Prensa UIT-CI
En Alemania, el domingo 20 hubo elecciones en Berlín, la capital, y ganó la izquierda. La alianza Die Linke (La Izquierda, en alemán) encabezada por la turca-alemana Elif Eralp, será alcaldesa de Berlín. El triunfo fue contundente, subió 14 puntos respecto al 2022, llegando al 25,7% de los votos, derrotando a la Unión Demócrata Cristiana (CDU) del canciller Friedrich Merz, que gobernaba. La CDU cayó de 28,8 % al 18,8%, los Verdes lograron 14,3%, la ultraderechista AfD (Alternativa para Alemania) con 16,3%, y la SPD (socialdemocracia) cayó al 12,1%.
La prensa mundial puso el centro de la noticia en el triunfo electoral de la ultraderecha en el estado de Pomerania, en el noroeste alemán, que fue el otro estado en donde hubo elecciones. El avance de la ultraderecha neonazi es una parte de la realidad. La otra es que la elección en Berlín muestra que existen sectores de la clase obrera, las mujeres y la juventud que buscan opciones políticas a la izquierda.
El gran derrotado es el gobierno del canciller Friedrich Merz
El propio Merz calificó de “desastre” la derrota del domingo de la Unión Demócrata Cristiana (CDU). Perdió el gobierno en Berlín y en el estado nororiental de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, no superó por primera vez el umbral del 5% necesario para entrar en el Parlamento regional. Su peor derrota en unas elecciones regionales desde su fundación en 1945.
La extrema derecha de Alternativa para Alemania (AfD) quedó en primer lugar, en Pomerania. Logró subir 21% en relación a la elección anterior, llegando al 38,1%. Es la segunda vez en un mes, que la AfD se situaba a la cabeza de una elección regional. Quince días antes había ganado en Sajonia-Anhalt. Pero en este caso no estuvo cerca de alcanzar la mayoría. La socialdemocracia (SPD) llegó segunda con el 35,5 % y podrá pactar con otras fuerzas seguir en el gobierno.
Estos resultados eran los esperados por las encuestas. Son la expresión de la crisis económica y social del capitalismo alemán y del desprestigio creciente del gobierno de la Unión Demócrata Cristiana (CDU). Sólo el 13 % de los alemanes está satisfecho con la actuación del canciller, el nivel más bajo registrado por cualquier canciller en la historia reciente. Un gobierno totalmente en crisis que puede no terminar su mandato.
Contundente triunfo de la izquierda en Berlín
El crecimiento electoral de la ultraderecha no significa un camino seguro y rápido para el gobierno. Pero es preocupante, en especial para la clase trabajadora y la juventud alemana y de Europa.
En Alemania la crisis política es tan grande que, opuesto al voto a la ultraderecha, en Berlín la izquierda logró una importante victoria electoral.
Triunfó como candidata a alcaldesa la turca-alemana Elif Eralp, representando a Die Linke. Desconocida hasta hace unos meses, esta hija de sindicalistas turcos nació en Múnich y orientó su carrera como jurista hacia la defensa de los derechos humanos, en particular los de las y los migrantes.
Elif Eralp tiene 45 años y es diputada de izquierda desde el 2021. Algunas de sus propuestas de campaña fueron “la expropiación de viviendas a fondos de inversión o la creación de una red de cantinas públicas que ofrezcen almuerzos completos a tres euros en las llamadas Kiezkantinen: comedores de barrio con comida caliente” (La Razón, Estado español, 27/8/2026).
Al saber de su victoria, Eralp prometió seguir adelante con la nacionalización de las empresas de vivienda y “expulsar la especulación de Berlín”.
Die Linke, es una alianza de centroizquierda integrada por exintegrantes del Partido Comunista, maoístas, grupos trotskistas e independientes. En las elecciones nacionales de legisladores de febrero de 2025, logró el 8,5% obteniendo una importante bancada de 64 diputados. Entonces ya Die Linke había logrado un 19,9% en Berlín.
Lo destacable es que en la juventud, obtuvo el 25% y dentro de ella mayoría de votos de las mujeres que repudian los ataques de la ultraderecha a sus conquistas y las de las disidencias sexuales. También Die Linke tuvo el apoyo de la juventud que enfrenta la represión apoyando a Palestina.
El avance de la ultraderecha neonazi
El avance electoral de la ultraderecha alemana, expresa, como ha ocurrido con Trump, Meloni, Le Pen o los Milei, Kats y de la Espriella en Latinoamérica, un equivocado voto castigo de un sector popular harto de los viejos partidos capitalistas tradicionales que ya han gobernado y llevado a la crisis social, a la caída del nivel de vida de millones. En el caso de Alemania, en especial, se trata de una expresión neonazi de la ultraderecha. Creciendo en un voto mayoritario en el Este de Alemania, que representan los territorios de la ex República Democrática Alemana (RDA) que desde 1945 a 1989 fue gobernada bajo el estalinismo y han quedado como los “estados pobres”.
La reunificación, luego de la caída del Muro de Berlín, y las promesas de “igualdad social” con las y los alemanes del oeste nunca fueron cumplidas. Millones, en su lógico odio al estalinismo, creyeron en que el capitalismo les iba traer prosperidad, pero fue lo opuesto. Todas las empresas estatales se privatizaron en escasos cuatro años y se perdieron el 70% de los puestos de trabajo. Regiones enteras se hundieron en el declive económico.¹
La crisis del capitalismo alemán detrás de la crisis política
En Alemania la política de los diversos gobiernos capitalistas liberales o socialdemócratas, ante la crisis económica, ha sido responder con sus políticas de recortes sociales y caída del nivel de vida de las masas. Esta es la causa que explica la profundidad del creciente descreimiento en los partidos y dirigentes burgueses tradicionales y el avance electoral de la ultraderecha.
La economía de Alemania está en declive y ha entrado en recesión desde 2023. La Volkswagen empresa emblemática del capitalismo alemán, por ejemplo, anunció que podrían desaparecer 100 mil puestos de trabajo hasta 2030.
Lo que le espera a la clase trabajadora y a la juventud son más recortes en cuestiones sociales como educación, salud y jubilaciones, más flexibilidad laboral y el aumento del presupuesto militar. La única salida para el pueblo trabajador y la juventud, para derrotar estos planes de ajustes sociales y a la ultraderecha, es lograr avanzar, con nuevos dirigentes sindicales y políticos, en la movilización en las calles.
21/9/2026
1. Ver nota Alemania: El significado del primer triunfo de la ultraderecha, por Miguel Sorans, dirigente de Izquierda Socialista, Argentina, y de la UIT-CI, 11/9/2026, en uit-ci.org
Foto de portada: Sofia Leonidakis diputada de Die Linke, entrevistando a Juan Orengo
Juan Orengo delegado de sección Mercedes Benz, ciudad de Bremen
Reproducimos nota enviada, desde Bremen, por un delegado de la empresa Mercedes Benz.
El lunes 21 de septiembre, organizadas por el Sindicato IGmetall, se realizaron cerca de 300 concentraciones en toda Alemania. La convocatoria tenía el objetivo de mostrar el rechazo a los planes de recortes, despidos y aumento de la productividad que la patronal automotriz viene exigiendo y en parte ya está implementando. Estas concentraciones contaron con la participación de más de 150 mil personas a nivel nacional. En Bremen hubo dos concentraciones; una con la participación de los trabajadores de Mercedes Benz y otra en la que participaron las empresas subsidiarias que lógicamente también se ven perjudicadas por estos planes de recortes. En el caso de Mercedes Benz la concentración empezó al comienzo del turno tarde paralizando la actividad de la fábrica el tiempo que duró la concentración.
Además de los trabajadores del sector automotriz participaron otras empresas en conflicto, Comités de empresa y partidos políticos de izquierda, entre ellos Die Linke, que se acercaron a dar su solidaridad. Por otro lado, en este mes comienzan las negociaciones del convenio metalúrgico, con lo cual estas concentraciones sirvieron también como punto de partida para la lucha por el convenio del metal.
Si bien todavía estamos muy lejos de alcanzar un grado de movilización y lucha como requiere la situación, sí podemos decir que se han comenzado a dar los primeros pasos de una larga lucha, sindical y política, que los trabajadores tenemos por delante.
Adolfo Santos, dirigente de Izquierda Socialista/FIT Unidad
La “Operación Furia Épica”, el brutal ataque militar con el que las fuerzas armadas de los Estados Unidos e Israel pretendían la rendición incondicional de Irán, no alcanzó sus objetivos. Lo que sería una batalla de pocos días, va a entrar en el octavo mes de conflicto sin solución de continuidad. Ahora, surgió un nuevo problema que aumenta la crisis en la región: el control de los hutíes del estrecho Bab el-Mandeb, en Yemen, que enlaza el mar Rojo con el golfo de Adén rumbo al océano Índico.
Las pretensiones de controlar Irán y sus riquezas por parte de Donald Trump chocaron con la resistencia de un pueblo que, a pesar de su gobierno, se ha unido en defensa de su soberanía. Peor aún, el conflicto se extendió a varios países, agravando la situación en una región altamente explosiva. En su defensa, Irán ya atacó a Kuwait, Bahréin y Jordania, aliados de los Estados Unidos en el golfo Pérsico y en la madrugada del sábado 19 de septiembre, los enfrentamientos escalaron a otro nivel. Un depósito de la petrolera estatal saudita Aramco, ubicado cerca del aeropuerto internacional de Riad, capital de Arabia Saudita, explotó como parte de una serie de ataques de los hutíes, aliados del régimen iraní.
Trump dejó sin apoyo a Arabia Saudita
La toma por parte de los hutíes de posiciones estratégicas con vistas al estrecho de Bab el–Mandeb asestó a Arabia Saudita su golpe más grave en Yemen en años y dejó al descubierto fallas de inteligencia, el colapso de sus aliados yemeníes y los límites de la protección estadounidense. “El colapso de las fuerzas respaldadas por Arabia Saudita les dejó a los hutíes un nuevo botín, además del territorio: un importante arsenal de armamento avanzado suministrado por Estados Unidos y Arabia Saudita y abandonado durante la retirada” (La Nación, Argentina, 16/9/2926). Los desastres políticos y militares sufridos por Donald Trump, en Irán y Medio Oriente, han contribuido a perder el control de dos pasos marítimos clave para la economía mundial capitalista.
Encima el imperialismo, de la mano de Trump, muestra su debilidad al dejar sin apoyo militar, frente al avance de los hutíes, a su aliado el monarca el asesino Mohamed Bin Salmán, de Arabia Saudita. Trascendió que el monarca “llamó a la Casa Blanca hasta en dos ocasiones (…) para reclamar una mayor implicación estadounidense frente a los hutíes y las milicias proiraníes en Irak que, con sus ataques, han paralizado el tránsito a través del oleoducto Este-Oeste. Sin éxito: Trump no solo no ha atendido sus ruegos, sino que ha optado por ponerse completamente de perfil. Como si no fuese con él” (El País, 20/9/2026).
¿Quiénes son los hutíes?
En los últimos meses los hutíes adquirieron notoriedad al controlar una amplia franja del Mar Rojo y por tanto el estrecho Bab el-Mandeb, un paso estratégico por el que transita una parte importante del comercio marítimo mundial desde el Golfo de Adén, rumbo a Europa y los Estados Unidos. Desde esa posición, respaldan militarmente a Irán contra los ataques de Trump e Israel y profundizan la crisis de suministro y el precio del petróleo. Los hutíes, son un movimiento político y militar que se fueron consolidando desde los años 90 cuando el país unificó los dos sectores territoriales en que estaba dividido: la República Árabe de Yemen (Yemen del Norte) y Yemen del Sur y pasaron a formar lo que hoy se conoce como la República de Yemen.
Sin embargo, el grupo ganó fuerza en 2004 cuando el clérigo Hussein Badreddin al Houthi, líder de la minoría musulmana chiita del país fuera asesinado. Sus seguidores, pasaron a denominarse hutíes en honor al dirigente asesinado y se levantaron en armas contra el gobierno encabezado por Alí Abdalá Salé, representante de la mayoría suní, acusando al régimen de corrupto y de llevar a cabo una violenta opresión contra los chiitas. En 2011, el grupo se sumó a la llamada Primavera Árabe y participó en las masivas protestas que forzaron a Salé a entregar el poder a su segundo, Abdrabbuh Mansour Hadi quién en 2015 se vio obligado a huir a Arabia Saudita donde instaló el Consejo de Liderazgo Presidencial, gobierno yemení reconocido por organismos internacionales como la ONU, la Unión Europea, Estados Unidos y la mayoría de países árabes.
Aunque no son reconocidos como el gobierno oficial de Yemen, los hutíes controlan la capital, Saná, donde vive la mayoría de la población yemení y gran parte del norte del país donde recauda impuestos, administra instituciones y dispone de un arsenal que incluye drones y misiles de largo alcance. Se trata de una región estratégica, no solo porque por ahí transita el 12% del comercio mundial y millones de barriles de petróleo al día, sino porque se encuentran uno de los principales yacimientos de gas y petróleo del mundo a la que la política expansionista del imperialismo empuja a la crisis y el caos.
Los ataques de Trump y el sionismo contra Irán aceleraron la reacción de los hutíes que anunciaron un “embargo marítimo” contra Arabia Saudí y reanudaron los ataques con drones y misiles contra aeropuertos, instalaciones petroleras y buques cisterna saudíes e israelíes en el mar Rojo.
Los hutíes se referencian como parte del "eje de resistencia" liderado por Irán junto con Hamás y Hezbolá y contra Israel, EE.UU. y Occidente. Por lo tanto, tienen flagrantes contradicciones. Tienen el carácter positivo de resistir a los ataques del imperialismo y el sionismo, pero mantienen regímenes dictatoriales y represivos. En los territorios yemeníes controlados por los hutíes, las mujeres enfrentan restricciones severas a sus derechos. Sufren la aplicación del "Mahram", el tutor masculino obligatorio y no pueden viajar solas entre gobernaciones yemeníes ni salir del país sin la autorización escrita aprobada. "Están luchando contra los imperialistas, contra los enemigos de la nación del Islam. Eso resonó bien en su base", explicó Hisham al Omeisy, experto en Yemen del Instituto Europeo de la Paz, para explicar el apoyo a las acciones de los rebeldes yemeníes. Es algo que también reivindican activistas palestinos, incluidas mujeres, en relación al papel de Hamas contra el genocidio sionista, aunque repudian el carácter patriarcal y represivo de estos grupos.
Las pretensiones expansionistas del imperialismo y sus aliados para dominar el mundo de la que Donald Trump es la principal expresión, se vienen chocando con la resistencia de los pueblos que luchan en defensa de sus derechos y soberanías con las armas que tiene a su alcance. No apoyamos políticamente al gobierno yemenista de los hutíes como tampoco a Hamás, Hezbolá o al régimen iraní. Por el contrario, somos rigurosamente críticos, sin embargo, nos ubicamos en la misma trinchera de resistencia y enfrentamiento contra las agresiones del imperialismo trumpista como del genocidio sionista.
22/9/2026

Prensa UIT-CI
21/9/2026. En Alemania, el domingo 20 hubo elecciones en Berlín, la capital, y ganó la izquierda. La alianza Die Linke (La Izquierda en alemán) encabezada por la turca-alemana Elif Eralp, será alcaldesa de Berlín. El triunfo fue contundente, subió 14 puntos respecto al 2022, llegando 25,7% de los votos, derrotando a la Unión Demócrata Cristiana (CDU) del canciller Friedrich Merz, que gobernaba. La CDU cayó desde el 28,8 % al 18,8%, los Verdes, lograron 14,3%, AFD (la ultraderecha), con 16,3%, y la SPD (socialdemocracia) cae hasta el 12,1%.
La prensa mundial puso el centro de la noticia en el triunfo electoral de la ultraderecha en el estado de Pomerania, en el noroeste alemán, que fue el otro estado en donde hubo elecciones. El avance de la ultraderecha neonazi es una parte de la realidad. La otra es que la elección en Berlín muestra que existen sectores de la clase obrera, las mujeres y la juventud que buscan opciones políticas a la izquierda.
El gran derrotado es el gobierno del canciller Friedrich Merz
El propio Merz calificó de “desastre” la derrota del domingo de la Unión Demócrata Cristiana (CDU). Perdió el gobierno en Berlín y en el estado nororiental de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, no superó por primera vez el umbral del 5% necesario para entrar en el Parlamento regional. Su peor derrota en unas elecciones regionales desde su fundación en 1945.
La extrema derecha de Alternativa para Alemania (AFD) quedó en primer lugar, en Pomerania. Logró subir en 21% llegando al 38,1%. Es la segunda vez en un mes, que la AFD se situaba a la cabeza en unas elecciones regionales. Quince días antes había ganado en Sajonia-Anhalt. Pero en este caso no estuvo cerca de alcanzar la mayoría. La socialdemocracia (SPD) llegó segunda con el 35,5 % y podrá pactar con otras fuerzas seguir en el gobierno.
Estos resultados eran los esperados por las encuestas. Son la expresión de la crisis económica y social del capitalismo alemán y del desprestigio creciente del gobierno de la Unión Demócrata Cristiana (CDU). Solo el 13% de los alemanes está satisfecho con la actuación del canciller, el nivel más bajo registrado por cualquier canciller en la historia reciente. Un gobierno totalmente en crisis que puede no terminar su mandato.
Contundente triunfo de la izquierda en Berlín
El crecimiento electoral de la ultraderecha no significa un camino seguro y rápido el gobierno. Pero es preocupante, en especial para la clase trabajadora y la juventud alemana y de Europa.
En Alemania la crisis política es tan grande que, opuesto al voto a la ultraderecha, en Berlín la izquierda logró una importante victoria electoral.
Triunfó como candidata a alcaldesa la turca-alemana Elif Eralp, representado a Dei Linke. Desconocida hasta hace unos meses, esta hija de sindicalistas turcos nació en Múnich y orientó su carrera como jurista hacia la defensa de los derechos humanos, en particular los de los migrantes.
Elif Eralp tiene 45 años y es diputada de izquierda desde el 2021. Algunas de sus propuestas de campaña fueron “la expropiación de viviendas a fondos de inversión o la creación de una red de cantinas públicas que ofrezcan almuerzos completos a tres euros en las llamadas Kiezkantinen: comedores de barrio con comida caliente” (La Razón, estado español, 27/8/2026).
Al saber de su victoria, Eralp prometió seguir adelante con la nacionalización de las empresas de vivienda y “expulsar la especulación de Berlín”.
Die Linke, es una alianza de centroizquierda integrada por ex integrantes del Partido Comunista, maoístas, grupos trotskistas e independientes. En las elecciones nacionales de legisladores de febrero de 2025, logró el 8,5% obteniendo una importante bancada de 64 diputados. Entonces ya Die Linke había logrado un 19,9% en Berlín.
Lo destacable es que en la juventud, obtuvo el 25% y dentro de ella mayoría de votos de las mujeres que repudian los ataques de la ultraderecha a sus conquistas y las de las disidencias sexuales. También Die Linke tuvo el apoyo de la juventud que enfrenta la represión apoyando a Palestina.
El avance de la ultraderecha neonazi
El avance electoral de la ultraderecha alemana, expresa, como ha ocurrido con Trump, Meloni, Le Pen o los Milei, Kats y de la Espriella en Latinoamérica, un equivocado voto castigo de un sector popular harto de los viejos partidos capitalistas tradicionales que ya han gobernado y llevado a la crisis social, a la caída del nivel de vida de millones. En el caso de Alemania, en especial, se trata de una expresión neonazi de la ultraderecha. Creciendo en un voto mayoritario en el Este de Alemania, que representan los territorios de la ex República Democrática Alemana (RDA) que desde 1945 a 1989 fue gobernada bajo el estalinismo, que han quedado como los “estados pobres”.
La reunificación, luego de caída del Muro de Berlín, y las promesas de “igualdad social” con las y los alemanes del oeste nunca fue cumplido.
Millones, en su lógico odio al estalinismo, creyeron en que el capitalismo les iba traer prosperidad, pero fue lo opuesto. Todas las empresas estatales se privatizaron en escasos cuatro años y se perdieron el 70% de los puestos de trabajo. Regiones enteras se hundieron en el declive económico (ver Alemania: El significado del primer triunfo de la ultraderecha, por Miguel Sorans, dirigente de Izquierda Socialista, Argentina, y de la UIT-CI, 11/9/2026, en uit-ci.org).
La crisis del capitalismo alemán detrás de la crisis política
En Alemania la política de los diversos gobiernos capitalistas liberales o socialdemócratas, ante la crisis económica, ha sido responder con sus políticas de recortes sociales y caída del nivel de vidas de las masas. Esta es la causa que explica la profundidad del creciente descreimiento en los partidos y dirigentes burgueses tradicionales y el avance electoral de la ultraderecha.
La economía de Alemania está en declive y ha entrado en recesión desde 2023. La Volkswagen empresa emblemática del capitalismo alemán, por ejemplo, anunció que podrían desaparecer 100.000 puestos de trabajo hasta 2030.
Lo que le espera a la clase trabajadora y a la juventud son más recortes en cuestiones sociales como educación, salud y jubilaciones, más flexibilidad laboral y el aumento del presupuesto militar. La única salida para el pueblo trabajador y la juventud, para derrotar estos planes de ajustes sociales y a la ultraderecha, es lograr avanzar, con nuevos dirigentes sindicales y políticos, en la movilización en las calles.
Movimiento por la Libertad y la Dignidad
15/09/2026. Compartimos la declaración política del Movimiento por la Libertad y la Dignidad de Siria en apoyo a las últimas y grandes movilizaciones que enfrentan la decisión del gobierno de aumentar un 40% el combustible.
Los nuevos precios del combustible se anunciaron el sábado por la noche mediante una circular emitida por el Ministerio de Energía. El precio del litro de diésel subió de 125 a 175 libras sirias, mientras que el de la gasolina de 95 octanos aumentó de 152 a 195 libras y el de la gasolina de 90 octanos, de 142 a 185 libras. Esta decisión desencadenó una ola generalizada de protestas, registrándose movilizaciones en más de 80 localidades.
A partir del domingo, la gente comenzó a concentrarse en diversas zonas de Hasaka, Raqa y Deir ez-Zor. Las protestas adoptaron diversas formas: desde huelgas en el sector del transporte, cortes de carreteras y quema de neumáticos, hasta el bloqueo del paso de camiones cisterna por algunas áreas. Las protestas se extendieron rápidamente a Idlib, Alepo, Hama, Damasco, Manbij y otros lugares.
Las demandas eran claras y directas: revertir los nuevos precios y exigir responsabilidades a los autores de la medida, empezando por el ministro de Energía, Mohammed al-Bashir. La decisión no implica simplemente un aumento en el precio del litro de gasolina o diésel; amenaza con repercutir directamente en las tarifas de transporte y en los precios de los productos y bienes de primera necesidad —especialmente la harina y el pan—, imponiendo a las clases populares cargas que no pueden permitirse asumir.
Asimismo, diversas organizaciones, agrupaciones políticas y personas independientes han convocado una sentada para el martes 15 de septiembre, a las 19:00 horas, en la plaza pública de Salamiya.
Ante la creciente ola de protestas, el gobierno de transición se apresuró a anunciar que revisaría los precios, planteando la posibilidad de devolverlos a sus niveles anteriores o de optar por un incremento menor. Por su parte, la Asamblea Popular decidió convocar al ministro de Energía a una sesión el 17 de septiembre para debatir la decisión, tras una solicitud firmada por más de 59 diputados.
Sin embargo, estas promesas no han logrado hasta ahora aplacar el malestar popular, y las manifestaciones y sentadas continúan en varios puntos. Quienes participan en las protestas tienen todo el derecho a recibir estos anuncios con cautela, dado que las promesas gubernamentales han quedado reiteradamente solo en eso, promesas. La gente no quiere escuchar de acciones futuras. Exigen que se revierta la decisión y se adopte una política económica que proteja su derecho a vivir con dignidad.
Durante el último año, el gobierno trabajó para ganarse el apoyo de la opinión pública, especialmente en las gobernaciones orientales, de cara al proceso de integración con las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS). En aquel entonces, se afirmaba que la liberación de Jazira devolvería su riqueza a la población y que los habitantes se beneficiarían de los recursos de su región, libres de la «corrupción» y las políticas de las FDS.
Bajo el control de las FDS, el precio del litro de gasolina no superaba las 80 nuevas libras sirias. Hoy, apenas un año después, el precio en Jazira ha alcanzado las 195 libras.
¿Qué pasó, entonces, con las promesas de devolver la riqueza al pueblo?
Cambiar el partido que controla los recursos no basta si la riqueza misma permanece fuera del control de la población. Carece de sentido liberar recursos de una autoridad para transferirlos a otra si el pueblo sigue privado de su derecho a decidir cómo se extraen y gestionan dichos recursos, y cómo se distribuyen los ingresos que generan.
A través de sus medios oficiales, el gobierno de transición promueve la idea de que el aumento de los precios de los productos se debe a los mayores costos de transporte y seguros a nivel mundial, derivados de la crisis en el estrecho de Ormuz y de las condiciones de navegación en el mar Rojo y el estrecho de Bab el-Mandeb.
Es posible que estos factores tengan un impacto real en los costos de importación y transporte, y no se pueden ignorar los cambios en la economía global. Sin embargo, utilizarlos para justificar que sean únicamente las clases populares quienes soporten el costo de la crisis no constituye una solución.
Desde que asumió el poder, el gobierno de transición ha dependido en gran medida del apoyo económico externo y de la apertura del mercado a las importaciones, mientras que la producción nacional, los sectores agrícola e industrial y la protección de los recursos del país no han recibido la prioridad que merecen.
No es posible construir una economía independiente mediante un mercado abierto al capital y a las importaciones si se deja a los productores, trabajadores y campesinos sirios bajo la presión de los precios y la pobreza.
La riqueza de Siria no es una mercancía que deba entregarse a empresas extranjeras. El petróleo, el gas, el trigo, el agua y la tierra no son propiedad del gobierno ni de los inversores. Pertenecen al pueblo sirio, que ha pagado un precio enorme a lo largo de dieciséis años de revolución y guerra, y que no salió de ellas solo para encontrarse frente a más pobreza, precios más altos e inseguridad económica.
Nos solidarizamos con las protestas populares y exigimos lo siguiente:
Revocar de inmediato los nuevos precios del combustible y restablecer los precios a los niveles previos a dicha decisión.
Elaborar un plan nacional claro e integral para el sector del petróleo y el gas, basado en el reconocimiento de los recursos naturales como propiedad del pueblo sirio, en lugar de como algo que deba repartirse entre empresas extranjeras e intereses privados.
Proteger y nacionalizar los recursos y sectores estratégicos —principalmente el petróleo y la agricultura— y situar la producción bajo la supervisión y el control de quienes trabajan en ella, garantizando que los recursos se destinen a servir a la sociedad en lugar de a maximizar los beneficios de los inversores.
Apoyar a los campesinos, a los trabajadores y a la producción nacional, y suministrar los insumos necesarios para la agricultura y la industria, a fin de evitar las crisis recurrentes de trigo, combustible y productos de primera necesidad, así como las cargas económicas derivadas de los precios que, en última instancia, recaen sobre los pobres.
Exigir una investigación y la rendición de cuentas por parte del Ministro de Energía, del gobierno y de todos los responsables de esta decisión, la cual evidencia un enfoque basado en el ejercicio unilateral del poder y en el monopolio de la toma de decisiones y de las fuentes de poder. La riqueza del pueblo no es propiedad del gobierno, y los recursos del país no deben gestionarse sin supervisión popular ni rendición de cuentas.
Involucrar al pueblo y a los trabajadores de los sectores productivos en la elaboración de la política económica y en la gestión de los recursos, en lugar de imponer decisiones desde arriba y hacer que los trabajadores, los campesinos y los pobres soporten sus consecuencias.
La crisis petrolera no es simplemente una crisis por un litro de gasolina, del mismo modo que la crisis del trigo no se reduce a una tonelada de trigo, ni la crisis económica es una mera cuestión de cifras en los boletines de precios. Se trata de la crisis de todo un modelo económico que antepone el mercado y el beneficio a los seres humanos, concentra la riqueza en manos de unos pocos y hace que la mayoría de la población pague el precio de las crisis.
La crisis del petróleo, de la agricultura y de una economía maltrecha no puede resolverse mediante más privatizaciones, dependencia de potencias extranjeras ni aumentos de precios impuestos a los sectores más pobres.
La solución comienza con el control popular sobre los recursos, con la reconstrucción de la producción nacional, con la participación de trabajadores y campesinos en la gestión de los sectores donde generan riqueza y con una distribución de los recursos basada en criterios de equidad y sostenibilidad.
Movimiento por la Libertad y la Dignidad – Siria
15 de septiembre de 2026