Ferrocarriles: Una historia de entrega y de luchas

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Ferrocarriles: Una historia de entrega y de luchasEn los fundamentos extractados del proyecto del FIT se señala: “La historia del Ferrocarril en la Argentina es la historia de la lucha contra la entrega y la subordinación de la burguesía gobernante al capital extranjero. El ferrocarril nace por impulso del Estado Argentino en 1854, lo que echa por tierra con el mito de que fueron desde el comienzo propiedad británica. Scalabrini Ortiz (“Historia de los Ferrocarriles Argentinos”) desmitifica también que por ser estatales, eran sinónimo de ineficiencia, onerosidad y pérdidas. Daban ganancias y sus tarifas eran inferiores en un 50% a las de los ferrocarriles particulares.

Pero en 1889 los gobiernos de Juárez Celman, Carlos Pellegrini y Julio A. Roca los iban entregando al capital inglés. Ya entonces 15.000 personas manifestaron en el Frontón de Buenos Aires para oponerse. En todo el período, la clase obrera, en particular la ferroviaria, se opuso a la entrega con huelgas y movilizaciones. En 1912 se produce la más larga: 52 días.

En 1941, con 41.198 kilómetros de vías férreas, Argentina ocupaba el octavo lugar entre los países del mundo, después de EE.UU., Rusia, India, Canadá, Alemania, Francia y Australia. El gobierno de Perón nacionalizó la red ferroviaria. El estado compró en 1947 todas las compañías de capital franceses e ingleses. La industria ferroviaria tuvo un gran impulso tras esa medida. En los Talleres de Córdoba se fabricó la primera locomotora a vapor. Pero se pagó un excesivo monto a los monopolios por la estatización. Los ferrocarriles valían menos de 1.000 millones de pesos. El gobierno peronista pagó cerca de 3.000 millones a la cotización de los valores ferroviarios argentinos en Londres.

Con el “golpe gorila” de 1955, Argentina se somete a los dictados del Fondo Monetario Internacional que empieza a exigir la entrega de los ferrocarriles a capitales privados (Plan Prebisch). En estos años se destacan las luchas ferroviarias en la denominada “resistencia” a la Libertadora.

En 1958 con Frondizi y Alsogaray se diseñó el “Plan Larkin”, que consistía en abandonar el 32% de las vías existentes, despedir 70.000 ferroviarios y reducir a chatarra todas las locomotoras a vapor, 70.000 vagones y 3.000 coches de pasajeros para comprar todo al exterior. A mediados de 1960 se empieza a aplicar el Plan Conintes con el objetivo de militarizar a los ferroviarios. En 1961 se produce una huelga de 42 días, logrando frenar parte de este intento.

Asume Illia (1963/1966) habla del “déficit” ferroviario y que podía darle continuidad al Plan Larkin con un anunciado “plan Trienal o Nacional de Desarrollo”. Hay también paros y huelgas. Luego llega el golpe de Onganía. El ferrocarril fue intervenido, militarizado y puesto a desgüace, enfrentando la resistencia de las bases ferroviarias.

En la última dictadura militar de Videla-Martínez de Hoz, Ferrocarriles Argentinos fue obligada a endeudarse innecesariamente como garantía de créditos que tomaban empresarios privados, dando origen a la fraudulenta deuda externa. Hubo cierre de ramales y 50.000 despidos: de 154.000 ferroviarios quedaron 95.000. El 27 de abril del 79 los gremios ferroviarios adhieren al paro general convocado por la CGT.

Con Raúl Alfonsín se intentó aplicar el “Plan Terragno” que pretendía dividir en cuatro partes a la empresa, auspiciando el gerenciamiento privado. Y con la asunción de Carlos Menem (PJ) se avanzó en la entrega con la privatización de los Ferrocarriles Argentinos. Heroicas huelgas de 1991 y 1992, superando a las burocracias sindicales asociadas al gobierno, llevan a Menem a plantear “ramal que para, ramal que cierra”. Finalmente, el kirchnerismo mantuvo durante más de una década todo el esquema privatista. Salvando a las patronales con una fabulosa política de subsidios. Más de 100 mil millones de pesos fueron entregados en esta larga década a las patronales del tren. Los Cirigliano compraron líneas de colectivos en todo el país, incluso en el exterior. El desvío de fondos fue corrupto y criminal. Se introdujo un sistema de ‘tercerización’ laboral regenteado por la propia burocracia sindical. Mariano Ferreyra (PO) fue asesinado por una patota de Pedraza (hoy preso). Pero la asociación entre burócratas, concesionarios y funcionarios K (Jaime, Schiavi, Luna, De Vido) no fue condenada.

El cuerpo de delegados del Sarmiento y la Bordó denunció durante años los riesgos de esta política que desembocó en la masacre de Once con 52 muertos, por la cual seguimos reclamando justicia.

En su lugar, el gobierno kirchnerista ha armado un súper endeudamiento con monopolios chinos (más de 1400 millones de dólares desde el 2010) importando más de 1000 coches, locomotoras, rieles, repuestos y hasta durmientes. Un nuevo negociado de un gobierno semicolonial y dependiente, que, bajo un doble discurso, presenta hoy su proyecto con el verso de la “estatización”.

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