una inflación anual que va a camino a terminar en el 65%.
Los números de la inflación son aterradores. El último registro oficial, del mes de marzo dio 6,7%, el mayor de los últimos veinte años. Se nos vendió que se trataba de apenas un pico, y que en abril habría un sustancial descenso. ¡Mentira! Este jueves conoceremos el número oficial, pero todos los pronósticos anuncian que terminará cerca del 6%. Y, como vino pasando los últimos meses, el valor será peor aún si focalizamos en cuánto subieron los alimentos y otros productos esenciales de la canasta familiar.
Encima, esto recién empieza. En los primeros días de mayo ya tenemos un nuevo salto en el precio de los combustibles, que acumulan en el año un alza del 30%. Vale detenerse en el detalle de cómo se dio esta vez la suba. Salieron primero las transnacionales Axion y Shell, subiendo un 12%. YPF, la petrolera con mayoría estatal, tendría que haber aprovechado para “disciplinarlas”, manteniendo el valor del combustible como estaba, y forzando, vendiendo más barato, a que las dos multinacionales tuvieran que retroceder. Hizo lo contrario: siguió el tren de Axion y Shell y acompañó aumentando también un 12%.
Este es un pequeño ejemplo de cómo el propio gobierno del Frente de Todos, en su afán de “hacer los deberes con el FMI”, es el que termina fogoneando o convalidando aumentos de precios, que luego son utilizados por las propias patronales como excusa de que “le subieron los costos” para aumentar sus propias listas de productos. Y así realimentar la inflación. Esto también se dará con el tarifazo en puerta de la luz y el gas (tal como explicamos en Audiencias públicas de la luz y el gas / Se vienen los tarifazos).
La pasividad del gobierno ante los aumentos de precios es atroz. Ninguna de las medidas anunciadas con toda la pompa hace un par de meses funciona (relanzamiento de precios cuidados, acuerdos de la carne, fideicomiso para garantizar el precio de la harina). El incumplimiento empresario de lo que ellos mismos firmaron es gigantesco: en las góndolas cada vez es más difícil encontrar los productos acordados. En algunos casos, como el aceite, es casi un milagro. Por supuesto, no existe una sola empresa sancionada.
¿Es que el gobierno “quiere pero no puede” controlar? ¿Es acaso como dice la oposición patronal, que sostiene que los controles de precios no sirven? Nada de eso. Digámoslo con todas las letras: al gobierno le conviene que siga la inflación, ya que es la manera más sencilla de licuar los salarios estatales, las jubilaciones y los gastos sociales en general. Para así cumplir con el ajuste exigido por el FMI.
¿Qué pasa con los aumentos de salarios?
Hace apenas un par de meses, la pauta de negociación paritaria para 2022 se venía proyectando en el 40% anual (por supuesto en cómodas cuotas). La burocracia sindical de la CGT y las CTA, en un apoyo desvergonzado al gobierno, ni mencionaba recuperar lo perdido en los últimos años. Luego, ante el desmadre inflacionario y la bronca creciente, tuvieron que empezar a hablar del 50%. Ahora con estos números récord de inflación, algunos gremios empiezan a cerrar en valores cercanos al 60%. Siempre, por supuesto, en cuotas que se terminan completando a fin de año o incluso en los primeros meses de 2023. El primer gremio que cerró con estos valores fue la Asociación Bancaria, que de esa forma desactivó un conflicto que se venía incubando por la bronca de las bases. La vicepresidente Cristina Fernández, aprovechando que el secretario general de dicho sindicato, Sergio Palazzo, pertenece a su sector interno, se apresuró a felicitar y celebrar el acuerdo. En los días sucesivos, algunos otros gremios firmaron por porcentajes similares.
Sin embargo, no debemos dejarnos engañar: esos valores no alcanzan. Primero y principal, porque no se trata de un 60% real, sino de una serie de pequeños aumentos en cuotas que “al final”, a fin de año o comienzos de 2023, sumarán el 60%. O sea que los salarios seguirán corriendo de atrás a la carestía de la vida. Segundo, porque la inflación de este año va a ser incluso superior al 60%, según todos los pronósticos. Y tercero, porque ni por asomo, siquiera se acercan a recuperar lo perdido en años anteriores.
El deterioro de los salarios no se arregla con los discursos de Cristina. Mucho menos con las declaraciones de Alberto y Guzmán, que anuncian una reactivación que no se ve por ningún lado. La salida es clara: se necesita un aumento de emergencia para que nadie gane menos que el valor de la canasta familiar (calculado por los trabajadores de ATE Indec en 145.456 pesos a fines de marzo). A partir de allí hay que reabrir todas las paritarias para recuperar lo perdido. Y reajustar mensualmente los ingresos de acuerdo a la inflación. A todo esto hay que complementarlo con un verdadero control de precios, fijando valores máximos a todos los productos de la canasta familiar y sancionando severamente, como autoriza la Ley de Abastecimiento, a todas las patronales que la violen. Este programa, que incluye la ruptura con el FMI y el no pago de la deuda externa para poner esos recursos al servicio de resolver las más urgentes necesidades populares, es el que planteamos, desde Izquierda Socialista y el Frente de Izquierda Unidad. Hay que imponerlo con la lucha.