Jun 24, 2026 Last Updated 4:58 PM, Jun 24, 2026

Izquierda Socialista


Escribe José Castillo

En las próximas semanas, el gobierno de Alberto Fernández terminará firmando el acuerdo con el FMI. Aunque digan lo contrario, significará más hambre y miseria para el pueblo trabajador y un mayor saqueo de nuestras riquezas.

El gobierno del Frente de Todos tiene como su máxima prioridad cerrar el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional lo antes posible. Es muy probable que no lo logre en estos días que restan de diciembre (ya que no dan los tiempos burocráticos del propio FMI), pero no pasará de enero o a lo sumo los primeros días de febrero.

Ajuste, aunque se diga lo contrario

El centro de las exigencias de cualquier plan del FMI es siempre “reducir el déficit fiscal”. Esto quiere decir, en concreto, achicar el gasto público, lo que redunda en que se tienen que reducir todas las partidas que atienden las necesidades populares. El Fondo exige un sendero donde, año a año, se gaste cada vez menos, con el objetivo de ir liberando divisas para así poder cumplir con los vencimientos con el propio FMI y el resto de los acreedores privados.

De hecho, para dar señales en la propia negociación, este año ya hubo un fuerte ajuste del gasto público: lo sufrieron los jubilados, todos aquellos que vieron recortadas las partidas sociales del Covid-19 (un ejemplo: no hubo un sólo pago de IFE en 2021) y los empleados del estado de todas las categorías (docentes, trabajadores de la salud, empleados estatales nacionales, provinciales y municipales) que vieron sus salarios pulverizados frente a la inflación. Pero ahora el Fondo exige más para el 2022 y luego un sendero ascendente de ajuste en 2023 y 2024.

El FMI también exige un aumento de las tasas de interés, con el objetivo de que los especuladores locales puedan hacer ganancias con una nueva bicicleta financiera (con tasas por encima de la inflación) y así permitir que los dólares puedan acumularse en las reservas del Banco Central, para garantizar su existencia para pagar la deuda. La contrapartida de este aumento de tasas de interés será el encarecimiento del crédito popular (si hoy las tasas de interés de las tarjetas de crédito, por ejemplo, ya son altas, mañana estarán directamente por las nubes).  

El tarifazo que se viene

Una de las consecuencias que se vienen será el aumento de las tarifas de los servicios públicos privatizados. Actualmente las tarifas de luz, gas, agua y transporte (por lo menos en CABA y Gran Buenos Aires) se mantienen sin grandes aumentos, brindándo a las empresas generosos subsidios como contrapartida. El FMI exige reducir esos subsidios (como parte del recorte del gasto público), pero no serán las empresas las que dejarán de ganar. Por el contrario, serán compensadas con aumentos de tarifas que irán desde el 30 al 100% según los casos. Todo a costa del bolsillo del pueblo trabajador.

Las reformas estructurales

El acuerdo que se firmará (llamado de “facilidades extendidas”) también exigirá un plan de reformas “estructurales” que el gobierno deberá empezar a poner en práctica en el tiempo. Son básicamente tres. La primera será la “reforma fiscal”, que consistirá en reducir los impuestos que ellos llaman “distorsivos” (básicamente los que afectan a las grandes empresas), a costa de aumentar los que pagamos los trabajadores. Y, al mismo tiempo, de reducir las partidas que ya no tendrán financiamiento, en particular las dirigidas a las provincias, que se encontrarán con menos fondos para atender gastos como educación primaria y secundaria, que dependen totalmente de esas jurisdicciones.

La segunda reforma será la previsional, que requerirá seguir reduciendo las jubilaciones (ya en números de indigencia) y particularmente atacar los regímenes especiales (el docente es el más importante), ya que son los únicos que se acercan a garantizar una jubilación cercana al salario en actividad del trabajador.

Y la tercera reforma es la laboral. Se trata del tan anhelado deseo de todas las patronales: flexibilizar al máximo el mercado de trabajo, terminando con los convenios colectivos y liquidando las conquistas que la clase trabajadora logró al cabo de décadas.

No hay salida con el FMI

El gobierno del Frente de Todos, la oposición de Juntos por el Cambio, las patronales empresarias, la burocracia sindical y los economistas del establishment coinciden en que “lo único que se puede hacer es arreglar con el Fondo” y que romper es “utópico”.

Les respondemos: lo utópico es sostener que la economía argentina va a crecer y desarrollarse de la mano de acuerdos con el FMI. Mucho más utópico aún, es un plan del Fondo que garantice la “equidad”, la “inclusión” y la “redistribución de la riqueza”. Con el Fondo nos hundiremos en un ajuste mayor al actual. Más aún, entraremos en un espiral de “monitoreos” (inspecciones trimestrales del FMI para verificar que se cumple con el ajuste), perdiendo cualquier capacidad soberana de decisión de política económica. No tendremos futuro, tal como sucedió en todos y cada uno de los 22 planes que anteriormente firmaron distintos gobiernos con el FMI, desde que pasamos a ser parte de este organismo en 1956.

Por el contrario, lo único “no utópico”, la única chance que tenemos para implementar un programa económico alternativo que empiece a resolver las más urgentes necesidades populares, pasa por suspender inmediatamente todos los pagos de deuda externa y romper ya mismo los lazos políticos y económicos que nos someten al FMI. Solo así el pueblo trabajador podrá acceder a mejores salarios, jubilaciones, trabajo genuino, educación, salud y vivienda.

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Escribe José Castillo

El compromiso de cumplir con el FMI fue tomado por el gobierno de Alberto Fernández apenas asumió. Lo hizo haciendo gala del más desvergonzado doble discurso: por un lado despotricaba diciendo que la deuda con el Fondo fue tomada por Macri, incluso violando las más mínimas disposiciones legales argentinas y administrativas del propio FMI, y que, encima, había sido utilizado en su totalidad para financiar la fuga de capitales de los especuladores que jugaban a la bicicleta financiera. Pero, por el otro, se comprometía a pagarla.

Durante estos dos años, el gobierno del Frente de Todos insistió en que el acuerdo a lograrse sería “sin ajuste”. Para ello, sostenían, contaban con la simpatía de la directora del Fondo, Kristalina Georgieva, que garantizaría un programa del FMI “progresista”, ya que era amiga del Papa Francisco.

Cuando se les preguntaba cómo sería posible dicho acuerdo “sin ajuste”, desde el gobierno de los Fernández explicaban: “vamos a pagar los 45.000 millones de dólares a veinte años, con diez de gracia. O sea, no pagaríamos nada hasta 2031 y luego 4.500 millones por año”. El FMI, Kristalina incluida, le respondió amablemente al gobierno argentino que eso no era posible, que no existían acuerdos a veinte años en los estatutos del Fondo. Que el acuerdo sería a diez años, empezando a pagar a los cinco (o sea en 2026) con vencimientos de capital de 10.000 millones de dólares por año. ¡Imposible de cumplir sin un super-ajuste!

Pero ahí no termina la historia. Luego el gobierno del Frente de Todos empezó a decir que, por lo menos, conseguiría que se redujera la tasa de interés (para que se entienda, los 45.000 millones que hay pagar, sumando los intereses, superan los 50.000). La tasa acordada por Macri era de 4% anual en dólares (escandalosamente alta, en un mundo donde la tasa de interés internacional está debajo de 1%). Alberto Fernández y su ministro, Martín Guzmán, sostuvieron que lograrían una reducción de la tasa al 1,5%, lo que permitiría ahorrarse aproximadamente 1.000 millones al año de pago de intereses. ¿Adivinen qué respondió el FMI? Obviamente que no, que hay que pagar a la tasa acordada.

En síntesis, el gobierno del Frente de Todos puede seguir discurseando con que “no se firmará un acuerdo que implique ajuste”, pero la realidad es que pagará todo (tasas de interés usurarias incluidas), en el plazo que exige el FMI y con el plan de ajuste dictado por el propio organismo. Un sometimiento en toda la línea.        


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Escribe Gabriel Schwerdt

Todavía siguen las repercusiones favorables de la histórica elección que hicimos con el FIT-U el 14 de noviembre. Con los 1.264. 238 votos que sacamos, logramos cargos nacionales, provinciales y municipales. También, por primera vez se lograron concejales en cuatro municipios del gran Buenos Aires, donde gobierna desde hace décadas el peronismo. Todos estos cargos fortalecen y consolidan al FIT-U. Los altos porcentajes que se obtuvieron en los municipios del conurbano, con picos que llegaron al 9 y 10% en algunos, arrojan un componente cada vez más obrero y popular de nuestro voto. Se evidencia que una franja de la base peronista kirchnerista, desencantada, rompió con el gobierno y votó al Frente.

Esto refleja un reconocimiento a la unidad que se viene forjando desde hace diez años, con un programa claro, socialista y revolucionario. Y con una práctica cotidiana de apoyo a las luchas de las y los trabajadores, jóvenes, mujeres, de las diversidades y del movimiento ambientalista contra el saqueo capitalista. En la clase trabajadora, muchas de las agrupaciones sindicales que se referencian en los partidos que componemos el FIT-U junto a activistas independientes están dando grandes peleas para ganar la conducción de los sindicatos. En nuestro caso es para destacar al sector docente combativo, que sigue avanzando en todo el país, resaltando el triunfo de la lista Multicolor en ATEN Capital de Neuquén. Y los ferroviarios del Sarmiento con la lista Bordó, que en estos días van nuevamente a disputar la seccional y el cuerpo de delegados contra la burocracia de Sasia. Esto también potencia la coordinación que llevamos adelante con el Plenario Sindical Combativo.

El FIT-U no es sectario ni tiene techo

Este gran resultado electoral no nos puede hacer olvidar que en las elecciones PASO de septiembre fuimos a internas. El MST organizó listas propias en todos lados, aunque perdió nacionalmente y en las principales provincias. Las pretensiones desmedidas de ubicaciones en las listas fueron enmarcadas por el MST con un discurso de “renovar” a la izquierda, de no ser “sectarios” y lograr “más amplitud”, lindas palabras para engañar a desprevenidos que en realidad esconden que el MST añora viejas alianzas “más amplias” con sectores o personalidades de la centroizquierda. Cuestión que rechazamos desde la fundación del FIT en el 2011. Los propios resultados en estas elecciones desarman el discurso y el divisionismo del MST, y demuestran que el Frente de Izquierda Unidad y su programa no son sectarios, ni estamos ante “un techo” en nuestro crecimiento, ni nos contentamos sólo con “lograr un par de bancas”.

Mientras el ajuste que aplica el gobierno peronista kirchnerista sigue decepcionando a millones de trabajadores y jóvenes, el Frente de Izquierda puede seguir creciendo y  fortaleciéndose como la verdadera alternativa para el pueblo trabajador de nuestro país.
 
En el 2022 postulemos al FIT-U en la lucha contra el ajuste y el FMI

Venimos de una jornada de lucha memorable contra el acuerdo con el FMI, que impulsamos desde el FIT Unidad, a la que correctamente se sumaron decenas de organizaciones políticas, sindicales, sociales y ambientalistas. Algunos de estos sectores incluso no son de izquierda, aunque seguramente muchos de los que estuvieron en Plaza de Mayo nos votaron, otros no. Pero nos unimos en esta gran acción bajo un programa contra el FMI, por el no pago de la deuda, contra el ajuste y la reforma laboral, contra el saqueo ambiental extractivista. La lucha por estos puntos centrales contra el gobierno y la oposición patronal en nuestro país tiene que seguir, con el FIT Unidad a la cabeza.

Este es el gran desafío que desde Izquierda Socialista creemos que tenemos desde el Frente para el año que viene. Ser protagonistas fundamentales, en unidad con todos los sectores con los que podamos acordar, para apoyar y potenciar las luchas contra el ajuste y el FMI que impone el gobierno peronista kirchnerista, con el acuerdo de la oposición patronal de Juntos por el Cambio. En este sentido es que nos entusiasman enormemente los resultados electorales que obtuvimos y las bancas que se lograron, que están al servicio de esta lucha.

Logradas en las elecciones de 2017, el 10 de diciembre terminó el mandato de las bancas del Frente de Izquierda Unidad en el Congreso Nacional. En el último año la ocuparon, en nombre de Izquierda Socialista, Juan Carlos Giordano desde diciembre de 2020 (reemplazando a Romina Del Plá), y luego Mónica Schlotthauer (rotando con Del Caño). Un período en que, aunque breve y en medio de pocas sesiones en la campaña electoral, se hicieron sentir. No solo en el recinto con sus posiciones y discursos, sino en las calles dando apoyo a los reclamos obreros y populares.

El “Gringo” Giordano juró el mismo día en que también votó por la ley del aborto legal seguro y gratuito. Ese día, la marea verde copó el Congreso logrando imponer la ley. Tanto el peronismo como el macrismo habían pactado “no herir susceptibilidades” mediante discursos que “no irriten a la sociedad”. El Frente de Izquierda, en cambio, sobresalió. Giordano fue noticia al decir lo que nadie se animaba: que esto se logró por la lucha (no por ningún presidente) y que uno de los derrotados había sido la Iglesia Católica, sinónimo de oscurantismo patriarcal. Su intervención fue vista y aplaudida a rabiar en pantalla gigante por miles de jóvenes. Giordano también fue noticia por ser víctima de una campaña sucia por defender al pueblo palestino y condenar los bombardeos criminales de Israel. “Al pueblo palestino no lo van a doblegar y a nosotros no nos van a hacer callar”, dice siempre nuestro diputado. La pregunta de muchos luchadores fue: ¿cómo puede ser que haya 257 bancas y solo las del Frente de Izquierda levanten la voz por una causa tan justa como la de Palestina?

Al asumir Mónica se reforzó el bloque de Izquierda Socialista con la voz y la fuerza de una luchadora ferroviaria, obrera, socialista y feminista. Schlotthauer había sido noticia en 2019, cuando al dejar su banca como parte de las rotaciones del FIT volvió a su puesto de trabajo en el ferrocarril Sarmiento. CNN le hizo una nota porque era una “novedad” para la política mundial.

Mónica, en su juramento, recordó que “los pueblos originarios no vinieron en barco, estaban acá”, ante el negacionismo de Fernández. Viajó a Jujuy a acompañar la campaña del Frente de Izquierda, dando el apoyo a los trabajadores bancarios en lucha y confraternizando con el ahora diputado Alejandro Vilca. “Nos intercambiamos la ropa de trabajo, él me dio las de recolector municipal y yo le di la de ferroviaria”, dijo.

Izquierda Socialista presentó el único proyecto por el no pago de la deuda externa y por la ruptura de relaciones con el FMI. El único que postula un sistema de salud nacional, estatal, gratuito y de calidad. Además, entre otros, conjuntamente con dirigentes de Vialidad presentamos un proyecto para terminar con los peajes y volver a una Vialidad Nacional controlada por sus trabajadores.

Nuestras bancas fueron también noticia al ser las únicas en plantear que se liberen las patentes de vacunas, que se expropien los millones de dosis que se producían en Garín para AstraZeneca y que se declare de utilidad pública al laboratorio mAbxience. Giordano interpeló a Pfizer cuando fue a declarar al Congreso, multinacional que fue salvada por el Sergio Massa cuando al terminar el interrogatorio de Giordano le dijo al CEO del laboratorio “el diputado le hizo muchas preguntas, usted puede contestar si quiere”.

Mientras las y los diputados peronistas votaron la ley de movilidad jubilatoria a la baja, el Frente de Izquierda lo rechazó. Y fuimos los únicos que repudiamos el ingreso de tropas imperialistas y de ejércitos de países latinoamericanos para hacer “ejercicios amigables” en nuestro país, como así también la instalación de la base yanqui en Neuquén.

Schlotthauer y Giordano junto al resto de los candidatos de Izquierda Socialista fueron impulsores de radios abiertas, actos, charlas debate y recorridas de candidatos en distintos puntos de la provincia y el país postulando las medidas de fondo del Frente de Izquierda Unidad.

Nuestras bancas se destacaron por el apoyo a las luchas obreras y populares. Mónica viajó a solidarizarse con la rebelión en Salud en Neuquén, que conquistó un triunfo salarial del 53%; a San Juan por la campaña electoral; a Ushuaia a apoyar a trabajadoras y trabajadores en lucha.

Giordano y Schlotthauer junto al resto del FIT fueron los únicos que se hicieron presentes en la lucha en defensa del ambiente, repudiando la megaminería y exigiendo que se trate la ley de humedales cajoneada por el peronismo. Y recientemente fueron quienes apoyaron el acampe de los pueblos originarios (a quienes todos los bloques tradicionales les dieron la espalda) exigiendo la prórroga de la ley 26.160, hablando en varios actos y concentraciones junto a distintas organizaciones.

Schlotthauer y Giordano no hicieron más que cumplir con el mandato de la izquierda revolucionaria en apoyar las luchas, enfrentar al gobierno y a los bloques patronales, presentar proyectos de fondo e impulsar la construcción de una herramienta política revolucionaria como lo es Izquierda Socialista en el Frente de Izquierda Unidad. El juramento de nuestras bancas se cumplió acabadamente. Tarea cumplida.

“Es un orgullo para nuestro partido Izquierda Socialista y el FIT Unidad poder mostrar que, luego de ocupar una banca, vuelvo nuevamente al ferrocarril. Porque somos trabajadoras y no entendemos a la política como un privilegio. Ganamos como una maestra, rotamos en nuestras bancas y peleamos todos los días junto a la clase obrera, las mujeres y la juventud por una Argentina y un mundo socialista, sin explotados ni oprimidos” Mónica Schlotthauer.

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