
Escribe José Castillo
El presidente ultraderechista Milei obtuvo, finalmente, la aprobación en general de la Ley Ómnibus, uno de los instrumentos centrales de su plan de ajuste. Lo logró, a pesar de su bancada ultraminoritaria, gracias al apoyo de la llamada “oposición dialoguista”.
El gobierno de Milei consiguió ganar un primer round: aprobar en general su proyecto de Ley Ómnibus. Se trató, sin duda de un triunfo pírrico, ya que debió resignar prácticamente la mitad de los artículos de la ley. Y todavía está pendiente ver que quedará en pie luego de la discusión en particular (artículo por artículo). Sin contar que, después de esto, deberá sortear todo el debate en el Senado.
Lo que se votó es, del principio al final, absolutamente reaccionario y parte importante del plan motosierra de Milei. Quedó la delegación de facultades al presidente de la Nación por un año extensible a dos, período donde Milei puede hacer prácticamente lo que quiere (incluso lo que se sacó de la Ley Ómnibus) para hacer pasar el ajuste. Quedan 27 empresas públicas sujetas a privatización, entre ellas los ferrocarriles y Aerolíneas Argentinas. Queda la libertad para endeudarse sin límites y sin ningún tipo de control. Queda todo el capítulo represivo. Y queda también la mayoría de los recortes al área de la cultura.
La oposición “dialoguista”
El proyecto fue aprobado por 144 votos a favor contra 109 en contra. ¿Cómo Milei consiguió semejante triunfo numérico si sólo cuenta con 37 diputados propios (que exagerando pueden llegar a 40 si sumamos a José Luis Espert y sus ex aliadas Carolina Píparo y Lorena Macyzn)?
La respuesta es simple: con la ayuda de la llamada oposición “dialoguista”. Veamos: en el PRO sus 37 diputadas y diputados votaron alineados con el gobierno ultraderechista de Milei. Fueron, de hecho, el “oficialismo” que defendió el proyecto más que los propios diputados libertarios.
Después tenemos al nuevo y heterogéneo bloque que armó Miguel Ángel Pichetto, Hacemos Coalición Federal, un auténtico rejunte de pedazos de Juntos por el Cambio, que aportó 18 votos. La UCR, por su parte, luego de haber sido virtualmente insultada por el propio Javier Milei e incluso, con militantes reprimidos y encarcelados por oponerse a la ley, votó a favor en su casi totalidad: 32 de 34 diputados. Apenas tuvieron dos votos en contra, de Facundo Manes y Pablo Juliano. La Ley Ómnibus juntó también otros 14 votos de diputadas y diputados referenciados en gobernadores provinciales no peronistas. Y, por último, los tres vergonzosos votos de los diputados tucumanos “tránsfugas” del bloque peronista de Unión por la Patria.
Los artículos que se sacaron
La ley originalmente constaba de 633 artículos.Finalmente quedaron en pie 363. Que el gobierno haya tenido que dar marcha atrás en capítulos enteros, retirando su pretensión de cuatro años de facultades delegadas, el capítulo previsional (más allá de que Milei intentará ajustar a los jubilados por otras vías), la reforma política (que virtualmente eliminaba a las minorías y proscribía a la izquierda), retirando a YPF del listado de empresas a privatizar (que se redujo de 41 a 27), se debió sin duda, a la presión que sobre el propio gobierno o sobre los bloques opositores “dialoguistas” generó el enorme repudio popular a la Ley Ómnibus. Incluyendo, como punto fundamental, el paro general y la multitudinaria movilización del 24 de enero. También influyeron, sin duda, varios lobbies empresarios, el más importante de los cuales fue el que logró que se retiraran los aumentos de las retenciones (impuestos a la exportación).
El gobierno mostró su debilidad. Quedó claro que “sintió” el golpe y se vio obligado a retroceder. Pero logró votar la ley en su versión más reducida, por lo que el resultado final sigue abierto.
¿y ahora?
Al cierre de esta nota, todavía no había comenzado la discusión en particular. Muchos trascendidos anuncian discusiones “empantanadas”. Salga lo que salga, luego falta toda la discusión en la Cámara de Senadores. Pero no debemos confundirnos: no podemos tener la menor confianza en las negociaciones entre los miembros de la oposición patronal “dialoguista” y el gobierno. Por dar un sólo ejemplo: el gobierno de Córdoba pide la coparticipación del impuesto PAIS, luego de reclamar que se reimplante el impuesto a las ganancias sobre los salarios. En el caso de que el gobierno de La Libertad Avanza no ceda la coparticipación del impuesto PAIS, ya están planteando que la liquidación del Fondo de Garantía de Sustentabilidad del Anses (la plata de los jubilados) para cubrir los déficits de sus propias cajas provinciales. O sea, en todos los casos las negociaciones entre “nación” y “provincias” es poniendo como patos de la boda a las y los trabajadores y jubilados. Del mismo modo, todos los bloques “dialoguistas” aceptan que un número importante del listado de empresas a privatizar permanezca como tal, entre ellas nada menos que Aerolíneas Argentinas y los ferrocarriles. Con respecto al paquete represivo, la inmensa mayoría de la oposición patronal “dialoguistas” está por mantenerlo, dándole carta blanca a Patricia Bullrich.
Con la Ley Ómnibus pasa lo mismo que con el DNU. Tanto diputados como senadores tienen atribuciones legales para reunirse y rechazarlo, pero no lo hacen porque, independientemente del carácter ultraminoritario de las bancadas de La Libertad Avanza en ambas cámaras, los “dialoguistas” lo dejan correr. En el Poder Judicial salieron varios amparos que suspenden capítulos del DNU (el más importante, toda la reforma laboral). Pero todo está supeditado a lo que diga finalmente la Corte Suprema. ¿Podemos acaso, tener confianza en esos jueces?
En síntesis, el futuro de la Ley Ómnibus, del DNU, del protocolo anti-piquetes y del conjunto del plan de ajuste de Milei y el FMI depende de si el pueblo trabajador es capaz de vencerlo en las calles, con su movilización. Por eso es fundamental que continúe la movilización que se dio en estos días, de trabajadoras y trabajadores, jóvenes, jubilados, ambientalistas, feministas, pero también, y por sobre todo, exigir a la CGT y a las CTA que convoquen a un nuevo paro general y un plan de lucha para enfrentar este plan motosierra.
Escribe José Castillo
La bancada del Frente de Izquierda Unidad tuvo una actuación destacada en todo el tratamiento de la Ley Ómnibus. Empecemos por lo obvio: fue el único bloque parlamentario que completo, con sus cinco diputados, votó en oposición a la ley. Unión por la Patria sufrió la deserción de tres legisladores tucumanos que terminaron apoyando la ley, y aún así, sólo 97 diputados votaron en contra, ya que otros dos “se encontraban ausentes”. Ni hablemos del resto de los bloques, donde salvo excepciones minoritarias, todos terminaron jugando para Milei y le permitieron la aprobación en general de la ley.
Las y los diputados del FIT Unidad estuvieron presentes denunciando desde el principio, en el plenario de comisiones, tanto el trámite absolutamente irregular con que se aprobó el dictámen, sino también el contenido reaccionario, represivo y ajustador de la ley, así como el hecho de que estaba escrito a la medida de los negocios de los grandes empresarios y el FMI. Ya en el tratamiento de la ley en el recinto, no sólo argumentaron contra el contenido del proyecto, sino que repetidas veces interrumpieron el debate para denunciar la represión que se está llevando adelante en las calles. Varias veces, las y los diputados del Frente de Izquierda se retiraron del recinto para incorporarse a la movilización, y fueron reprimidos junto con el conjunto de los manifestantes.
Lo destacado de la intervención del FIT Unidad llevó a que Myriam Bregman fuera insultada desde la barra por un empresario ultraderechista que había ingresado con autorización de los diputados de La Libertad Avanza. La rápida reacción del resto de las diputadas y diputados, que se negaron a continuar la sesión mientras estuviera presente el provocador, obligaron a que este se retirara.
En síntesis, el Frente de Izquierda Unidad tuvo una destacada participación en estas jornadas. A diferencia del peronismo, prácticamente ausente en las calles, el FIT Unidad movilizó todos los días del debate, fue reprimido y gaseado, incluso varios de sus dirigentes, se opuso sin medias tintas al proyecto de Ley Ómnibus y nunca dejó de señalar las responsabilidades del anterior gobierno peronista del Frente de Todos. Al mismo tiempo, siguió reclamando a la CGT y a las CTA que, para derrotar tanto la Ley Ómnibus, el DNU como las demás medidas del ajuste de Milei y el FMI, más que nunca, se necesita un nuevo paro general y un plan de lucha.

Escribe Juan Carlos Giordano, diputado nacional electo Izquierda Socialista/FIT Unidad
La dirigencia peronista está en una crisis total. ¿Es cierto que está enfrentando a Milei? ¿Hay que reorganizar el peronismo como propone Grabois?
El peronismo da para todo. Diputados de Tucumán de Unión por la Patria (ahora con bloque propio) le votaron el dictamen a Milei y ahora aprobaron la ley ómnibus. Lo mismo hizo el peronismo cordobés de Schiaretti, poniendo incluso funcionarios propios en el gobierno nacional. Cristina Fernández sigue borrada en el Instituto Patria, sin emitir crítica alguna contra las medidas de Milei, donde trascendió que les dio un mensaje a sus diputados para que no hagan “antimileísmo”. Massa está por sacar su libro autobiográfico y criticó el paro de la CGT. Alberto Fernández se fue a España. Scioli se sumó al gobierno ultraderechista para “ayudar”, con lo que esto significa, tratándose del candidato de Cristina Kirchner en las presidenciales de 2015 (ver nota). Muchos referentes peronistas, massistas y kirchneristas de La Cámpora, mantienen puestos en organismos del actual gobierno. Mientras los nueve gobernadores de Unión por la Patria siguen aplicando el ajuste en las provincias, como Kicillof en Buenos Aires o Quintela en La Rioja, donde sacó un bono provincial devaluado.
El hecho que 97 diputados de Unión por la Patria hayan votado en contra de la ley ómnibus puede llevar a creer que el peronismo está enfrentando a Milei. No es así.
Las peripecias de Máximo Kirchner
Máximo Kirchner señaló en estos días: “Si le dije que no a Alberto Fernández, como no le voy a decir que no a Milei”. Vamos por partes. Eso de que le dijo “no” a Alberto es una clara mentira. Alberto Fernández fue el candidato ungido por Cristina Kirchner en 2019 representando a todo el peronismo en el extinto Frente de Todos que llevó a un desastre social bajo su gobierno, generando el caldo de cultivo para que gane Milei. Máximo Kirchner y Cristina criticaban a Alberto Fernández para intentar despegarse de su propio gobierno que se iba a los caños, nada más. Segundo, decirle que “no” a Milei, como dice Máximo, no implica ninguna heroicidad. El 45% votó en contra de Milei y hoy miles repudian el brutal ajuste, el DNU y la Ley Ómnibus. El tema no es decirle solo que “no” en la votación en el Congreso, sino que hay que decirlo también en las calles. Esto lo vivió el propio Máximo Kirchner y los diputados de Unión por la Patria cuando en el segundo día de represión salieron del recinto para observar lo que estaba pasando en la calle, siendo increpados por la militancia movilizada en la Plaza de los dos Congresos reclamándoles “a dónde está La Cámpora”, al grito de “paro, paro, paro, paro general”.
La dirigencia peronista no movilizó en los tres días de la semana pasada donde se repudió la votación de la ley y enfrentó la represión de Patricia Bullrich, dejando en banda a muchos de sus simpatizantes quienes reconocieron que solo la izquierda junto a las y los luchadores lo hicieron. No se los escuchó a Máximo Kirchner o a Kicillof reclamar que la CGT convoque a un plan de lucha. Por lo tanto no es cierto que la cúpula peronista está enfrentando a la ultraderecha, como sí lo está haciendo consecuentemente el sindicalismo combativo y la izquierda.
La trampa de Grabois de “reorganizar” el PJ
Juan Grabois viene ganando espacio mediático. Ante la crisis y el vacío que deja el peronismo, con un discurso crítico hacia el gobierno anterior, puede llevar a la creencia de que el PJ podría reformularse favorablemente en beneficio del pueblo trabajador. “De a poquito, lamiendo las heridas y procesando los propios errores, ampliando nuestro campo y escuchando otras voces, nos estamos reorganizando”, dijo Grabois (Diario Panorama, 18/1).
En un largo reportaje de cicuenta minutos en el programa Duro de Domar de C5N del 19 de enero, Grabois dio los lineamientos de su política. Dijo que estaba muy contento por “las señales positivas” que generó la firma de un documento con 1.500 voluntades de referentes peronistas y sociales, entre ellos los del albertista Santiago Cafiero, el ex ministro Guzmán, Máximo Kirchner, Kicillof, dirigentes de la CGT y gobernadores de Unión por la Patria, entre ellos Quintela, altamente reivindicado por Grabois. Grabois dice que esto favorecía al “resurgimiento del peronismo, con gente nueva, sin tirar a nadie por la ventana, con las viejas y nuevas melodías, sin ninguna ruptura con el pasado, una continuidad con los mejores elementos”, según sus palabras. “Continuidad con caras nuevas”, es decir, más de lo mismo. Lo de caras nuevas, obviamente, se refiere a su figura.
Caras nuevas para una vieja política será para nuevas decepciones. De 40 años de esta “democracia” para los de arriba hubo 28 años bajo gobiernos peronistas. El menemismo fue peronismo explícito, no “neoliberalismo” como dice el kirchnerismo. Alberto, Cristina y Massa nos dejaron en cuatro años un 211% de inflación anual, 45% de pobreza y el pacto con el FMI.
El peronismo ya gobernó defendiendo a este capitalismo de hambre y pobreza, no tocó los intereses de la derecha, de las multinacionales y el imperialismo, no reestatizó las privatizadas y pactó con el Fondo Monetario. Ahora apuesta al desgaste de Milei para intentar aprovecharlo electoralmente en las próximas legislativas para volver a engañar al pueblo trabajador y a la juventud con falsas promesas.
No hay que reorganizar ningún peronismo, sino luchar por una salida de fondo, fortaleciendo al Frente de Izquierda Unidad, como lo estamos haciendo desde Izquierda Socialista.

Escribe Juan Carlos Giordano, diputado nacional electo Izquierda Socialista/FIT Unidad
Daniel Scioli acaba de ser designado por Milei para comandar la Secretaría de Turismo, Ambiente y Deportes. Con Scioli también llegan al gobierno su hermano y su hija. Hasta el derechista diputado Massot replicó: “Milei nos acusa de kirchneristas y designó a Scioli”. Un comentario del diario La Nación señaló: “Ahora tenemos al abanderado Scioli como un soldado de la causa libertaria”.
Scioli fue funcionario de Carlos Menem, Rodríguez Saá y Duhalde, vicepresidente de Néstor Kirchner, gobernador de la provincia de Buenos Aires dos veces (denunciado por ocultar muertos en la trágica inundación de La Plata en 2013) y candidato a presidente del kirchnerismo en 2015. Recientemente fue embajador en Brasil del ex gobierno del Frente de Todos de Alberto y Cristina, donde se lo vio prendiendo una velita a Bolsonaro para su cumpleaños. Recordemos que Milei trabajó para Scioli en la fundación Acordar, el think tank del entonces candidato de Cristina.
Antes de Scioli ya había otros personajes en el gobierno que vienen del peronismo. Guillermo Francos es un ex sciolista y funcionario de Alberto Fernández, Marco Lavagna en el Indec, Flavia Royón en Minería, Lisandro Catalán en la secretaría de Interior, Leonardo Madcur (quien pasó de jefe de Gabinete del Ministerio de Economía de Sergio Massa a ser representante ante el FMI), entre otros cargos gerenciales de PAMI, Anses, Aerolíneas que siguen en manos de camporistas o del PJ del interior del país.
A esta lista se agregan Mario Russo, ministro de Salud (massista); Yanina Martínez, subsecretaria de Turismo (kirchnerista); Valeria Ambrosio, directora del CCK (kirchnerista); Rosana Lodovico, directora general de Aduanas (massista); Fabián Lombardo, presidente de Aerolíneas Argentinas (kirchnerista-La Cámpora); Camilo Baldini, presidente de Correo Argentino (kirchnerista-La Cámpora); Esteban Leguizamo, director Ejecutivo del PAMI (La Campora); Bernarda Llorente (presidenta Agencia Télam (kirchnerista, esposa de Jorge Taiana); Rodríguez Chirillo, secretario de Energía (consultor vía BID del gobierno de Alberto Fernández), entre otros.
Scioli es el verdadero tránsfuga, “el que abandona una organización política, empresarial o de otro género para pasarse a otra generalmente contraria”. Y lo hace desde el peronismo, integrando un gobierno de extrema derecha que niega el genocidio. Amiga y amigo lector, si usted es peronista de verdad, cuando la dirigencia de Unión por la Patria le diga que hay que “reconstruir” el peronismo, dele la espalda y venga con Izquierda Socialista al Frente de Izquierda Unidad.
Escribe Adolfo Santos
El brutal ajuste del gobierno del ultraderechista Milei tuvo una primera y masiva respuesta de los trabajadores. El 24 de enero, millones paramos el país y centenares de miles colmamos la Plaza del Congreso y nos movilizamos masivamente en las principales ciudades de todas las provincias. Fue un contundente rechazo obrero y popular al plan de ajuste y represión de Milei y el FMI. El desafío ahora es lograr que la CGT y las CTA le den continuidad a esta lucha con un nuevo paro nacional y plan de lucha, exigiendo aumentos de salarios y jubilaciones, contra los despidos, la Ley Ómnibus, el DNU y el Protocolo Bullrich.
El fuerte paro y la gran movilización impactaron en el gobierno y la “oposición patronal dialoguista” (el bloque de Pichetto-Coalición Cívica de Carrió, la UCR, el PRO y el de “los gobernadores”) y aumentó la crisis e inestabilidad del proyecto reaccionario y anti derechos. Milei tuvo que retirar más de 200 artículos de la Ley Ómnibus y echar al ministro de Infraestructura Guillermo Ferraro. La presión popular y el malestar que expresó el paro explican esas idas y venidas, poniendo y sacando artículos, acordando un día una cosa para desmentir al día siguiente. El ministro Caputo llegó a hacer una cadena nacional informando que retiraba todo el paquete fiscal, mientras la oposición declaraba que ya habían acordado las medidas fiscales el día anterior. Pichetto echando a Sturzenegger de las reuniones secretas, y el resto de la “oposición patronal dialoguista” realizando negociaciones de todo tipo y aplazando los debates en el Congreso con el objetivo de beneficiar a distintos sectores patronales.
Finalmente, el martes 31 de enero comenzaron las sesiones que duraron tres días, hasta que se aprobó “en general” un dictamen que nadie tiene en claro qué dice y que recién el martes 6 (después de otros cuatro días de negociaciones secretas) se conocerán los artículos a tratar. Ninguno a favor de las y los trabajadores, y todavía no se puede asegurar cómo van a quedar antes de ir al Senado.
El paro, la movilización y la lucha contra el ajuste
El 24 fue un gran paro de doce horas. La movilización fue nacional, en algunas ciudades fueron multitudinarias. Más de 200 mil trabajadoras y trabajadores estuvimos en Plaza Congreso y alrededores. Y una importante columna independiente coordinada del sindicalismo combativo (con una gran columna de ferroviarios del Sarmiento), movimientos sociales combativos, asambleas vecinales, organismos de derechos humanos, de la Cultura, socioambientales, de mujeres, disidencias, jubilados, y el Frente de Izquierda, se hizo sentir exigiendo a la CGT “plan de lucha para derrotar el ajuste de Milei y el FMI”.
Pero después del paro la CGT está borrada. Sólo los sectores que coordinamos la columna independiente el 24, llamamos a movilizar con importante participación de asambleas vecinales, y la izquierda, en menor medida hubo grupos de ATE, La Cámpora y el Movimiento Evita. Hubo movilizaciones en el Congreso y en decenas de ciudades del país contra la Ley Ómnibus, siendo diariamente reprimidos por las fuerzas federales de Patricia Bullrich.
Mientras esta ley de entrega, antiderechos y represiva es tratada y se monta un espectáculo televisivo, la clase trabajadora y sectores populares, las y los jubilados seguimos sufriendo un brutal ajuste cotidiano. La inflación es galopante, aumenta la nafta, el transporte, las tarifas, los alimentos, alquileres, todo. ¡Menos los salarios y las jubilaciones! No hay paritarias, ni se aumenta el salario mínimo, jubilaciones ni planes sociales. Desde diciembre no llega comida a los comedores populares y crece la fila del hambre. Y ya hay miles de despidos. Esta situación es insoportable.
Paro y plan de lucha para derrotar la motosierra de Milei
El paro y movilización y los actos de protestas durante los días de debate fueron importantes para demostrar la disposición de lucha contra los proyectos reaccionarios del gobierno Milei. Durante las movilizaciones en Congreso se gritaba “a donde está esa traidora CGT” y “paro general”. Hasta a los diputados peronistas que salieron del Congreso cuando reprimieron fueron increpados por trabajadores y sectores populares que le reclamaron a esos dirigentes que hay que ir a fondo en la pelea para derrotar el ajuste y las leyes.
Desde Izquierda Socialista sostenemos que hay que darle continuidad al paro y movilización del 24 de enero, exigiendo a la CGT y a las CTA que tienen que llamar a un plan de lucha para derrotar el ajuste de Milei y el FMI. Tenemos que pelear por un aumento de emergencia de salarios y jubilaciones, igual a la canasta familiar. Contra los despidos y las leyes de ajuste y entrega. Por comida y ayuda social a los desocupados. Por presupuesto para educación, salud y obras públicas.
Para ello, llamamos a impulsar asambleas en los lugares de trabajo, pronunciamientos de cuerpos de delegados y profundizar todas las formas de la protesta social que se vienen dando: asambleas de vecinos, de artistas e intelectuales, del movimiento ambiental, de las mujeres y disidencias, con cacerolazos en los barrios y todas las auto convocatorias que surjan cotidianamente para frenar el plan motosierra.