May 17, 2021 Last Updated 1:02 AM, May 17, 2021

Escribe Jorge Adaro, secretario adjunto de Ademys

Ya pasaron dos semanas del anunciado “regreso a clases presenciales” de Larreta y su ministra de educación, Soledad Acuña, en CABA. Además de evaluar qué está pasando, debemos recordar que no es una política “aislada” de Larreta, sino que fue acordada con el ministro Trotta y Alberto Fernández, quienes también están apurando el retorno a las escuelas en varias provincias. Y que, desde el primer anuncio, nuestro sindicato Ademys, por resoluciones de sus asambleas abiertas, se ha pronunciado en contra de hacer esos experimentos políticos, cuando la pandemia sigue en ascenso.

De los casi 400 mil alumnos que estudian en CABA (entre jardín, primaria y secundaria, estatales y privados), el plan del gobierno no logró ni que el 2% se haya “presentado en las escuelas”. Por eso hace el ridículo Larreta al declarar que “se emocionó de ver nuevamente las sonrisas de los niños con sus guardapolvos blancos y los docentes dando clases en los pizarrones de las escuelas”. ¡Ni hubo chicos en las escuelas, ni los docentes dieron clases en aulas con pizarrón!

¿Por qué fracasa el plan del gobierno? Porque es un plan mentiroso y a contramano de las necesidades de los estudiantes y sus familias. Es mentiroso porque el gobierno quiere hacer creer a la población que está “normalizando” el sistema educativo en pandemia, para quedar como resolviendo la problemática de padres y madres, que necesitan que los chicos vuelvan al colegio. Y para insistir en que hay que acostumbrarse a la “nueva normalidad de convivir con la pandemia”.

Pero la realidad es que son ínfimos los porcentajes de alumnos que asisten. Y, es importante aclararlo, no van “a clases”, sino que los convocan para hacer “recreación” y “revinculación”.

La explicación que venimos dando los docentes de Ademys de que esto es absurdo, en medio de la pandemia que no cede y que es muy riesgoso para la salud de todos, sólo no la quieren entender Larreta, Acuña y Trotta. Pero la campaña de la docencia es aceptada por las familias de los trabajadores. Por eso es que ni siquiera pueden implementar el exiguo plan gubernamental: las familias no se arriesgan a enviar a sus hijos. El propio ministro de salud de CABA está alertando de posibles “rebrotes”. Ya tuvimos la semana pasada el primer caso de un auxiliar de una escuela técnica de Flores con Covid. Debió suspenderse la asistencia y quedaron en aislamiento las directivas, auxiliares y dos maestras.

Por eso las “burbujas” del gobierno (grupos de ocho alumnos aislados) no funcionan, no se completan. Y las docentes, además de explicar a las familias, se suman al paro de Ademys, rechazando los aprietes gubernamentales. Ayer, en medios de prensa que me entrevistaron, hubo periodistas que reconocían que sus hijos no habían asistido, “por el paro de las maestras de Ademys”.

“¿Pero ustedes están en contra de volver a clases? ¿Por qué no reclaman que se garanticen las medidas sanitarias, en vez de no querer volver?”, nos cuestionan. En primer lugar, nosotros somos conscientes de que hay pandemia y del riesgo de vida que significa contagiarse. Porque ni siquiera están garantizadas las condiciones sanitarias para dar clases, de antes de la pandemia y el gobierno nunca las resolvió. En varias escuelas no pudo siquiera instalar las “burbujas” porque no tenían jabón en los baños. Esa es la realidad. Lo que se necesita ahora es mejorar la educación virtual. Invertir lo necesario en computadoras y conectividad gratuita para las familias y los docentes. De esa manera se podría lograr una buena educación para todos, romper el aislamiento educativo y evitar el riesgo sanitario de la presencialidad escolar que ha fracasado en todos los países.

La asamblea abierta de Ademys del último viernes votó parar lunes y martes, y el resto de la semana paros de actividades presenciales, sosteniendo el lazo con las familias para rechazar la propuesta del gobierno. También hacemos un llamado a los estudiantes secundarios y sus organizaciones a que se sumen a la lucha contra el plan de Acuña y Larreta. Como lo hicieron docentes de las escuelas técnicas y maestras jardineras, que se autoconvocaron y más de 600 firmaron un documento de rechazo al regreso de los niños de preescolar. El martes 27 hicimos una importante caravana de la docencia convocada por Ademys, con un acto en la Jefatura de Gobierno.

Seguimos rechazando el regreso a la presencialidad en medio de la pandemia y exigiendo los fondos necesarios para sostener la educación virtual, el salario docente y la infraestructura escolar.

Escribe Jorge Adaro, secretario adjunto de Ademys

Nuevamente, los gobiernos volvieron a cerrar filas contra los docentes y las familias y habilitaron la posibilidad del retorno a las escuelas. En CABA, la ministra Soledad Acuña anunció el retorno progresivo a las aulas o a los patios de las escuelas y montó la payasada de dar dos horas de clases a dieciocho alumnos (sí, 18), de dos escuelas técnicas. Era el tan mentado “retorno a las escuelas”. Ridículo.

Lo irónico es que mientras los peronistas kirchneristas y los sindicatos de Ctera critican duramente a Larreta y Acuña por su irresponsabilidad e improvisación, tratan de desconocer que quien aprobó el protocolo de retorno a clases fue Trotta, o sea Alberto Fernández. Y no es el único caso. Kicillof en la provincia de Buenos Aires lanzó el programa ATR para que miles de docentes y estudiantes de profesorados vayan a las casas de los alumnos, lo que sin dudas acrecentará la circulación del virus, cuando el promedio semanal de contagios supera los 14.000 casos y centenares de fallecidos diarios.

También lo están impulsando en otras provincias porque la decisión es del gobierno del Frente de Todos de Alberto Fernández y Trotta, en el Consejo Federal de Educación, con los ministros de Educación de todas las provincias, peronistas y de Cambiemos, desnudando que en esta cuestión tampoco hay grieta.

Es que la escuela es quizás el último lugar donde aún hay cuarentena y la política de Alberto y los gobernadores es que todo vuelva a la “normalidad”, que nadie deba quedarse en casa y no ir a trabajar con el argumento de que “hay que aprender a convivir con la pandemia”. Eso solo podrá generar un aumento exponencial de contagios y muertes.

Muchas familias tienen dudas de mandar a sus hijos a las escuelas, conociendo mejor que nadie en qué condiciones se encuentran y por el gran número de casos diarios, pero además porque junto con los docentes se preguntan quiénes se harán responsables de semejante decisión.

El ministro Trotta plantea que la decisión de volver a clases presenciales es responsabilidad de los gobiernos provinciales. Pero estos la delegan en las direcciones de las escuelas. Y además dicen que cada familia podrá definir si sus hijos asisten o no. Esto quiere decir que, si algún niño se contagia o transmite a los grupos familiares el virus, será consecuencia de la decisión de la familia y no del gobierno que adoptó la medida.

Nuevamente vemos cómo se repite el abandono, de parte de los gobiernos, de la educación pública y de nuestros pibes. ¿Por qué creer que un gobierno que durante seis meses no escuchó el reclamo de las maestras y las familias sobre la necesidad de contar con computadoras y conectividad para garantizar la continuidad pedagógica ahora se preocuparía por ellos?

Necesitamos que el gobierno garantice la conectividad y las herramientas tecnológicas para seguir estudiando desde las casas mientras invierte fondos para poner en condiciones los edificios escolares y que haya la cantidad necesaria de docentes y auxiliares en cada establecimiento. Para esto es necesario no pagar la deuda externa y dejar de subsidiar a las escuelas privadas.

 

Escribe Guillermo Sánchez Porta

En medio del descalabro educativo, la conducción de Ctera sacó un duro comunicado pero no rompe la tregua con el gobierno de Fernández. Es que el gobierno trata de avanzar en el retorno a aulas, mientras en muchas provincias no hubo aumentos, hay deudas de meses y salarios por debajo de la línea de pobreza.

Ctera criticó “la resolución del Consejo Federal de Educación de la vuelta a la presencialidad, que adolece de criterios sanitarios y epidemiológicos que garanticen y prioricen el cuidado de la vida y de la salud. Descentraliza decisiones, secundarizando las de carácter político sanitario, pedagógico y educativo en general. Las experiencias en el mundo muestran que la apertura de escuelas en contexto de pandemia ha multiplicado los contagios y favorecieron un nuevo brote”.

Es lo que desde la oposición docente venimos denunciando y exigiendo medidas de acción. Lamentablemente, una vez más la Ctera se queda en palabras, mientras desde la oposición impulsamos la lucha. Este miércoles Ademys (CABA) y los Suteba Multicolores (Buenos Aires) realizan una caravana en el marco de un paro. Ademys lo resolvió en asambleas abiertas, mientras el sindicato de Ctera, UTE, apenas llama tímidamente a “retención de servicios”. ¡Ni a Larreta le quieren hacer paro! Los Suteba Multicolores lo definieron en un plenario provincial de casi setecientos delegados.

En Neuquén se arrancó un paro de 48 horas a la burocracia provincial de ATEN después de plenarios de las seccionales opositoras y las minorías de ATEN que lo convocan con caravana. En Mendoza la conducción multicolor de SUTE llamó a acciones que derrotaron el proyecto de ley de educación provincial, privatista y flexibilizador, del gobernador Suárez, mientras Ctera no hizo nada. En Córdoba la oposición está al frente del reclamo salarial y de nombramientos de suplentes. En Santa Cruz las filiales opositoras, como Pico Truncado o San Julián, encabezan el repudio a la oferta de Alicia Kirchner que en varias filiales se rechazó. En La Rioja lanzaron autoconvocatorias que obligaron a la burocracia de AMP a llamar un plan de lucha. En Santa Fe, Amsafe Rosario encabezó, junto con las seccionales opositoras, el rechazo al acuerdo de Perotti y Alesso a espaldas de las bases. En Chubut realizan paros exigiendo el pago en tiempo y forma y aumento salarial.

Desde Docentes en Marcha impulsamos la coordinación nacional de la oposición docente para unificar las acciones de lucha y obligar a la burocracia kirchnerista de Ctera a romper la tregua con el gobierno nacional y los gobernadores y llame a un plan de lucha.

Escribe Guillermo Sánchez Porta

Nadie puede desconocer que la pandemia del coronavirus generó crisis en todos los órdenes de la vida. La escuela no es, para nada, la excepción. No queremos que nuestros hijos pierdan el año educativo, queremos que sepan y adopten los conocimientos necesarios para seguir avanzando en su formación. Que no pierdan el ritmo educativo, porque todo parate puede significar un retraso difícil de retomar, sobre todo con la enorme presión social, por la miseria, y la deserción escolar que viene de años.

También queremos que no repitan o que no pierdan la posibilidad de terminar la escuela primaria o secundaria, que puedan avanzar en estudios terciarios o universitarios, o ingresar a trabajar con el título secundario, ¡título básico para poder conseguir algún trabajo en blanco! O los que están en la universidad o en institutos terciarios no sean aún “más castigados”, impidiendo que puedan rendir y avanzar o culminar sus carreras.

Otra grave problemática es la emocional. Niños de primaria, y mucho más los adolescentes, están sufriendo mucho este aislamiento social, no pueden ir a la escuela, al encuentro cotidiano con amigos y compañeros, ni juntarse socialmente en clubes, calles, plazas, recitales o fiestas.

Ni hablar de la situación de la docencia. De un día para otro, improvisando, hubo que aprender a manejar tecnología y programas virtuales, tener metodologías para “dar clases” a alumnos de todas las edades, tantear qué se podía enviar y en qué cantidades. Nos desesperamos, inútilmente, por “no perder” la conexión con todos los alumnos. Perdimos horarios, quedamos desbordados, superexplotados, en muchos casos trabajando mientras cuidamos y ayudamos a nuestros propios hijos. Tenemos que pagar los gastos de tecnología, conectividad, luz, servicios. Y decenas de miles ni siquiera pudieron tomar cargos u horas y se quedaron en la miseria salarial, peor que en 2019.

Las familias están saturadas por tratar de que sus hijos tomen el celular o la computadora para hacer tareas escolares. Tienen que pagar, sin ningún tipo de subsidios, más luz, gas, celular, datos, internet, por la educación virtual y por estar con los chicos en casa. Y, ante el regreso de millones a sus puestos de trabajo, también se complica la atención de chicos que quedan sin sus padres o madres.

Si bien esta terrible pandemia no surgió por responsabilidad del gobierno nacional ni los gobernadores, sí son responsabilidad de ellos las políticas para atacarla. Y la realidad es que Trotta y Fernández, Larreta y su ministra Acuña, o los gobernadores de cualquier color político, no hicieron nada para resolver seriamente las inquietudes de las familias trabajadoras. Solo mienten para generar expectativas de soluciones mágicas que generen “apoyos” políticos a sus propuestas, que nunca serán realidad.

Larreta pasó por las clases semipresenciales, escuelas ciber, clases en plazas o canchas de fútbol, clases de diez alumnos dos horas por día y otras propuestas absurdas que nunca se implementaron. Ahora dice que antes de fin de año habrá clases presenciales y, en enero, los sábados y con docentes contratados. Después, cuando nada de eso se implementa, responsabilizan a Trotta o a los “sindicatos de izquierda” como Ademys y no se hacen cargo de haber mentido a las familias y los estudiantes.

Trotta no está en contra de la “presencialidad”. Arrancó con el famoso “protocolo burbuja”, tan absurdo que nunca lo pudo implementar. Hizo una prueba criminal en San Juan que a los pocos días la anuló porque estallaron casos de coronavirus en ciudades que no tenían contagios. Ahora quiere hacerlo en La Pampa, Jujuy y Santa Cruz. Como en todo el mundo,  donde minimizaron el problema sanitario de juntar alumnos y docentes en escuelas, los contagios se potenciaron y debieron retroceder, como pasó en Israel.

La realidad es que hoy el virus no está controlado. Que hasta que haya una vacuna las clases presenciales no serán posibles sin graves riesgos. Los que dicen “aunque sea juntar a los pibes, a algunos, dos horas un día por semana” están proponiendo cualquier cosa, menos volver a clases y educar. Generar falsas expectativas a las familias y estudiantes solo lleva a mayores decepciones y más crisis emocionales.

Hasta que se garantice la educación presencial, lo que deben hacer los gobiernos, de la Nación y provinciales, es invertir todo lo necesario para sostener la educación virtual. Garantizar conectividad, internet gratuita, subsidios para pagar la luz y los servicios de las familias donde hay alumnos o docentes. Repartir computadoras a todos. Coordinar con docentes, alumnos y especialistas un verdadero plan de estudio, coherente con la capacidad de interacción diaria frente a la computadora de estudiantes y de docentes. Que los alumnos puedan rendir exámenes de manera virtual, no perder el año y preparar, para cuando sea posible, exámenes presenciales.

Para eso hace falta presupuesto, dejar de pagar la deuda externa y de subsidiar escuelas privadas. Otro plan económico, como proponemos desde Izquierda Socialista en el FIT-Unidad. Y un fuerte plan de lucha de docentes, estudiantes y trabajadores para imponerlo.

 

Escribe Nahuel Toledo, Comisión Directiva de la Asociación de Docentes de la Universidad Nacional de Moreno

Este lunes 28 de septiembre se realizó el primer paro nacional de la docencia pre y universitaria de las universidades nacionales, de cara al segundo cuatrimestre virtual. El paro se dio en medio de la crisis social, sanitaria y económica que atraviesa nuestro país junto con un atraso del 18,31% proveniente del gobierno de Macri, una  pérdida de 12,61% de nuestro poder adquisitivo y un recorte salarial del gobierno de Alberto Fernández con una propuesta de cero por ciento de aumento salarial hasta el momento para este año, el incumplimiento de la paritaria 2019 y un ajuste al presupuesto educativo 2021. Pero también por el agotamiento y la sobrecarga de la docencia pre y universitaria que, producto de la virtualización forzada, tuvo que realizar un esfuerzo enorme en adaptarse a la enseñanza virtual aportando equipamiento tecnológico y gastos de conectividad sin ser compensados.  

La medida fue convocada por el congreso de la Conadu Histórica, pero impulsada desde las asambleas de los sindicatos de base y mandatos de delegados por la bronca de la docencia universitaria frente a la pasividad de las conducciones nacionales. Incluso Conadu, federación ultraoficialista, frente al paro tuvo que convocar a una jornada de protesta y plan de lucha para reacomodarse frente al legítimo reclamo. 

Pero, pese al empuje de las asambleas por parte de la docencia, las conducciones burocráticas de la Conadu Histórica (PCR- Deggenarismo, Patria Grande y PC) y Conadu (De Feo y CTA Yasky) fueron un tapón, realizando diferentes maniobras para que no se desplegara una verdadera lucha nacional en defensa de nuestros salarios, por la aplicación sin restricciones de nuestro convenio colectivo de trabajo y por demandas en el marco de la pandemia del coronavirus y la virtualización forzada. Ambas conducciones se negaron a profundizar la medida frente a quienes promovíamos un paro de 48 horas y el inicio de un plan de lucha por la inmediata recomposición de nuestros salarios, siendo que además hasta el momento nos encontramos sin una propuesta paritaria para este año y nuestros salarios siguen en caída.

Desde Docentes Pre y Universitarios e Investigadores de Izquierda Socialista y los sectores combativos reunidos en el Encuentro Nacional de la Docencia Universitaria del pasado 4 de septiembre venimos de impulsar asambleas en nuestros sindicatos por un plan de lucha con paro nacional de 48 horas y continuidad de las medidas, contra el recorte a nuestros salarios y la pasividad de las conducciones burocráticas, por la aplicación de nuestro convenio colectivo y condiciones de trabajo, junto con la exigencia de un bono compensatorio por gastos extras para toda la docencia, provisión de equipamiento tecnológico por parte del gobierno nacional y por la triplicación del presupuesto universitario sobre la base del no pago de la fraudulenta e ilegítima deuda externa.

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