Apr 22, 2026 Last Updated 1:07 AM, Apr 22, 2026


Escribe Juan Carlos Giordano, diputado nacional Izquierda Socialista/FIT Unidad

Juan Grabois embistió contra el Frente de Izquierda. Después de afirmar que Myriam Bregman “sacó pocos votos” (cuando el propio periodista le recordaba que obtuvo un 10% y realizó una gran elección) se despachó diciendo: “El Frente de Izquierda no quiere tomar el poder, no es su política, hacen moralina, solo quieren tener diputados”. Incluso mencionó a León Trotsky. Pero justamente Trotsky fue, junto a Vladimir Lenin, uno de los dirigentes de la Revolución Rusa que encabezó el primer gobierno obrero y socialista de la historia en la ex URSS, haciendo realidad la consigna “paz, pan y tierra”.

Grabois dice que el Frente de Izquierda no quiere tomar el poder. Eso es falso. El centro del programa del Frente de Izquierda Unidad es luchar por un gobierno de la clase trabajadora y de la izquierda, en camino al socialismo, para terminar con el capitalismo de hambre y destrucción ambiental que Grabois defiende cuando sostiene al peronismo.

El problema es que el “poder” por el que pelea Grabois es para que gobierne otra vez el peronismo al servicio de los grandes empresarios, las multinacionales y el FMI. Eso fue lo que hizo el gobierno de Alberto Fernández y Cristina Fernández, que dejó 42% de pobreza y 211% de inflación después de aprobar en el Congreso (con los votos del Frente de Todos, el PRO y la UCR) el pacto de endeudamiento mafioso que Luis Caputo y Mauricio Macri firmaron con el FMI por 45.000 millones de dólares.

A Grabois le duele el crecimiento del trotskismo y lo sabe. Ve cómo una parte de su base social rompe con la dirigencia peronista y con la traición de la burocracia de la CGT, que pacta con Javier Milei, y vota al Frente de Izquierda para fortalecer una alternativa consecuente. Una alternativa que pelea en las calles y en el Congreso para derrotar la motosierra, romper con el FMI, apoyar a la resistencia palestina contra el genocidio del Estado de Israel y luchar por un gobierno de las y los trabajadores y el pueblo. Todo lo contrario de la charlatanería electoral de Grabois, que mientras habla de justicia social y soberanía, fue candidato en listas armadas por Sergio Massa, Axel Kicillof, Máximo Kirchner y la burocracia sindical.

Grabois: sí queremos conquistar el poder, pero para terminar con la miseria de la clase trabajadora y de la juventud. No estamos bajo las banderas del peronismo como vos. Peleamos por una alternativa política independiente de los empresarios y del FMI. Peleamos por el único programa que puede sacar al país de la barbarie capitalista: el del Frente de Izquierda Unidad.

Escribe Adolfo Santos

El resultado electoral del domingo dejó al gobierno envalentonado para continuar con sus ataques contra la clase trabajadora y sectores populares. Uno de los proyectos centrales que busca aprobar, con el apoyo de los partidos y las patronales, es la reforma laboral. Con la excusa de que la legislación actual es “obsoleta” y de que es necesario “flexibilizar” las leyes para que los empresarios “puedan contratar más” (algo que jamás fue demostrado) el gobierno pretende precarizar aún más las relaciones laborales, aumentar la jornada de trabajo, pagar indemnizaciones en cuotas, imponer paritarias por productividad y habilitar pagos en vales. Todo esto está contenido en el borrador del proyecto presentado por la diputada libertaria santafesina Romina Diez, apadrinada por Karina Milei.

La CGT mantiene su actitud pasiva de siempre, deja pasar la pérdida real del salario y se limita a declaraciones vacías que nunca se transforman en acciones concretas. Este martes 28, su cosecretario general Héctor Daer volvió a amenazar con paros y movilizaciones “si el gobierno avanza con la reforma laboral”. Sin embargo, dejó entrever su verdadera posición cuando afirmó: “Si la reforma laboral es progresiva, es una cosa…”. ¿En qué cabeza cabe que La Libertad Avanza pueda proponer una reforma “progresiva”? Daer continuó: “la CGT tiene que atar los hilos parlamentarios para frenar los avances que hicieron hasta ahora”. Prefiere confiar en acuerdos en el Congreso con los mismos partidos patronales que aprobaron el veto presidencial a la movilidad jubilatoria antes que convocar a la lucha en las calles. Reconoce que el gobierno ataca sin pausa y aun así no movió un dedo para defender los derechos laborales.

Es urgente que desde las bases se imponga un verdadero plan de lucha nacional. Esa es la orientación que viene impulsando el sindicalismo combativo y nuestra corriente sindical A Luchar, para movilizar de manera consecuente en defensa de las y los trabajadores y de las y los jubilados. 
Frente a una CGT cómplice del ajuste, se vuelve imprescindible organizar asambleas en cada lugar de trabajo, coordinar reuniones de activistas y construir un plan de lucha unificado para frenar la motosierra contra el pueblo trabajador.

Pero esta pelea debe ir acompañada de la tarea de avanzar en la construcción de una nueva dirección sindical, combativa y democrática que ponga cada una de sus fuerzas al servicio de las luchas de las y los trabajadores. De esta forma podremos seguir enfrentando el superajuste y abrir un camino de salida en favor de la clase trabajadora.
                 


Escribe Juan Carlos Giordano, diputado nacional por Izquierda Socialista/FIT Unidad

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se refirió a las elecciones en la Argentina y declaró: “Quiero felicitar al vencedor Milei, fue grandioso el triunfo de La Libertad Avanza”, para luego admitir sin rodeos: “Tuvo mucha ayuda de nosotros. Le di un respaldo muy fuerte. Fue realmente inesperado tener esa victoria”.

Literalmente, salvaron al gobierno. El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, intervino de manera directa en el mercado de cambios argentino a través del JPMorgan y el Citibank, comprando dólares o pesos según resultara conveniente para sostener artificialmente la economía y evitar que estallara antes de las elecciones. Se trata de una intromisión colonial pocas veces vista, ejecutada para sostener a un gobierno servil a los intereses norteamericanos.

Por si quedaba alguna duda sobre quiénes se benefician con el “salvataje” yanqui, el propio Trump lo aclaró al justificar ante su electorado por qué dispuso millones de dólares para la Argentina: “Estados Unidos ha ganado mucho dinero con esta elección, porque los bonos han subido”. Traducido: los fondos buitres y especuladores financieros de Wall Street hicieron un negocio monumental con la suba de los bonos argentinos y la continuidad del endeudamiento externo. Además, Estados Unidos busca arrodillar aún más al país mediante su “amigo” Milei para profundizar el saqueo de nuestros recursos naturales y bienes comunes: petróleo, gas, litio y minerales estratégicos indispensables para la industria tecnológica, médica, militar y energética de las multinacionales norteamericanas.

Un Trump sin filtro lo reveló crudamente ante el mundo: “Nos estamos quedando con muchos de los países de América del Sur, estamos obteniendo un manejo muy fuerte de muchas maneras” (Clarín, 28/10). Ese es el verdadero plan detrás del apoyo imperialista a Milei: más deuda, más dependencia, más saqueo y más destrucción ambiental, todo a costa del pueblo trabajador argentino. Ese es el camino que quieren imponer. Es lo que tenemos que impedir con organización y lucha.


Escribe José Castillo

El gobierno impulsa el plan motosierra para pagar la deuda a los fondos buitre y cumplir las exigencias del FMI. Eso ya era evidente. Pero en las últimas semanas se produjo un salto: Donald Trump y el banco JPMorgan intervinieron de manera directa, abierta y descarada.

El ultraderechista de Javier Milei lleva casi dos años ejecutando un verdadero plan de guerra contra el pueblo trabajador. Bajo la consigna mentirosa de “no hay plata”, pulveriza salarios y jubilaciones, aumenta el desempleo, destruye la salud pública y la educación, ataca a las universidades, recorta fondos para personas con discapacidad, abandona la obra pública, derrumba la investigación científica y un larguísimo etcétera. Pero mientras ajusta a las y los trabajadores, sí hay plata para pagar puntualmente todos y cada uno de los vencimientos de la deuda externa.

Milei “heredó” y continuó el plan de ajuste del FMI, firmado por el gobierno peronista de Alberto Fernández, Cristina Fernández y Sergio Massa, que ya venía hambreando al pueblo trabajador. El presidente celebró con entusiasmo las exigencias del Fondo y profundizó el ajuste. Sin embargo, a pesar de su brutal política económica, los dólares no alcanzaron para afrontar los vencimientos de deuda ni para frenar la fuga de capitales especulativos promovidos por sus propios aliados empresariales. Esto llevó a que en abril pasado se renovara el acuerdo con el FMI, pactando nuevas exigencias de ajuste a cambio de 20 mil millones de dólares más de deuda, de los cuales ya ingresaron 12 mil millones. En apenas seis meses Milei dilapidó esos dólares entre pagos de deuda y sostener una nueva bicicleta financiera. Fue entonces cuando apareció Donald Trump “al rescate”.

Trump y Bessent toman control de la política económica argentina 

Primero llegó el anuncio por Twitter (hoy X) del secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, quien prometió “auxilio financiero” al gobierno argentino. Luego se conocieron los detalles: se trataba de un swap, es decir, un préstamo bajo control directo de funcionarios estadounidenses, que decidirán en qué momento y para qué se habilita cada dólar. No son fondos para la economía argentina, son dólares para garantizar que cobren los acreedores buitres.

Después llegó la escena patética: Milei y su equipo prácticamente arrodillados ante Donald Trump en una reunión de sumisión política. Cuando notaron que el dólar podía dispararse antes de las elecciones, vino la entrega final. Bessent comenzó a intervenir el mercado cambiario argentino con sus propios fondos: vendió cerca de 2 mil millones de dólares a través de bancos internacionales como Santander, Citi y JPMorgan. Todo para manipular el resultado electoral de nuestro país al servicio de Washington.

Y por si faltaba algo…

Ya teníamos al gobierno de Javier Milei arrodillado ante el Fondo Monetario Internacional y sometido de manera explícita a los mandatos del gobierno de Donald Trump. Faltaba el último capítulo de esta entrega nacional: la irrupción directa del JPMorgan. Fue el propio Scott Bessent quien había anticipado que “probablemente” habría un auxilio adicional para la Argentina de unos 20 mil millones de dólares gestionados por bancos privados. Ese supuesto rescate terminó siendo nada más y nada menos que un nuevo acuerdo de dependencia financiera con el banco más grande de los Estados Unidos, históricamente ligado a los negociados de deuda externa en todo el mundo.

Este banco no es un actor externo ni neutral. Es el antiguo patrón del actual equipo económico argentino. Por esa entidad pasaron Luis Caputo, hoy ministro de Economía; José Luis Daza, viceministro; Pablo Quirno, actual canciller y exsecretario de Finanzas; Santiago Bausili, presidente del Banco Central; Vladimir Werning, su vice; Nicolás Ferro, vice superintendente de entidades financieras; Esteban Klein, subgerente general de Operaciones; y Demián Reidel, presidente de Nucleoeléctrica Argentina. Todos ellos son parte de un mismo engranaje financiero que opera ahora desde dentro del Estado, garantizando negocios multimillonarios para los mismos bancos a los que antes servían. El gobierno económico de Milei está colonizado por ex ejecutivos de la entidad que hoy gobiernan para sus antiguos jefes.

La obscenidad del sometimiento fue total cuando el JPMorgan decidió realizar su encuentro anual en la Argentina el viernes previo a las elecciones nacionales. Llegó su CEO global, Jamie Dimon, acompañado de figuras del establishment internacional como la ex secretaria de Estado de Estados Unidos durante el gobierno de George W. Bush, Condoleezza Rice, y el ex primer ministro británico Tony Blair. Milei acudió a reunirse con Dimon en una escena que rozó el servilismo diplomático. A cambio de ponerse “a sus pies”, apenas obtuvo una sonrisa protocolar y una vaga promesa de “seguir conversando” sobre un eventual préstamo para el país, préstamo que, llegado el caso, solo aumentaría la usuraria deuda externa. Dimon mantiene una línea directa con sus ex empleados, hoy instalados en los cargos claves del Ministerio de Economía y el Banco Central, para definir cada paso de la política financiera argentina.

Fuera el FMI, Trump y el JPMorgan

Al día siguiente del triunfo electoral de La Libertad Avanza, el presidente estadounidense se jactó públicamente diciendo: “Ganamos muchísimo en la Argentina”. Los bonistas y fondos buitres celebraron la suba de las cotizaciones gracias a la garantía del swap yanqui y al control cambiario que seguirá manejando Bessent en beneficio de Washington. Mientras tanto, el JPMorgan se prepara para iniciar un nuevo ciclo de endeudamiento, garantizando superganancias para el capital financiero internacional y profundizando la entrega nacional. Todo este festival especulativo se financia con hambre, ajuste y saqueo sobre el pueblo trabajador argentino y sus recursos.

Frente a este panorama, la única salida es construir un programa económico alternativo, obrero y popular, totalmente opuesto al actual. Un programa que rompa con el FMI, con los pactos con Trump y con la banca extranjera, empezando por dejar de pagar la deuda externa ilegítima. Solo así podremos destinar los recursos nacionales a las necesidades urgentes del pueblo: salarios y jubilaciones dignas, trabajo genuino, salud y educación públicas, vivienda y obra pública. La riqueza del país debe estar al servicio de las mayorías, no de los bancos buitres ni de los especuladores financieros. ¡La plata tiene que ir al Garrahan, a las personas con discapacidad, a las universidades y a la clase trabajadora, no al JPMorgan ni al FMI!


Escribe José Castillo

JPMorgan Chase & Co. es el banco más grande de los Estados Unidos y uno de los más poderosos del mundo. Se creó en el año 2000 a partir de la fusión del Chase Manhattan Bank con J.P. Morgan & Co., pero sus orígenes se remontan a 1799, lo que lo convierte en uno de los más antiguos del sistema financiero internacional.

Con oficinas centrales en Nueva York y activos financieros superiores a los 2,4 billones de dólares (es decir, 2.400.000.000.000), JPMorgan carga con una historia tan extensa como vergonzosa. En el siglo XIX fue uno de los mayores beneficiarios del tráfico de esclavos en los Estados Unidos antes de la Guerra Civil. Ese origen ligado a la explotación extrema se prolongó en el tiempo con su rol clave en las crisis financieras globales y las estafas de la deuda externa.

Desde mediados de 1990, el banco fue protagonista del endeudamiento latinoamericano a través del llamado Plan Brady, un mecanismo diseñado para transformar deuda pública impagable en nuevos bonos de deuda, con lo que se aseguró el sometimiento financiero de países enteros, entre ellos la Argentina. Fue en ese período cuando JPMorgan abrió su Departamento de América Latina para colocar bonos y obtener comisiones millonarias a costa de empujar a los países de la región a un nuevo ciclo de saqueo financiero.

En este departamento trabajó buena parte del equipo económico que gobierna hoy en la Argentina. Entre ellos, el actual ministro de Economía Luis Caputo, quien durante sus años como operador financiero hizo ganar miles de millones de dólares a JPMorgan. Más tarde, ya como funcionario del gobierno de Mauricio Macri, Caputo volvió a beneficiar a su antiguo empleador con el ciclo de endeudamiento más grande desde la dictadura militar. Ahora, por tercera vez, él y sus socios regresan al poder para garantizar superganancias al capital financiero internacional, empezando por el mismo banco al que sirvieron siempre.

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