Jul 21, 2026 Last Updated 2:02 PM, Jul 21, 2026

Izquierda Socialista

Escribe Mariana Scayola, Secretaria de Prensa de Ademys

El próximo 20 de agosto se realizarán las elecciones de la CTA Autónoma para renovar el Consejo Directivo Nacional y las conducciones provinciales y seccionales. Las listas fueron presentadas el pasado 29 de junio y, frente a la dirección burocrática encabezada por Hugo “Cachorro” Godoy, volverá a competir la Lista 6 Multicolor.

La CTA surgió con el objetivo de construir una central alternativa a la CGT, pero se fue convirtiendo en una cáscara vacía. Desde hace 16 años permanece dividida entre la CTA de los Trabajadores y la CTA Autónoma, sin dar respuesta a las necesidades de quienes integran la central.
La conducción de Godoy sostiene discursos combativos, distintos a los de la CGT, pero en todos estos años no organizó una pelea consecuente contra la motosierra. Por eso, la Multicolor vuelve a presentar una alternativa por una CTA democrática, de lucha, con perspectiva de género e independiente de todos los gobiernos. Una central que enfrente al gobierno ultraderechista de Javier Milei, a los gobernadores y al ajuste impuesto al servicio del FMI.

La lista nacional está encabezada por Laura Carboni, secretaria general de la Asociación Gremial Docente de la UBA. Desde Izquierda Socialista y la corriente sindical A Luchar aportamos candidaturas en el plano nacional y en distintas provincias y seccionales. Entre ellas se encuentran Pablo Almeida, delegado general de la Junta Interna de ATE Ministerio de Economía; Christian Abraham, activista de ATE en el Hospital Oncológico de Córdoba; Iván Blacutt, integrante de la minoría de Adiunju; Natalia Ortiz, trabajadora de la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia de Tierra del Fuego; y Hugo Soul, del Conicet de Río Negro. Junto a ellos participan más de un centenar de activistas, delegadas y delegados que aportan a la construcción de una alternativa democrática y de lucha.

En la Ciudad de Buenos Aires, la lista es encabezada por Soledad Mosquera, secretaria general de Ademys. También participan Diego Saavedra, miembro de la Junta Interna de ATE Garrahan; Marcela Almeida, de ATE Indec; y Mariana Scayola, secretaria de Prensa de Ademys, entre otras y otros referentes.

La Multicolor reúne al conjunto de las agrupaciones de izquierda y antiburocráticas. Participan las corrientes sindicales ligadas a Izquierda Socialista, el Partido Obrero, el MST, el PTS y el Nuevo MAS, junto con la agrupación Víctor Choque de ATE Sur y otros sectores independientes.


Escribe Mercedes Trimarchi, diputada electa en CABA por Izquierda Socialista/FIT Unidad

Clara Muzzio, vicejefa de Gobierno porteña, se convirtió en una de las principales voceras antifeministas de la gestión de Jorge Macri. En X ataca sistemáticamente la ESI, el derecho al aborto y la identidad de género.

Entre sus declaraciones más recientes, Muzzio afirmó que la Educación Sexual Integral (ESI) “no logró mejorar los indicadores de prevención de las infecciones de transmisión sexual” y sostuvo que enfermedades como la sífilis y el VIH aumentaron desde su implementación. Se trata de una afirmación falsa y tendenciosa. La ESI fue sancionada en 2006 y, desde entonces, los indicadores de distintas infecciones de transmisión sexual (ITS) atravesaron períodos de aumento y descenso, según los propios informes oficiales del Ministerio de Salud de la Nación y de la Ciudad de Buenos Aires. No existe evidencia que permita establecer una relación causal entre la implementación de la ESI y la evolución de estas infecciones.

Por el contrario, distintos estudios señalan que el aumento de algunas ITS está vinculado, entre otros factores, con la disminución en el uso del preservativo. Frente a esta realidad, el gobierno porteño podría desarrollar campañas masivas de prevención, garantizar educación sexual en todas las escuelas y asegurar la distribución gratuita de preservativos. Pero elige otro camino y cuestiona una herramienta fundamental para el acceso a derechos y la prevención en salud.

Muzzio también suele asociar la legalización del aborto con la caída de la natalidad. Otra vez, los datos desmienten su discurso. La disminución de la tasa de natalidad comenzó en Argentina varios años antes de la aprobación de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, conquistada en diciembre de 2020. Además, se trata de una tendencia mundial que responde a múltiples factores sociales, económicos y culturales.

Un estudio reciente del Observatorio del Desarrollo Humano de la Universidad Austral mostró que, entre las razones por las cuales muchas personas deciden no tener hijes, aparecen la ausencia de una pareja estable, la búsqueda de desarrollo profesional, la incertidumbre económica y la preocupación por el futuro en un contexto de crisis social, política y ambiental. El trabajo concluye que estamos frente a un cambio cultural profundo y no ante la consecuencia de una legislación específica.

Sus declaraciones forman parte de una ofensiva política e ideológica contra los derechos ganados con la lucha feminista. La ESI permite acceder a información científica, prevenir violencias, promover vínculos respetuosos y garantizar el derecho de niñas, niños y adolescentes. El aborto legal, seguro y gratuito terminó con la clandestinidad que condenaba a miles de mujeres y personas gestantes a poner en riesgo su salud y su vida.

Por eso ataca estas conquistas. Tanto la ESI como el derecho al aborto amplían la autonomía de las personas y cuestionan los mandatos patriarcales que históricamente buscaron controlar nuestros cuerpos. Seguiremos defendiendo cada uno de estos derechos frente a quienes pretenden retroceder décadas en materia de libertades democráticas. No permitiremos que los discursos reaccionarios del gobierno de Jorge Macri avancen sobre nuestras conquistas obtenidas con la movilización.

Foto de portada: El 29 de julio de 1966 una violenta represión irrumpió en varias facultades de la UBA, deteniendo a centenares de estudiantes

Escribe Francisco Moreira

La noche del 29 de julio de 1966 la policía de la dictadura de Juan Carlos Onganía irrumpió en cuatro facultades de la Universidad de Buenos Aires apaleando salvajemente a estudiantes y docentes. Aquel episodio sería recordado como “la noche de los bastones largos”. Fue el comienzo de la intervención de las universidades estatales. La lucha obrera y estudiantil terminaría con la dictadura tras el Cordobazo de 1969.
 
El 29 de julio estudiantes en asambleas votaron la toma de cuatro facultades de la UBA. Aquella medida era la continuidad de la lucha del movimiento estudiantil que en los meses previos había protagonizado ocupaciones y escaramuzas con la policía por el reclamo de mayor presupuesto y la reacción ante el reciente decreto de intervención de las universidades. Pero la respuesta del gobierno fue inmediata y violenta.

“Operación Escarmiento” se llamó el operativo policial del gobierno para reprimir a estudiantes y docentes. Esa misma noche del 29 la policía irrumpió en las facultades y las desalojaron a bastonazos. La represión fue especialmente violenta en las facultades de Ciencias Exactas y Naturales y en Filosofía y Letras. Aquel hecho se conocería como “La noche de los bastones largos” y tenía el objetivo de terminar con la lucha universitaria.1

Luego del desalojo y la golpiza se llevaron a 400 personas detenidas. Otras tantas fueron llevadas al hospital. Fueron destruidos laboratorios y bibliotecas universitarias. En los meses siguientes, con la intervención y la imposición de la censura de contenidos, cientos de docentes fueron despedidos, renunciaron o debieron huir al exilio, iniciando un proceso de “fuga de cerebros” que debilitó fuertemente el desarrollo de la ciencia y la técnica.
 
El golpe de Onganía y el movimiento estudiantil

“La noche de los bastones largos” había sido precedida por varios años de ascenso en las luchas estudiantiles. En 1958 se habían dado enormes movilizaciones contra la iniciativa del presidente Arturo Frondizi de permitir la creación de universidades privadas, pelea que se conoció como “Laica o Libre”. En los años siguientes continuó la lucha estudiantil contra los recortes presupuestarios.

Desde su asunción en 1963 el gobierno radical de Arturo Illia venía ajustando el presupuesto de las universidades estatales para fomentar la creación de universidades privadas. Las movilizaciones fueron reprimidas, pero la lucha continuó. En 1965 se produjo la renuncia del rector de la UBA, Dr. Julio Olivera, fruto de una protesta estudiantil en la Facultad de Ciencias Económicas contra el economista y funcionario del gobierno estadounidense Walt Whitman Rostow, defensor de la guerra de Vietnam.

El 28 de junio de 1966 el golpe militar encabezado por el jefe del Ejército, el teniente general Juan Carlos Onganía, acabó prematuramente con el gobierno de Illia. La preocupación de la burguesía y las Fuerzas Armadas era poder aplicar los planes del imperialismo y los sectores más concentrados del capital, evitando que las y los trabajadores y el pueblo no retomaran un nuevo período de ascenso generalizado. La “amenaza roja”, la “excesiva politización” de las y los estudiantes y sus movilizaciones habían sido algunas de las excusas del golpe.2

Pero el movimiento estudiantil fue de los primeros en enfrentar la ofensiva de Onganía. Al mes, el gobierno dictó el decreto ley 16.912/66 que intervenía todas las universidades estatales del país.3 Esto significaba el fin de la autonomía y el cogobierno universitario conquistado en la Reforma de 1918. Rectores y decanos se transformaban en títeres de los militares. La respuesta estudiantil a la intervención decretada por el gobierno fueron aquellas asambleas y la ocupación de las facultades en la noche del 29 de julio, las cuales fueron brutalmente reprimidas.
 
El PRT ante el golpe y la represión universitaria

Cuando sucedió el golpe de Onganía, el Partido Revolucionarios de los Trabajadores (PRT), partido orientado por Nahuel Moreno y antecesor de Izquierda Socialista, llamó a la unidad de todos los sectores que querían enfrentar al gobierno y su plan de ajuste y entrega al imperialismo. Lamentablemente las distintas alas de la burocracia sindical peronista se jugaron a no enfrentar el golpe, siguiendo las órdenes de Juan Perón de “desensillar hasta que aclare”. Atendiendo a esta realidad, el PRT llamó a organizar la resistencia a largo plazo, considerando que comenzaba una nueva etapa más defensiva.

 En el movimiento estudiantil, el PRT planteó que ante los golpes recibidos era necesaria la unidad de todo el estudiantado para organizar piquetes y campañas públicas con volantes y asambleas, para defender a las universidades de los ataques del gobierno y salir a enfrentarlo. Dio especial importancia a lograr la unidad con otros sectores para ganar, especialmente con el movimiento obrero. Sin embargo, la conducción de la FUA (el PC) comenzó a desarrollar una línea ultraizquierdista bajo el planteo de “hagamos la revolución en la universidad” sin tener en cuenta la etapa defensiva que se había abierto.

 “La noche de los bastones largos” fue un duro golpe para el movimiento estudiantil, especialmente en la UBA, donde por la política de la conducción no pudo darse una respuesta contundente. Una de las excepciones fue la de la Facultad de Farmacia y Bioquímica, donde gracias al peso de la corriente impulsada por el PRT se logró concretar una huelga estudiantil el 30 de agosto, a la que se sumaron todos los estudiantes para dar la pelea dentro y fuera de la facultad.4

Sin embargo, a pesar de que en la UBA la lucha declinó, ésta se trasladó al resto del país. Las y los estudiantes del interior se transformaron en la vanguardia de la lucha, con la huelga general declarada por la FUA y movilizaciones y manifestaciones permanentes. Córdoba fue donde la lucha adquirió un carácter más masivo. Con un proceso ejemplar que organizó el barrio estudiantil y las pensiones con delegados, rompiendo focos de alumbrado para evitar que la policía actuara de noche, entre otras  formas de enfrentar la persecución y la represión policial. 

En ese marco, el 12 de septiembre cayó  asesinado por la policía Santiago Pampillón, estudiante de Ingeniería Aeronáutica, obrero de la IKA-Renault. El asesinato produjo indignación en toda la población. En Buenos Aires se realizó un paro de 24 horas que culminó en una movilización de 2 mil estudiantes y se realizaron medidas similares en el interior.

Pese al golpe sufrido por la represión de la dictadura, la lucha estudiantil siguió creciendo a finales de la década de 1960 al calor de lo que también sucedía con la juventud en todo el mundo, protagonista en las luchas de Tlatelolco en México, la “Primavera de Praga” y el Mayo Francés. En mayo de 1969, Córdoba sería el epicentro de las movilizaciones obreras y estudiantiles, cuya chispa se encendió en Corrientes con un nuevo asesinato de un joven a manos de la represión policial, en una movilización contra la privatización del comedor universitario de la Universidad del Nordeste y que rápidamente se expandió a todo el país, siendo el principio del fin de la dictadura de Onganía.
 

1. Ernesto González (coordinador). El trotskismo obrero e internacionalista en Argentina. Tomo 3, Editorial Antídoto, Buenos Aires, 1999. 
2. Ernesto González. Ídem.
3. Ver en www.argentina.gob.ar
4. Ver en La Verdad N.º 56, 05/09/1966

Escribe Humberto Balderrama, dirigente del PT y miembro de la UIT-CI

10/7/2026. La burocracia sindical de la Central Obrera Boliviana (COB) traicionó la heroica lucha de la base trabajadora y campesina. Necesitamos una alternativa de dirección al servicio del pueblo trabajador. Por una Agenda Nacional de lucha contra el ajuste y la represión

La heroica movilización

Durante más de 50 días, el pueblo trabajador boliviano llevó adelante una movilización con un bloqueo de caminos contundente que llegó a paralizar gran parte del aparato productivo del país, además de multitudinarias marchas con decenas cuando no cientos de miles de participantes en la sede gobierno. Fue una verdadera rebelión obrera, campesina y popular que puso en cuestión el ajuste y al propio el gobierno de Rodrigo Paz.

Esta movilización enfrentó desde el inicio una fuerte campaña de desprestigio por parte del gobierno y la casi totalidad de los grandes medios de comunicación. Pero, sobre todo, afrontó y derrotó la violenta represión estatal de las fuerzas combinadas de la policía y el ejército, a lo que se sumó el llamado del propio presidente Rodrigo Paz a que la “sociedad boliviana” se movilice junto con las fuerzas armadas y la policía — llamado cuyo resultado fue el accionar conjunto de grupos paramilitares y delincuenciales, armados y escoltados por soldados y policías, contra la ciudadanía movilizada.».

Fueron asesinados más de una decena de compañeros; compañeras abusadas sexualmente; casas saqueadas; cientos de heridos, arrestados y procesados. Pero ni con todo esto lograron derrotar la movilización ni romper el bloqueo, por el contrario, este se fue fortaleciendo y arrinconó al gobierno.

Esta valerosa e imponente movilización ganó, con justicia, la solidaridad internacional e incluso es tomada como ejemplo, sobre todo a nivel regional, de cómo debe enfrentarse a los gobiernos de extrema derecha y sus políticas de ajuste neoliberal al servicio del imperialismo estadounidense.

La traición de la dirigencia de la COB y el repliegue de la movilización

El régimen de Rodrigo Paz se empeñó en comprar dirigentes para poder frenar la movilización, logrando algunos acuerdos y haciendo pomposas reuniones con estos. Sin embargo, en muchas de sus organizaciones, en especial las campesinas, estos dirigentes fueron desconocidos y la movilización siguió. Fue solo con la traición de la dirigencia de la COB, que llegó a un acuerdo con Paz sin siquiera consultar con las bases movilizadas, que la lucha se vio afectada.

Argollo, el principal dirigente de la COB afirmó que se aceptaba el acuerdo para evitar el estado de excepción y la pérdida de vidas. A horas de firmado el acuerdo con la dirigencia de la COB, Rodrigo Paz se burla del mismo y de la dirigencia, declarando el estado de excepción, frente a lo que Argollo y compañía no dicen nada.

De esta forma, traicionados por la principal dirigencia nacional y con la amenaza de una mayor represión, comenzó el repliegue del pueblo trabajador, campesino y popular movilizado, levantándose el bloqueo a los pocos días. El cuestionamiento general a las dirigencias traidoras, aumentó más la desconfianza de las bases en los dirigentes y se planteó como necesaria la reorganización para retomar la lucha más adelante, dando paso al repliegue y abandonando las medidas de lucha como los bloqueos.

El Estado de Excepción, la represión, el ajuste y la crisis

Una vez levantados los bloqueos, era de esperarse por lógica que el estado de excepción se levante, sin embargo, Rodrigo Paz mantiene esta medida sin aplicarla en los hechos. Es decir, no hay restricciones a la circulación, reuniones, eventos públicos, etc. Es más, al día siguiente de levantados los bloqueos, muchos choferes comenzaron a reclamar cortando el tránsito porque no se había reestablecido el abastecimiento de combustible que supuestamente era por culpa de los bloqueos (un problema que persiste ya dos semanas después de levantadas las medidas de presión) y el gobierno no se atrevió a reprimir. También, representantes del poder judicial amenazaron al gobierno con paro total del órgano judicial exigiendo mayor presupuesto para el cumplimiento de sus funciones, poniendo en evidencia la debilidad y crisis del régimen.

La razón por la que el gobierno mantiene esta medida es para amedrentar y tener vía libre para reprimir y arrestar a quien se oponga a su política de ajuste, que continúa implementando, aunque más lentamente. Así, anunció la devaluación continua de la moneda boliviana estableciendo un tipo de cambio flexible sometido al mercado (el primer día el boliviano perdió aprox. el 30% de su valor frente al dólar), y el aumento de precios en servicios básicos como el agua y la electricidad a nombre de “mantenimiento de valor”.

Por otra parte, desata la persecución política focalizada en algunas personas para escarmentar a la ciudadanía por haber protestado. Se destaca el arresto de Vicente Salazar, dirigente de la Federación Campesina Tupac Katari, principal organización de la movilización, a quien le dieron 6 meses de “prisión preventiva” mientras continúan las investigaciones. Así como también fueron detenidos alrededor de diez compañeros y compañeras (algunos solo por ser familiares de dirigentes), y hay órdenes de aprehensión contra otros dirigentes de esta y otras organizaciones.

En general, Paz impone una política represiva y autoritaria de intimidación contra los sectores populares bolivianos que se movilizaron, escarmentando ejemplarmente a algunas personas con el objetivo de amedrentar a todo el movimiento. Hace esto tratando de evitar nuevas movilizaciones pues es evidente que en cualquier momento pueden retomarse las medidas de protesta frente a la política de ajuste antipopular y la misma represión.

El actuar burocrático de las dirigencias

La traición de varias dirigencias, y sobre todo la de la COB, ponen en evidencia los métodos prebendales de funcionamiento establecidos en varias organizaciones desde muchos años atrás, pero en particular en los gobiernos del MAS, métodos a los que Paz recurrió para debilitar a la movilización. Así, en la mayoría de los acuerdos del gobierno con distintas dirigencias, los puntos son declaraciones formales e instalaciones de mesas de trabajo, sin conseguir nada concreto de las reivindicaciones planteadas, quedando un gran cuestionamiento sobre qué beneficios obtuvieron estos dirigentes para aceptar estos tratos. Y, es más, estos convenios son firmados sin consulta previa a las bases.

En el caso de la dirigencia de la COB, el actuar burocrático se puede evidenciar hasta en la convocatoria y desarrollo de la movilización nacional, donde salvo el sector minero, no pudo movilizar masivamente a ningún otro, y en general no se cumplió el llamado a la huelga general indefinida. Los sectores afiliados a la COB que participaron de lleno en la lucha, lo hicieron bajo sus propias reivindicaciones y firmaron acuerdos sectoriales con el gobierno (también sin consultar a las bases, que en muchos casos desconocieron estos acuerdos, exigiendo continuar en las calles), este fue el caso del magisterio, por ejemplo.

Y luego, cuando la dirigencia focalizó la lucha solo en el pedido de renuncia de Rodrigo Paz, dejando de lado todas las demás reivindicaciones, algunos dirigentes vendidos previamente al gobierno, aprovecharon esto para desmarcarse de la movilización expresando su desacuerdo con esta consigna y planteando que se debía mantener una lucha reivindicativa concreta.

En general las dirigencias actuaron de manera burocrática, siendo rebasadas en varios momentos por las asambleas, ampliados y cabildos donde la base pudo expresarse. Y por miedo a esto, la negociación y los acuerdos se hicieron a espaldas de la base.

Este actuar burocrático no fue un problema menor ni circunstancial: fue precisamente lo que impidió que la movilización contara con un pliego de reivindicaciones claro y unificado. Al negociar a espaldas de las bases y firmar acuerdos sectoriales fragmentados, las dirigencias bloquearon la posibilidad de construir una agenda común que sumara a todos los sectores en lucha. Superar esta debilidad es, por tanto, una tarea política urgente de cara a las próximas movilizaciones.

Coordinación y unidad de las organizaciones con una Agenda Nacional de lucha

Una debilidad muy marcada de la movilización fue la ausencia de un pliego de reivindicaciones claramente establecido, difundido como tal y que organice y de claridad a la lucha. Establecer un pliego de reivindicaciones, un programa, una agenda nacional, o el nombre que se considere adecuado, fue necesario para poder sumar a otros sectores que no se plegaron plenamente en la lucha, a partir de integrar sus necesidades y propias reivindicaciones, en una agenda nacional de lucha unificada. Esta carencia facilitó la propaganda gubernamental buscando aislar a los sectores movilizados.

Esta sigue siendo una tarea central para las futuras luchas que con seguridad se desatarán. Una Agenda Nacional de lucha, además de las justas reivindicaciones sectoriales, debe tener como horizonte el poner fin al saqueo de riquezas del país, expulsando a las transnacionales e impulsando una revolución agraria que expropie a la oligarquía terrateniente. También debe instaurarse el control de divisas para impedir la abismal fuga de capital; garantizar el abastecimiento de combustible de calidad; detener la destrucción del medio ambiente que se da a través de incendios, minería contaminante y proyectos extractivistas; generar un plan masivo de empleos y elevar los salarios; aumentar el presupuesto a salud y educación, entre otros puntos.

Es alrededor de una Agenda de este tipo que debe coordinarse y unificarse la lucha de los distintos sectores frente a las políticas de ajuste del régimen.

La situación actual, posterior a la traición de los actuales dirigentes, hace urgente la necesidad de una nueva dirección para la lucha.

La movilización de mayo y junio demostró que la base tiene voluntad y capacidad de lucha. Organizaciones como la Federación Tupac Katari, la Confederación Bartolina Sisa, los Ponchos Rojos y el Distrito 8 de El Alto resistieron las presiones del gobierno y desconocieron los acuerdos traidores de la COB, sosteniendo los bloqueos por unos días más. Son estas organizaciones el punto de partida concreto para construir una alternativa de dirección de lucha constituyendo una Coordinación y unidad de las organizaciones para llevar adelante la lucha por la agenda de reivindicaciones obreras, campesinas y populares.

Por una alternativa de dirección para la lucha y política

Una de las principales conclusiones de las jornadas de lucha de mayo y junio es que el pueblo trabajador necesita construir una nueva dirección para la lucha y también política.

Para preparar nuevas peleas y que triunfen es necesario reorganizarse al interior de los sindicatos y movimientos sociales, recuperar la democracia de base — donde nada importante se resuelva sin consulta previa en ampliados, asambleas y cabildos — y disputar la dirección de la COB y demás organizaciones a la actual burocracia prebendal.

La segunda es estratégica: construir una nueva alternativa política obrera y campesina. Ya se hizo evidente el fracaso del MAS, Necesitamos una nueva alternativa política independiente de las viejas dirigencias burguesas y reformistas y que se prepare para dar la pelea en todos los escenarios, incluidos los electorales, con el horizonte de un gobierno de las y los trabajadores.

El Partido de los Trabajadores asume estas tareas como propias y convoca a construir esta alternativa de dirección junto a las bases y las y los luchadores que protagonizaron las jornadas de mayo y junio.


Escribe Miguel Lamas, dirigente de la UIT-CI

Donald Trump declaró “rota la tregua”. El acuerdo de cese al fuego entre Estados Unidos e Irán, firmado en 17 junio de 2026, ha terminado. El 8 de julio reanudó ataques y realizó intensos bombardeos contra las instalaciones petroleras, la infraestructura militar y poblaciones de la república islámica.

El acuerdo de 14 puntos, firmado por ambos países, establecía un “cese permanente e inmediato de la guerra en todos los frentes, incluido el Líbano”. También contemplaba la liberación de miles de millones de dólares en activos iraníes congelados en un plazo de sesenta días, y dejaba abierta una siguiente fase de negociación. A partir de este acuerdo se abrió el estrecho de Ormuz, por donde sale el 22% del petróleo que se produce en el mundo. 

Pero Israel, supuestamente sin permiso de Estados Unidos, seguía bombardeando y asesinando gente en el sur de Líbano, que era parte del “cese del fuego”. Ya había ignorado el “cese del fuego” en Gaza, donde ha asesinado a más de 70 mil palestinos en los últimos tres años. 

Esas acciones llevaron a Irán a reanudar los bloqueos en el estrecho y ahora es la excusa norteamericana para romper la tregua y reanudar los ataques. Ante eso, Irán se defiende bombardeando bases militares norteamericanas en varios países árabes aliados y cómplices de los Estados Unidos en la región.

Desde la UIT-CI llamamos a movilizaciones unitarias en Medio Oriente y en el mundo exigiendo: ¡Basta de bombardeos de Trump a Irán!
 
 

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