Escriben UIT-CI, LIT-CI y RCTI
28/12/2025. El gobierno de Estados Unidos que preside el ultraderechista Donald Trump, avanza en su ofensiva belicista e injerencista en el Caribe, y en particular contra Venezuela.
En diciembre ha declarado un bloqueo absoluto a los petroleros que entren o salgan del país, después de haber secuestrado arbitrariamente varios buques provenientes de este país, apropiándose de toneladas de petróleo venezolano. Eso después de haber perpetrado casi tres decenas de ataques contra embarcaciones en el mar Caribe y el Pacífico, dejando un saldo de una centena de muertos, con el falso argumento del “combate al narcotráfico”.
Esto representa algo extremadamente grave para un país sumamente dependiente de los ingresos por exportaciones petroleras.
Junto con eso Trump está preparando una intervención militar de Venezuela para sacar a Maduro e imponer un gobierno de ultraderecha. Para eso ha estacionado una gigantesca flota naval de guerra en el Caribe. Sea por vía de la invasión, un ataque aéreo o por la asfixia económica, el objetivo es el mismo: imponer un gobierno títere en el país.
Los argumentos de la “guerra contra las drogas” son sólo un pretexto para la maniobra imperialista. El historial de las intervenciones yanquis muestra que su política no tiene la menor intención de combatir el narcotráfico. Por el contrario, las agencias federales de EE. UU. han colaborado con los carteles narcotraficantes en México y Colombia, y sus intervenciones no han servido para parar el tráfico, sino para reorganizarlo bajo control yanqui. El indulto de Trump a Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras que cumplía una pena de 45 años de prisión en EUA por narcotráfico, muestra la farsa.
El recién publicado documento sobre Estrategia de Seguridad Nacional del gobierno Trump explicita su objetivo de tener gobiernos títeres en Latinamérica. Ya no bastan gobiernos pró imperialistas, que apliquen planes neoliberales y abran la economía a las multinacionales. Quieren gobiernos de ultraderecha, completamente sometidos a Trump. Para eso, hacen inclusive presiones económicas y políticas para influenciar en las elecciones. Están avanzando con Milei, Kast, Bukele, Asfura y quieren más con el uribismo en Colombia.
Como parte de eso, Trump ha rechazado la propuesta de Maduro de entregar todo el petróleo y los minerales del país a cambio de quedarse en el poder, como ha reseñado el New York Times. Trump quiere imponer, de la forma que sea, a María Corina Machado, como un gobierno títere. Sin embargo, Trump no tiene todo a favor. Más del 70 por ciento de las y los estadounidenses se oponen al plan de invasión y agresión a Venezuela.
Esa postura del gobierno de EUA tiene enorme gravedad ya que afectará a los trabajadores en Venezuela; a los venezolanos residentes en otros países y los pueblos de Latinoamérica como un todo. Hace décadas que no se produce una agresión militar o una invasión directa de EUA en el continente.
Por eso llamamos a una amplia campaña unitaria con todos aquellos que están contra la imposición del imperialismo sobre Venezuela y Latinoamérica. Hasta este momento no hay aún una movilización antiimperialista contra la intervención de Trump a la altura de la magnitud de la amenaza existente. Es muy importante y urgente revertir eso y avanzar en la unidad de acción ante la gravedad de los hechos.
Ninguna confianza en Maduro
Pelear contra Trump y su intervencionismo no significa, bajo ningún concepto, dar algún tipo de apoyo político a Maduro. Su gobierno no tiene nada de antiimperialista y menos aún de socialista. De hecho, hasta el día de hoy la transnacional estadounidense Chevron sigue operando en Venezuela y es la principal explotadora y exportadora de petróleo venezolano. Es una dictadura capitalista que gobierna aplicando un ajuste contra el pueblo trabajador, un gobierno de doble discurso y falso socialismo.
El salario de los trabajadores venezolanos ha sido pulverizado por la inflación. Hoy el sueldo mínimo equivale a menos de un dólar por mes. Los derechos laborales y sindicales han sido conculcados como parte de la política ajustadora pro patronal y antiobrera de Maduro. Los servicios básicos se encuentran en el más completo deterioro como consecuencia de todo esto.
Las sanciones imperialistas y ahora está ofensiva belicista e injerencista no hacen más que agravar está situación, deteriorándose aún más las ya dramáticas condiciones de vida del pueblo trabajador.
Por eso, estaremos en la primera fila del combate contra la intervención de Trump en Venezuela, pero sin dar apoyo político, ni depositar confianza en Maduro.
Hagamos una fuerte y unitaria campaña antiimperialista
Rechazamos las declaraciones de Donald Trump, reclamando «le sean devueltos a los Estados Unidos todo el petróleo, las tierras y demás activos que les robaron”, como sí estos recursos alguna vez hubiesen sido suyos. Lo cierto es que quién históricamente ha venido saqueando los recursos energéticos, petroliferos, minerales, tierras y demás ha sido el imperialismo norteamericano, en connivencia con los gobiernos de turno venezolanos, tanto los del puntofijismo, como los chavistas y más aún el actual de Maduro. Lo que Trump pretende, en su disputa interimperialista en el continente, es reforzar y reasegurar este saqueo, con un gobierno títere, como el de María Corina Machado y el sector burgués que esta representa.
El gobierno de Maduro, por su parte con su política ajustadora y represiva no hace más que facilitar una eventual intervención al aumentar el repudio hacia su régimen dentro de la población trabajadora.
En tal sentido, consideramos que el enfrentamiento consecuente al imperialismo pasa por unificar a los trabajadores y al pueblo venezolano para exigir al gobierno de Maduro un programa que parta de exigir la defensa de las libertades democráticas, la liberación de los presos políticos que repudien la agresión imperialista; exigir que se aumente el salario mínimo mensual y las pensiones al nivel de la canasta básica; se restituyan los derechos laborales, contractuales y sindicales cercenados, se pare la represión a las organizaciones de los trabajadores; se otorguen derechos políticos a los partidos de izquierda como el PCV, PPT, Marea Socialista, el PSL, entre otros; cese de la entrega de los recursos del Arco Minero del Orinoco (AMO) y la Faja Petrolífera del Orinoco (FPO), y el rechazo a la injerencia imperialista y sus amenazas de intervención.
Es preciso que desde las organizaciones del movimiento obrero y de masas impulsemos la más amplia unidad de acción para rechazar y enfrentar las agresiones militares, los bombardeos criminales en el mar Caribe y el Pacifico, el bloqueo petrolero, todas estas acciones de guerra, así como una eventual intervención militar. En cualquier enfrentamiento entre las fuerzas armadas de EE. UU. y Venezuela, los trabajadores y las organizaciones populares deben abogar por la victoria militar de esta última y la derrota del imperialismo yanqui.
En los Estados Unidos identificamos como estos ataques imperialistas están directamente ligados a los ataques del gobierno de Trump contra la clase trabajadora norteamericana, e igualmente con el largo historial de intervenciones de EE. UU. contra América Latina y la clase trabajadora en general, y alentamos la movilización de masas para frenarlo totalmente, incluyendo la anulación sin pago de todas las deudas neocoloniales que controla EE. UU.
Los gobiernos latinoamericanos que dicen oponerse a la intervención de Trump deben convocar a movilizar, cosa que hasta ahora no hacen. ¡Que Lula, Petro, Sheinbaum -que dicen rechazar la intervención de Trump- convoquen a jornadas de movilización y ayuden directamente Venezuela a evadir las sanciones, ayudando a exportar e importar bienes y brindándole apoyo militar contra la agresión yanqui.
El llamado es a los trabajadores y los pueblos de Estados Unidos y Latinoamérica a unificarnos y movilizarnos contra las acciones que viene llevando a cabo el imperialismo norteamericano en el continente, las cuales deben ser denunciadas como lo que son, acciones de guerra, contra todos los pueblos de este continente en general y contra el venezolano en particular
¡Total y categórico rechazo al bloqueo naval contra Venezuela y su petróleo venezolano!
¡No al robo del petróleo venezolano y el secuestro de buques de transporte del mismo!
¡Abajo las sanciones imperialistas contra Venezuela!
¡Basta de bombardeos y asesinatos en el Caribe y el Pacífico!
¡No a la invasión de Venezuela!
¡Ninguna confianza en Maduro!
¡Armas para los trabajadores! ¡Amplias libertades para movilizar contra el imperialismo! ¡Suspensión del pago de deudas, de contratos entreguistas de los recursos del Orinoco!
¡Todo el rechazo a las acciones de guerra de Donald Trump en el Continente!
¡Que Lula, Petro, Sheinbaum -que dicen rechazar la intervención de Trump- ayuden directamente a Venezuela a repeler militarmente estas acciones!
¡Fuera Trump y el imperialismo norteamericano de América Latina y el Caribe!
Liga Internacional de los Trabajadores – Cuarta Internacional (LIT-CI, www.litci.org)
Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional (UIT-CI, www.uit-ci.org)
Corriente Comunista Revolucionaria Internacional (CCRI, www.thecommunists.net)
28 de diciembre de 2025
Escribe Trabalhadores Unidos, sección de la UIT-CI en Portugal
22/12/2025. Como ocurre con prácticamente todas las grandes luchas sociales, la Huelga General fue seguida inmediatamente por una guerra de cifras. Por un lado, el gobierno y los representantes de la patronal se apresuraron a minimizar el impacto de la huelga, con el ministro Leitão Amaro sugiriendo que la huelga podría haber tenido un 0% de participación; por otro, las federaciones sindicales decidieron inflar la magnitud de la huelga, afirmando que había 3 millones de huelguistas. Las cifras no cuadran para ninguno de los dos bandos, y no es casualidad. Las cifras aquí son menos un reflejo fiel de la realidad y más un arma política en una disputa sobre el significado de la huelga.
Pero incluso descartando exageraciones y manipulaciones, hay un hecho innegable: la Huelga General tuvo un impacto real y significativo. Afectó a sectores estratégicos de la economía, causó pérdidas sustanciales y visibilizó, aunque de forma desigual, la fuerza social de la clase trabajadora. Esto cobra mayor relevancia al ocurrir en un contexto caracterizado por una débil organización de base, la ausencia de asambleas masivas en los centros de trabajo y una preparación muy limitada para la movilización activa.
Ante el anuncio de la huelga, el gobierno intentó intervenir políticamente para desmovilizarla y fragmentarla. Lo hizo mediante maniobras de última hora, como la vaga promesa de un salario mínimo de 1600 euros con vigencia indefinida, o la afirmación de que la anunciada reforma laboral no tendría efecto en el sector público, en un claro intento de apartar de la lucha a uno de los batallones más numerosos y combativos de la clase trabajadora. Estas operaciones no pretendían atender las reivindicaciones, sino reducir el alcance político de la huelga y debilitar su legitimidad social.
Es en este contexto —en medio del choque de narrativas, el impacto objetivo de la huelga y las maniobras del gobierno— que se hace necesaria una evaluación política seria de la Huelga General. No para ajustar cuentas estadísticas, sino para comprender lo que esta lucha reveló sobre el equilibrio de poder, las limitaciones existentes y, sobre todo, los desafíos que se plantean para la continuación de la lucha.
La huelga general se hizo sentir, tanto en el sector público como en el privado
Contrariamente a lo que el gobierno intentó imponer en la narrativa pública, la Huelga General estuvo lejos de ser insignificante. A pesar de las declaraciones que buscaban reducir la huelga a una acción residual, hablando de una minoría aislada en un país que supuestamente funcionaba con normalidad, la realidad del 11 de diciembre fue muy distinta: servicios interrumpidos, sectores paralizados y pérdidas económicas significativas demuestran que la huelga tuvo una expresión social concreta y un alcance innegable.
Como era de esperar, el impacto fue especialmente visible en el sector público, donde la influencia de la organización sindical es mayor y el temor a represalias por parte de los superiores es generalmente menor. Trenes cancelados, cientos de vuelos cancelados, hospitales operando con servicios mínimos y escuelas cerradas de norte a sur del país dejaron claro que una parte significativa de los trabajadores respondió a la convocatoria de huelga. Estas cifras por sí solas desmantelan el intento del gobierno de presentar la jornada como una jornada de normalidad sin incidentes.
Pero el elemento políticamente más relevante de esta Huelga General fue el nivel de participación en el sector privado, superior al habitual en movilizaciones de este tipo. En un contexto marcado por la precariedad, la fragmentación y la fuerte presión patronal, muchos trabajadores decidieron paralizar sus labores. La explicación es sencilla: el paquete de cambios a la legislación laboral, presentado como una reforma «técnica», se percibe cada vez más como lo que realmente es: un ataque directo a los derechos, los salarios y las condiciones laborales, con consecuencias especialmente duras para quienes trabajan en el sector privado.
Esta percepción se tradujo en una participación significativa no solo en los sectores más organizados de la industria, sino también en áreas marcadas por la precariedad y la alta rotación de personal, como los centros de llamadas o la distribución. El hecho de que la huelga se sintiera en estos sectores revela un descontento acumulado , a menudo vinculado a problemas muy específicos en el ámbito laboral: horarios irregulares, bajos salarios, empleo inestable, acoso laboral y ritmos de trabajo insostenibles.
Según el indicador diario de actividad económica del Banco de Portugal, la actividad económica en Portugal cayó un 8% el día de la Huelga General, convirtiendo el 11 de diciembre en la segunda mayor caída económica de todo el año. Solo el día del apagón registró un impacto mayor, con una caída del 14,7%. Estas cifras refutan directamente las declaraciones del ministro Leitão Amaro, quien calificó la huelga de «insignificante». La economía no se detuvo por casualidad: se detuvo porque miles de trabajadores se declararon en huelga.
Estos datos son fundamentales para cualquier evaluación seria de la Huelga General. Incluso con una preparación limitada, sin una fuerte dinámica de organización de base y bajo la intensa presión política del gobierno para desmovilizarse, la huelga logró expresar una verdadera reserva de lucha entre los trabajadores. Una reserva que no desaparece al día siguiente del paro y que demuestra, en la base del movimiento sindical, la capacidad de continuar la lucha contra la ofensiva gubernamental.
Las artimañas del Gobierno y la derecha para desactivar la lucha
Tras esta reacción inicial, marcada por un intento de minimizar el impacto de la Huelga General, el gobierno ajustó rápidamente su discurso. A la negación le siguió una apertura controlada a la «negociación», designando inmediatamente a la UGT ( Unión General de Trabajadores) como interlocutor privilegiado. Este cambio no es una señal de retroceso político, sino parte integral de la estrategia del ejecutivo para aprobar la reforma laboral y neutralizar la protesta social.
Como han destacado varios comentaristas, incluido Marques Mendes , en el contexto de su candidatura presidencial, la UGT ha funcionado históricamente como el principal interlocutor del gobierno en el diálogo social, a pesar de presentarse como representante de los intereses de los trabajadores. Controlada por figuras vinculadas a los partidos PS y PSD , la UGT desempeña un papel central en la legitimación de acuerdos que permiten ataques a los derechos laborales, a la vez que contribuye a desmovilizar la lucha.
Desde el principio, el gobierno y la patronal supieron que una reforma laboral de esta magnitud no quedaría sin respuesta. El cálculo es simple: presentar un paquete profundo e integral, admitir que algunas medidas deberán eliminarse y asegurar que las esenciales —la desregulación laboral, el debilitamiento de la negociación colectiva y el aumento de la precariedad laboral— sigan adelante. No es casualidad que, en la fase inicial, las críticas se centraran casi exclusivamente en los cambios en los derechos parentales, preparando el terreno para una posible concesión drástica que permitiera salvar el resto del paquete.
En este momento, el gobierno evalúa exactamente cuánto debe ceder para que la UGT (Unión General de Trabajadores) pueda firmar un acuerdo y cumplir su función política: presentar el resultado como un «posible equilibrio» y ayudar a frenar la continuación de la lucha. La inclusión de algunas medidas específicas que pueden presentarse como favorables a los trabajadores, en medio de un mar de ataques, encaja en la misma lógica de legitimación y confusión.
A la derecha del gobierno, el papel es complementario. André Ventura y Cotrim de Figueiredo afirman repetidamente que el paquete también tiene aspectos «positivos», apoyando la lógica de que no debe rechazarse en su totalidad y que simplemente limar algunas asperezas bastará para su aprobación. Esta narrativa no es casual: sirve para convertir el debate en una discusión técnica, fragmentando a la oposición y creando las condiciones para que la reforma avance con pequeños ajustes.
Pero este es precisamente el punto central. Este paquete laboral no se trata de una corrección ni de una negociación parcial. Es un ataque integral a los derechos de la clase trabajadora y, como tal, debe ser derrotado en su totalidad. La postura del gobierno, la derecha parlamentaria y sus aliados en el diálogo social confirma que la ofensiva continúa y que solo la continuación de la lucha puede detenerla.
Debemos seguir luchando para derrotar el paquete laboral
La Huelga General demuestra la voluntad de lucha , incluso en el sector privado, donde la movilización suele ser más difícil. Al mismo tiempo, ha quedado igualmente claro que el gobierno y la derecha no han cedido en su ofensiva: simplemente intentan reorganizar su estrategia para salir adelante, combinando negociaciones controladas, concesiones quirúrgicas y maniobras de desmovilización. De esta confluencia de factores, surge una conclusión inevitable: es necesario seguir luchando y empezar a prepararse para la próxima jornada de acción ya.
Esta continuidad no puede basarse en la repetición mecánica de formas vacías de lucha. Requiere, ante todo, un esfuerzo consciente para mejorar la organización de base. Sesiones informativas en los centros de trabajo, asambleas democráticas que involucren a los trabajadores en la discusión del paquete laboral y las respuestas, y la coordinación entre sectores y empresas: todo esto es esencial para transformar el descontento existente en una fuerza organizada capaz de enfrentarse al gobierno y a la patronal.
Es en este contexto que resulta necesario criticar la convocatoria de la CGTP a una manifestación para el 13 de enero. El problema no reside en la idea de continuar la lucha —que no solo es correcta sino necesaria—, sino en el método elegido. Convocar una manifestación un martes a las dos de la tarde, sin una huelga asociada, garantiza desde el principio una protesta reducida, con media docena de dirigentes sindicales y poca o nula participación real de los trabajadores. Este tipo de iniciativa no fortalece la lucha; al contrario, la conduce a un callejón sin salida , transmitiendo una imagen de aislamiento y agotamiento en un momento en que es necesario ganar confianza y ampliar la movilización.
No es necesario esperar a la reunión entre el gobierno y la UGT, prevista para el 7 de enero, para comprender lo que está en juego. Independientemente del resultado de estas negociaciones, el objetivo del ejecutivo sigue siendo el mismo: aprobar los puntos esenciales del paquete laboral. La respuesta de la clase trabajadora no puede depender de este calendario ni de las maniobras del diálogo social. El reto es otro: preparar luchas a la altura del ataque, con métodos que fortalezcan la participación, la unidad y la confianza de los trabajadores. Solo así será posible detener la ofensiva en curso y avanzar hacia la derrota total del paquete laboral. Los Trabajadores Unidos reafirman su compromiso con este camino para transformar la voluntad de lucha en una fuerza organizada, consciente y capaz de vencer. Es en este esfuerzo colectivo en el que seguiremos comprometidos.
¡Únete a nosotros!
Escribe Partido Socialismo y Libertad de Venezuela
El ultraderechista Donald Trump ha dado un paso más en su agresión a Venezuela, declarando un bloqueo total a los petroleros que entren o salgan del país, algo sumamente grave en un país cuyos principales ingresos provienen del petróleo. Con esta medida se busca asfixiar la economía, cortándose el comercio de nuestro principal recurso, y con ello el ingreso de dólares, lo cual afectará esencialmente al pueblo trabajador venezolano con el incremento de precios de los bienes de primera necesidad y el aumento de las tarifas de los servicios, en momentos en que los salarios son devorados por la inflación, deteriorándose aún más las ya dramáticas condiciones de vida del pueblo trabajador.
El rechazo a la agresión imperialista lo hacemos precisamente en la fecha de cumplirse 195 años de la muerte del Libertador Simón Bolívar, quien luchó en defensa de nuestra soberanía y por la independencia de Venezuela y otros países de la región, respecto al imperio español.
Trump ha dicho que Venezuela está bloqueada y que esto seguirá “hasta que devuelvan a los Estados Unidos todo el petróleo, las tierras y demás activos que nos robaron”. Dejando al descubierto que su verdadero objetivo es apropiarse de nuestro petroleo, de los minerales y de todas las riquezas naturales del país. Mientras que insiste en catalogar como criminales a los venezolanos que se vieron obligados a emigrar como consecuencia de la crisis y el brutal ajuste del gobierno de Maduro, el cual coincide con la política económica del imperialismo, el FMI y la burguesía nacional.
Desde el Partido Socialismo y Libertad rechazamos enérgicamente esta nueva agresión imperialista contra nuestro país, más allá de que nos oponemos al gobierno de Maduro al que consideramos un régimen autoritario y represivo, de falso discurso socialista, que aplica un brutal ajuste capitalista con el cual descarga la crisis sobre los hombros del pueblo trabajador.
El imperialismo estadounidense lleva meses atacando embarcaciones en el Caribe y el Pacifico con el argumento falso del narcotráfico, en aguas internacionales y sin presentar ninguna prueba. Ya ha asesinado a 95 personas en 25 ataques a pequeñas embarcaciones. En días pasados incautó un carguero que salió del país, robándose nuestro petróleo, y además llevaron a cabo un ataque cibernético contra Pdvsa, afectando las operaciones de la empresa y poniendo en peligro a las trabajadoras y trabajadores petroleros.
Como hemos dicho previamente este operativo bélico es parte de una política global de Trump que persigue revertir la crisis de dominación de Estados Unidos, como principal potencia imperialista, en un contexto más general de crisis económica global del capitalismo, la más grande de la historia.
Estados Unidos busca profundizar el saqueo de las semicolonias, imponiendo acuerdos unilaterales a los distintos países. En el caso venezolano, más allá de las contradicciones en el seno del gobierno y el congreso norteamericano, que investiga la legalidad de las acciones de Trump, este sigue avanzando en sus medidas agresivas contra nuestro país.
Por su parte María Corina Machado y otros voceros de la oposición burguesa venezolana, han emitido declaraciones escandalosas y vergonzosas respaldando abiertamente las acciones criminales de Trump en el Caribe; llaman a incrementar la escalada de agresiones contra el país, y promueven cínicamente una eventual intervención militar en Venezuela. Esto no es casual, María Corina Machado, también ha apoyado a Netanyahu y el genocidio que lleva a cabo en Gaza el régimen sionista.
¡Ya basta de palabras! Es inútil hacer llamados a la ONU que es cómplice de la agresión. Hay que tomar acciones concretas contra el imperialismo expulsando a las transnacionales petroleras gringas, y demás empresas norteamericanas presentes en el país. Para unificar al pueblo venezolano en contra del imperialismo es necesario que se aumenten los salarios y pensiones, se termine con la represión, se respeten las libertades democráticas y se recuperen los servicios públicos. Hay que liberar a los presos políticos y sindicales que estén en contra de cualquier intervención imperialista, y se facilite la legalización de los partidos de izquierda y democráticos que están contra la injerencia de Trump.
Llamamos a los pueblos de América Latina y el mundo a movilizarse para rechazar el operativo bélico de Estados Unidos en el Caribe y el Pacifico. Proponemos que el presidente Petro de Colombia y Lula de Brasil, convoquen a una jornada de repudio y movilización continental para derrotar a Trump.
¡No al bloqueo del petróleo venezolano!
¡Basta de bombardeos y asesinatos en el Caribe y el Pacífico!
¡No a las amenazas intervencionistas de Trump y el imperialismo sobre Venezuela y Colombia!
¡Fuera Trump de América Latina!
17 de diciembre de 2025

Escribe Miguel Sorans, dirigente de Izquierda Socialista y la UIT-CI
El 20 de enero de 2026 se cumple un año de la asunción del ultraderechista Donald Trump. Asumió en 2025 como presidente anunciando que se terminaba “el declive de los Estados Unidos” y que empezaba la “era de oro” del país. O sea, asumió reconociendo la decadencia que vive el sistema capitalista imperialista que encabezan los Estados Unidos. A los pocos días lanzó una serie de bravuconadas como la llamada “guerra comercial” planetaria, con todo tipo de aranceles, decretazos contra los inmigrantes, lo designó al multimillonario Elon Musk para cesantear a miles de empleados públicos y decretó que sólo existen dos sexos en la sociedad estadounidense. En el plano internacional anunció que en 24 horas arreglaba la guerra en Ucrania, que iba a tomar el control del Canal de Panamá, de Groenlandia, incorporar a Canadá como nuevo estado y que iba a expulsar a millones de palestinas y palestinos de Gaza y que la convertiría en lugar turístico, la “Riviera del Medio Oriente”.
¿A un año, en que quedó todo esto? Aunque Trump sigue con la contraofensiva, no ha podido aplicar y sostener buena parte de aquellos anuncios. Fue retrocediendo en su “guerra arancelaria”. En agosto, por ejemplo, pactó con China que los aranceles bajaran de 149% a 25%. Elon Musk terminó renunciando a su cargo, en junio, en medio de las protestas populares en su contra. Fue una escandalosa ruptura pública estilo telenovela, con Musk acusando a Trump de estar relacionado con un caso de pedofilia y éste acusando a Musk de “loco” y de “consumo de drogas”. La guerra en Ucrania no solo no se solucionó en 24 horas como prometió Trump, sino que continúa y está por cumplir cuatro años en febrero pese a que Trump está jugado a favor de Putin y de la rendición de Ucrania. Ni el Canal de Panamá ni Groenlandia ni Canadá pasaron a manos de Estados Unidos. Y, hasta ahora, Trump y el sionismo israelí, a pesar del genocidio no han podido expulsar a los dos millones de palestinas y palestinos que sobreviven en Gaza ni convertirla en un “centro turístico”. La heroica resistencia palestina y la movilización mundial han impedido que Trump y Netanyhau canten victoria en Gaza.
Trump asumió pateando el tablero de los acuerdos imperialistas de posguerra y solo ha logrado más caos y desorden mundial
Trump arrancó su mandato, en enero de 2025, poniendo en evidencia que quería terminar la guerra en Ucrania favoreciendo al dictador e invasor Putin, desconociendo a la Unión Europea (UE), al imperialismo europeo y a la OTAN. De esta forma quedó claro que Trump busca un nuevo realineamiento imperialista desconociendo los acuerdos estratégicos que se adoptaron desde 1945, fundamentalmente con el imperialismo europeo, incluido el acuerdo político militar de la OTAN, fundada en 1949.1
Así lo confirmaba, al asumir, el secretario de Estado, Marco Rubio: “El orden mundial de posguerra no solo está obsoleto […] Es ahora un arma que se usa contra nosotros”, declaraba, en su audiencia de confirmación en el Senado (Macarena Vidal Liy, El País, 9/3/2025).
Esta patada al tablero de la posguerra por parte de Trump, se explica porque, desde hace décadas, el sistema capitalista imperialista está atravesando una crisis enorme, económica, política, social y ambiental. No es una crisis coyuntural. Se viene sosteniendo y profundizando desde el 2008. Es parte de su proceso histórico de decadencia irreversible.
En este marco Trump lanzó su contraofensiva imperialista. Con ella busca subordinar a su política de saqueo y explotación al imperialismo chino, que es la segunda potencia mundial, a los imperialismos menores, como la Unión Europea o Rusia, y las semi colonias. Y, por otro lado, trata de derrotar las luchas del movimiento de masas, revertir las conquistas de la cuarta ola de las mujeres, los derechos de las disidencias. Unido a una ofensiva racista y anti migratoria en los Estados Unidos y el mundo.
Pero las idas y venidas económicas y políticas de Trump no hicieron más que incentivar la crisis económica mundial, que aumenten los roces inter burgueses y que crezcan las luchas en Estados Unidos y el mundo, lo que definimos como el desorden mundial capitalista. Y, por ahora, Trump no ha podido concretar un “nuevo orden mundial” capitalista.
Doctrina Monroe siglo XXI
La mejor demostración de esto la dio el mismo Trump, en diciembre, presentado un documento que redefine su “estrategia de seguridad” en donde afirma que “Los días en que Estados Unidos sostenía todo el orden mundial como Atlas han terminado” y aboga por la restauración del “predominio estadounidense en América Latina” (Clarín, 6/12/2025).
El texto afirma que Estados Unidos aplicará un “Corolario Trump” a la Doctrina Monroe, de 1823, que definía “América para los americanos” y consideraba a América Latina como su “patio trasero”.
Parte de ese giro son las repudiables amenazas imperialistas de invasión o bombardeos a Venezuela y Colombia, con el falso argumento del narcotráfico. Ya desde septiembre, Estados Unidos ha llevado a cabo decenas de bombardeos a lanchas, en el Caribe y el Pacífico, con un saldo de más de 90 personas muertas. Se trata de verdaderos asesinatos, en aguas internacionales.
Trump recibió a Putin en Alaska y le dio el apoyo al plan de rendición de Ucrania
El nuevo documento vuelve a cuestionar a la UE y a la OTAN e insiste en pactar con Putin. Al punto de señalar que el continente europeo enfrenta la posibilidad de la “desaparición de su civilización” por el crecimiento de los inmigrantes. En su visión racista, llama a que crezcan los partidos de ultraderecha al afirmar que “La creciente influencia de los partidos patrióticos europeos da motivos para un gran optimismo” (Clarín, idem)
Todo esto metió más leña al fuego de los choques inter imperialistas. Gérard Araud, ex embajador francés en Estados Unidos, respondió en redes sociales que “la impresionante sección sobre Europa parece un panfleto de extrema derecha”. El ex primer ministro sueco Carl Bildt agregó: “La única parte del mundo donde la nueva estrategia de seguridad estadounidense parece ver alguna amenaza para la democracia es Europa. Extraño.” (Clarín, idem).
El desgaste político de Trump y las protestas en los Estados Unidos
En realidad, el despliegue militar en el Caribe y el Pacífico no es una muestra de fortaleza. Por el contrario, se ponen en evidencia las debilidades y la crisis del imperialismo, que lleva años de fracasos económicos, políticos y militares. Que arrancaron con la derrota en Vietnam en 1975 y siguieron con la retirada de Afganistán, en 2021, después de veinte años de ocupación fallida.2
Tampoco la tiene fácil Trump en su país, donde las últimas encuestas dan que más del 70% de la población se opone a una invasión militar en Venezuela u otro país. El 6 de diciembre miles salieron a las calles en cuarenta ciudades a repudiar cualquier intento de invación o de guerra con Venezuela. Varios parlamentarios demócratas y algunos republicanos han cuestionado la legalidad de los bombardeos en aguas internacionales.
Por otro lado, el índice de aprobación de Trump cayó al 38%, “el más bajo de su mandato, con los estadounidenses descontentos por su manejo del costo de vida y la investigación sobre el difunto delincuente sexual convicto Jeffrey Epstein, según una encuesta de Reuters/Ipsos”. (La Nación, 18/11/2025)
El ritmo de la inflación se ha mantenido alto para los estándares históricos desde que Trump asumió el cargo en enero, con los precios al consumidor de Estados Unidos subiendo un 3% en los doce meses hasta septiembre, incluso cuando el mercado laboral se ha debilitado.
Alrededor del 65% de los encuestados (incluido uno de cada tres republicanos) desaprueba la actuación de Trump en relación con el costo de vida (La Nación, idem).
Lo más destacado es que éste acelerado desgaste se ha expresado en el crecimiento de las protestas y movilizaciones masivas en Estados Unidos durante todo el 2025, repudiando tantos los recortes sociales como las medidas contra las libertades democráticas. El 5 de abril las acciones convocadas bajo la consigna “Manos Afuera”, movilizó a millones de personas en 1.500 acciones. El 14 de junio, se realizó una de las movilizaciones más grandes de la historia de los Estados Unidos, bajo la consigna “No Kings” (“No Reyes”). Millones de personas salieron a las calles en más de 2.000 ciudades, luego de la rebelión de Los Ángeles contra las deportaciones y la intervención militar de la ciudad. El 18 de octubre se hizo la segunda marcha por “No Kings”. Fue más grande: 7 millones de personas salieron a la calle en 2.700 ciudades de los Estados Unidos.
Otra expresión del repudio a Trump y a sus políticas de ultraderecha y pro sionista fue la histórica victoria electoral, el 4 de noviembre, de Zohran Mamdani, militante de la organización de izquierda reformista Democratic Socialists of America (DSA), que es parte del Partido Demócrata. Mamdani se convirtió en el alcalde más joven de Nueva York en los últimos cien años, con apenas 34 años de edad. Su triunfo, apuntalado por el voto joven, fue contundente con más de un millón de votos, el 50,4% de la votación. Mamdani se reclama socialista y siempre expresó su apoyo al pueblo palestino y su rechazo al genocidio en Gaza. Anticipó que como alcalde ordenaría la detención de Netanyahu si visitara Nueva York. Trump lo llamó “comunista” y convocó a votar en su contra.
Su victoria también es de alguna forma un reflejo del avance del movimiento pro-palestino, con sus acampadas y movilizaciones contra el genocidio, así como la resistencia y el rechazo a las deportaciones masivas y racistas de Trump.3
En el 2025 se produce un salto en las luchas del mundo con el movimiento mundial de apoyo a Gaza
Quizás el 2025 quede como el año de la mayor movilización mundial que se haya producido hasta hoy de apoyo al pueblo palestino y de repudio al genocidio del sionismo y al estado de apartheid de Israel. Nunca en su historia Israel y el sionismo han estado tan aislados.4
Esta movilización mundial de masas, que hizo recordar a aquellas contra la guerra de Vietnam en los ´60/´70, se combinó con las rebeliones populares de la generación Z y la oleada de huelgas obreras en Europa. Lo que significa un cambio en el panorama mundial, ya que se fortalecen también las luchas de los pueblos del mundo contra los planes de explotación del imperialismo y los gobiernos capitalistas. La nueva oleada de luchas se destaca por su extensión en diferentes continentes, por su masividad y su radicalización.
En el caso de las rebeliones populares y juveniles de la llamada Generación Z, aquellos nacidos entre mediados de la década de 1990 y 2010, la masividad y la radicalización se producen como expresión del hartazgo y del odio a los gobiernos capitalistas explotadores y corruptos. En Indonesia y Nepal, por ejemplo, miles asaltaron los parlamentos o las casas de los funcionarios para quemarlas. La oleada de rebeliones Z se produjo en septiembre. Desde Nepal, Indonesia hasta Perú o Serbia, pasando por Marruecos y Madagascar, parecen unidos por una rebeldía compartida contra el capitalismo dominante y sus gobiernos que deterioran aceleradamente el nivel de vida del pueblo trabajador y en especial de la juventud.5
Las rebeliones de la generación Z hizo que en Nepal hasta se quemaran parlamentos
Sobre el fin de año entró con fuerza la clase trabajadora europea con una oleada de huelgas generales. En noviembre los trabajadores en Bélgica han participado en una huelga general sin precedentes en cuarenta años, de tres días a nivel nacional contra la austeridad. La huelga de tres días comenzó con trabajadores del transporte público y los ferrocarriles. Antes, en septiembre, hubo huelgas y protestas en Francia. Le siguieron las convocatorias a huelga general en diciembre en Portugal e Italia.6
Ante el genocidio en Palestina, durante todo el año se produjeron movilizaciones masivas en las ciudades de todo el mundo y gestos de protestas artísticas, culturales, deportivas contra el invasor sionista. Desde el festival de Eurovisión, pasando por el festival de cine de Venecia hasta el boicot a la Vuelta de España, una de las mayores competencias ciclísticas del mundo. Millones en las calles pese a las prohibiciones. Lo que también se reflejó en la Flotilla solidaria Global Sumud, (de la cual la UIT-CI fue parte) que llegó a más de 50 barcos cuando siempre era uno o dos barcos.7 Tanto fue el impacto que en Italia se dio en octubre, una huelga general histórica en apoyo a Palestina y por la libertad de los miembros de la Flotilla.
El resultado más destacado de la lucha palestina y el apoyo mundial ha sido que en Gaza ni Trump ni Israel han podido cantar victoria, pese a su genocidio, a la hambruna y a su destrucción. Uno de los ejércitos mejor armados del mundo, con una enorme desigualdad militar, no puede cantar victoria.
Desde la mitad de octubre rige en Gaza una tregua y un supuesto acuerdo de paz que no tiene nada de paz, sino que es el intento de imponer una nueva colonización. Son veinte puntos que pretenden instalar un protectorado del imperialismo en su conjunto y del estado genocida de Israel. También es un intento de Trump de salvar a Netanyahu en medio del enorme y creciente aislamiento mundial del sionismo israelí.
A su vez, esta tregua parcial es una pequeña pero importante victoria del pueblo palestino que sufre un genocidio, hambruna y un plan de limpieza étnica. Las y los palestinos toman un respiro, ante tanta destrucción y muerte provocados por la maquinaria asesina sionista.
Tanto el plan como la actual tregua son de una gran fragilidad. El pueblo palestino sabe que solo es una tregua parcial y que el sionismo puede retomar en cualquier momento sus crímenes y que la lucha continua.
La perspectiva hacia el 2026 será de continuidad de este proceso de luchas en el mundo enfrentando la contraofensiva imperialista de Trump y sus aliados. Desde la UIT-CI seguiremos llamando a la más amplia unidad para apoyar todas las luchas y, en especial, a seguir apoyando al pueblo palestino para acabar con el estado de apartheid sionista y lograr una “Palestina Libre del rio al mar”. Llamando también a los pueblos de América Latina y el mundo a repudiar y movilizarse para rechazar la presencia de las naves de guerra y tropas de Estados Unidos en el Caribe y el Pacífico y cualquier intento de agresión a Venezuela y Colombia.
También en el 2026 la UIT-CI realizará, en la segunda mitad del año, un nuevo Congreso Mundial para seguir impulsando las luchas del mundo y el llamado permanente a unir a las y los revolucionarios, enfrentando a las direcciones políticas burguesas, reformistas y sindicales burocráticas, para lograr alternativas políticas unitarias socialistas revolucionarias, y, esencialmente, para construir partidos revolucionarios en cada país.
1. Ver “Trump el magnate del caos”, Correspondencia Internacional N° 54, abril 2025, en uit-ci.org
2. Ver ¡No a las nuevas amenazas de Trump!, declaración UIT-CI 3/12/2025. uit-ci.org
3. Ver nota de Socialist Core (simpatizantes de la UIT-CI en EE.UU.), 5/11/2025 en uit-ci.org
4. Ver Crece la movilización mundial contra el genocidio israelí, Miguel Ángel Hernández, Correspondencia Internacional N° 55, septiembre 2025, en uit-ci.org
5. Ver artículo “Estalla la ira popular en Nepal”, Miguel Ángel Hernández, en uit-ci.org
6. Ver, nota Bélgica y la oleada de huelgas que recorren Europa, Ezequiel Peressini, 4/12/2025, en uit-ci.org
7. Ver “La Flotilla Global Sumud rumbo a Gaza”. Adolfo Santos Correspondencia Internacional N° 55, en uit-ci.org
La flotilla representó el mayor grito global de condena al genocidio israelí buscando romper el bloqueo a Gaza con ayuda humanitaria. Fueron 42 embarcaciones con 473 tripulantes de 44 países los que finalmente fueron secuestrados y encarcelados. Nunca había ocurrido algo así. Integrada unitariamente por ambientalistas como la activista sueca Greta Thunberg y Thiago Avila de Brasil, el coordinador hispano palestino Saif Abukeshek, Ada Colau, ex alcaldesa de Barcelona, el nieto de Nelson Mandela, diputadas y diputados de Francia, Brasil, España, Italia, Polonia y Portugal. Desde la UIT-CI apoyamos incondicionalmente y participamos con una fuerte delegación encabezada por Juan Carlos “Gringo” Giordano, diputado nacional de Izquierda Socialista (IS) en el FIT-U. Fue el único diputado nacional que participó de Argentina en nombre del FIT-U. Lo hizo junto a Ezequiel Peressini, dirigente nacional de IS y de la UIT-CI, ex diputado por Córdoba. También contribuyó nuestro partido hermano de Turquía (IDP) con Gorkem Duru en tareas de apoyo desde Túnez. 
Juan Carlos Giordano y Ezequiel Peressini, camino al barco Sirius, en la salida de la Flotilla en el puerto de Barcelona el 31/8/2025
Fue un gran sacrificio y una misión riesgosa, un mes de navegación con tormentas y atentados con drones en el puerto de Túnez y en aguas internacionales frente a Italia y Grecia. Nuestro compañero Giordano navegó durante 27 días sufriendo una emergencia que le provocó la pérdida de la visión de un ojo, teniendo que lamentablemente dejar la misión en Grecia por prescripción médica.
El 1° de octubre la flotilla fue secuestrada por Israel. Las y los tripulantes fueron trasladados a una cárcel de máxima seguridad. Pero la movilización mundial hizo que rápidamente la flotilla fuera liberada.
La Flotilla fue un éxito. Ayudó a incentivar la movilización. Fue un ejemplo de acción internacionalista que levantó la moral del pueblo palestino. El sacrifico de todas y todos los integrantes de la Flotilla no fue en vano.