Jun 24, 2026 Last Updated 4:58 PM, Jun 24, 2026

Izquierda Socialista

Escribe José Castillo

El aumento cada día mayor de los precios se come los salarios y las jubilaciones. ¿Cómo hacer para recuperar el poder adquisitivo perdido y que este no se siga deteriorando?

El gobierno del Frente de Todos dice que está preocupado por la inflación y le “declara la guerra”. La oposición patronal de Juntos por el Cambio también declara que una de sus prioridades es combatir la inflación. Pero sus supuestas recetas “contra la suba de precios” terminan siendo justificaciones de mayores ajustes contra la clase trabajadora.

El gobierno habla de “las empresas formadoras de precios” y sus abusos. Pero no toma ninguna medida contra ellas y su única política pasa a ser “la concertación de precios y salarios”. Traducido: los empresarios se comprometen a no aumentar los precios (y después no cumplen, total nadie los sanciona), mientras la burocracia sindical sí les garantiza acuerdos salariales a la baja.

Juntos por el Cambio, al igual que los libertarios de Milei y Espert, dicen que  la inflación se debe exclusivamente a la emisión de dinero para financiar el gasto público. Su receta, entonces, pasa a ser ajustar echando a trabajadores estatales, bajar jubilaciones y achicar el gasto en salud, educación y vivienda.

En ambos casos, los precios siguen subiendo, pulverizando los ingresos de la clase trabajadora. Macri había prometido que iba a terminar con la inflación en cinco minutos, y terminó con índices superiores a los de los años kirchneristas. Ahora Alberto vuelve a batir el récord superando al macrismo.

¿Qué hacer?

Lo fundamental es preservar el poder adquisitivo de los salarios y jubilaciones, y recuperar lo que perdieron. Cualquier “lucha contra la inflación” que no empiece por esto no es más que una excusa para justificar un nuevo y mayor ajuste.
Por eso nuestra primera y fundamental medida es un aumento salarial de emergencia, para que nadie gane menos que el valor de la canasta familiar (calculado por los trabajadores de ATE Indec en 136.104 pesos), ajustado automáticamente mes a mes de acuerdo a la inflación. Y la reapertura inmediata de todas las paritarias, sin techo de ningún tipo. Con respecto a las jubilaciones, también se debe otorgar un aumento de emergencia, para que nadie quede por debajo de la canasta de la Tercera Edad (85.000 pesos), y la aplicación inmediata del 82% móvil.

Otorgados estos aumentos, el desafío siguiente es cómo evitar que las patronales los transfieran a los precios. Para ello hay que imponer precios máximos a todos los productos de la canasta familiar. Acá no se trata de ninguna “concertación” ni “acuerdo voluntario” que después nadie cumple. Nuestro planteo es lo opuesto a los “precios cuidados” de Roberto Feletti. Si, como suele decir retóricamente el gobierno, están identificados los monopolios formadores de precios (Arcor, Molinos, Coca Cola, Pepsico, Mastellone, Unilever y unos pocos mas) y los abusos de las cadenas de hipermercados (Disco, Vea, Chango Más, Carrefour, La Anónima, Coto), lo que hay que hacer es sancionar fuertemente la violación de los controles de precios o el desabastecimiento. Alcanza con aplicar de verdad la Ley de Abastecimiento, que autoriza a multar, clausurar y hasta expropiar a los infractores.

A esto debemos complementarlo con otras medidas. Hay que eliminar el IVA a todos los productos de consumo popular. Así automáticamente los precios se reducirán un 21%. Con un control como el del párrafo anterior esto podría garantizarse evitando las “avivadas” de las patronales.

También contribuyen a la inflación los aumentos de aquellos precios que dependen directamente del gobierno: los combustibles y las tarifas de los servicios públicos. Tenemos que salir de la trampa de que, o se aumentan los subsidios a los monopolios privados que usufructúan del sector, o se pasa eso a tarifas que tiene que pagar el pueblo trabajador. En ambos casos se garantizan las superganancias de esos grupos económicos, la mayoría transnacionales. Por eso, la salida es la reestatización de todas las empresas de servicios públicos privatizados, de todo el complejo gasífero-petrolero, la recreación de una YPF 100% estatal y una nueva Gas del Estado y la gestión de todas estas firmas nacionalizadas por sus propios trabajadores y usuarios. Así se garantizan tarifas sociales para quiénes efectivamente las necesitan.

Finalmente, tenemos aquellos productos que, formando parte de la canasta alimentaria popular, son a la vez productos de exportación. Tal el caso del trigo (materia prima de la harina y, por lo tanto, del pan y los fideos), el maíz (base de muchos comestibles) o el girasol (junto con el anterior, utilizado para el aceite). Lo mismo sucede con la carne. Los productores, al ver la suba de los precios internacionales en dólares, tratan de cobrar lo mismo en el mercado interno, obteniendo así una superganancia. Para ello, muchas veces acaparan, o generan escasez artificial de estos productos. Obviamente, hay que “desenganchar” los precios con que se vende en el mercado interno de los internacionales. Pero esto no se va a lograr con medidas tibias de medio camino, como hace el gobierno cuando sube sólo dos puntos de las retenciones a la harina y el aceite de soja, o crea “fideicomisos” de unos pocos productos. La salida debe ser de raíz: hay que nacionalizar el comercio exterior. Esta medida consiste en la creación de una ente estatal que compre toda la producción de esos bienes exportables, pagando en pesos, con precio sostén al pequeño productor y evitando los abusos del grande. Ese ente nacional volcará al mercado interno esos bienes, a precios populares, y luego de cubiertas estas necesidades, exportará el resto, quedándose con los dólares que podrán usar luego para financiar otros programas que atiendan urgencias populares. La nacionalización del comercio exterior, junto con la de la banca, evitará también las maniobras especulativas con el dólar y las bicicletas financieras, terminando con otra de las razones de la desestabilización que es utilizada como excusa para la suba de precios.

Todo este conjunto de medidas, que planteamos desde Izquierda Socialista y el Frente de Izquierda Unidad, son las que garantizan bajar la inflación y, lo más importante, la defensa de los  salarios y las jubilaciones.

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Escribe José Castillo

Primero se escuchó como propuesta de los libertarios de Javier Milei. Ahora se empiezan a sumar sectores de Juntos por el Cambio, como el diputado radical alineado con Martín Lousteau, Alejandro Cacace. El planteo de “dolarizar” la economía consiste sencillamente en hacer desaparecer el peso argentino y que todas las operaciones económicas se hagan en la moneda norteamericana. Supuestamente esto terminaría con la inflación y generaría “confianza” y “estabilidad económica”.
Tenemos que decirlo con todas las letras: el planteo es una trampa extremadamente peligrosa para el pueblo trabajador. Con la promesa de “todos tendremos dólares”, se esconde lo primero y más importante: ¿a qué tipo de cambio se cambiarán todos los pesos existentes? Los que proponen la dolarización esconden la respuesta, contestando “a la que establezca el mercado”. Vamos a intentar develar la realidad: cambiar todos los pesos en circulación, más los depósitos en dólares, más todos los bonos y letras en pesos (la llamada “deuda interna”) contra las reservas existentes (aún suponiendo que estas crezcan un poco en los próximos meses) no podría hacerse a menos de 450 pesos por dólar. La dolarización estará precedida, entonces, por una devaluación catastrófica. Hoy el promedio salarial está en 40.000 pesos; serán 88 dólares. Una jubilación mínima pasará a ser de 72 dólares. De esto estamos hablando. De que los trabajadores argentinos cobren los salarios más bajos del mundo.

La “estabilidad a cualquier costo” no sirve. Recordemos lo que pasó en la época menemista. La convertibilidad, que era mucho menos que una dolarización, se hizo a costa de millones desocupados y una pobreza record. Y no evitó nuevas crisis, ya que la deuda externa siguió creciendo y nos llevó al desastre que dio origen a la rebelión popular del Argentinazo. Dicho sea de paso: en esos años, la propuesta de Menem era pasar directamente de la convertibilidad a la dolarización. Si no se avanzó en esa dirección, fue justamente por que el pueblo en la calle impuso el no pago de la deuda.  

Por último, no es cierto que la dolarización terminará con la inflación y las crisis. Como ejemplo tenemos a Ecuador, dolarizado desde 1998, y que siguió sometido a procesos inflacionarios y a los ajustes del FMI, como el de fines de 2019, que dio origen también a una enorme insurrección popular.

En síntesis, se trata de una propuesta que encubre un super-ajuste de salarios y jubilaciones, a la vez que nos somete aún más a la semicolonización por parte del imperialismo yanqui.        

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Escribe Claudio Funes

Con la reivindicación de Menem, Macri se relanza como candidato presidencial para el 2023. Quiere volver a gobernar para ajustar más. Sin gradualismo. Con reforma laboral, despidos y privatizaciones, entre otras medidas antipopulares de su agenda.

Mauricio Macri se prepara para el “segundo tiempo”. Se postula como candidato a presidente para el 2023. No lo hace porque sube su imágen, sino porque baja la del gobierno peronista al compás de la crisis.

Macri quiere volver para llevar adelante el ajuste que no pudo concretar durante su gobierno, y sin gradualismo. Por eso insiste en que “el FMI no es gente mala, son los demás países”. Lo dijo en un reportaje de TN, mostrándose como su mejor defensor y garante.

Cuando se le preguntó sobre la reforma laboral, contestó “¿Cuánta gente está trabajando en la formalidad en la Argentina? Menos de seis millones, el resto está sin defensa, sin leyes, a la buena de Dios en la informalidad absoluta. Esta gran mentira de leyes laborales que dejan a más de la mitad afuera la ven todos”.

Prometió que a partir de 2023 “no habrá lugar para los comportamientos prepotentes y mafiosos. […] El que no esté dentro de la ley se las tendrá que ver con la Justicia”. Clara referencia a cómo reprimirá las luchas contra el ajuste que planifica.

Macri también se expresó sobre Aerolíneas Argentinas, “Si Aerolíneas no es autosustentable hay que privatizarla, no hay duda”.  “Hay que tener el Estado necesario”. […] “El Estado es un aguantadero permanente de la política”. El despido de empleados públicos también es parte de su agenda.

Macri dice con claridad que desde el día uno habrá que hacer todas las reformas necesarias para terminar con el déficit. “Agarrar el lápiz rojo de Angeloz* y tachar todo lo que sea necesario”. Ajuste brutal. Él mismo lo reconoce: “No va a ser fácil”. El crecimiento de los “libertarios” lo empuja a un discurso más crudo.

El pensamiento político de Macri se afirma cuando destaca a Carlos Menem (al igual que los libertarios). Dijo que será cada vez más reivindicado porque intentó realmente unir a los argentinos y pacificó el país. Nada más alejado de la realidad.
Durante los ´90, con la complicidad de la burocracia sindical (cuando no), se remataron el conjunto de las empresas del Estado a precio vil. Centenares de miles de trabajadores quedaron en la calle. Ciudades y pueblos casi desaparecieron con el cierre de ramales ferroviarios o de actividades de YPF. Menen creó el enorme negocio de las AFJP, la privatización de las jubilaciones al servicio de los bancos, mientras sometía al hambre a los adultos mayores. El gobierno menemista fue el abanderado de las “relaciones carnales” con el imperialismo yanqui y emblema de la corrupción.

Con Menem la tasa de desempleo en mayo de 1991 era de 6,9%, mientras que en 1994 subió al 10,7% y para el año 1996 había ascendido al 17,2%. Lo mismo sucedió con la tasa de pobreza que aumentó del 19% en 1990 a más del 35% en 1995. Menem fue ajuste y entrega. Esta tremenda tragedia es la que reivindica Macri, quien se considera políticamente moderado.

Su comentario produjo chispazos en Juntos por el Cambio. De inmediato Gerardo Morales, presidente de la UCR y anotado en la carrera presidencial para 2023, le contestó “Rechazamos las políticas neoliberales implementadas por el menemismo. […] Estas medidas destruyeron nuestro aparato productivo, nos hicieron más pobres […]”. Habla como si la UCR no hubiese sido parte del gobierno de Cambiemos.

Macri quiere ser el continuador de las políticas de Menem. Él mismo lo dice cuando lo elogia. Es cierto que están más preparados para gobernar; pero siempre al servicio del gran capital, las multinacionales y el FMI. Macri no es alternativa para el pueblo trabajador y los sectores populares.
 
* Eduardo César Angeloz (UCR) fue ex gobernador de la provincia de Córdoba desde 1983 hasta 1995.

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Escribe Claudio Funes

En la última sesión especial de la Legislatura de CABA, solo las bancas de La Libertad Avanza, de Javier Milei, y Republicanos Unidos, de Ricardo López Murphy, no apoyaron el repudio al Terrorismo de Estado, que provocó 30.000 desaparecidas y desaparecidos.

Los cinco integrantes del bloque “libertario”, Ramiro Marra, Rebeca Fleitas, Lucía Montenegro, Leonardo Saifert y Oscar Zago, y los “republicanos” (integrantes de Juntos), Roberto Garcia Moritán y Mariana Kiesnat, votaron contra la iniciativa.
Marra relanzó el viejo argumento de que hubo “excesos cometidos por las Fuerzas Armadas, y deben condenarse con el mismo rigor a los integrantes de los grupos subversivos”. Rebeca Fleitas también rememoró que: “Se habla de una parte de la historia, intencionalmente selectiva” y se victimizó porque los llaman “negacionistas y fachos”.

Sus argumentos y posiciones son, ciertamente, de la derecha. También lo son los esgrimidos por otros miembros de la lista electoral de Milei que apoyan a los militares genocidas. Imposible pensar en una casualidad, La Libertad Avanza es un partido de la derecha más reaccionaria.

Con Javier Milei a la cabeza dicen ser defensores de las libertades individuales; pero atacan al feminismo y se oponen al aborto. Exigen “libertad” para que los grandes patrones y multinacionales no paguen impuestos, para que despidan sin indemnizar, para flexibilizar, para acabar con los derechos de huelga y sindicalización y bajar los salarios y las jubilaciones. Una visión ultraconservadora.

En el Congreso reclaman un ajuste feroz al pueblo trabajador. Por eso Milei reivindica a Videla y a Pinochet. Este pensamiento es el que lo llevó a ser asesor del genocida Antonio Bussi, condenado por delitos de lesa humanidad, cuando este fue electo Diputado Nacional en 1999.

Junto a Macri, Milei reivindica a Menem y también a Cavallo, de quien dijo que fue el mejor ministro de Economía de la historia, cuando su plan económico generó una masa de desempleados estructural, e impidió que millones de jóvenes pudiesen conseguir trabajo o que, si lo lograban, fuera en condiciones de precariedad extrema.

Esta cercanía en sus programas con Macri hace posible un acuerdo entre ambos, “Macri tiene un discurso liberal clásico por lo que no tendría problemas de que formara parte de nuestro espacio si él lo desea”. Incluso, Javier Milei afirmó: “El armado que tiene ahora Juntos es de centro izquierda”.

Más allá de que estas definiciones pueden causar gracia a algunos, son posiciones políticas que marcan su norte. El menemismo no solo es recordado por su show mediático, sino también por ser una de las épocas más oscuras de la democracia patronal.

El alza en las encuestas del espacio de Milei, y las perspectivas de cara al 2023, abren la posibilidad a una unidad electoral de ese sector patronal (“Juntos” y “Liberales”), como expresó el propio ex presidente, o a una disputa sobre la misma base electoral.

El gobierno del macrismo está fresco en el recuerdo, pero ambos sectores buscan “legitimar,” con el apoyo electoral, el mega ajuste que proponen. No te dejes engañar. El espacio de Milei, sencillamente, pretende descargar la profunda crisis capitalista sobre la juventud, las mujeres, los trabajadores y el resto de los sectores populares.              



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Escribe Nicolás Nuñez

El presidente Alberto Fernández ya lo había dicho durante el primer año de la pandemia y de su mandato: “yo creo en el capitalismo de Henry Ford”. Y ahora lo volvió a decir en su entrevista en la TV Pública: “el día que Ford dijo ¿por qué este auto no lo pueden tener mis empleados?, ese fue un gran capitalista”. Fernández quería dejar en claro, por si hiciera falta, que ninguno de sus planteos era anticapitalista y, además, señalar que él defiende un capitalismo “productivo” y no “financiero”. ¿Es así?

Partamos de que el presidente no tiene ningún empacho en celebrar una multinacional cómplice de la última dictadura militar,. Y señalamos que si el suyo fuera un capitalismo productivo, no se entiende porque mantiene vigente la Ley de Entidades Financieras de Martínez de Hoz, que es la piedra angular de todos los negociados del capital especulativo en nuestro país. Tampoco se entiende por qué aceptó validar la deuda que Macri contrajo y fue usada en bloque para la timba financiera. En paralelo, tampoco es muy creíble su discurso industrialista, si el centro de su plan de gobierno pactado con el FMI implica reforzar el carácter primario de exportador de materias primas para juntar dólares para pagar la deuda.

Pero si de hacer historia se tratara, es importante aclarar algunas cosas. Primero, Ford no le regalaba el auto a los trabajadores caritativamente, sino que les prohibía tener un sindicato, les daba crédito para pagar el “Ford T” para ampliar su demanda y los obligaba a ir al trabajo con él. “Pero al menos tenían laburo y auto propio”, podrá decir algún compañero. Muy bien, pero lo otro que hay que tener en cuenta- es que estamos hablando de la clase trabajadora del principal imperialismo del planeta, cuyo estándar de vida se sostenía sobre el saqueo y la opresión de colonias y semicolonias. La analogía de Fernández no tiene ni pies ni cabeza. Al punto de que incluso el fordismo en sí fue mandado al tacho de la basura a nivel mundial por la crisis crónica del capitalismo de las últimas décadas. Hoy el capitalismo imperialista quiere ajuste y reformas laborales, no trabajo genuino y auto propio.

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