Escribe Jorge Adaro
El sábado pasado se llevó a cabo un plenario convocado por las y los trabajadores de FATE en la sede del Sutna San Fernando. La convocatoria fue impulsada por el Plenario del Sindicalismo Combativo, que estuvo presente con sus agrupamientos sindicales, del movimiento piquetero y de las y los jubilados en lucha.
También participó una importante delegación de nuestro partido, Izquierda Socialista, y de la Corriente Sindical A Luchar, con sus principales dirigentes, entre ellos Rubén “Pollo” Sobrero, secretario general de Unión Ferroviaria Oeste; Mónica Schlottahuer, delegada ferroviaria y diputada provincial de Buenos Aires; Soledad Mosquera, secretaria general de Ademys; y Olga Ortigoza, flamante secretaria adjunta del Suteba La Matanza.
El plenario fue abierto por el secretario general del Sutna, Alejandro Crespo, quien hizo un balance de la lucha que, al día de hoy, lleva más de cien días de conflicto. También planteó la realización de una marcha a Plaza de Mayo para el próximo 10 de junio, bajo la consigna “Basta de despidos y cierre de fábricas. FATE no se cierra”.
En las intervenciones se reivindicó la enorme lucha que vienen llevando adelante las y los trabajadores de FATE, así como el apoyo a la iniciativa propuesta por la dirección del sindicato. Además, se hizo mención al llamado a declaración indagatoria de 24 trabajadores y dirigentes por parte de la Fiscalía de San Fernando, en un claro intento de amedrentar a las y los trabajadores en lucha.
Por último, varias intervenciones dejaron en claro la complicidad de Axel Kicillof con la patronal, ya que no tomó ninguna de las propuestas de las y los trabajadores para poner en funcionamiento la fábrica y garantizar los puestos de trabajo.
Desde Izquierda Socialista y la corriente sindical A Luchar llamamos a participar del 10, a rodear de solidaridad la lucha de FATE y de todas las luchas. Además, reclamamos que la conducción de la CGT rompa su pacto con el gobierno y convoque a un paro general y plan de lucha contra los despidos y por aumento de salarios.
Escribe Darío Leguiza, secretario de actas de la Comisión Gremial Interna Facultad de Ciencias Sociales
Tras haber alcanzado casi 1.000 votos en la elección general del gremio en marzo de este año, el Frente de Lucha NoDocente refrendó el apoyo conseguido al triunfar en las elecciones de comisión interna (CGI) en las Facultades de Ciencias Sociales, Odontología y Agronomía y obtener buenos resultados en el Rectorado, Exactas y Arquitectura.
En Ciencias Sociales la lista 9, actual conducción de la comisión interna, integrada por la agrupación Bordó, nuestra agrupación “Nodocentes en Lucha” e independientes obtuvo un holgado triunfo con casi el 60% de los votos en unos comicios que presentaban tres listas, una de ellas producto de una ruptura del frente presentado en marzo a nivel general y que en este caso quedó en un lejano segundo lugar con un 27% de los votos.
Este triunfo viene a ratificar a una conducción democrática y de lucha, que es el motor del reagrupamiento del sindicalismo combativo en el gremio. Desde Nodocentes en Lucha venimos aportando nuestros mayores esfuerzos en la consolidación de la CGI de Sociales como una referencia de lucha hacia dentro y fuera de nuestra facultad.
También se destaca el triunfo de la oposición combativa en Odontología por ser un lugar clave en el esquema de poder de la actual conducción de Apuba. Allí, la lista 9 se impuso con el 53% de los votos ante 46% obtenido por el oficialismo.
En Agronomía la diferencia fue apenas de dos votos de distancia para la lista 9 en una disputa voto a voto entre tres opciones arrebatándole la conducción al armado de la directiva del gremio.
Y, con crecimientos destacables en Rectorado, donde la lista 9 cosechó 172 votos y superó el 18%; Exactas y Naturales con casi 34% conquistando 130 votos y Arquitectura que consiguió presentar una lista opositora a la conducción gremial.
Al cierre de esta edición se elegirán las conducciones de comisiones internas de los hospitales Roffo, Vacarezza, Clínicas y Lanari en unas elecciones que marcarán el pulso sindical por el descontento con la dirigencia sindical actual y la lucha por la implementación efectiva de la Ley de Presupuesto Universitario.
Ante este escenario, el Frente de Lucha NoDocente se afianza como alternativa para los y las trabajadores de Apuba y consolida su lugar como referente del sindicalismo combativo.
Foto de portada: Escena de la película Operación Masacre basada en el libro de Rodolfo Walsh
Escribe Federico Novo Foti
El 9 de junio de 1956 se recuerda como la fecha en que fueron fusilados trabajadores en un basural de José León Suárez, provincia de Buenos Aires, algunos de los cuales preparaban un levantamiento contra la dictadura militar de Aramburu, tras el golpe gorila de 1955 que había derrocado a Juan Perón. El hecho expuso los límites de la conducción peronista, incluido Perón, ante los desafíos que enfrentaba el movimiento obrero y popular.
Aquella noche, un grupo de personas estaba reunido en una casa en la localidad de Florida, en el partido de Vicente López para escuchar la transmisión radial de la pelea por el título sudamericano de boxeo. Pero a las 23.30 horas, policías encabezados por el teniente coronel Desiderio Fernández Suárez, asaltó de manera intempestiva la vivienda. Doce personas fueron detenidas y trasladadas a una Comisaría del partido de San Martín. Allí se las interrogó y se las despojó de sus pertenencias. En la madrugada del día siguiente, sin juicio previo, Fernández Suárez dio la orden de fusilarlos. Los prisioneros fueron subidos a un carro de asalto y trasladados a José León Suarez donde fueron obligados a bajar y caminar hacia el interior del basural bajo la luz de los faros de una camioneta policial, y comenzaron a dispararles.1
La masacre de José León Suárez fue parte de la brutal represión orquestada por la dictadura militar de Pedro Eugenio Aramburu contra el intento de alzamiento militar y civil encabezado por el general Juan José Valle, que buscaba terminar con la dictadura y restituir a Juan Perón en el gobierno. Algunos de los fusilados no eran parte ni conocían los planes del levantamiento. En los días siguientes, se realizaron procedimientos represivos similares en La Plata, Lanús y distintos destacamentos militares. Fueron fusilados 13 civiles y 18 militares, incluido el general Valle.
Perón se despegó de los sublevados en una carta del 12 de junio: “Los dirigentes de ese movimiento han procedido hasta con ingenuidad. Lástima grande es que hayan comprometido inútilmente la vida de muchos de nuestros hombres, en una acción que, de antemano podía predecirse como un fracaso”.2
El golpe gorila y la resistencia peronista
En septiembre de 1955, había triunfado la autodenominada “Revolución Libertadora”. El “golpe gorila” derrocó al gobierno de Perón, quien había rechazado armar a los trabajadores, pese a los pedidos reiterados, y partió rumbo a Paraguay. Fue una dura derrota para el pueblo trabajador, que permitió que se consolidara un gobierno militar pro-patronal, proyanqui y clerical.3 Tras el golpe comenzaron dieciocho años de proscripción para el peronismo.
Bajo las dictaduras del general Eduardo Lonardi y, luego, de Aramburu se impusieron planes para trasformar a la Argentina en una semicolonia de Estados Unidos. Se firmaron los pactos con la OEA y el país ingresó al FMI. El “Plan Prebisch” se centró en liquidar las conquistas obtenidas por la clase trabajadora. Pero para ello la dictadura debía terminar de destruir la organización del movimiento obrero. Ese era el significado de la “desperonización” (la proscripción y persecución al peronismo) a la que se unía una represión generalizada sobre el conjunto de los sectores populares. La dictadura intentó inter-venir los gremios con la colaboración de viejos dirigentes sindicales radicales, del PS y el PC.
Ante la ofensiva contra el movimiento obrero se inició lo que se conocerá como “Resistencia Peronista”, entre 1956 y 1959. Al comienzo, la resistencia no fue alentada ni por Perón ni por los burócratas sindicales, quienes llamaban a la pacificación, sino que fue producto de los activistas que actuaron espontáneamente en defensa propia, de la clase obrera y del peronismo. La conducción peronista, así como no había llamado a los trabajadores a resistir el golpe, después de su caída tampoco buscó apoyarse en el movimiento obrero que, sin duda, dio muestras de estar dispuesto a luchar.
En 1956 y 1957 se sucedieron paros, luchas parciales, reagrupamientos, se crearon listas y se realizaron plenarios sindicales. En ese proceso la corriente trotskista dirigida por Nahuel Moreno jugó un papel importantísimo publicando boletines diarios de huelga y vendiendo 10 mil periódicos semanales con sus propuestas políticas. A fines de 1956 el morenismo jugó un papel destacado en la huelga de la Unión Obrera Metalúrgica que duró 40 días donde el propio Moreno se convirtió en una referencia del Comité Nacional de Huelga.
Esa política de resistencia fue asumida por una nueva dirección que estaba surgiendo en el movimiento obrero y que abrumadoramente se reivindicaba peronista. Sin embargo, los dirigentes peronistas, incluido Perón en el exilio, quien comenzó a enviar sus “Instrucciones” y “Directivas”, entendían que la “resistencia” debía consistir en una sucesión de acciones que desgastaran a la dictadura y sirvieran de soporte para un golpe militar nacionalista peronista. Aquella experiencia fue la que fracasó estrepitosamente en junio de 1956 con el levantamiento del general Valle.
La corriente morenista, que había enfrentado el golpe gorila en 1955 y era parte de la resistencia a la dictadura, señalaba los límites del peronismo para enfrentar a la dictadura: “El golpe [de Valle] fracasó porque no se basó ni en la organización, ni en la movilización de la clase obrera” 4. De igual manera, señalaba la responsabilidad y los límites de la conducción peronista y su orientación golpista, apoyada en los militares y no en el movimiento obrero.
“Operación Masacre”
Seis meses más tarde, a fines de 1956, en un café de la ciudad de La Plata, un hombre susurraría al oído del joven periodista Rodolfo Walsh: “hay un fusilado que vive”. Aquella revelación dio lugar al inicio de una investigación en la que Walsh, con ayuda de la periodista Enriqueta Muñiz y algunos de los siete sobrevivientes, logró documentar y denunciar públicamente la masacre de José León Suárez.
Los medios nacionales, cómplices de la dictadura, no habían expuesto hasta entonces los fusilamientos. Pero entre mayo y julio de 1957, Walsh publicó en forma de notas en el diario Mayoría los resultados de su investigación. En diciembre de ese año se publicaría en forma de libro bajo el título Ope-ración Masacre.5 La difusión de sus crímenes llevó a que la dictadura de Aramburu fuera popularmente conocida como la “revolución fusiladora”.
A pesar de la derrota del levantamiento del general Valle y los fusilamientos de José León Suárez, las luchas obreras continuaron. Recién en enero de 1959, la derrota de los obreros del frigorífico Lisandro de la Torre marcó el cierre de la resistencia peronista. Vinieron luego diez años de batallas defensivas y derrotas obreras. Hubo importantes conflictos, pero fueron menores respecto a los del período de la resistencia.
En este período el peronismo profundizó su línea de integración al régimen iniciado con la “fusiladora”. Ejemplo de ello fue en 1966, cuando la burocracia sindical peronista se hizo presente en la asunción del dictador Juan Carlos Onganía, al tiempo que Perón llamaba a “desensillar hasta que aclare”. La tarea por construir una nueva dirección política y sindical en el movimiento obrero y popular sigue vigente.
1. Rodolfo Walsh. Operación Masacre. Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 2000.
2. Citado en Ernesto González (coord.). El trotskismo obrero e internacionalista en Argentina. Tomo 2. Editorial Antídoto, Buenos Aires, 1996. Disponible en www.marxists.org
3. Nahuel Moreno. El golpe gorila de 1955. Las posiciones del trotskismo. Ediciones El Socialista, Buenos Aires, 2012. Disponible en www.nahuelmoreno.org
4. Rodolfo Walsh. Op. Cit.
5. “Sólo la organización y actividad de la clase obrera podrán solucionar los problemas del país y de los trabajadores”, en Separata de Unidad Obrera Nº 1 (junio de 1956) en Ernesto González (coord.) Op. Cit.
Escribe Adolfo Santos
El 29 de mayo de 1974 fueron asesinados por la Triple A Oscar “Hijitus” Mesa, Antonio “Tony” Moses y Mario “el Tano” Zidda, militantes del Partido Socialista de los Trabajadores (PST). El hecho quedó conocido como la Masacre de Pacheco.
Por iniciativa del Suteba Tigre y la Comisión Ana María Martínez, el viernes pasado se realizó un acto en la plaza de El Talar, con la participación de organizaciones políticas, sindicales y de derechos humanos, para mantener viva la memoria y el reclamo de justicia por este crimen político cometido en pleno gobierno peronista.
En los primeros años de la década del ‘70, las patronales y sus gobiernos no conseguían contener las demandas sociales. Las luchas, huelgas y movilizaciones que, con el Cordobazo, habían colocado en retirada a la dictadura de Onganía y Lanusse, se sucedían y generaban un poderoso activismo. En ese contexto, el PST, fundado por Nahuel Moreno, tuvo una actuación destacada, ganando representación en cuerpos de delegados y comisiones internas de fábrica, que eran el motor de ese ascenso.
La vuelta de Juan Domingo Perón después de 18 años de exilio, acordada entre sectores militares y políticos patronales como una apuesta para frenar las luchas, no dio resultado. Desde el gobierno peronista, con la complicidad de la burocracia sindical, recurrieron a la formación de bandas armadas como la Triple A o la Concentración Nacional Universitaria (CNU), que, con métodos fascistas, cometían crímenes para amedrentar a las y los luchadores.
El 29 de mayo de 1974, una banda de la Triple A encabezada por Julio Yessi, dirigente peronista ligado a José López Rega, invadió el local del PST en la localidad de Pacheco. Secuestraron a seis integrantes del partido y, cerca de Pilar, fusilaron a los compañeros Oscar Mesa, delegado de Astilleros Astarsa; Antonio “Tony” Moses, trabajador de Wobron; y Mario Zidda, joven estudiante de la ENET Nº 1 de Tigre.
La conmoción por el bárbaro crimen se reflejó en el multitudinario acto realizado durante el sepelio de los tres compañeros, donde Nahuel Moreno convocó a la más amplia unidad de acción para aplastar al fascismo.
La actividad realizada este viernes 29 en la plaza de El Talar contó con compañeras y compañeros que fueron militantes del PST, dirigentes sindicales, sociales y jóvenes. Entre ellos se encontraba una delegación de Izquierda Socialista, continuadora de la tradición del PST.
Los oradores rindieron homenaje a los compañeros asesinados y exigieron la vuelta a la cárcel del asesino Julio Yessi. También reafirmaron el compromiso de seguir el ejemplo de los luchadores de los ‘70, hoy contra el gobierno ultraderechista de Javier Milei, y de continuar exigiendo la apertura de los archivos de la represión desde 1974 a 1982 para conocer la verdad sobre los crímenes de la Triple A y la represión contra la militancia obrera, estudiantil y socialista.

Escribe Miguel Lamas, dirigente de la UIT-CI
La represión en La Paz a manifestaciones pacíficas contra el gobierno, constituyen un crimen. Ya causó muertos, heridos y arrestos ilegales. El Congreso, dominado por la derecha, cambió la legislación para permitir la participación militar en la represión autorizando a encarcelar manifestantes y ordenando la detención de Mario Argollo, el máximo dirigente de la Central Obrera Boliviana (COB).
Sin embargo, el gobierno de Rodrigo Paz electo hace solo seis meses, está enormemente debilitado. En una voltereta política, ahora dice que no van a encarcelar a nadie, tampoco a Argollo, y propone “diálogo” con la COB y los sectores movilizados. Pero la mayoría de las organizaciones, comenzando por la Central Obrera rechaza este supuesto diálogo alegando que es un gobierno hipócrita que no merece confianza.
La enorme movilización popular, con más de un millón de trabajadoras y trabajadores, para que se vaya el gobierno de Rodrigo Paz continúa fuerte. Hay más de 100 bloqueos de carreteras realizados por campesinos e indígenas en todo el país y se realizan movilizaciones y huelgas en La Paz y en otras ciudades con una masiva participación de la COB.
Rodrigo Paz, un gobierno entreguista
Rodrigo Paz impulsa una política de saqueo de las riquezas del país en favor de los oligarcas del agronegocio, las transnacionales, las mineras privadas y las falsas “cooperativas” asociadas a transnacionales. Les permite que se lleven el oro y otros minerales por miles de millones de dólares mientras envenenan los ríos y está endeudando al país por generaciones. Para llevar adelante sus planes, acuerda con Donald Trump y con gobiernos subordinados, como el de Milei, para que lo apoyen incluso militarmente.
La mayoría de los beneficiados responden a intereses económicos extranjeros que vienen actuando desde hace décadas en el país. Se adueñaron de millones de hectáreas casi sin pagar nada mientras incendiaban bosques para cultivar soja causando graves problemas ambientales en todo el país. Esta entrega y saqueo no comenzó ahora, se viene haciendo desde los gobiernos del MAS. Ahora, Rodrigo Paz les redujo aún más impuestos a la oligarquía terrateniente y les permite llevarse las ganancias de esas exportaciones sin ningún tipo de retención. También intentó que los oligarcas del agronegocio se adueñen de las tierras de los pequeños campesinos e indígenas, pero acabó retirando ese proyecto de ley ante la fuerte movilización campesina indígena, aunque intenta volver a la carga con otro proyecto similar. Duplicó el precio del combustible, en gran parte importado, quitándole el subsidio y ahora amenaza con triplicarlo.
Esa política produjo el aumento de los productos de la canasta familiar, agravado por el congelamiento de salarios, disminuyendo el poder de compra de las masas populares. Las y los campesinos e indígenas no asalariados ven reducir sus ingresos y son amenazados de quitarles sus tierras. Por eso se produce esta enorme y justa rebelión popular.
Fuera Rodrigo Paz, por un gobierno de la COB y las organizaciones populares
Desde el Partido de los Trabajadores, que integra a las y los militantes bolivianos de la UIT-CI (ARPT), llamamos a luchar hasta la caída del gobierno derechista de Rodrigo Paz y del régimen de partidos subordinados a la oligarquía terrateniente y las transnacionales. Solo así frenaremos el saqueo y la entrega. Para eso es fundamental la unidad de las organizaciones en lucha impulsando una huelga general revolucionaria con mineros, fabriles, magisterio y otros sectores junto a los campesinos e indígenas que están en los bloqueos.
Peleamos por la constitución de un gobierno transitorio de la COB con todas las organizaciones populares en lucha y la convocatoria a elecciones libres, en la perspectiva de una salida obrera, campesina, originaria y popular. Pero será este gobierno transitorio el que tiene que realizar los cambios revolucionarios urgentes para terminar con esta pobreza extrema del pueblo trabajador.
Ese gobierno tiene que terminar con el dominio de la oligarquía del agronegocio y las transnacionales que se llevan fuera del país las riquezas y las divisas producidas por el pueblo trabajador. Mientras tanto, seguiremos luchando por la salida de Rodrigo Paz del gobierno y para impedir que se sigan llevando nuestras riquezas.