Jan 30, 2023 Last Updated 4:00 PM, Jan 28, 2023

Escribe Adolfo Santos

El 3 de abril de 1917 Lenin regresó a Petrogrado desde su exilio en Suiza y presentó sus famosas Tesis de Abril. Cambió completamente la política defendida por dirigentes del partido bolchevique como Stalin y Kamenev, que justificaban la participación en la guerra (defensismo revolucionario) y proponían colaborar con el gobierno de Kerensky.

En síntesis, las Tesis proponían: “1. La guerra para Rusia sigue siendo imperialista, de rapiña, […] ninguna concesión al ‘defensismo revolucionario’. […] 2. La revolución ha dado el poder en esta primera etapa a la burguesía por la falta de conciencia y organización del proletariado. Hay que avanzar a la segunda, que debe poner el poder en manos del proletariado. 3. Ningún apoyo al gobierno provisional; […] 4. […] Los soviets son la única forma posible de gobierno revolucionario […] 5. […] Supresión de la policía, el ejército y la burocracia. Sustitución del ejército regular por el armamento general del pueblo. 6. Confiscación de las tierras de los latifundistas. Nacionalización de las tierras. […] 7. Fusión de un banco nacional único, bajo control del soviet. 8. No ‘implantación’ del socialismo como tarea inmediata, sino comenzar por el control obrero de la producción y distribución de los productos por los soviets. 9. Realización inmediata de un congreso partidario para modificar el programa […] y el cambio de nombre para pasar a denominarse Partido Comunista. 10. Constituir una nueva organización internacional”.

La adopción de este programa por parte de los bolcheviques fue determinante para el triunfo de la revolución, demostrando el liderazgo indiscutido y la capacidad de Lenin, así como la importancia de un programa para guiar la acción de las masas en momentos de crisis.

Escribe Federico Novo Foti

Marchando desde las fábricas hacia la Plaza de Mayo, cientos de miles de trabajadores rechazaron la detención de Juan Domingo Perón. Fue la primera gran acción de la clase obrera a nivel nacional y también marcaría el inicio del peronismo, un movimiento patronal con fuerte apoyo entre los trabajadores. Aún sigue planteada la tarea de construir una nueva dirección de la clase trabajadora.
 
Desde fines de 1943, el secretario de Trabajo y Previsión del gobierno militar encabezado por Edelmiro Farrell, el coronel Juan Domingo Perón, ganaría notoriedad por implementar una serie de medidas que comenzaron a dar respuesta a los reclamos de los trabajadores y mejoraron sus condiciones de vida. En mayo de 1944 se creó el fuero laboral, garantizando estabilidad laboral para los representantes gremiales. En junio se logró el descanso dominical y la “garantía horaria”, que aseguraba el pago de sesenta horas quincenales como mínimo, fueran trabajadas o no, para los trabajadores de la carne. Dos millones de trabajadores accedieron a la jubilación. Se firmaron convenios colectivos de trabajo en muchas ramas productivas. Se creó el “estatuto del peón”, que establecía un salario, condiciones de alimentación y vivienda mínimas y otros derechos. Así Perón se ganó el apoyo del movimiento obrero, que comenzaba a obtener conquistas que aún se recuerdan y defienden.
 
La avanzada yanqui y las divisiones patronales

Al final de la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos redoblaron su ofensiva imperialista en Latinoamérica para someterla y convertirla en su semicolonia. En la Argentina, que había sido por décadas una semicolonia británica, con una oligarquía y una patronal atadas a Inglaterra por mil lazos, la ofensiva provocó una profunda división. Los partidos patronales, conservador y radical, se dividieron en dos alas, una proinglesa y otra proyanqui. Lo mismo sucedió en el Ejército.

Perón y la patronal ligada a Inglaterra se propusieron resistir la avanzada yanqui, apoyándose en el movimiento obrero. Para lograrlo fueron concediendo conquistas, valiéndose de una situación económica excepcional en la que el país era la quinta potencia comercial del mundo. Salía de la guerra como acreedor de Gran Bretaña y con una enorme acumulación de divisas, lograda gracias a los altos precios de los cereales y la carne.  Pero mientras Perón se ganaba el apoyo del movimiento obrero, otros sectores patronales se volcaron a una creciente oposición al gobierno militar. En julio de 1945 arribó como nuevo embajador yanqui, Spruille Braden, que empezó a organizar a la oposición antiperonista y a alentar manifestaciones a las que se sumaron gran parte del partido radical, el Partido Socialista y el Partido Comunista, que aún tenía peso entre los trabajadores. En septiembre se realizó una marcha pidiendo la renuncia de Perón y un levantamiento militar en Córdoba. En octubre las tensiones llegaron a tal punto que Perón decidió renunciar. Pero antes, informó que dejaba a la firma de Farrell un decreto con aumentos y mejoras para los trabajadores, entre ellas el aguinaldo.
 
El 17 de octubre y su significado

La renuncia de Perón provocó manifestaciones y enfrentamientos en el centro de la ciudad de Buenos Aires con heridos y detenidos. La polarización iba en aumento y el 12 de octubre Perón fue detenido y embarcado a la isla Martín García por orden de Farrell. Los sindicatos más importantes exigieron su inmediata libertad. La conducción de la CGT convocó a una huelga general para el 18 de octubre. Pero el 16, Cipriano Reyes, dirigente del gremio de la carne, movilizó a los obreros desde los frigoríficos de Berisso y desencadenó la movilización que el 17 de octubre llegó a Plaza de Mayo. La acción del movimiento obrero dividió a las fuerzas armadas, que se empezaron a volcar en favor de Perón. Por la noche, Perón fue liberado y, junto a Farrell, salieron al balcón de la Casa Rosada para anunciar que se adelantarán las elecciones nacionales. En febrero de 1946, Perón ganó las elecciones con casi 1,5 millones de votos.

El 17 de octubre de 1945 fue la primera vez en la historia de nuestro país que la clase obrera protagonizó un hecho político de alcance nacional. Pero contradictoriamente lo hizo en apoyo de un militar y dirigente de un sector de la patronal, en ese entonces enfrentada al imperialismo yanqui. Perón aprovecharía los acontecimientos para formar el movimiento peronista. Desde sus orígenes, el peronismo inculcó la falsa idea de la conciliación de clases, la confianza de los obreros en los patrones. En 1947, siendo presidente, Perón dijo ante el Congreso: “no combatimos al capital, sino que le facilitamos todos los medios necesarios para su adaptación y desenvolvimiento”. Rechazó también la organización independiente del movimiento obrero, sometiéndolo al aparato del Estado e imponiendo a la burocracia sindical peronista, disolviendo el naciente Partido Laborista y encarcelando a Cipriano Reyes. Con los años, el peronismo abandonó también el enfrentamiento con el imperialismo.
 
El peronismo no es salida

Para muchos peronistas, el 17 de octubre es una oportunidad para evocar las banderas de la “justicia social”, la “independencia económica” y la “soberanía política” que enarboló el peronismo en sus orígenes. Pero lo cierto es que no existe más el peronismo de las conquistas obreras y populares. Hace décadas que sus dirigentes abandonaron aquellas banderas y gobiernan al servicio de las patronales y el saqueo imperialista, como hoy lo hace el Frente de Todos junto al FMI. Ese es uno de los motivos que los lleva a realizar más de un acto para esa fecha. No serán para defender los derechos de los trabajadores, sino para disputar espacios de poder entre los distintos sectores de la burocracia sindical y el aparato político. Por eso desde la izquierda decimos que el peronismo, al igual que los macristas, radicales o liberfachos, no son salida para los trabajadores. Hoy es la izquierda la única que defiende consecuentemente las históricas banderas y conquistas que obtuvimos los trabajadores frente a los ataques de todos los gobiernos patronales. Por eso acompañamos e impulsamos todas las luchas por salario, jubilación, salud, educación y vivienda, entre otras reivindicaciones. Planteamos que hay que romper con el imperialismo y el FMI, dejar de pagar la deuda, nacionalizar la banca y el comercio exterior y reestatizar las empresas privatizadas. Desde Izquierda Socialista en el Frente de Izquierda Unidad llamamos a aquellos compañeros y compañeras que se reivindican peronistas pero sufren las consecuencias del ajuste del gobierno a enfrentarlo juntos en las calles, en los lugares de trabajo, estudio y en los barrios. Al mismo tiempo, llamamos a construir una nueva dirección política independiente, convencidos que la salida es la lucha por un gobierno de trabajadores y por el socialismo, única solución definitiva a los problemas de nuestro pueblo trabajador.

La corriente fundada por Nahuel Moreno en 1943 comenzaba a dar sus primeros pasos bajo el nombre Grupo Obrero Marxista (GOM) cuando se produjeron estos hechos. En medio de la vorágine era difícil precisar una caracterización del fenómeno peronista. Al principio, el GOM cometió errores sectarios. Sin embargo, por estar metido en el corazón del movimiento obrero y educado en el respeto a las decisiones de la base pudo sostener una política esencialmente correcta e ir redondeando una caracterización más exacta. Elías Rodríguez, primer gran dirigente captado por el morenismo, relató así su participación el 17 de octubre: “Cuando estábamos trabajando llegaron los tipos (del piquete) que venían con garrotes. Entonces subí a la bancada y pegué un grito: ‘¡Todo el mundo afuera! Vamos a discutir’. Pero el piquete no me dio pelota. ‘Hay que salir y nada más. ¡Viva Perón!’ […] Entonces yo digo: ‘Así yo no voy a la manifestación, ¡qué Perón ni qué ocho cuartos!’. […] Entonces Guillermo, el que me había presentado a los compañeros del GOM, me dice: ‘Elías, la gente te reclama a vos, tenés que estar ahí adelante’”.1 Elías se puso al frente y se fue a Plaza de Mayo incorporándose a la marea obrera. El GOM fue ajustando su definición del peronismo de aquellos años como un movimiento burgués nacionalista por sus fuertes roces con el imperialismo yanqui y que supo ganarse el apoyo de los trabajadores. Por eso, a diferencia del PC y PS, denunció la ofensiva yanqui, oligárquica y clerical que culminó en el golpe de 1955 y, a la vez, pudo mantener una clara independencia política y organizativa y una posición crítica respecto del peronismo y sus gobiernos, sin dejar de apoyar e impulsar las luchas de los trabajadores desde las fábricas, las comisiones internas y los sindicatos.

1. Ernesto González. “El trotskismo obrero e internacionalista en la Argentina”. Tomo 1. Antídoto, Buenos Aires, 1995.

Escribe Prensa UIT-CI

A 55 años del asesinato del líder revolucionario latinoamericano, Ernesto Che Guevara, quien fuese asesinado el 9 de octubre de 1967 en Bolivia. Reproducimos esta nota de Mercedes Petit del 9 de octubre de 2008 cuando se cumplieron 40 años de su asesinato.

“Revolución socialista o caricatura de revolución”

Ahora que están de moda todo tipo de encuestas, sería un orgullo que Guevara, que cayó en Bolivia el 9 de octubre de 1967, quedara consagrado como el “argentino más famoso”. Para muchos de los jóvenes que lo usan en sus remeras, pines y afiches, es un ejemplo de vida militante, honesta, de entrega a un ideal de cambio revolucionario y de lucha.

Ernesto Guevara es todo eso, y mucho más. En las polémicas actuales sobre la lucha por el socialismo en el nuevo siglo, hay mucho para aprender y tener en cuenta de su experiencia. Nuestra corriente, encabezada por Nahuel Moreno, criticó desde sus orígenes las concepciones guerrilleras y foquistas de Guevara. Esas críticas las hacíamos con el convencimiento de que aquellos focos guerrilleros eran una vía muerta hacia el logro de nuevos triunfos y en el marco de la defensa incondicional de la primera revolución socialista en América Latina. Le criticábamos también no plantearse la necesidad de la autodeterminación y democracia para la clase obrera y la necesidad de construir nuevos partidos revolucionarios. Pero también considerábamos que la figura de Guevara iba mucho más lejos que esas diferencias.

“Guevara: héroe y mártir de la revolución permanente”

Con ese título, hace cuarenta años Nahuel Moreno publicaba su homenaje al revolucionario asesinado en Bolivia. “Guevara, que se jugó la vida cuantas veces fue necesario, hasta perderla, por la revolución cubana y latinoamericana, no tuvo temor de enfrentar y dar respuesta a los problemas más graves planteados a la revolución. Desde la defensa de Cuba hasta la construcción del socialismo en la etapa de transición, pasando por las relaciones económicas entre los países socialistas […] para darle una salida: la revolución permanente” (La Verdad, 23/10/67).

Recordando su encuentro con el Che en la reunión de Punta del Este, Moreno no dudó en ubicarlo en el “ala más revolucionaria”, que se oponía a la dirección de la URSS, en el proceso cubano, aunque sin pasar por alto sus posiciones prochinas. (El Tigre de Pobladora, El Socialista, 2006).

Además de infatigable defensor de las expropiaciones y la centralización económica, Guevara se planteaba hacer “participar a los trabajadores en la dirección de la economía nacional planificada” (véase por ejemplo su discurso del 8/8/61).Y tuvo una particular y temprana preocupación por denunciar y combatir los privilegios que comenzaban a usufructuar los funcionarios del gobierno y el partido. Mantuvo una vida personal y familiar absolutamente austera y se ponía cada domingo al frente de brigadas de trabajo, para educar con su ejemplo. Su visión internacionalista lo llevó a entender la defensa de Cuba como parte de la extensión de la revolución socialista al resto de América Latina y a chocar cada vez más con las posiciones de la burocracia soviética. Criticó duramente los términos de intercambio económico de la URSS con los demás países del llamado “campo socialista”. En febrero de 1965 pronunció un célebre discurso en Argel. Llamó a unir las luchas contra el imperialismo hasta acabar definitivamente con él en todo el mundo, a fortalecer el internacionalismo proletario y a la pelea mundial por el socialismo. Condenó la política de coexistencia pacifica entre la conducción de la URSS y el imperialismo, exigió el apoyo incondicional, con armas gratis, a los vietnamitas, denunció el yugo de las deudas externas, y las bases militares yanquis. Esas posiciones revolucionarias iban perdiendo apoyo dentro de Cuba, y poco después se fue para no volver.

Antes de cumplirse el primer año de su asesinato, la conducción de Fidel y el PC cubano apoyaron en agosto de 1968 la masacre de la revolución checoslovaca a manos del ejército soviético. Y cuando asumió Allende en Chile apoyó calurosamente la “vía pacífica al socialismo”, que con su utopía de conciliación de clases abrió el camino al triunfo de Pinochet.

Las concepciones del “socialismo del Siglo XXI” y Guevara

Actualmente, los gobiernos de Venezuela y Cuba, y el PC cubano, proclaman un llamado “socialismo del Siglo XXI”. Defienden la economía mixta capitalista, la convivencia entre distintas formas de propiedad (incluyendo los negocios de las grandes multinacionales) y los mecanismos del mercado. Los fracasos de Chile en los setenta y de Nicaragua en los ochenta ya fueron pruebas contundentes de a dónde conduce ese neorreformismo. Se tomó un camino opuesto al de Cuba, manteniendo el capitalismo. El Che ya no estaba. Pero dejó su concepción socialista revolucionaria e internacionalista. Para Guevara eran una totalidad la necesidad de la revolución, las expropiaciones, la planificación y la participación consciente de los trabajadores en la construcción de la economía de transición, la extensión de la revolución, y la solidaridad mutua entre los países que se llamaron “el campo socialista”. Para su enfoque, no había medias tintas. Si lo que prima es el mercado, y no la planificación y la centralización, es capitalismo, no es socialismo. Por eso ya en 1963 rechazaba las posiciones que defendían un funcionamiento mercantil para la economía cubana y criticaba al gobierno de la URSS que lo alentaba.

Las experiencias de las “reformas hacia el mercado” de los burócratas chinos y de los soviéticos, que dieron lugar a la restauración del capitalismo en aquellos países, y los renovados intentos de hacer “socialismo” en el capitalismo mantienen la vigencia de aquella frase por la cual dio Guevara su vida: “revolución socialista, o caricatura de revolución”.

¿Creía el Che que Trotsky “era un enemigo de la Unión Soviética”?

Siempre surge el interrogante sobre inclinaciones del Che hacia Trotsky, el viejo revolucionario ruso. Recordemos un solo ejemplo. A los 30 años de su asesinato, el “Comandante Benigno” (el cubano Daniel Alarcón Ramírez, que lo acompañó en Bolivia), declaraba que, luego de su discurso en Argel, “para la Unión Soviética el Che se convierte en un antisoviético. Algunos lo califican de trotskista o algo parecido. Esto no era de conocimiento del pueblo cubano sino de algunos dirigentes.” (La Prensa, 29/6/97)

Esa falta “de conocimiento del pueblo cubano”, y la inexistencia de debates democráticos y abiertos sobre los grandes problemas de la revolución, tanto en los sesenta como ahora, no permiten tener una respuesta documentada sobre muchas posiciones del Che, dando peso a los “recuerdos” individuales para difundir supuestas posiciones políticas.

Es el caso por ejemplo de Orlando Borrego Díaz, quien combatió bajo la conducción del Che durante la lucha contra Batista y se convirtió en estrecho colaborador y amigo. En una entrevista de hace pocos años, dice Borrego que Guevara era un ávido lector y muy estudioso, que a Trotsky “se lo leyó completo”. Y agrega, de su propia cosecha: “[…] el Che evoluciona y va entendiendo todo lo de Trotsky. El pensaba que Trotsky había ido «apagándose » hacia el final de su vida, porque llega un momento en que su odio hacia Stalin… que tiene sus razones, ¿no?… en parte lo van transformando en un enemigo de la Unión Soviética. No de Stalin, sino de la Unión Soviética. Hacia el final de su vida […] estaba como «loco»”.*

Borrego adjudica al Che, sin prueba ninguna, la calumnia vieja, mil veces alimentada por el estalinismo, contra Trotsky. Desde una supuesta “crítica” a Stalin, descalifica a Trotsky definiéndolo como “enemigo de la Unión Soviética ”. Ese fue el argumento oficial de Stalin para “justificar” su persecución a Trotsky y su asesinato en 1940. Pero si el Che “se lo leyó completo”, sabía perfectamente que los últimos textos de Trotsky en “el final de su vida” eran una polémica apasionada en defensa de la URSS, contra sectores pequeño burgueses que rompieron con la Cuarta Internacional, horrorizados por los crímenes de Stalin. La “versión Borrego” se incorpora a la infinita montaña de basura contra el viejo revolucionario. Y quedan los hechos. Guevara, en muchas de sus críticas a la burocracia y en su defensa de la revolución socialista, coincidió con posiciones de Trotsky, aún sin nombrarlo. Y cuando estaba en la selva boliviana, el Che, en su mínimo equipaje, llevaba un libro de Trotsky…

Borrego es especialista en difundir supuestas posiciones del Che, manipulando “recuerdos” y citas fuera de contexto. Para apuntalar a los funcionarios venezolanos, con Chávez a la cabeza, que impiden que se desarrolle el control obrero en las empresas estatales, Borrego Díaz les dio letra, en 2005, escribiendo que Guevara defendía una gestión vertical y autoritaria en manos de burócratas gubernamentales, sin participación de los trabajadores…** En este caso, tanto la actividad como los textos de Guevara lo desmienten claramente.

* Publicado en El Capital, historia y método, por Néstor Kohan. Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo, 2003. Este dirigente del Partido Comunista es ex ministro y actual asesor del gobierno cubano.
** Véase “La pelea por la cogestión y el control obrero”, en La revolución venezolana, El Socialista, 2005.

Escribe Adolfo Santos

En septiembre de 1864 nacía en Londres la Asociación Internacional de Trabajadores, también conocida como Primera Internacional. Marx y Engels jugaron un papel protagónico en su creación. No por casualidad surgió en Inglaterra. Era la cuna del capitalismo industrial y uno de los países más avanzados. Pero junto al desarrollo de una pujante industria, nacía un poderoso movimiento obrero, creando un fuerte antagonismo de clases y dando lugar a las primeras luchas contra el capitalismo.
 
La creación de la Asociación Internacional de Trabajadores no surgió de una mente iluminada, fue producto de la acumulación de las experiencias del proletariado. De 1830 a 1848 se produjeron intensas revueltas del movimiento obrero en Europa. En 1833, los textiles de Lyon, en Francia, protagonizaron importantes huelgas. En esa misma década, el movimiento Cartista en Inglaterra luchó por incorporar a la clase trabajadora en la política. Entre 1830 e inicios de los ´40 se comenzaron a organizar los primeros sindicatos obreros como los trade union. Fue en esos movimientos que el proletariado comenzó a adquirir un sentido de solidaridad de clase y la necesidad de unificar sus luchas contra el capitalismo.

Al calor de estas experiencias en 1845 se organizó la Sociedad de Demócratas Fraternales en Londres, que reunía refugiados políticos de toda Europa. En 1847 exiliados alemanes junto a dirigentes italianos, ingleses y franceses, formaron la Liga de los Comunistas que le encargó a Marx y a Engels la redacción de un documento programático. El resultado sería la redacción del Manifiesto Comunista aparecido en los primeros meses de 1848. Al influjo de ese ascenso y esas elaboraciones, se generó una oleada revolucionaria que sacudió Francia, Alemania y Austria, pero el movimiento fue derrotado y se inició un período reaccionario.

Las derrotas de las revoluciones de 1848 fueron un duro golpe para el movimiento obrero. Sin embargo, a finales de la década de 1850, una serie de hechos iban a cambiar nuevamente la situación internacional y ayudaron a recuperar las energías del proletariado. Por un lado, la fuerte crisis económica de 1857, por otro la Guerra Civil en Estados Unidos en 1860/1861. Estos procesos tuvieron consecuencias económicas y políticas en Francia e Inglaterra, los países más industrializados de Europa. Debilitaron el gobierno de Napoleón III y lo obligaron a hacer concesiones económicas y políticas que fortalecieron a los trabajadores franceses.

En Inglaterra, por el estallido de la Guerra Civil norteamericana y el embargo de las exportaciones de algodón, se generó una grave crisis en la industria textil. Esta situación, impactó en los sindicatos británicos que, si por un lado recelaba de que los inmigrantes les arrebatasen los puestos de trabajo, generaron una relación internacional de trabajadores y precipitaron el desarrollo de lo que llegó a conocerse como el “Nuevo Sindicalismo”, reconociendo la necesidad de una lucha política a favor de los derechos laborales y a adoptar un profundo interés en los asuntos nacionales y extranjeros.

Se consolida la burguesía, pero nace una nueva organización de trabajadores

A partir de la mitad del siglo XIX, el proletariado vio consolidar los intereses industriales y financieros de la burguesía que asumió completamente el poder político. El joven capitalismo barrió con los restos de las viejas aristocracias y en 1863, la Proclamación de Emancipación en medio de la guerra civil, sentenciaba el fin del esclavismo en los Estados Unidos. El resultado de esos cambios profundos fue que, en los años de 1860, tanto en Europa como en América, todos los hombres y mujeres trabajaban a cambio de un salario. Esta nueva realidad, generó un sentido de solidaridad internacional entre trabajadores y la necesidad de concertar una lucha unificada contra el capitalismo.

En 1862, una delegación de obreros franceses visita la Exposición Mundial de Londres y toma contacto con trabajadores ingleses. En 1863 la conspiración conjunta de Francia, Inglaterra y Rusia para aplastar la insurrección polaca por la independencia, condujo a un intercambio de correspondencia sobre los problemas comunes que enfrentaban los trabajadores de los diferentes países y combinan una reunión conjunta de representantes obreros para debatir una propuesta común contra el capitalismo.

El 28 de septiembre de 1864 se realizó el encuentro en el St. Martin’s Hall en Londres. Allí se decidió crear un comité que delineara los estatutos para una organización internacional obrera. Los comentarios periodísticos sobre la reunión, que estaba compuesta por numerosos sindicalistas ingleses, anarquistas, socialistas franceses y republicanos italianos, con Engels elegido como secretario, mencionan en último lugar a Karl Marx quien, al ser designado para elaborar el documento final, estaba destinado a ser una de las figuras más destacadas de la organización.

El 27 de octubre de 1864, luego de un largo debate, fue aprobado el célebre Discurso Inaugural, presentado al Consejo General por Carlos Marx. Entre sus partes sobresalientes decía: “Los señores de la tierra y los señores del capital usarán siempre sus privilegios políticos para la defensa y perpetuación de sus monopolios económicos. […] Conquistar el poder político se tornó por tanto el gran deber de las clases trabajadoras […] Un elemento para el suceso de esa tarea ellas poseen, son la mayoría, pero la mayoría solo tiene peso si está unida y organizada y conducida por el conocimiento.” 

Tanto los estatutos como el programa fueron cimientos fundamentales del socialismo científico, tanto en sus ejes de principios y políticos como en su carácter unitario, para responder a los distintos sectores sindicales y políticos que confluyen en la tarea de construir la internacional. En ellos se destacan el internacionalismo, la independencia de clase, la conquista del poder político por parte de los trabajadores y la necesidad de organizar un partido distinto y opuesto a los de las clases poseedoras. Sin dudas un paso importantísimo para la emancipación de los trabajadores. El discurso elaborado por Marx, concluyó con el inmortal grito de batalla del Manifiesto Comunista: “¡Proletarios de todos los países, uníos!”.

 

Una corta pero fructífera vida

La Primera Internacional tuvo una existencia efímera, desde 1864 hasta 1878. Un corto tiempo de arduos debates y de gran elaboración política. Fue fundamental en la conquista de derechos laborales y políticos para los trabajadores y estimuló la organización sindical en muchos países, así como la elevación del nivel político del movimiento sindical. Apoyó las huelgas que se extendieron de un país a otro después de la crisis económica de 1866, llamó a los trabajadores a apoyar, por su propio interés, a sus camaradas extranjeros.
En 1871 apoyó decididamente la Comuna de París, la primera, aunque breve experiencia de un gobierno de los trabajadores. Y fue la derrota de la misma lo que aceleró el fin de la Primera Internacional. En 1872 se realizó el último congreso, atravesado por la represión a la Comuna y la encarnizada lucha política con los anarquistas seguidores de Bakunin. Dadas las difíciles condiciones que se atravesaban en Europa, se resolvió trasladar el Consejo General a Nueva York y en 1878 se disolvió formalmente. Dejó un legado importante, dar prueba de que la unidad internacional de los trabajadores, además de necesaria, era posible y fue fructífera.
Desde la Unidad Internacional de las Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional (UIT-CI), después del fracaso y la burocratización de la II y III Internacional, estamos al servicio de la reconstrucción de la IV Internacional fundada por León Trotsky e impulsamos la continuidad de la lucha revolucionaria iniciada hace 158 años por la Asociación Internacional de los Trabajadores y todo su legado.

Ya salió la Correspondencia Internacional N°51: La revolución de las mujeres y los pueblos de Irán
Ya salió la Correspondencia Internacional N°50: La invasión a Ucrania agudizó la crisis del capitalismo
Correspondencia Internacional N.49: ¡Fuera Putin de Ucrania! Apoyo a la resistencia ucraniana. No a la OTAN
«
  • 1
  • 2
  • 3
»
Problemas de Organización
Guevara: Héroe y mártir (1967)
De Illia a Onganía - Nahuel Moreno - Textos de 1964, 65 y 66
«
  • 1
  • 2
  • 3
»

Nuestro semanario. En el que te acercamos el reflejo de las luchas del movimiento obrero, las mujeres y la juventud, además un análisis de los principales hechos de la realidad nacional e internacional.

Es una herramienta fundamental para fortalecer a Izquierda Socialista y al Frente de Izquierda.

La suscripción del periódico impreso nos permite también seguir editándolo, ya que nos financiamos con nuestros propios aportes y del de los suscriptos.

 

Suscribite a la versión Impresa

Más Leídos

La rioja: La Ley del litio es más saqueo

La rioja: La Ley del litio es más …

17 Ene 2023 COMUNICADOS DE PRENSA

Juicio por Fernando / “Nunca vi nada semejante”

Juicio por Fernando / “Nunca vi n…

18 Ene 2023 El Socialista N° 552

El 5,1% es otro mazazo contra el pueblo trabajador

El 5,1% es otro mazazo contra el pu…

18 Ene 2023 El Socialista N° 552

A 36 años de su fallecimiento / Nahuel Moreno y el marxismo

A 36 años de su fallecimiento / Na…

18 Ene 2023 El Socialista N° 552

¿Hay que apoyar al peronismo para que no venga la derecha?

¿Hay que apoyar al peronismo para …

18 Ene 2023 El Socialista N° 552