Oct 28, 2021 Last Updated 11:28 PM, Oct 27, 2021

El 10 de diciembre de 1983 asumía Alfonsín: 30 años de promesas incumplidas

30 años de promesas incumplidasEsta frase, que parece el título de un tango, sintetiza lo hecho por los sucesivos gobiernos patronales radicales y peronistas desde que se echó a los militares genocidas. Argentina sigue siendo una semicolonia saqueada por las multinacionales y los grandes empresarios. Los trabajadores y el pueblo viven cada vez peor. Con el crecimiento del FIT se empieza a instalar una alternativa para pelear por salidas de fondo y el verdadero socialismo.

Escribe: Mercedes Petit

En la campaña electoral de 1983, los candidatos Luder (PJ) y Alfonsín (UCR) se sacaron chispas en un torneo de promesas de progreso. Millones de trabajadores y otros sectores populares, incluyendo a muchos peronistas, le dieron su voto a Alfonsín, quien supo ponerse a tono con los anhelos de libertades y democracia surgidos de la victoriosa lucha para derrotar a la dictadura. Dos consignas de Alfonsin fueron emblemáticas: “Con la democracia se come, se cura y se educa” y “No pagaremos la deuda externa con el hambre del pueblo”. Todo resultó una mentira.

Alfonsín pagó la deuda externa y hambreó al pueblo

Desde 1982 hubo varios países latinoamericanos que, agobiados por los pagos de sus deudas con el imperialismo, se fueron atrasando, e incluso hubo moratorias. Se esbozaba en los hechos una dinámica de unidad para enfrentar al FMI. El MAS se hacía conocer como “los locos del no pago”. Alfonsín, poco después de asumir, sin embargo, cometió el crimen de reconocer la fraudulenta deuda de la dictadura y durante toda su presidencia pagó fortunas.

El FMI monitoreó los planes de ajuste (¿se acuerdan del Austral, y luego el Primavera?). Se achicaron los presupuestos de salud y educación, los salarios caían y la inflación se desbocaba. Los trabajadores pelearon con uñas y dientes, con miles de conflictos y más de 10 paros generales. En cinco años la deuda subió un 44%, pese a que se pagaron cifras incalculables. Los vencimientos de comienzos del 89 ponían al país al borde de la cesación de pagos. Acortando seis meses su mandato, Alfonsín logró pasarle “de apuro” la banda presidencial a Menem, candidato peronista triunfante en las elecciones, en medio de la hiperinflación y el estallido social.

El castigo a los genocidas

Desde 1977 un grupo de madres comenzaron a reclamar por el paradero de sus hijos. Esa lucha se fue masificando. El rechazo generalizado a la represión, las detenciones, la tortura y las “desapariciones” fue una de las principales banderas de la lucha que acabó con la dictadura. Alfonsín tomó la causa “democrática” como uno de sus ejes. Desde la presidencia formó la Conadep y luego se hizo el juicio a las juntas. Por primera vez se juzgó a los militares genocidas por medio del Código Penal y la justicia civil. La condena a perpetua de Videla y Massera fueron triunfos importantes aunque muy parciales de la lucha popular. Pero apenas dos años después, Alfonsín se rendía ante las exigencias de los militares. Después de Semana Santa, vinieron las leyes infames del Punto Final y la Obediencia Debida. Menem liberó a los máximos jefes con sus indultos en 1989.

Los gobiernos patronales han ido protegiendo y salvando genocidas, pero la lucha popular nunca perdonó. Las leyes infames se anularon en 2003 (no por obra de Kirchner sino fruto de la lucha popular), y por el robo de bebés los asesinos volvieron al banquillo de los acusados. Se fueron reabriendo las causas cerradas por Alfonsín, y muchos de los genocidas, tanto jefes indultados por Menem como oficiales y subalternos, fueron condenados.

Menem: del “salariazo” a la entrega total

El candidato peronista Carlos Menen renovó las promesas electorales en 1989. Agitó el “salariazo”, la “revolución productiva”, la “vuelta al 45”. Ya en la Rosada, no solo indultó a los genocidas sino que también siguió pagando la fraudulenta deuda externa. Consumó la mayor entrega del patrimonio nacional de nuestra historia. En medio de una atroz corrupción y por cifras irrisorias entregó a los grandes empresarios extranjeros y “nacionales” las empresas estatales, como los ferrocarriles (“ramal que para, ramal que cierra”), las de electricidad, teléfonos, gas, agua, rutas y aeropuertos, así como YPF, las jubilaciones y muchos bancos. En aquellos años, un joven y casi desconocido gobernador de Santa Cruz, Néstor Kirchner, apoyaba todas aquellas medidas. El FMI impuso la reducción del gasto público, con menos educación y salud, despidos y congelamiento de salarios entre los empleados estatales.

Gracias al “Pacto de Olivos” con Alfonsín, Menem logró la reelección, y con su segundo mandato llevó a un récord la corrupción y la entrega. En medio del repudio popular le pasó nuevamente la posta a los radicales, unidos con el Frente Grande. En 1999 ganó la Alianza, encabezada por Fernando De la Rúa-Chacho Alvarez.

De la Alianza a los Kirchner, sigue la mentira y la entrega

El récord de De la Rúa fue durar solamente dos años. En lo demás, siguió las pautas de los gobiernos patronales anteriores: mantener las privatizaciones, pagar deuda, hacer negociados y favorecer a los grandes empresarios y al FMI. Tuvo un punto original: aquel video “dicen que soy aburrido...” Por una vez, un político patronal “no mentía”.

El ajuste perpetuo, la vuelta de Cavallo, el aumento colosal del desempleo que le había legado Menem, fueron incentivando el descontento obrero y popular. Comenzaron los cortes de ruta y los piquetes. Para diciembre de 2001 la economía se paralizó. La movilización popular del Argentinazo, del 19 y 20 de diciembre, obligó a De la Rúa a huir en un helicóptero. Se impuso la suspensión de los pagos de deuda externa, y mucha de esa plata fue destinada a paliar el hambre y sostener a millones de desocupados con los planes sociales, en medio de movilizaciones, conflictos y asambleas populares.

Al asumir en 2003, los primeros pasos de Néstor Kirchner fueron marcados por la necesidad de aplacar aquella furia y el descontrol económico y social que terminó con el mandato de De la Rúa. Se instaló un doble discurso, que prometía no pagar la deuda, industrializar el país, lograr la inclusión social, y un largo etcétera.

Este 10 de diciembre de 2013, los funcionarios de gobierno, otros políticos patronales y empresarios se reunieron en una cena de lujo en la Casa Rosada, para “celebrar treinta años de democracia”. Todos ellos son mucho más ricos que tres décadas atrás. Mientras tanto, el país está sacudido por todo tipo de conflictos, y con saqueos en muchas provincias. Son el resultado de que la inflación se come los salarios, se siguen cayendo la educación y la salud pública, mientras sube el trabajo precario y en negro y crecen los sectores marginados.

Hay que construir una alternativa de clase y socialista

Los trabajadores y el pueblo siguieron sufriendo la entrega al imperialismo, corrupción y superexplotación, porque depositaron su confianza en distintos gobiernos patronales, radicales y peronistas.

Para seguir defendiendo las libertades conquistadas desde 1982, seguir peleando por el castigo a los genocidas, y fundamentalmente comenzar a vivir una vida digna, hay que avanzar en lo más difícil: los cambios de fondo, como lo decíamos hace exactamente 30 años, cuando asumía Alfonsín (ver recuadro). En el Argentinazo se cantó una esperanza: “Sin radicales, sin peronistas, vamos a vivir mejor”. Para lograrlo, hay que construir una nueva alternativa, que impulse esos cambios de fondo, en la perspectiva de conquistar un nuevo gobierno, de los trabajadores y el pueblo. El fortalecimiento que está logrando el Frente de Izquierda y de los Trabajadores, el FIT, es un paso muy importante en ese sentido. Izquierda Socialista llama a que saquemos conclusiones de estos 30 años, para avanzar en la lucha contra los gobiernos y políticos patronales, y construir el partido socialista revolucionario que nos permitan acabar con ellos.


Los socialistas y el gobierno de Alfonsín“Los socialistas y el gobierno de Alfonsín”

Así decía la contratapa de Solidaridad Socialista (semanario del MAS, antecesor de Izquierda Socialista) del 8/12/1983. Era un llamado a los compañeros trabajadores que habían votado a Alfonsín a reflexionar juntos, arrancando de la pregunta: “¿qué podemos esperar del nuevo gobierno?”

“El doctor Alfonsín ha dicho que gobernará para todos y en unidad nacional con todos. ¿Es posible? [...] aunque el gobierno tuviera la honesta intención de gobernar para todos, siempre resultaremos embromados los trabajadores, porque no se puede confiar en la oligarquía ni el imperialismo. El que se une a ellos, termina sirviéndoles.

“Unido, desgraciadamente, a ellos, sólo podemos esperar que el nuevo gobierno continúe o agrave la miseria, los tarifazos y la superexplotación. Y unido, como está, al Fondo Monetario Internacional, sólo podemos esperar que nos mantenga convertidos en una virtual colonia de Estados Unidos. [...]

“Tenemos un país gravemente enfermo, que a su vez forma parte de un mundo capitalista totalmente en crisis, dónde también crece la miseria y se extiende la desocupación. No hay otra alternativa que quitarles las propiedades y la riqueza a la oligarquía y al imperialismo. Eso es lo que proponemos los socialistas. Eso es el socialismo.

“Esa unidad nacional no nos sirve. La única unidad que nos sirve es la de los trabajadores y el pueblo, en nuestro país y en el mundo, para enfrentar y expropiar a los grandes capitalistas, las multinacionales y los terratenientes.

“La lucha del pueblo argentino derribó -es decir, obligó a dar elecciones e irse- a la dictadura militar. Y antes de ello le arrancó derechos democráticos que Videla y Martínez de Hoz habían pisoteado. [...] el nuevo gobierno no encarará la democratización profunda de las Fuerzas Armadas.”

A los trabajadores radicales y peronistas que habían votado a Alfonsín les hacíamos una proposición inmediata: “A ambos les proponemos que apliquen la política de ‘a Alfonsín rogando y con el mazo dando’. [...]

“La miseria, los tarifazos, el hambre, los desalojos, la explotación y la enfermedad no esperan. Rueguen, si quieren, pero demos con el mazo. Luchemos y organicémonos desde abajo, para reclamar por nuestras necesidades más apremiantes.”

 

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