Escribe Mariano Barba
Esta semana, el gobernador Rolando Figueroa pondrá en votación en la Legislatura un proyecto para la producción de gas con destino a la exportación de GNL. Para eso utilizarán el RIGI provincial y propondrán modificar la legislación, bajando retenciones, condonando impuestos como Ingresos Brutos y prometiendo no cambiar las condiciones por más de treinta años.
Promueven un saqueo enorme, porque fijan una regalía del 7,5% para un precio del millón de BTU de 16 dólares, cuando el costo base es de 2,3 dólares

Escribe José Castillo
Como no podía ser de otra manera, va camino a terminar en un escándalo la privatización más importante de la era de Javier Milei: la de la Hidrovía del Paraná. La preadjudicación fue otorgada a la transnacional belga Jan de Nul, la misma que viene operando la hidrovía desde su privatización en 1995. Lo hizo después de una feroz disputa con otra multinacional belga, DEME. Ambas apelaron a ganarse el favor de Estados Unidos y, a la vez, se acusaron mutuamente de favorecer supuestos intereses chinos en la región.
¿Por qué ganó Jan de Nul? Tal vez la respuesta esté en que, luego de más de 30 años de operaciones y negocios sobre la hidrovía y los puertos de la región, tenía más aceitada la relación con sus “clientes”: los grandes pulpos exportadores del complejo sojero, en particular las yanquis ADM, Bunge y Cargill. Pero hay otro motivo: aparece como socio menor de Jan de Nul uno de los empresarios “estrella” de Milei, el Grupo Neuss.
Todo el proceso licitatorio estuvo escandalosamente intervenido por Estados Unidos. Las dos transnacionales que competían recurrieron al lobby yanqui, desnudando que era ahí donde se decidía todo, con el gobierno argentino como mero ejecutor de las órdenes del amo del norte. Así, DEME, que resultó finalmente perdedora, llegó a denunciar supuestas relaciones con China de la otra empresa, la también belga Jan de Nul.
Para despejar esos ataques, un par de días antes de la preadjudicación, los directivos de la dragadora belga Jan de Nul fueron recibidos por el embajador de Estados Unidos, Peter Lamelas, para explicar sus planes para la concesión y recibir la bendición.
Jan de Nul ofertó la misma tarifa que su competidora, también belga, DEME. Pero ganó en el llamado “tramo técnico”. Jan de Nul le aseguró a Lamelas que toda la tecnología y los insumos provendrán de “Occidente”, en particular de proveedores de Estados Unidos. Contraatacó diciendo que era DEME la que utilizaría tecnología china: 104 cámaras multiespectrales Raythink PM7S4, de la empresa Raythink-Tech, con sede en Shandong, China.
Una vez preadjudicada la concesión a Jan de Nul, DEME destapó otra olla: envió una carta al ministro Luis Caputo en la que cuestionó las condiciones del pliego, asegurando que puede operar la hidrovía con una tarifa 17,4% menor a la fijada como piso por el gobierno nacional, 4,77 dólares frente al piso de 5,78 establecido por el gobierno. También señaló que no pudo presentar esa propuesta porque el propio gobierno había fijado una tarifa mínima superior. Un auténtico escándalo de un gobierno que cuida hasta ese extremo las ganancias de los ganadores de una privatización.
La importancia de la hidrovía y del puerto de Rosario
Según un informe reciente de la Bolsa de Comercio de Rosario, el nodo de los puertos privados de esa ciudad pasó a ser el más importante del mundo. Por allí sale el 75% de todas las exportaciones argentinas. También por su privatización y casi nulo control estatal, Rosario se ha transformado en el eje exportador de los grupos narcos que operan en nuestro país.
La Hidrovía del Paraná y los puertos del Gran Rosario son estratégicos. Se impone la necesidad de recuperar la hidrovía, anulando esta licitación escandalosa, y reestatizar el control del río, en forma conjunta por el Estado nacional y las provincias, bajo gestión de los propios trabajadores.
Al mismo tiempo, también se deben reestatizar los puertos y articular todo con la nacionalización del comercio exterior, para que esta inmensa riqueza que circula por nuestra principal vía navegable se destine a resolver las necesidades del pueblo trabajador argentino.

Escribe José Castillo
El gobierno de La Libertad Avanza pasó todos los meses en que estuvo en discusión la ley de reforma laboral prometiendo que su objetivo era generar más y mejor empleo, terminando con la informalidad. Lo dijimos una y cien veces: era una vulgar mentira. Su objetivo era la superexplotación del pueblo trabajador y su sometimiento a condiciones esclavistas.
Ahora eso se materializó. El gobierno reglamentó la ley por medio de los decretos 407, 408 y 409, que llevan las firmas de Javier Milei, Manuel Adorni, Federico Sturzenegger y Luis Caputo.
Se establece el fin de la llamada “ultraactividad” de los convenios colectivos. Hasta ahora, si un convenio vencía y no había acuerdo en modificaciones entre la patronal y el sindicato respectivo, lo establecido anteriormente seguía vigente. Era una forma de proteger al colectivo trabajador, porque, de otro modo, bastaba con que la patronal se opusiera a todo para que un convenio “venciera” y cayera, perdiendo así las y los trabajadores todos los derechos conquistados.
Esto es, exactamente, lo que ahora establecen los nuevos decretos reglamentarios: es el paraíso de las patronales. Caen más de 100 convenios colectivos, con la Secretaría de Trabajo citando en 30 días a las partes para “renovarlos”.
¿Qué quiere decir que caen los convenios? Que se pierden todas las cláusulas, tanto las obligacionales como las normativas. Las primeras son provisionales, por ejemplo, las que establecen en algunos convenios la estabilidad laboral por un lapso de tiempo, como un año.
Las segundas son las que regulan toda la relación laboral: horarios, turnos, dotaciones mínimas por actividad, categorías, normas de descanso, seguridad, extensión de las jornadas, licencias parentales, vacaciones, etcétera.
Es el corazón de la reforma: acá está justamente la posibilidad para las patronales de discutir cambios, como llegar a jornadas de 12 horas, hacer desaparecer las horas extras creando los “bancos de horas”, fraccionar vacaciones y fijar arbitrariamente sus fechas, etcétera.
Todas las asociaciones patronales lo dicen en voz alta: “vamos por convenios a la baja”, tanto a nivel salarial como en derechos. La reglamentación de la ley permite, una vez caído el convenio de la actividad, la negociación de convenios “por empresa”. Esto, sumado a la situación económica y social actual, con la ola de cierres y despidos, es un regalo con moño a las patronales para obligar a las y los trabajadores a aceptar cualquier cosa.
La burocracia de la CGT, que primero dejó pasar sin lucha la aprobación de la ley, en medio de su vergonzoso pacto con el gobierno, después se mostró “decepcionada” porque los jueces la avalaron, rechazando los amparos presentados, y ahora dice estar “sorprendida” por esta reglamentación furibundamente antiobrera.
Pero ni aun así rompe su pacto con Milei: no llama a la huelga general ni a un plan de lucha para enfrentarla. Apenas menciona una serie de “conflictos escalonados”, que nadie sabe bien a qué se refiere.
Nosotros, desde Izquierda Socialista, el FIT Unidad y el sindicalismo combativo, así como nos opusimos a la reforma desde un primer momento, tildándola de esclavista, y nos movilizamos contra ella, hoy más que nunca exigimos que la burocracia rompa su tregua y llame, de una vez por todas, a un nuevo paro general y a un plan de lucha.

Escribe Mercedes de Mendieta, diputada nacional electa Izquierda Socialista/FIT Unidad.
La reunión de Juan Grabois con el ultraderechista y magnate tecnológico Peter Thiel volvió a abrir el debate sobre la estrategia política del diputado nacional y dirigente peronista de Patria Grande, y su permanente apuesta al “diálogo humanista” con sectores de la ultraderecha mundial.
Veamos algunos antecedentes. En 2023, en plena campaña presidencial, mantuvo una reunión con el entonces embajador de Estados Unidos en Argentina, Marc Stanley, para exponer aspectos de su programa político, a diferencia de nuestra candidata a presidenta en aquel momento, Myriam Bregman. Meses después, el dirigente sorprendió al reivindicar aspectos “humanistas” del pensamiento de Steve Bannon, uno de los principales ideólogos de Donald Trump e impulsor de políticas antiinmigrantes y ultraconservadoras que fueron la punta de lanza del ICE.
Ahora, la polémica vuelve a instalarse a partir de su encuentro con Peter Thiel. El empresario es uno de los hombres más influyentes de Silicon Valley y cofundador de Palantir, una compañía especializada en análisis de datos e inteligencia artificial, con estrechos vínculos con agencias de seguridad y organismos militares de Estados Unidos. Como si fuera poco, su nombre aparece en documentos, agendas y correspondencia vinculados a Jeffrey Epstein.
Thiel defendió públicamente el uso de la inteligencia artificial para fines militares y estratégicos, lo que fue cuestionado por organizaciones de derechos humanos. Sus planteos se inscriben en una visión que concibe el desarrollo tecnológico como una herramienta para sostener la supremacía de las grandes potencias imperialistas en un escenario internacional cada vez más conflictivo. De hecho, la tecnología que desarrolló esta multinacional fue utilizada por el Estado sionista de Israel al servicio del genocidio en Gaza.
La llegada de Thiel a Argentina coincide, además, con el intento del gobierno de Milei por “atraer inversiones tecnológicas” mediante un súper RIGI con incalculables beneficios fiscales. Detrás de ello se esconde, además, otro fin. Según expresó en una columna publicada hace días en el Financial Times, para Milei esto sería parte de una estrategia para “liberar a la IA” y eliminar cualquier “regulación prematura”. En el marco de su alineamiento político internacional con la ultraderecha, esto resulta un peligro para la soberanía nacional y para la resistencia de quienes luchan contra la motosierra.
Hasta el momento, no hubo detalles sobre los contenidos de su conversación con Thiel. La diputada nacional de Patria Grande y compañera de Grabois defendió públicamente la reunión diciendo que “queremos gobernar, nos tenemos que reunir con todos”.
En un contexto atravesado por el avance de las grandes corporaciones tecnológicas y el crecimiento de la IA para la inteligencia al servicio del dominio imperialista, la reunión entre Grabois y Thiel vuelve a poner sobre la mesa que no hay “diálogo” humanista posible con empresarios multimillonarios ultraderechistas que definen tecnología de inteligencia y militar a favor del genocidio y del sometimiento de los pueblos oprimidos.
Escribe Camila Mitre
Taty Almeida murió el 14 de junio a los 95 años. Referenta histórica y presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, dedicó gran parte de su vida a reclamar verdad y justicia por su hijo Alejandro Almeida, secuestrado y desaparecido por la Triple A el 17 de junio de 1975. Con su muerte se va una de las figuras más queridas y reconocidas de la lucha por los derechos humanos en el país.
Pero Taty nunca se presentó como una heroína. Al contrario, solía contar con humor y honestidad que había sido gorila. Recordaba que provenía de una familia antiperonista y conservadora, y que durante años tuvo una mirada muy distinta de la que luego abrazó. Lo decía para demostrar que las personas pueden cambiar, que la experiencia y la realidad también transforman las convicciones. La desaparición de Alejandro marcó un antes y un después en su vida.
A partir de entonces se sumó a las Madres de Plaza de Mayo y convirtió una tragedia personal en una lucha colectiva. Durante décadas marchó todos los jueves, participó de actos, acompañó conflictos obreros, estudiantiles y sociales, y fue una voz permanente contra la impunidad de los responsables del terrorismo de Estado. También enfrentó las distintas formas del negacionismo y defendió la memoria de los 30 mil desaparecidos.
Era habitual verla en escuelas, universidades, sindicatos y movilizaciones, siempre dispuesta a dialogar con las nuevas generaciones.
Su muerte deja un vacío difícil de llenar, pero también un legado enorme. El de una mujer que transformó el dolor en organización.
¡Hasta la memoria, siempre, Taty!