Sep 25, 2026 Last Updated 3:29 PM, Sep 25, 2026

Izquierda Socialista

 Escribe Graciela Calderón

El 3 y 4 de agosto, la docencia bonaerense fue protagonista de un no inicio post receso. El 3, en el marco del paro nacional de Ctera, y el 4, convocado por la Multicolor luego de instancias democráticas para definirlo, con importantes acciones distritales. El paro de 48 horas fue contundente y masivo, respondiendo a las amenazas tanto del gobierno de Javier Milei como de los funcionarios de la provincia de Buenos Aires, que intentaron boicotear el paro Multicolor. La respuesta de la docencia ante los pésimos salarios y las condiciones laborales cada vez peores se hizo sentir.

Además, el 6 de agosto la docencia bonaerense movilizó fuertemente al Congreso contra el proyecto de ley de Extranjerización de la Tierra impulsado por Milei y sus cómplices. Solo desde Suteba La Matanza se movilizaron 1.500 docentes, demostrando la necesidad de salir a pelear contra la política de total entrega del gobierno nacional. Esta acción también fue un canal para expresar la bronca y el malestar crecientes.

La docencia pelea contra el ajuste de Kicillof y sus descuentos

El viernes 7, día de cobro, cuando debía percibirse el aumento miserable acordado por el FUDB, la docencia recibió un mazazo con descuentos compulsivos y aleatorios por los paros. Los descuentos van desde uno hasta cuatro días, incluyendo medidas realizadas desde febrero, convocadas por Ctera contra la reforma laboral esclavista, hasta las de junio, una llamada por Suteba y otra por la Multicolor.

La docencia estalló de bronca ante el intento de disciplinamiento de Axel Kicillof. Además, quedó al descubierto que, aunque hayamos cobrado con “aumento”, el salario no alcanza siquiera para llegar a mitad de mes.
Por eso, desde las seccionales Multicolor se están impulsando mandatos para debatir en las escuelas con la docencia y resolver la continuidad del plan de lucha en la tercera semana de agosto, con un paro de 48 horas y movilización a La Plata.
Debemos impulsar los mandatos y la deliberación en las escuelas para definir cuál es la mejor manera de pelear, torcerle el brazo a Kicillof y pasar por arriba a la burocracia entreguista de Suteba y el FUDB.

Vamos por un salario igual a la canasta familiar, por todas nuestras demandas y en defensa de la escuela pública

Escribe Camila Urquiza

Nuestra compañera, delegada ferroviaria y diputada bonaerense por Izquierda Socialista en el FIT Unidad, Mónica Schlotthauer, presentó un proyecto de ley para declarar la emergencia educativa en la provincia de Buenos Aires por dos años, con posibilidad de prorrogarla por otros dos. La iniciativa busca dar una respuesta urgente al deterioro de la educación pública, los bajos salarios, los problemas de infraestructura y la crisis de los comedores escolares.

El proyecto exige que se ejecuten las partidas destinadas a la Dirección General de Cultura y Educación en el presupuesto 2026 y plantea reasignar recursos mediante la suspensión de pagos de compromisos financieros en moneda extranjera. El texto recuerda que la educación es una responsabilidad indelegable de la Provincia y que cerca de 3 millones de niños y jóvenes estudian en el sistema estatal bonaerense, sostenido por aproximadamente 482 mil docentes.

La situación salarial es uno de los puntos centrales. Según los fundamentos, un docente de primaria cobra alrededor de 850 mil pesos, mientras la pérdida salarial acumulada desde el inicio de la gestión provincial alcanza el 34%. A esto se suman escuelas con grietas, humedad, problemas eléctricos y de gas, sanitarios deteriorados, falta de aulas y obras paralizadas. También se denuncia que las partidas destinadas al Servicio Alimentario Escolar resultan insuficientes frente a la inflación.

El proyecto cuestiona el ajuste del gobierno nacional de Javier Milei, en particular el recorte del Fonid, pero también marca la responsabilidad del gobierno de Axel Kicillof, que debe garantizar salarios, infraestructura y alimentación escolar. Frente al ajuste de ambos gobiernos, planteamos que la plata tiene que ir a la educación pública y no al pago de la deuda.

Escribe Diego Martínez

El 7 y 8 de octubre se van a llevar adelante las elecciones de la UTA, en la que están representados más de 80.000 trabajadores y trabajadoras del transporte del país. El gremio es conducido desde hace veinte años por la burocracia de la lista Celeste y Blanca con Roberto Fernández a la cabeza. En estos años la conducción del gremio fue transando cada vez más con las patronales del sector (estando directamente ligada a una de ellas, Metropol) y con los distintos gobiernos de turno. Ya son históricos los amagues de paros de Fernández que terminan en arreglos por monedas para los choferes. Además de esto le ha dado la espalda a casi todos los paros generales que hubo en los últimos años.

Fernández se presenta una vez más a las elecciones. Su candidatura es repudiada por amplios sectores del gremio, quienes ven que su salario se desplomó, por lo que tienen que salir a hacer changas después de largas jornadas de trabajo, además de sufrir la inseguridad día a día y tener una obra social en pésimas condiciones.

Distintos sectores burocráticos intentan capitalizar el desgaste de Fernández. Además de la Celeste y Blanca se presenta la lista Negra, ligada a Miguel Bustinduy, antiguo compañero de Fernández, que representa a la patronal DOTA, y la lista Marrón, ligada al FReSu y encabezada por Alberto Patiño, actual secretario de organización del sindicato. Equivocadamente el compañero Néstor Marcolín y otros compañeros de la línea 60 se sumaron a esta lista.

Frente a Fernández la única alternativa real es la lista 460 Bordo, a la cual apoyamos. La Bordó es una lista totalmente independiente de las patronales y de la burocracia sindical. Conformada por compañeros y compañeras luchadores del AMBA, Corrientes, Santiago del Estero, Salta y Entre Ríos. Para tener una conducción combativa y democrática que no transe, y pelee por recuperar el salario y mejores condiciones de trabajo, en las elecciones de la UTA ¡Vamos con la Bordó!

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Escribe Hugo Iglesias

Mirgor despidió a 223 trabajadores en la planta de Einstein, otros 73 en Malvinas. La empresa de la familia Caputo en Tierra del Fuego pretende aplicar la reforma laboral destruyendo la organización sindical. Los trabajadores habían resuelto realizar asambleas de una hora por turno el jueves y viernes pasado y la patronal respondió con estos despidos. El lunes se congregaron en la planta. La UOM de Río Grande exigió la reincorporación de todos en audiencia de conciliación. El ministerio de Trabajo decretó la conciliación obligatoria. La empresa se vio obligada retrotraer los despidos, pero dejó afuera a todos los delegados gremiales de las 4 fábricas. El propósito de la empresa de la familia del ministro de Economía Caputo es claro: descabezar la resistencia sindical para poder aplicar la Reforma laboral esclavista del gobierno de Milei y el FMI, que aprobó la LLA, el PRO, los radicales y los peronistas amigos del gobierno. 

Desde Izquierda Socialista Tierra del Fuego estuvimos presentes en las puertas de la fábrica, acompañando las fogatas de la resistencia de toda la planta. Hemos propuesto a la UOM y a la CGT la realización de un paro provincial para derrotar esta ofensiva. Está claro que lo que los bloques empresariales votaron en el Congreso no hay que dejarlo aplicar resistiendo en Tierra del Fuego y en todo el país con un plan de lucha nacional por la derrota de la Reforma, como la movilización derrotó la ley de extranjerización de las tierras.



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Foto de portada: La pintura, retrata el momento de la rendición del militar británico William Carr Beresford y la entrega de sus armas a los líderes criollos

Escribe Federico Novo Foti
 
El 12 de agosto se cumplen 220 años de la primera gran derrota inglesa en el Río de la Plata. En junio de 1806, tropas británicas habían ocupado Buenos Aires, capital del Virreinato del Río de la Plata. 46 días después una impresionante gesta popular al mando de Santiago de Liniers los echó. Esa primera derrota de la invasión inglesa (y de la segunda invasión en 1807) hizo crecer los proyectos de independencia que estallaron en 1810.
  
El 25 de junio de 1806, 1.600 soldados ingleses desembarcaron en la costa de Quilmes. Su intención era invadir la ciudad de Buenos Aires, flamante capital del virreinato español del Río de la Plata. La fuerza de 600 hombres enviada por el virrey Rafael de Sobremonte fue rápidamente derrotada. Al día siguiente, las tropas británicas enfrentaron y dispersaron en el Puente de Gálvez (hoy Avellaneda) al Regimiento 71. El 27 de junio, alcanzaron la ciudad y el 28 izaron la bandera británica en el fuerte de Buenos Aires (hoy Casa Rosada), designando como gobernador al Brigadier General William Carr, vizconde de Beresford.

 La actitud del virrey Sobremonte ante la invasión pasaría a la historia por su vergonzosa huida. En ese entonces, se justificó con el argumento de que seguía el procedimiento establecido para poner a salvo el tesoro de la ciudad y organizar la defensa de la capital. Pero el baúl con el botín fue dejado en Luján por orden de los ingleses, mientras el virrey continuaba su acelerada marcha hacia Córdoba. La población de Buenos Aires lo consideró una traición.

Ante la defección del virrey, la mayoría de la población hostil a los invasores comenzó a organizar la resistencia. Líderes originarios de los pueblos pampa, ranquel y tehuelche ofrecieron jinetes y caballos, que no fueron aceptados. El acaudalado comerciante español, Martín de Álzaga, financió la compra de armas. El comerciante criollo Juan Martín de Pueyrredón reunió a mil hombres, que fueron sorprendidos en Perdriel (hoy Partido de San Martín) por las tropas inglesas, obligándolos a dispersarse. En Montevideo, el capitán de fragata francés Santiago de Liniers, jefe del fuerte de Ensenada, reunió a otros mil hombres, que desembarcaron el 4 de agosto en el puerto de Las Conchas (hoy Tigre). Acamparon en la quinta de Pueyrredón en San Isidro y, avanzando a paso de hombre en medio de un temporal, llegaron a los corrales de Miserere (hoy Plaza Once), donde volvieron a acampar para preparar la reconquista de la ciudad.

La reconquista fue una impresionante gesta popular. Así lo relató el propio Liniers: “pidieron armas hasta los niños […] se unieron a los miñones [milicia de catalanes] en las guerrillas de las calles dos días antes de la acción decisiva y entraron a ella cargados con la artillería sin excepción de edades, acompañados de una mujer […] Aquella multitud de pueblo que se me agregó en el corto tránsito de los mataderos de Miserere al ventajoso punto del Retiro, ocupado con denuedo, me facilitó derrotar y amedrentar al enemigo”.1

El 12 de agosto las numerosas tropas de Liniers iniciaron el ataque final, ocupando la Plaza Mayor (hoy Plaza de Mayo) y obligando a los ingleses a replegarse al fuerte. Al verse rodeado, tras 46 días de ocupación, el general Beresford decidió rendirse. Así la población de la ciudad de Buenos Aires derrotó a la primera invasión inglesa.
 
La disputa por las colonias

En 1776 Inglaterra había sufrido un duro golpe al perder el dominio de sus colonias de Norteamérica. Ese mismo año, España había establecido el Virreinato del Río de la Plata. La decisión de la monarquía española resultaba del dinámico desarrollo económico de sus dominios sudamericanos.
El nuevo virreinato, ubicado en la región más austral de Sudamérica, se estructuró alrededor del monopolio español de la minería de oro y plata de la región de Potosí en el Alto Perú (hoy Bolivia), cuyo producto era transportado por tierra hasta el puerto de Buenos Aires, donde era embarcado a España. De modo que Buenos Aires experimentó un rápido crecimiento que no se puede comparar con ningún otro ocurrido en los dominios españoles: “Aumentaron considerablemente la población, el comercio y la producción, lo que redundó en una mejora del nivel de vida. Se comenzaron a pavimentar e iluminar las calles y las escuelas se llenaron de alumnos […] En 1801 apareció el primer periódico y el auge cultural incluyó la lectura de los clásicos franceses y exitosas representaciones teatrales”.2

Pero en los choques entre las potencias coloniales de la época el poderío marítimo fue quedando en manos de Inglaterra. En octubre de 1805, al vencer en la batalla de Trafalgar a las armadas de Francia y España, Inglaterra quedó prácticamente como dueña de los mares. Esto le permitía disputar territorios lejanos a las otras potencias colonizadoras. En 1805, el comodoro Home Riggs Popham acompañó una expedición que se dirigía a Ciudad del Cabo (hoy Sudáfrica) para quitársela a los holandeses. En enero de 1806, cuando ya habían tomado la ciudad, Popham impulsó la invasión de Buenos Aires. La expedición, a la cual se sumó Beresford, se puso en marcha en abril de 1805.

 Popham imaginaba que la llegada de las fuerzas británicas encendería una espontánea y entusiasta adhesión de los partidarios del libre comercio. Es cierto que, en un principio, los ingleses contaron con la entusiasta adhesión de los más ricos propietarios, que los alojaron en sus casas y les hicieron numerosas fiestas. En esos días Beresford comenzó a intercambiar informes e instrucciones con el gobierno de Londres para organizar el comercio con la nueva colonia. Pero, como vimos, las cosas no serían tan sencillas.

Los primeros pasos hacia la independencia

En los combates contra la invasión inglesa de 1806 participaron diversos sectores de la sociedad colonial: desde ricos comerciantes españoles y criollos hasta peones y jornaleros, artesanos y esclavos. En esos días comenzó a aparecer un grupo clandestino de jóvenes criollos, conocido como “los separatistas”, entre quienes estaban Manuel Belgrano y Juan José Castelli, los cuales cuestionaban tanto el dominio británico como el español.

En febrero de 1807 una junta de guerra exigió al virrey Sobremonte que dejara su puesto y en su reemplazo se nombró a Liniers. Sobremonte se refugió en Montevideo. Ese mismo año, en julio, los ingleses reincidieron en sus intentos de invasión. Esta vez la batalla fue mucho más cruenta y nuevamente fueron derrotados. Ante el fracaso total de la tropa regular española se formaron milicias con trabajadoras, trabajadores y artesanos pobres, peones, esclavos e indios. Cada uno se llevaba el arma a su casa y se elegía democráticamente a los jefes. Algunos de ellos fueron aquellos jóvenes criollos que entraron a la historia poco después, como Belgrano y Castelli. Estas acciones se fueron poniendo en práctica desbordando a las autoridades españolas y abonando el camino para que desde 1810 se empezara a poner de pie la nueva nación independiente.

1. Citado en Enrique C. Corbellini. La Revolución de Mayo. Tomo I, Editorial Lajouane, Buenos Aires, 1950.
2. Ver Nahuel Moreno. Método de interpretación de la historia argentina. Ediciones El Socialista, Buenos Aires, 2012. Disponible en www.nahuelmoreno.org 

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