Oct 16, 2026 Last Updated 4:29 PM, Oct 15, 2026

Izquierda Socialista

Paola Mariani

La situación en las escuelas bonaerenses no da para más. Al brutal ajuste de Javier Milei se le suma el ajuste educativo de Axel Kicillof, que mantiene a la docencia con uno de los salarios más bajos del país, con un presupuesto educativo miserable y un avance contra nuestros derechos laborales, como las licencias.

A todo esto se suman los graves hechos de violencia que, debido al impacto y la bronca que generaron, la docencia obligó a Suteba Celeste y el Frente de Unidad Docente Bonaerense (FUDB) a llamar a paros distritales. 

A partir del 21 de septiembre hubo un paro por día en distintos distritos por brutales hechos de violencia contra la docencia. ¡Una barbaridad!  

La conducción de Suteba de la Celeste provincial, al no dar respuestas a las graves problemáticas de las escuelas públicas y de la docencia, se vio desbordada y obligada a sumarse al paro provincial del 1° de octubre, convocado por la Multicolor provincial a principios de la anterior semana.
La conducción Celeste de Suteba y el FUDB deben romper su pacto con el gobierno de Kicillof y llamar a asambleas y reuniones de delegadas y delegados con mandatos de cada escuela para poner en pie un verdadero plan de lucha. Además, el 15 de octubre con la Quinta Marcha Federal Educativa, deben llamar a parar para movilizar masivamente. 

La docencia debe seguir fortaleciendo a la Multicolor, organizándose en todos los distritos con asambleas y reuniones en las escuelas; y participando con mandatos de las escuelas el 16 de octubre en un nuevo plenario que convocará la Multicolor.  


 

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José Castillo


Bajo el control de las grandes empresas imperialistas, la Inteligencia Artificial no redujo la jornada laboral ni aumentó el tiempo libre. Por el contrario, se convirtió en un mecanismo privilegiado para profundizar la superexplotación de la clase trabajadora.

La introducción de herramientas de Inteligencia Artificial en diferentes unidades productivas se suele realizar con un objetivo concreto: la intensificación del ritmo de trabajo mediante la gestión algorítmica. En la industria tradicional, el rendimiento era supervisado por capataces humanos, lo que dejaba un margen (por mínimo que fuera) para pequeñas pausas físicas o interacción social. Ahora, cada vez más, en los centros de logística y almacenes hiperautomatizados modernos, la supervisión la ejercen modelos de IA integrados en escáneres de mano o cámaras térmicas. Estos sistemas calculan al milisegundo el tiempo que le toma a un empleado recoger un producto, empaquetarlo y pasar al siguiente punto. En grandes cadenas de comercio electrónico, los trabajadores de depósitos deben cumplir con tasas de rendimiento (pick rates) dictadas por algoritmos que predicen la “eficiencia óptima”. Si alguien se detiene 30 segundos para estirarse o beber agua, el sistema lo registra automáticamente como “tiempo fuera de tarea” (Time Off Task). Tres desvíos en un turno conducen a sanciones directas o despidos automáticos generados por el propio software. Este control no solo elimina cualquier pausa natural de recuperación corporal, sino que eleva las tasas de lesiones, el agotamiento crónico (burnout) y acelera el desgaste de la trabajadora y el trabajador sin compensación equivalente.

La IA y las empresas de aplicaciones

En las empresas de aplicaciones de reparto (como PedidosYa o Rappi) o de transporte (como Uber, Cabify o Didi), la IA actúa como un intermediario que elude la relación laboral formal y transforma al trabajador en un “socio independiente” que asume la totalidad de los costos de producción (vehículo, combustible, celular, datos, seguro médico). Los algoritmos de asignación de pedidos no solo optimizan las rutas, sino que ajustan las tarifas en tiempo real según la oferta y la demanda, mientras que aplican precios dinámicos que fuerzan a las y los trabajadores a aceptar viajes por montos irrisorios, para no perder su nivel en la aplicación.

Así, un repartidor de comida rápida no cobra por el tiempo de espera en el restaurante ni por el trayecto de regreso tras entregar un pedido. El algoritmo únicamente paga la distancia calculada en línea recta entre el local y el cliente final. En ese sentido, para alcanzar un ingreso mínimo, se debe pedalear o conducir entre 12 y 16 horas diarias. El software utiliza además técnicas de gamification, como “bonos por meta” si se completa un número elevado de entregas en pocas horas, para incentivar a sobrepasar los límites físicos y arriesgar la integridad en el tráfico. La desconexión del perfil de un usuario equivale a un despido arbitrario y sin indemnización.

La semiesclavitud de la carga de datos

Para que una herramienta de IA parezca “inteligente” e intuitiva, miles de seres humanos deben etiquetar, filtrar y clasificar volúmenes masivos de datos previamente. Este fenómeno dio lugar a un proletariado digital globalizado que trabaja en condiciones de extrema vulnerabilidad, mayormente en los países semicoloniales.

Las grandes corporaciones tecnológicas subcontratan la moderación de contenidos violentos o la anotación de imágenes para visión artificial a plataformas que operan en regiones como África Oriental, Sudamérica o el sur de Asia. Las y los trabajadores perciben menos de 2 dólares por hora por revisar durante jornadas agotadoras imágenes de violencia explícita, discursos de odio y material perturbador, con el fin de entrenar los filtros de seguridad de las plataformas globales. El daño psicológico derivado de esta labor no es asumido por la empresa, que desecha al empleado una vez consumida su salud mental, y lo reemplaza por otro mediante la inmensa reserva laboral en línea.

La “cadena de montaje” digital

La superexplotación algorítmica ya no se limita al trabajo manual o físico; se ha expandido aceleradamente hacia sectores de empleo profesional y creativo a través de la IA generativa. Lejos de eliminar el trabajo humano, estas herramientas se utilizan para fragmentar proyectos complejos en microtareas aceleradas, que exigen un rendimiento duplicado por el mismo o menor salario.

En industrias como la traducción, la redacción comercial, la ilustración o el diseño de software, el o la trabajadora profesional pasa de ser creador a “corrector” de lo generado por la máquina. Las agencias de traducción exigen cada vez más la modalidad de post-edición: un modelo de IA traduce miles de palabras en segundos y el profesional humano debe revisar y corregir el texto a una velocidad tres o cuatro veces superior a la traducción tradicional. 

Las tarifas por palabra se recortan drásticamente bajo la premisa de que “el trabajo pesado ya lo hizo la IA”. Sin embargo, el esfuerzo cognitivo necesario para corregir errores sutiles de contexto, tono y coherencia bajo un reloj acelerado resulta igual o más agotador, y deriva en una caída drástica del ingreso por hora trabajada.

Un mecanismo de disciplina social

La IA no opera en el vacío; se despliega sobre un mercado laboral fuertemente desregulado. Al concentrar el control de los medios de producción algorítmicos en unas pocas empresas monopólicas, la tecnología se utiliza para fragmentar la organización sindical, dinamitar los derechos laborales conquistados durante décadas y mantener a la clase trabajadora en un estado constante de incertidumbre y sobreesfuerzo. La superexplotación facilitada por la IA demuestra que el problema no reside en el software en sí, sino en el propio capitalismo imperialista, que decide cómo, para qué y a costa de quién se aplica la tecnología.

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José Castillo


Tras la fachada del desarrollo tecnológico, se esconde otro uso sombrío de la inteligencia artificial: la automatización de la violencia sistemática, el despojo y la persecución contra los pueblos oprimidos. La IA es utilizada por las potencias imperialistas para optimizar la escala, la velocidad y el distanciamiento moral necesarios para cometer masacres y controles represivos sin asumir responsabilidad humana.

Los ejemplos abundan. En el genocidio de Gaza, el Ejército israelí ha desplegado sistemas algoritmitizados como Lavender y Where’s Daddy? Lejos de garantizar la “precisión” prometida por la propaganda sionista, estas redes neuronales procesan datos masivos de la población para señalar automáticamente a miles de personas como objetivos a eliminar. La IA degrada la vida humana a un cálculo probabilístico, mientras autoriza bombardeos sobre residencias familiares con márgenes de “daños colaterales” preaprobados. La masacre deja de ser un error operativo para convertirse en una meta de eficiencia algorítmica industrial.

La IA también es utilizada por gobiernos como el de Donald Trump como una frontera invisible, pero letal, en el control migratorio. En Estados Unidos, la policía migratoria ICE emplea herramientas de reconocimiento facial, análisis predictivo y minería de datos suministradas por gigantes tecnológicos. Estos sistemas tejen una red de vigilancia que criminaliza la movilidad humana. Al cruzar bases de datos privadas con registros públicos, se facilitan redadas masivas y deportaciones bajo la lógica del perfilamiento automatizado.

Para justificar el despliegue de estas tecnologías de control y exterminio, los gobiernos imperialistas apelan a la retórica del “ciberterrorismo” y la “seguridad nacional”, con una tecnología que opera como un cheque en blanco para normalizar un estado de excepción perpetuo. Bajo la excusa de neutralizar amenazas, se aprueban marcos legales de vigilancia masiva y se persigue a los luchadores, o simplemente a quiénes se solidarizan con una causa justa. El pretexto de la seguridad digital legitima la militarización de la infraestructura tecnológica global.

En conclusión, la IA aplicada a la guerra y la persecución representa un “estado superior” de deshumanización absoluta de la violencia. Al delegar las decisiones de vida o muerte en algoritmos opacos, los gobiernos imperialistas buscan lavarse las manos ante acusaciones de violaciones a los derechos humanos. Denunciar el uso de la inteligencia artificial como maquinaria de masacre no es oponerse a la tecnología, sino resistir a que se conviertan los derechos de las y los trabajadores y los pueblos oprimidos en meros datos prescindibles que pueden ser eliminados por un simple click.

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Federico Novo Foti

La figura del Che Guevara todavía es un ejemplo de vida militante y de entrega a un ideal revolucionario. De su experiencia sacó conclusiones que expresó a través de consignas y en sus escritos. Reivindicamos muchas de esas posiciones. Desde ese reconocimiento nuestra corriente, fundada por Nahuel Moreno, polemizó con la estrategia del foco guerrillero y planteó la necesidad de construir partidos revolucionarios. 

 El 3 de noviembre de 1966 ingresó a Bolivia el comerciante uruguayo Ramón Benítez, un hombre calvo y miope. Benítez no era otro que el líder revolucionario cubano-argentino Ernesto “Che” Guevara disfrazado. Su objetivo era replicar el foco guerrillero en ese país para derrotar a la dictadura de René Barrientos Ortuño y expandir la revolución. Siete años antes, junto a Fidel Castro y Camilo Cienfuegos lideraron la Revolución Cubana, la primera revolución socialista de América Latina.

 Pero la experiencia boliviana sería trágica. La guerrilla del Che, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), quedó aislada del campesinado y no logró establecer relaciones con el movimiento minero. Por su parte, el Partido Comunista boliviano, le restó apoyo político y logístico cuando el Che no aceptó que su principal dirigente, Mario Monje, condujera las operaciones militares. 

Para finales de septiembre de 1967, la diezmada columna del Che, con sólo 17 hombres, huía desesperada del asedio de las tropas bolivianas, entrenadas y equipadas por la CIA. Así lo relataba él mismo en su diario personal: “el ejército está mostrando más efectividad en su acción y la masa campesina no nos ayuda en nada y se convierten en delatores. La tarea más importante es zafar”.1 Pero no lo lograrían.

El 8 de octubre a las 11 de la mañana, en la quebrada del Churo, se inició el combate final. El Che recibió un disparo en su pantorrilla derecha, tres guerrilleros fueron muertos y dos resultaron heridos de gravedad. A las 14.40, cercados por el ejército, el Che y lo que quedaba del ELN fueron capturados.   

El 9 de octubre, detenido en una escuela de la localidad de La Higuera, el Che fue ejecutado por orden expresa del presidente Barrientos. Su cuerpo fue fotografiado en el Hospital de Vallegrande y, luego, enterrado en paradero desconocido.2 Guevara caía combatiendo por la revolución socialista y, desde entonces, se convertía en figura del heroísmo desinteresado y el anhelo de cambio.
 
Revolución socialista o caricatura de revolución

En su época de estudiante se embarcó en varios viajes por América Latina que dejó documentados en sus diarios personales.3 Pudo ver con sus propios ojos la pobreza y la injusticia que asolaban el continente. Estas experiencias alimentaron su odio hacia el capitalismo y lo convencieron de que la solución era la revolución.

Ya siendo el “Che”, uno de los máximos líderes de la Revolución Cubana fue defensor de las expropiaciones y la centralización económica. Es decir, quitarles las refinerías, los ingenios azucareros, los campos, fábricas y bancos a los yanquis y a los grandes patrones nacionales. Y poner toda esa riqueza al servicio de los trabajadores y el pueblo. Esto permitió que, tras la revolución, Cuba no tuviera pobres y la población accediera masivamente a salud y educación. Tuvo también una particular y temprana preocupación por denunciar y combatir los privilegios que comenzaban a usufructuar los funcionarios del gobierno y el partido. Mantuvo una vida personal y familiar absolutamente austera, mientras se ponía cada domingo al frente de brigadas de trabajo para educar con su ejemplo.

 Su visión internacionalista lo llevó a entender la defensa de Cuba como parte de la extensión de la revolución socialista en el resto de América Latina y el mundo, y a chocar cada vez más con las posiciones de la burocracia de la Unión Soviética. En febrero de 1965 pronunció su célebre discurso de Argel, en la capital de Argelia. Llamaba a unir las luchas contra el imperialismo, porque “una victoria de cualquier país sobre el imperialismo es una victoria nuestra”, a fortalecer el internacionalismo proletario y a la pelea mundial por el socialismo. A la vez, criticaba duramente los términos de intercambio económico de la Unión Soviética con los demás países del llamado “campo socialista”, condenaba su política de coexistencia pacífica con el imperialismo y exigía apoyo con armas al pueblo vietnamita.4 Esas posiciones revolucionarias perdieron apoyo dentro de Cuba y poco después se fue de la isla para no volver.

Meses antes de su asesinato, en abril de 1967, se publicó en la revista Tricontinental su “Mensaje a los pueblos del mundo”. Allí el Che afirmaba que “el imperialismo es un sistema mundial, la última etapa del capitalismo, y que hay que batirlo en una gran confrontación mundial”. Aseguraba también que las burguesías nacionales eran furgón de cola del imperialismo y, contra la concepción estalinista de la “revolución por etapas”, afirmaba que los países de Asia, África y América estaban maduros para la lucha por el socialismo. Decía que la alternativa era “revolución socialista o caricatura de revolución”.5
 
Su legado

El Che Guevara fue consecuente con la principal enseñanza de la revolución cubana. Para lograr la liberación y comenzar a solucionar los anhelos de bienestar para las y los trabajadores y campesinos, es imprescindible romper política y económicamente con la burguesía y el imperialismo y extender la revolución a los demás países. Por eso Nahuel Moreno, maestro y fundador de nuestra corriente, pese a los importantes debates (ver recuadro), lo llamó “héroe y mártir de la revolución permanente”.

Fidel Castro, en su pacto con la burocracia estalinista, terminó apoyando la “coexistencia pacífica”. Un año después de la muerte del Che, apoyó el aplastamiento de obreros en la revolución checoslovaca de 1968. Alentó las experiencias fallidas de Chile y Nicaragua en los setentas. Las burocracias impulsaron “reformas hacia el mercado” en China y la URSS, que dieron lugar a la restauración del capitalismo. También se restauró el capitalismo en Cuba, bajo el llamado “socialismo del siglo XXI”, la economía mixta capitalista, la convivencia entre distintas formas de propiedad (incluyendo los negocios de las grandes multinacionales) y los mecanismos del mercado.6

Para acabar con la miseria y la pobreza provocadas por el sistema capitalista imperialista, el único camino es derrocarlo e imponer en su lugar el socialismo con democracia obrera, poner toda la economía en manos de la clase trabajadora y expropiar a las empresas multinacionales y a los grandes patrones nacionales. Este es el gran legado de Guevara. A lo que agregamos que, para llevar al triunfo la causa por la cual dio la vida el Che, es necesario también avanzar en la construcción de partidos revolucionarios que se lo propongan de manera consecuente.

1. Ernesto Guevara. Diario del Che en Bolivia. Editorial Siglo XXI, Buenos Aires, 1968.
2. El 28 de junio de 1997, Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), encontró los cuerpos del Che y otros guerrilleros enterrados como NN en una fosa común en el aeropuerto de Vallegrande.
3. Ver “Diarios de Motocicleta” (2004), película de Walter Salles.
4. Ernesto Guevara. “Discurso pronunciado en el Segundo Seminario Económico de Solidaridad Afroasiática”, 24/02/1965. www.marxists.org
5. Ernesto Guevara. “Crear dos tres… muchos Vietnam. Mensaje a los pueblos del mundo” en Revista Tricontinental, 16/04/1967. www.marxists.org
6. Correspondencia Internacional. Edición Especial. Diciembre 2024. www.uit-ci.org 

Nuestra corriente, encabezada por Nahuel Moreno, reivindicó y defendió la revolución que tiró a la dictadura de Fulgencio Batista y el surgimiento de Cuba socialista desde 1960-1961. Para nosotros, al igual que para millones de luchadores y luchadoras en todo el mundo, el Che es un ejemplo de vida militante honesta, de entrega a un ideal de cambio revolucionario y de lucha. Pero, a la vez, polemizamos con la concepción del “foco guerrillero”.

La prédica guerrillera de la dirección cubana ejerció una presión brutal. Surgieron alas pro-castristas y escisiones dispuestas a hacer los “focos” en prácticamente todas las organizaciones del continente, tanto en los grandes partidos burgueses como en los partidos comunistas dominados por la burocracia estalinista de la Unión Soviética y toda la izquierda. También se abrió un gran debate en el trotskismo.

En septiembre de 1964, Moreno publicaría en la revista Estrategia el texto “Dos métodos frente a la revolución latinoamericana”, en el cual detallaría sus críticas a la concepción del foco guerrillero impulsada por Guevara. Moreno cuestionó la idea de que era el único método para tomar el poder, reducido a recetas técnicas e ignorando las particularidades nacionales. Sostuvo que la victoria suele provenir de la acción insurreccional de masas urbanas y campesinas, no únicamente de las guerrillas. Propugnó una estrategia basada en el análisis concreto y en la movilización desde las organizaciones de masas, donde la vanguardia debía formar un partido fuerte, ligado al movimiento de masas, y definir un programa revolucionario. Así, el partido debía organizar, educar y orientar a las masas, ajustándose a las condiciones concretas del país.

Moreno no dejaba de señalar en qué marco desarrollaba sus críticas: “Trotsky, al comentar incidentalmente las polémicas de Bujarin con Lenin, señalaba que las hacía de rodillas, como pidiendo perdón, del mismo modo que un hijo discute con su padre o un alumno con su maestro: como si fuera una desgracia. Nosotros nos ubicamos frente a Guevara o Fidel Castro en una posición similar. Nuestra admiración respeto, reconocimiento hacia ellos, como jefes del proceso revolucionario latinoamericano, no tiene límites”.1

1. Nahuel Moreno. Polémica con el Che Guevara. CEHuS, Buenos Aires, 2017


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