Sep 23, 2026 Last Updated 3:06 PM, Sep 22, 2026

Izquierda Socialista

Escribe Nicolás Núñez, referente de Ambiente en Lucha (Izquierda Socialista e Independientes)

Representantes de 195 países hicieron público el último reporte que el panel de la ONU sobre cambio climático (IPCC) redactaría hasta finales de la década. Del mismo emerge que, de seguir el rumbo actual de emisiones de gases de efecto invernadero, para 2030 el punto de no retorno del 1,5° de aumento de la temperatura global habría sido sobrepasado.

Partamos de señalar que desde nuestro país ya estamos atravesando las consecuencias de un calentamiento global entorno al 1,1° respecto del comienzo de la era industrial, que nos presenta alteraciones como los diez grados arriba de la temperatura promedio que vimos este verano y, a su vez, el pronóstico es que sequías dramáticas como la que estamos padeciendo pueden volverse cada vez más frecuentes. El horizonte de no sobrepasar el 1,5° que se había estipulado en los últimos años a nivel mundial surge de que la ciencia señala que, a partir de esa marca, los puntos de no retorno y sus consecuencias se tornarían impredecibles (tales como deshielos, suba del nivel del mar, sequías y temporadas de incendios más prolongadas, o eventos climáticos extremos en general como los huracanes). Ahora, en todos los posibles escenarios que modeliza el informe, esta barrera del 1,5° estaría siendo superada.

¿Cómo se realizan estas estimaciones? Primero, partamos de señalar que los informes del IPCC reducen al absurdo las posturas negacionistas de los Milei del mundo que, o bien niegan el calentamiento global, o bien niegan que el régimen de producción capitalista tenga un efecto sobre él. Así, el informe repasa que cada 1000 Giga Toneladas (GT) de CO2 acumuladas en la atmósfera, la temperatura de la superficie terrestre asciende 0,45°.

A partir de estas estimaciones es que hace tiempo vienen delimitándose “presupuestos de carbón” disponibles para no superar las metas del 1,5°o los 2°. El presupuesto restante para no superar el 1,5° serían unas 370 GT, cuando el nivel actual de emisiones anuales ronda las 44,6 GT. De ahí que surja que el rumbo actual superaría ese punto en menos de una década. El informe estipula que, sin necesidad de abrir un nuevo pozo de petróleo, las proyecciones de emisiones de la infraestructura de explotación de combustibles fósiles actualmente existente superarían ya por sí mismas el presupuesto para no exceder el 1,5°. Es en ese contexto que tenemos que ubicar el impulso de iniciativas como las petroleras off shore en el Mar Argentino, o bien la reciente decisión del gobierno yanky de Joe Biden de habilitar explotación fósil en el Ártico, o de Alemania de volver a abrir minas a cielo abierto de carbón.

Ahora bien, desde Ambiente en Lucha entendemos que rendirse ante la inevitabilidad del colapso y la catástrofe social no es una opción. Al caos climático no se responde ni desde las salidas individuales ni con el caos de la economía de mercado, sino con la planificación económica construida en base a la socialización y puesta bajo control de sus trabajadores de los principales resortes de la economía. La electrificación y descarbonización de la economía global no puede realizarse sobre la base de transformar a los países dependientes en un tendal de cráteres y sumideros de basura. Los recursos financieros globales deben ser puestos al servicio de la transición productiva, la adaptación y mitigación climática, imponiendo el no pago de las deudas externas. Hay que sumar a la clase trabajadora para la transición productiva sobre la base de sostener los puestos de trabajo y convenios más favorables en producciones sustentables, y dar garantías a las comunidades de que ninguna medida va a ser llevada adelante sin su participación. Para todo esto es necesario pelear por gobiernos de les trabajadores y no de capitalistas, basados en la participación directa y no en la delegación tutelada por el capital.
Todo esto suena difícil, y efectivamente lo es. Pero las consecuencias que plantea rendirse y no pelear por todo este horizonte socialista son demasiado graves como para no intentarlo.

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Un vivo relato del inicio de la pelea contra la contaminación y el extractivismo.

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Escribe José “Pepe” Rusconi

El próximo domingo 2 de abril se cumplirá el décimo aniversario de la inundación de La Plata, que dejó tremendas pérdidas materiales y sentimentales para los vecinos y, sobre todo, más de 89 víctimas fatales.

En ese entonces, tanto el oficialismo del Frente para la Victoria (peronismo) como la oposición patronal (Cambiemos) quisieron ocultar la cifra de muertos. Pero la movilización popular los obligó a seguir investigando y reconocer un número más alto de fallecidos, aunque aún no sabemos el total.

Las asambleas barriales reclamaron subsidios, obras y justicia. Los subsidios fueron unos pocos, que utilizó el entonces intendente Bruera para hacer campaña por su reelección. Las obras fueron iniciadas por el gobernador Daniel Scioli, con total desorden e improvisación. En 2019, la entonces gobernadora María Eugenia Vidal junto con el nuevo intendente, Julio Garro, inauguraron una parte de las obras y dijeron una famosa frase: “los platenses ya pueden dormir tranquilos”. A los pocos días se produjo una tormenta que casi provoca otra tragedia. Desde esa fecha las obras están paralizadas. Tampoco fueron retomadas por el actual gobernador peronista Axel Kicillof.

La justicia armó una parodia donde dejó libres de culpa y cargo a los dos principales responsables por inacción: el gobernador Scioli y el intendente Bruera. Determinaron que los responsables eran solamente dos funcionarios menores. Al momento del juicio uno había fallecido y el otro fue condenado a una multa y a la prohibición de actuar en la función pública por un corto periodo de tiempo que ya se cumplió.

En este décimo aniversario, las asambleas vecinales siguen reclamando al gobernador Kicillof que se reanuden las obras hidráulicas paralizadas, y al intendente Garro que dé a conocer el Plan de Reducción del Riesgo por Inundaciones (PRRI) que mandó a desarrollar en 2019 a la UNLP como parte de su campaña por la reelección.

El viernes 31 de marzo en la legislatura bonaerense se realizará, a instancias de los diputados del Frente de Izquierda Unidad, una audiencia pública. El domingo 2 de abril a las 15 horas en la Plaza Moreno, frente al Palacio Municipal, se hará el acto conmemorativo por el décimo aniversario en homenaje a las y los vecinos víctimas fatales, para mantener la memoria y reafirmando la continuidad de nuestra lucha.

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Escribe Eugenio L. E. Spagnoli, psiquiatra infanto-juvenil del Hospital de Niños de San Justo
 
La crisis capitalista impacta negativamente sobre la salud mental. Con la pandemia aumentó un 25% la prevalencia de la ansiedad y la depresión en todo el mundo. Además, aumentaron hasta un 47% los trastornos mentales en pacientes menores de edad.

En Argentina veinte millones de personas se atienden en el sistema público de salud. Sin embargo, apenas el 4,1% del presupuesto nacional para el año 2023 está destinado al sector salud. Únicamente el 1,68% de esa cifra se gasta en salud mental, quedando ese porcentaje muy por debajo de lo establecido por la Ley Nacional N° 26.657 que exige que se gaste un 10%.

En este marco, la situación de la atención de la salud mental pediátrica en el AMBA es crítica; solamente dos hospitales pediátricos del área provincial prestan atención en la especialidad de psiquiatría infanto-juvenil: el Hospital Sor María Ludovica de La Plata, y el Hospital del Niño de San Justo (municipal). Este último, único hospital pediátrico del conurbano oeste, no cuenta con guardia activa de salud mental, no pudiendo brindar respuesta satisfactoria al incremento  de las urgencias de salud mental pediátricas que vienen creciendo incluso desde antes que comenzara la pandemia. Compañeras y compañeros de este hospital y del resto del municipio venimos pronunciándonos en contra del vaciamiento de la salud pública, la precarización laboral bajo la forma de contratos de monotributo, la falta de adecuada actualización de nuestros salarios (que están por debajo de la línea de pobreza), la insuficiente dotación de personal de seguridad en centros de atención, la carencia en materia de infraestructura, la falta de apertura de concursos que desde hace algunos años atenta contra la continuidad de la carrera profesional hospitalaria, entre otras cosas. Penoso resulta observar que nuestra capacidad de respuesta a las problemáticas de salud de la población se reduce ante una creciente demanda de prestaciones, o que la protesta de algunas y algunos trabajadores se vaya transformando en renuncias.

Exigimos condiciones laborales dignas para las y los trabajadores de la salud y un aumento salarial inmediato. Hay que dejar de pagar la deuda externa usurera y fraudulenta, destinando ese dinero a la salud pública. Los gobiernos de Espinoza y Kicillof deben aumentar el presupuesto destinado a la salud de la población (sin subejecuciones), garantizando la atención eficiente de la salud pública, que sea gratuita, de calidad, y de acceso universal para todas y todos.

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Escribe Federico Novo Foti

Fue la primera guerra importante del siglo XXI. Estados Unidos buscó reforzar su cuestionada hegemonía mundial. Pero la heroica resistencia del pueblo iraquí le asestó una histórica derrota militar. Irak fue su segundo Vietnam. El resultado fue la profundización de su crisis de dominación que continúa en la actualidad.  

El 19 de marzo de 2003, el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, anunció la invasión a Irak. Ubicado en Medio Oriente, Irak tenía por entonces veinticuatro millones de habitantes gobernados por la férrea dictadura de Saddam Hussein y era poseedor de una de las mayores reservas mundiales de petróleo. Bush declaró que su objetivo era terminar con el régimen de Hussein, a quien apuntó como integrante del “eje de mal” (junto a Irán y Corea del Norte) y que poseía peligrosas “armas de destrucción masiva”. Desde un primer momento, la UIT-CI se posicionó junto a la resistencia iraquí, sin dar apoyo político a Hussein. Alentó y participó de movilizaciones en distintos países, reclamando el retiro inmediato de las tropas imperialistas y exigiendo a los gobiernos la ruptura de relaciones con los países invasores.

En aquel momento, se aseguraba que la invasión expresaba la incuestionable hegemonía imperialista de los Estados Unidos, bajo el “nuevo orden mundial” nacido de la caída de la URSS y los estados obreros de Europa central. También, que se trataba de una “guerra por el petróleo”. Efectivamente, Estados Unidos y sus multinacionales (Chevron y Exxon) buscaban un nuevo reparto del negocio petrolero en Irak, frente a las multinacionales francesas (Total), chinas (China National Oil Company) y rusas (Lukoil). Pero sus objetivos iban más allá. El imperialismo yanqui invadió Irak para reafirmarse como gendarme mundial ante el crecimiento de rebeliones populares en el mundo. Buscó colonizar Irak para reforzar sus posiciones políticas en Medio Oriente, ante la incapacidad de Israel y sus gobiernos árabes aliados, como Arabia Saudita, de frenar la llamada “Segunda Intifada”, la resistencia popular palestina surgida en el año 2000. Buscaba también dar un fuerte mensaje contra el creciente movimiento antiglobalización, nacido en Seattle en 1999, a las enormes movilizaciones que derrotaron los planes de ajuste del FMI en Latinoamérica (el Argentinazo, la derrota del golpe en Venezuela en 2002 y las rebeliones bolivianas) y a las huelgas obreras en toda Europa. En lo económico, intentaba superar la crisis de la economía capitalista, expresada en la caída de grandes multinacionales como Enron, Xerox, AOL, WorldCom, y el crecimiento de la desocupación al 6% en Estados Unidos.

Bush utilizó los atentados contra las Torres Gemelas del 11 de septiembre de 2001 para lanzar una contraofensiva política, militar y económica, con la excusa de combatir el “terrorismo”. Invadió Afganistán en 2001 e Irak en marzo de 2003. A pesar de no contar con el apoyo del conjunto de la OTAN, siendo acompañado por una débil coalición imperialista comandada por Gran Bretaña (Tony Blair) y el Estado Español (José María Aznar), Bush aseguró que obtendría una rápida victoria. El 9 de abril llegaron las tropas yanquis a Bagdad, la capital de Irak. El régimen de Hussein cayó. Parecía ratificarse la predicción de Bush. Pero desde ese momento comenzó a crecer una heroica y masiva resistencia del pueblo iraquí, que enfrentó el poderío militar y tecnológico imperialista. La resistencia se fortaleció con la unidad de chiítas y sunnitas (las dos ramas del Islam), con movilizaciones crecientes y la afluencia de combatientes desde todos los países árabes para sumarse a las milicias de la resistencia. Se consolidó también la intifada palestina y aumentaron las movilizaciones en Medio Oriente y en Asia bajo la consigna “somos todos iraquíes”.

La brutalidad de la ocupación recrudeció con bombardeos indiscriminados que dejaron en cuatro años más de 600.000 víctimas civiles, dos millones de refugiados y brutales torturas contra prisioneros de guerra. La exposición de estos hechos desnudó las verdaderas razones de la invasión y dejó cada vez más aislado al gobierno de Bush, a pesar de sus intentos de pactar con las conducciones chiítas y sunnitas. En Estados Unidos creció el rechazo a la guerra y aumentaron las movilizaciones por el retiro de las tropas. En marzo de 2004 cayó en las elecciones el gobierno de Aznar, obligando a su sucesor a retirar las tropas de Irak. En febrero de 2007, Tony Blair debió retirar las suyas y meses más tarde dimitió anticipadamente. Para mediados de 2007 la invasión yanqui en Irak estaba completamente derrotada, pese a que mantuvo una ocupación formal hasta octubre de 2011, cuando Barack Obama, el sucesor de Bush, anunció el retiro definitivo. El triunfo iraquí demostró que la lucha abnegada y consecuente de los pueblos por su liberación puede derrotar al imperialismo más poderoso, aún a pesar de sus conducciones traidoras.

Irak se convirtió en un nuevo Vietnam para Estados Unidos. Bush había querido dar un mensaje contra las rebeliones en el mundo, establecer una nueva colonia en Medio Oriente, convirtiendo a Irak en una inmensa base militar yanqui y controlando su petróleo. Pero actuó como un “bombero loco”, que quiso apagar el fuego con gasolina. Terminó incentivando el movimiento mundial anti-guerra y el antiimperialismo. Llevó al colapso de la economía capitalista mundial de 2007/2008, continuó el ascenso de la lucha de los pueblos del mundo y desde 2011 se desataron las revoluciones árabes. En 2021 el ejército yanqui huyó derrotado de Afganistán. En definitiva, profundizó la crisis de dominación política, militar y económica de Estados Unidos que continúa en la actualidad.

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