Dec 06, 2022 Last Updated 11:21 PM, Dec 5, 2022

Escribe Adolfo Santos

Las primeras medidas del gobierno revolucionario fueron en el sentido de hacer realidad las exigencias impostergables de las masas movilizadas: ¡pan, paz y tierra!

• Al asumir, el gobierno soviético decretó una paz inmediata, sin anexiones, y la abolición de la diplomacia secreta. Al día siguiente el decreto sobre la tierra abolió, sin indemnización, la propiedad terrateniente y de la iglesia. Las construcciones e instrumentos de labranza también pasaban a los soviets campesinos. En las ciudades hubo moratoria de alquileres y medidas para garantizar la provisión de alimentos.

• En noviembre se dio igualdad de derechos a todos los pueblos oprimidos por el imperio ruso. Se abolieron los privilegios religiosos y se dio libertad a las minorías nacionales o étnicas. Se estableció el control obrero sobre las empresas. Se tomaron las imprentas y el papel, para garantizar las publicaciones de los soviets, y comenzó la organización de milicias.

• En diciembre se formó un Consejo Superior de Economía Nacional para coordinar las gestiones de las empresas que pasaban a manos de los obreros. Se confiscaron empresas imperialistas. Se estableció la educación pública (en manos de la Iglesia hasta entonces), el matrimonio civil, el divorcio y medidas de protección a la maternidad y la infancia. Se estatizó el sistema bancario y se abolieron los títulos de nobleza.

• En enero de 1918 se anuló la deuda externa. Se aprobó la formación del Ejército Rojo.

• En noviembre de 1919, en medio de la guerra civil, se fundó en Moscú la Tercera Internacional.

Escribe Adolfo Santos

El 3 de abril de 1917 Lenin regresó a Petrogrado desde su exilio en Suiza y presentó sus famosas Tesis de Abril. Cambió completamente la política defendida por dirigentes del partido bolchevique como Stalin y Kamenev, que justificaban la participación en la guerra (defensismo revolucionario) y proponían colaborar con el gobierno de Kerensky.

En síntesis, las Tesis proponían: “1. La guerra para Rusia sigue siendo imperialista, de rapiña, […] ninguna concesión al ‘defensismo revolucionario’. […] 2. La revolución ha dado el poder en esta primera etapa a la burguesía por la falta de conciencia y organización del proletariado. Hay que avanzar a la segunda, que debe poner el poder en manos del proletariado. 3. Ningún apoyo al gobierno provisional; […] 4. […] Los soviets son la única forma posible de gobierno revolucionario […] 5. […] Supresión de la policía, el ejército y la burocracia. Sustitución del ejército regular por el armamento general del pueblo. 6. Confiscación de las tierras de los latifundistas. Nacionalización de las tierras. […] 7. Fusión de un banco nacional único, bajo control del soviet. 8. No ‘implantación’ del socialismo como tarea inmediata, sino comenzar por el control obrero de la producción y distribución de los productos por los soviets. 9. Realización inmediata de un congreso partidario para modificar el programa […] y el cambio de nombre para pasar a denominarse Partido Comunista. 10. Constituir una nueva organización internacional”.

La adopción de este programa por parte de los bolcheviques fue determinante para el triunfo de la revolución, demostrando el liderazgo indiscutido y la capacidad de Lenin, así como la importancia de un programa para guiar la acción de las masas en momentos de crisis.

Escribe Federico Novo Foti

Marchando desde las fábricas hacia la Plaza de Mayo, cientos de miles de trabajadores rechazaron la detención de Juan Domingo Perón. Fue la primera gran acción de la clase obrera a nivel nacional y también marcaría el inicio del peronismo, un movimiento patronal con fuerte apoyo entre los trabajadores. Aún sigue planteada la tarea de construir una nueva dirección de la clase trabajadora.
 
Desde fines de 1943, el secretario de Trabajo y Previsión del gobierno militar encabezado por Edelmiro Farrell, el coronel Juan Domingo Perón, ganaría notoriedad por implementar una serie de medidas que comenzaron a dar respuesta a los reclamos de los trabajadores y mejoraron sus condiciones de vida. En mayo de 1944 se creó el fuero laboral, garantizando estabilidad laboral para los representantes gremiales. En junio se logró el descanso dominical y la “garantía horaria”, que aseguraba el pago de sesenta horas quincenales como mínimo, fueran trabajadas o no, para los trabajadores de la carne. Dos millones de trabajadores accedieron a la jubilación. Se firmaron convenios colectivos de trabajo en muchas ramas productivas. Se creó el “estatuto del peón”, que establecía un salario, condiciones de alimentación y vivienda mínimas y otros derechos. Así Perón se ganó el apoyo del movimiento obrero, que comenzaba a obtener conquistas que aún se recuerdan y defienden.
 
La avanzada yanqui y las divisiones patronales

Al final de la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos redoblaron su ofensiva imperialista en Latinoamérica para someterla y convertirla en su semicolonia. En la Argentina, que había sido por décadas una semicolonia británica, con una oligarquía y una patronal atadas a Inglaterra por mil lazos, la ofensiva provocó una profunda división. Los partidos patronales, conservador y radical, se dividieron en dos alas, una proinglesa y otra proyanqui. Lo mismo sucedió en el Ejército.

Perón y la patronal ligada a Inglaterra se propusieron resistir la avanzada yanqui, apoyándose en el movimiento obrero. Para lograrlo fueron concediendo conquistas, valiéndose de una situación económica excepcional en la que el país era la quinta potencia comercial del mundo. Salía de la guerra como acreedor de Gran Bretaña y con una enorme acumulación de divisas, lograda gracias a los altos precios de los cereales y la carne.  Pero mientras Perón se ganaba el apoyo del movimiento obrero, otros sectores patronales se volcaron a una creciente oposición al gobierno militar. En julio de 1945 arribó como nuevo embajador yanqui, Spruille Braden, que empezó a organizar a la oposición antiperonista y a alentar manifestaciones a las que se sumaron gran parte del partido radical, el Partido Socialista y el Partido Comunista, que aún tenía peso entre los trabajadores. En septiembre se realizó una marcha pidiendo la renuncia de Perón y un levantamiento militar en Córdoba. En octubre las tensiones llegaron a tal punto que Perón decidió renunciar. Pero antes, informó que dejaba a la firma de Farrell un decreto con aumentos y mejoras para los trabajadores, entre ellas el aguinaldo.
 
El 17 de octubre y su significado

La renuncia de Perón provocó manifestaciones y enfrentamientos en el centro de la ciudad de Buenos Aires con heridos y detenidos. La polarización iba en aumento y el 12 de octubre Perón fue detenido y embarcado a la isla Martín García por orden de Farrell. Los sindicatos más importantes exigieron su inmediata libertad. La conducción de la CGT convocó a una huelga general para el 18 de octubre. Pero el 16, Cipriano Reyes, dirigente del gremio de la carne, movilizó a los obreros desde los frigoríficos de Berisso y desencadenó la movilización que el 17 de octubre llegó a Plaza de Mayo. La acción del movimiento obrero dividió a las fuerzas armadas, que se empezaron a volcar en favor de Perón. Por la noche, Perón fue liberado y, junto a Farrell, salieron al balcón de la Casa Rosada para anunciar que se adelantarán las elecciones nacionales. En febrero de 1946, Perón ganó las elecciones con casi 1,5 millones de votos.

El 17 de octubre de 1945 fue la primera vez en la historia de nuestro país que la clase obrera protagonizó un hecho político de alcance nacional. Pero contradictoriamente lo hizo en apoyo de un militar y dirigente de un sector de la patronal, en ese entonces enfrentada al imperialismo yanqui. Perón aprovecharía los acontecimientos para formar el movimiento peronista. Desde sus orígenes, el peronismo inculcó la falsa idea de la conciliación de clases, la confianza de los obreros en los patrones. En 1947, siendo presidente, Perón dijo ante el Congreso: “no combatimos al capital, sino que le facilitamos todos los medios necesarios para su adaptación y desenvolvimiento”. Rechazó también la organización independiente del movimiento obrero, sometiéndolo al aparato del Estado e imponiendo a la burocracia sindical peronista, disolviendo el naciente Partido Laborista y encarcelando a Cipriano Reyes. Con los años, el peronismo abandonó también el enfrentamiento con el imperialismo.
 
El peronismo no es salida

Para muchos peronistas, el 17 de octubre es una oportunidad para evocar las banderas de la “justicia social”, la “independencia económica” y la “soberanía política” que enarboló el peronismo en sus orígenes. Pero lo cierto es que no existe más el peronismo de las conquistas obreras y populares. Hace décadas que sus dirigentes abandonaron aquellas banderas y gobiernan al servicio de las patronales y el saqueo imperialista, como hoy lo hace el Frente de Todos junto al FMI. Ese es uno de los motivos que los lleva a realizar más de un acto para esa fecha. No serán para defender los derechos de los trabajadores, sino para disputar espacios de poder entre los distintos sectores de la burocracia sindical y el aparato político. Por eso desde la izquierda decimos que el peronismo, al igual que los macristas, radicales o liberfachos, no son salida para los trabajadores. Hoy es la izquierda la única que defiende consecuentemente las históricas banderas y conquistas que obtuvimos los trabajadores frente a los ataques de todos los gobiernos patronales. Por eso acompañamos e impulsamos todas las luchas por salario, jubilación, salud, educación y vivienda, entre otras reivindicaciones. Planteamos que hay que romper con el imperialismo y el FMI, dejar de pagar la deuda, nacionalizar la banca y el comercio exterior y reestatizar las empresas privatizadas. Desde Izquierda Socialista en el Frente de Izquierda Unidad llamamos a aquellos compañeros y compañeras que se reivindican peronistas pero sufren las consecuencias del ajuste del gobierno a enfrentarlo juntos en las calles, en los lugares de trabajo, estudio y en los barrios. Al mismo tiempo, llamamos a construir una nueva dirección política independiente, convencidos que la salida es la lucha por un gobierno de trabajadores y por el socialismo, única solución definitiva a los problemas de nuestro pueblo trabajador.

La corriente fundada por Nahuel Moreno en 1943 comenzaba a dar sus primeros pasos bajo el nombre Grupo Obrero Marxista (GOM) cuando se produjeron estos hechos. En medio de la vorágine era difícil precisar una caracterización del fenómeno peronista. Al principio, el GOM cometió errores sectarios. Sin embargo, por estar metido en el corazón del movimiento obrero y educado en el respeto a las decisiones de la base pudo sostener una política esencialmente correcta e ir redondeando una caracterización más exacta. Elías Rodríguez, primer gran dirigente captado por el morenismo, relató así su participación el 17 de octubre: “Cuando estábamos trabajando llegaron los tipos (del piquete) que venían con garrotes. Entonces subí a la bancada y pegué un grito: ‘¡Todo el mundo afuera! Vamos a discutir’. Pero el piquete no me dio pelota. ‘Hay que salir y nada más. ¡Viva Perón!’ […] Entonces yo digo: ‘Así yo no voy a la manifestación, ¡qué Perón ni qué ocho cuartos!’. […] Entonces Guillermo, el que me había presentado a los compañeros del GOM, me dice: ‘Elías, la gente te reclama a vos, tenés que estar ahí adelante’”.1 Elías se puso al frente y se fue a Plaza de Mayo incorporándose a la marea obrera. El GOM fue ajustando su definición del peronismo de aquellos años como un movimiento burgués nacionalista por sus fuertes roces con el imperialismo yanqui y que supo ganarse el apoyo de los trabajadores. Por eso, a diferencia del PC y PS, denunció la ofensiva yanqui, oligárquica y clerical que culminó en el golpe de 1955 y, a la vez, pudo mantener una clara independencia política y organizativa y una posición crítica respecto del peronismo y sus gobiernos, sin dejar de apoyar e impulsar las luchas de los trabajadores desde las fábricas, las comisiones internas y los sindicatos.

1. Ernesto González. “El trotskismo obrero e internacionalista en la Argentina”. Tomo 1. Antídoto, Buenos Aires, 1995.

Escribe Prensa UIT-CI

A 55 años del asesinato del líder revolucionario latinoamericano, Ernesto Che Guevara, quien fuese asesinado el 9 de octubre de 1967 en Bolivia. Reproducimos esta nota de Mercedes Petit del 9 de octubre de 2008 cuando se cumplieron 40 años de su asesinato.

“Revolución socialista o caricatura de revolución”

Ahora que están de moda todo tipo de encuestas, sería un orgullo que Guevara, que cayó en Bolivia el 9 de octubre de 1967, quedara consagrado como el “argentino más famoso”. Para muchos de los jóvenes que lo usan en sus remeras, pines y afiches, es un ejemplo de vida militante, honesta, de entrega a un ideal de cambio revolucionario y de lucha.

Ernesto Guevara es todo eso, y mucho más. En las polémicas actuales sobre la lucha por el socialismo en el nuevo siglo, hay mucho para aprender y tener en cuenta de su experiencia. Nuestra corriente, encabezada por Nahuel Moreno, criticó desde sus orígenes las concepciones guerrilleras y foquistas de Guevara. Esas críticas las hacíamos con el convencimiento de que aquellos focos guerrilleros eran una vía muerta hacia el logro de nuevos triunfos y en el marco de la defensa incondicional de la primera revolución socialista en América Latina. Le criticábamos también no plantearse la necesidad de la autodeterminación y democracia para la clase obrera y la necesidad de construir nuevos partidos revolucionarios. Pero también considerábamos que la figura de Guevara iba mucho más lejos que esas diferencias.

“Guevara: héroe y mártir de la revolución permanente”

Con ese título, hace cuarenta años Nahuel Moreno publicaba su homenaje al revolucionario asesinado en Bolivia. “Guevara, que se jugó la vida cuantas veces fue necesario, hasta perderla, por la revolución cubana y latinoamericana, no tuvo temor de enfrentar y dar respuesta a los problemas más graves planteados a la revolución. Desde la defensa de Cuba hasta la construcción del socialismo en la etapa de transición, pasando por las relaciones económicas entre los países socialistas […] para darle una salida: la revolución permanente” (La Verdad, 23/10/67).

Recordando su encuentro con el Che en la reunión de Punta del Este, Moreno no dudó en ubicarlo en el “ala más revolucionaria”, que se oponía a la dirección de la URSS, en el proceso cubano, aunque sin pasar por alto sus posiciones prochinas. (El Tigre de Pobladora, El Socialista, 2006).

Además de infatigable defensor de las expropiaciones y la centralización económica, Guevara se planteaba hacer “participar a los trabajadores en la dirección de la economía nacional planificada” (véase por ejemplo su discurso del 8/8/61).Y tuvo una particular y temprana preocupación por denunciar y combatir los privilegios que comenzaban a usufructuar los funcionarios del gobierno y el partido. Mantuvo una vida personal y familiar absolutamente austera y se ponía cada domingo al frente de brigadas de trabajo, para educar con su ejemplo. Su visión internacionalista lo llevó a entender la defensa de Cuba como parte de la extensión de la revolución socialista al resto de América Latina y a chocar cada vez más con las posiciones de la burocracia soviética. Criticó duramente los términos de intercambio económico de la URSS con los demás países del llamado “campo socialista”. En febrero de 1965 pronunció un célebre discurso en Argel. Llamó a unir las luchas contra el imperialismo hasta acabar definitivamente con él en todo el mundo, a fortalecer el internacionalismo proletario y a la pelea mundial por el socialismo. Condenó la política de coexistencia pacifica entre la conducción de la URSS y el imperialismo, exigió el apoyo incondicional, con armas gratis, a los vietnamitas, denunció el yugo de las deudas externas, y las bases militares yanquis. Esas posiciones revolucionarias iban perdiendo apoyo dentro de Cuba, y poco después se fue para no volver.

Antes de cumplirse el primer año de su asesinato, la conducción de Fidel y el PC cubano apoyaron en agosto de 1968 la masacre de la revolución checoslovaca a manos del ejército soviético. Y cuando asumió Allende en Chile apoyó calurosamente la “vía pacífica al socialismo”, que con su utopía de conciliación de clases abrió el camino al triunfo de Pinochet.

Las concepciones del “socialismo del Siglo XXI” y Guevara

Actualmente, los gobiernos de Venezuela y Cuba, y el PC cubano, proclaman un llamado “socialismo del Siglo XXI”. Defienden la economía mixta capitalista, la convivencia entre distintas formas de propiedad (incluyendo los negocios de las grandes multinacionales) y los mecanismos del mercado. Los fracasos de Chile en los setenta y de Nicaragua en los ochenta ya fueron pruebas contundentes de a dónde conduce ese neorreformismo. Se tomó un camino opuesto al de Cuba, manteniendo el capitalismo. El Che ya no estaba. Pero dejó su concepción socialista revolucionaria e internacionalista. Para Guevara eran una totalidad la necesidad de la revolución, las expropiaciones, la planificación y la participación consciente de los trabajadores en la construcción de la economía de transición, la extensión de la revolución, y la solidaridad mutua entre los países que se llamaron “el campo socialista”. Para su enfoque, no había medias tintas. Si lo que prima es el mercado, y no la planificación y la centralización, es capitalismo, no es socialismo. Por eso ya en 1963 rechazaba las posiciones que defendían un funcionamiento mercantil para la economía cubana y criticaba al gobierno de la URSS que lo alentaba.

Las experiencias de las “reformas hacia el mercado” de los burócratas chinos y de los soviéticos, que dieron lugar a la restauración del capitalismo en aquellos países, y los renovados intentos de hacer “socialismo” en el capitalismo mantienen la vigencia de aquella frase por la cual dio Guevara su vida: “revolución socialista, o caricatura de revolución”.

¿Creía el Che que Trotsky “era un enemigo de la Unión Soviética”?

Siempre surge el interrogante sobre inclinaciones del Che hacia Trotsky, el viejo revolucionario ruso. Recordemos un solo ejemplo. A los 30 años de su asesinato, el “Comandante Benigno” (el cubano Daniel Alarcón Ramírez, que lo acompañó en Bolivia), declaraba que, luego de su discurso en Argel, “para la Unión Soviética el Che se convierte en un antisoviético. Algunos lo califican de trotskista o algo parecido. Esto no era de conocimiento del pueblo cubano sino de algunos dirigentes.” (La Prensa, 29/6/97)

Esa falta “de conocimiento del pueblo cubano”, y la inexistencia de debates democráticos y abiertos sobre los grandes problemas de la revolución, tanto en los sesenta como ahora, no permiten tener una respuesta documentada sobre muchas posiciones del Che, dando peso a los “recuerdos” individuales para difundir supuestas posiciones políticas.

Es el caso por ejemplo de Orlando Borrego Díaz, quien combatió bajo la conducción del Che durante la lucha contra Batista y se convirtió en estrecho colaborador y amigo. En una entrevista de hace pocos años, dice Borrego que Guevara era un ávido lector y muy estudioso, que a Trotsky “se lo leyó completo”. Y agrega, de su propia cosecha: “[…] el Che evoluciona y va entendiendo todo lo de Trotsky. El pensaba que Trotsky había ido «apagándose » hacia el final de su vida, porque llega un momento en que su odio hacia Stalin… que tiene sus razones, ¿no?… en parte lo van transformando en un enemigo de la Unión Soviética. No de Stalin, sino de la Unión Soviética. Hacia el final de su vida […] estaba como «loco»”.*

Borrego adjudica al Che, sin prueba ninguna, la calumnia vieja, mil veces alimentada por el estalinismo, contra Trotsky. Desde una supuesta “crítica” a Stalin, descalifica a Trotsky definiéndolo como “enemigo de la Unión Soviética ”. Ese fue el argumento oficial de Stalin para “justificar” su persecución a Trotsky y su asesinato en 1940. Pero si el Che “se lo leyó completo”, sabía perfectamente que los últimos textos de Trotsky en “el final de su vida” eran una polémica apasionada en defensa de la URSS, contra sectores pequeño burgueses que rompieron con la Cuarta Internacional, horrorizados por los crímenes de Stalin. La “versión Borrego” se incorpora a la infinita montaña de basura contra el viejo revolucionario. Y quedan los hechos. Guevara, en muchas de sus críticas a la burocracia y en su defensa de la revolución socialista, coincidió con posiciones de Trotsky, aún sin nombrarlo. Y cuando estaba en la selva boliviana, el Che, en su mínimo equipaje, llevaba un libro de Trotsky…

Borrego es especialista en difundir supuestas posiciones del Che, manipulando “recuerdos” y citas fuera de contexto. Para apuntalar a los funcionarios venezolanos, con Chávez a la cabeza, que impiden que se desarrolle el control obrero en las empresas estatales, Borrego Díaz les dio letra, en 2005, escribiendo que Guevara defendía una gestión vertical y autoritaria en manos de burócratas gubernamentales, sin participación de los trabajadores…** En este caso, tanto la actividad como los textos de Guevara lo desmienten claramente.

* Publicado en El Capital, historia y método, por Néstor Kohan. Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo, 2003. Este dirigente del Partido Comunista es ex ministro y actual asesor del gobierno cubano.
** Véase “La pelea por la cogestión y el control obrero”, en La revolución venezolana, El Socialista, 2005.

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