Jul 28, 2026 Last Updated 9:41 PM, Jul 24, 2026

Izquierda Socialista

Escribe Federico Novo Foti

La batalla de Stalingrado (julio de 1942 a febrero de 1943) cambió el curso de la Segunda Guerra Mundial y marcó el comienzo del fin del poderío de Hitler. La derrota del nazismo representó un enorme triunfo que abrió una etapa revolucionaria. Pero la traición del estalinismo evitó la extensión del socialismo a nivel mundial.
 
 El 2 de febrero de 1943 el mariscal del 6° Ejército alemán, Friederich Paulus, firmó la rendición en Stalingrado (hoy Volgogrado). La ciudad, ubicada entre los ríos Volga y Don en la gran estepa cerealera rusa de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), había quedado reducida a escombros. En el enfrentamiento habían muerto un millón y medio de soviéticos y otros 800.000 alemanes y sus aliados (italianos y rumanos). 90.000 soldados alemanes fueron tomados prisioneros. Decenas de miles de tanques, aviones y piezas de artillería fueron destruidos. Con la capitulación nazi, tras doscientos días de cruentos combates, finalizaba la mayor batalla de la Segunda Guerra Mundial y la más sangrienta de la historia.
 
Hitler invade la URSS
 El 30 de enero de 1933 Adolf Hitler asumió como Canciller de Alemania, comenzando a instalar el régimen nazi. Un régimen totalitario cuyo objetivo era aplastar al movimiento obrero, especialmente a la izquierda, utilizando métodos de guerra civil y de limpieza étnica contra judíos, gitanos y otros. Uno de los objetivos estratégicos del nazismo era acabar con la URSS, el gobierno obrero y campesino nacido de la Revolución de Octubre en 1917.

En paralelo, desde mediados de la década de 1920 un aparato burocrático se venía consolidando en el gobierno de la URSS. La burocracia conducida por José Stalin liquidó la democracia obrera y traicionó la lucha de los trabajadores y los pueblos de la URSS y el mundo, imponiendo la política del “socialismo en un solo país” y la “coexistencia pacífica” con el imperialismo. En agosto de 1939 Stalin firmó un escandaloso “pacto de no agresión” con Hitler, facilitando la invasión a Polonia y el inicio de la Segunda Guerra Mundial.

León Trotsky, líder de la revolución rusa junto a Vladimir Lenin, exiliado y perseguido por la burocracia estalinista, denunciaba junto a un puñado de seguidores de la Cuarta Internacional que “el pacto germano-soviético es una capitulación de Stalin ante el imperialismo fascista” que no dudaría en avanzar sobre la propia URSS.1

Stalin confió en su pacto con Hitler y desoyó todas las advertencias (ver recuadro). El 22 de junio de 1941 comenzó la “Operación Barbarroja”. La invasión nazi a la URSS contó con un despliegue de tropas terrestres de dos millones de soldados, miles de blindados (tanques Panzer) y la aviación alemana (Luftwaffe). Para diciembre habían ocupado Lituania, Bielorrusia y Ucrania. La ciudad de Leningrado (hoy San Petersburgo) sufrió un terrorífico sitio. Los nazis llegaron también hasta los alrededores de Moscú.

Luego del desastre inicial, responsabilidad de Stalin y la burocracia, se logró poner de pie la heroica resistencia del pueblo soviético, comenzando la “Gran Guerra Patria”. Se recompuso el Ejército Rojo, poniéndo al frente los generales soviéticos más capacitados, Gueorgui Zukhov, Konstantin Rokossovski y Vasili Chuikov.

 En diciembre de 1941, descontento con el resultado de la primera ofensiva, estancada a las afueras de Leningrado y Moscú, Hitler tomó personalmente el control del alto mando alemán. A mediados de 1942 puso en marcha la “Operación Azul” para avanzar hacia la estepa cerealera y los pozos petrolíferos del Cáucaso. Sobre Stalingrado se lanzaron el 6º Ejército de Paulus, el 4º Panzer de Hermann Hoth, dos ejércitos rumanos y uno italiano. La Luftwaffe destruyó los barrios de la ciudad situados en la ribera oriental del Volga. La rendición parecía inminente. Pero no fue así. Las tropas de Chuikov pelearon obstinadamente en la ciudad en ruinas. En noviembre, con las primeras nevadas, los generales soviéticos lanzaron su contraofensiva: la “Operación Urano”. Desde el río Don, al oeste, Rokossovski pudo rodear a las tropas alemanas, sitiando al 6º Ejército. La pelea fue casa a casa, con refugios en sótanos y cloacas, y la constante amenaza de los francotiradores.2 Para enero de 1943 la resistencia alemana se estaba derrumbando. A finales de mes comenzaron a aparecer banderas blancas en las trincheras alemanas, sin autorización de sus superiores. El 31 de enero se rindió Paulus, firmando la capitulación días más tarde.
 
Se abre una nueva etapa revolucionaria

La victoria soviética en Stalingrado cambió el curso de la Segunda Guerra Mundial. La noticia devolvió a los pueblos ocupados la esperanza de que se podía derrotar a los nazis. La resistencia se fortaleció en todas partes. Fue el comienzo del fin del nazismo. Aun así se necesitaron dos años más de enormes esfuerzos bélicos, de acciones crecientes de la resistencia y sacrificio de los pueblos para alcanzar el triunfo definitivo sobre el nazismo. Pero desde Stalingrado, el arrollador avance del Ejército Rojo no paró hasta que finalmente liberó Berlín en mayo de 1945.

El fundador de nuestra corriente Nahuel Moreno afirmó que “la derrota de Hitler fue el más colosal triunfo revolucionario de toda la historia de la humanidad”.3 Terminó con la contrarrevolución capitalista nazi-fascista e inició una nueva etapa revolucionaria mundial en la que los trabajadores y pueblos del mundo obtuvieron grandes triunfos. Desde entonces se produjeron numerosas revoluciones triunfantes, logrando la independencia de muchas colonias e incluso la expropiación de la burguesía en Europa del Este y otros países como Yugoslavia, China, Cuba o Vietnam. Moreno señaló también la contradicción de que el propio Stalin y la burocracia estalinista fueron quienes, ante el movimiento obrero y popular, capitalizaron ese triunfo.4 Pero Stalin traicionó la lucha por el socialismo utilizando su autoridad para preservar los privilegios burocráticos, celebrando los acuerdos de Yalta y Postdam (febrero y julio de 1945) con las potencias imperialistas para estabilizar el dominio capitalista mundial y encorsetar las revoluciones de posguerra.

 La batalla de Stalingrado dejó una doble enseñanza para la actualidad. En primer lugar, que los pueblos del mundo pueden lograr triunfos, aún con dirigentes burocráticos y traidores, como fue el caso del heroico pueblo soviético bajo Stalin. En segundo lugar, que la tarea más difícil y necesaria sigue siendo la de construir una nueva dirección revolucionaria capaz de terminar definitivamente con la contrarrevolución imperialista en cualquiera de sus variantes y con el dominio capitalista imperialista mundial. A esa tarea nos abocamos diariamente las y los militantes de Izquierda Socialista y la UIT-CI.


1. León Trotsky. “Stalin, el comisario de Hitler” (2/9/39) y “La alianza germano-soviética” (4/9/39) en Escritos, tomo XI, vol. 1. Pluma, Bogotá, 1979.
2. Ver la película “Enemigo al acecho” (2001) de Jean Jacques Annaud.
3. Nahuel Moreno. Revoluciones del Siglo XX, CEHuS, Buenos Aires, 2021. En nahuelmoreno.org
4. Nahuel Moreno. Actualización del Programa de Transición. Ediciones El Socialista, Buenos Aires, 2014. En nahuelmoreno.org

Pese a que desde comienzos de la década de 1930 sonaban los tambores de guerra en Europa con el ascenso del fascismo y el nazismo, Stalin y su burocracia decapitaron desde 1937 al alto mando del Ejército Rojo como parte de su política de barrer cualquier vestigio de oposición. El Ejército Rojo quedó desmembrado por años sin su histórica conducción. Una vez iniciada la guerra, Stalin rechazó sistemáticamente los informes de sus espías que, desde Japón y Alemania, venían informando sobre los preparativos de la invasión nazi a la URSS.1 Pero tras el triunfo en la batalla de Stalingrado y la derrota definitiva en 1944 del nazismo, Stalin se autoadjudicó la “gloria” y fue nombrado “mariscal”. Los auténticos protagonistas del triunfo, los generales al mando, la tropa y la heroica población soviética, pasaron a segundo plano. Se reescribió la historia para presentar los desastres de 1939 a 1941 como parte de un “plan genial de Stalin” para aplastar al nazismo. Pero lo cierto es que la conducción contrarrevolucionaria y burocrática de Stalin, que depositó su confianza en el escandaloso pacto con Hitler, provocaría enormes sufrimientos a la población y costaría la vida de millones de soviéticos.

1. Leopold Trepper. El gran juego. Editorial Ariel, Madrid, 1977. Memorias del jefe del espionaje soviético en la alemania nazi.


Escribe Miguel Lamas, dirigente de la UIT-CI

El sufrimiento, abandono, postergación, explotación y discriminación de las mayorías de trabajadoras, trabajadores, indígenas y los pobres del Perú es el motivo de fondo por el que desde hace más de dos meses, desde el 7 de diciembre pasado cuando el Congreso destituyó al presidente Castillo, la rebelión popular no cesa.

Los graves problemas del pueblo trabajador vienen desde hace años, con precariedad laboral, míseros salarios, liquidación de leyes laborales en la Constitución vigente, un 70% de informalidad en el empleo y empresas mineras multinacionales con enormes ganancias que están saqueando al país y destruyendo el ambiente y la agricultura campesina.

En ese escenario surgieron las protestas masivas que fueron violentamente reprimidas por parte de militares y la policía, dejando más de 70 muertos reconocidos, además de centenares de heridos y detenidos. Pero pese a esta sangrienta represión, desde las regiones del Sur, Centro y Norte del país continúa la movilización, los cortes de ruta y las marchas que siguen llegando a Lima, donde miles de trabajadoras y trabajadores salen a la calle a diario y fue convocada una huelga general.

Coordinar las organizaciones en lucha

El PT Uníos (Partido de los Trabajadores y Trabajadoras Uníos), sección de la UIT-CI de Perú, ha sido un participante activo en este proceso de luchas y movilizaciones, llamando a “construir la coordinación de las organizaciones en lucha” de trabajadores, campesinos e indígenas, para elaborar un plan de lucha unificado capaz de derrotar el gobierno de Dina Boluarte y el régimen podrido al servicio de los ricos.

El PT Uníos señala en su declaración: “El triunfo del pueblo trabajador es posible y abre enormes posibilidades para conquistar la Asamblea Constituyente libre y soberana que sepulte la Constitución de Fujimori y desde ese espacio discutir todas las medidas necesarias […] Tenemos que echar a la asesina Dina Boluarte, al corrupto Congreso […] para que gobiernen los únicos que pueden sacar al país de la crisis: ¡los trabajadores, las organizaciones campesinas e indígenas hoy en lucha. para impulsar medidas de fondo para que a la crisis la paguen los capitalistas saqueadores y no el pueblo empobrecido! Por un aumento general de emergencia de salarios y jubilaciones [...] ¡Basta de informalidad y precarización! ¡Precios máximos, sanción a los especuladores y nacionalización de la Banca y parar la inflación! ¡Impuestos a las grandes fortunas ya! ¡Plata para trabajo, salud y educación para el pueblo y no para el FMI! [...] ¡Nacionalización de los recursos naturales bajo control de los trabajadores! [...] ¡Basta de represión a los que luchan!”

Ver en uit-ci.org y en Facebook UIT-CI

Enrique Fernández Chacón

Histórico luchador revolucionario, dirigente obrero sindical en los ‘70, representante en la Constituyente de 1978, diputado por el Focep en los ‘80 y diputado nacional (mc) en 2020

“Me estoy recuperando de un accidente que he tenido. Y lo único que lamento es que haya sucedido en un momento en que hubiera aportado a la pelea que se está dando de otra manera. Pero, en fin, a pesar de las limitaciones físicas ahí estamos en la lucha.
Saludamos y agradecemos la solidaridad de la UIT-CI, la solidaridad desde Argentina, Chile, de Brasil, de Bolivia, Venezuela, de toda la Internacional. Necesitamos la solidaridad del mundo, para poder acabar con victoria la lucha que iniciamos y que ya costó muchas vidas. La cosa se está poniendo más difícil, ni el Congreso ni Dina Boluarte se quieren ir y continúan la violenta represión.
El PT Uníos es parte de la lucha. Esperamos tener la victoria. No tenemos otra salida que juntarnos para conquistar una vida digna, una nueva sociedad, por el gobierno de los trabajadores, los campesinos y el pueblo oprimido, por el socialismo”.


Angela Mayhuasca

Secretaria general nacional de la Confederación de trabajadores, técnicos y auxiliares de Salud

“El Estado nos persigue con todo lo que tiene a favor. Sus drones que nos vigilan, su aparato represivo y la fuerza policial y del ejército y sus tanques que se pasean por toda la Ciudad de Lima.
Para enfrentar eso, nosotros, desde nuestros sectores de salud, hemos venido apoyando, solidarizándonos. Hacemos colectas económicas para comprar víveres y preparar desayuno, almuerzo, cena, para los manifestantes que llegan a Lima. También organizamos brigadas de primeros auxilios para los que son atacados en la represión, por las bombas lacrimógenas directas al cuerpo, los perdigones, y la golpiza que puedan sufrir de la policía. Y también hemos participado en las marchas. Rechazamos a este gobierno asesino.  
Nosotros, desde un inicio, hemos apoyado que se convoque a una asamblea constituyente. Para terminar con la constitución fujimorista que, por ejemplo, respalda la privatización de nuestro sector, no solamente de la salud sino también de la educación. Mientras que la deuda externa se lleva un 11% de nuestro presupuesto nacional, el sector Salud tiene un 3,2%. El sector de Educación también. Y esto afecta no solo al sector Salud, sino a toda la población. No cubrimos los requerimientos básicos y mínimos que nuestra población necesita. Y nosotros como trabajadores no tenemos estabilidad laboral. Tenemos compañeros con contratos bien precarios. Compañeros acá en Lima con 100.000 soles al mes y en provincias nuestros compañeros técnicos y auxiliares asistenciales tienen un sueldo menor, de ochocientos (Nota de la redacción: equivalente a 210 dólares). Y estos contratos tienen un candado legal, no se pueden cambiar, están protegidos por la Constitución.
Hay también una crisis de dirección a nivel nacional. Nosotros desde el PT Uníos hacemos un llamado a todas las organizaciones a formar una coalición, una coordinadora, un frente amplio de acción, una unidad para poder avanzar y hacer caer a este gobierno asesino y así poder tener una alternativa.”



Como parte de la campaña internacional de apoyo a la lucha del pueblo peruano contra el gobierno criminal de Dina Boluarte, Mónica Schlotthauer, diputada nacional electa de Izquierda Socialista en el Frente de Izquierda Unidad y dirigenta ferroviaria del sindicalismo combativo, viajó a Perú en los primeros días de este mes. El sábado 4, en Lima, Mónica participó de la gigantesca manifestación que se extendió por  todo el país y que fue duramente reprimida, y el jueves 9 se sumó al gran paro nacional acompañado de masivas protestas, llevando nuestra solidaridad. Nos sumamos así a los reclamos de castigo a los responsables de la brutal represión que ya se cobró cerca de setenta muertos, a la exigencia de la renuncia de Boluarte y a la convocatoria a una Asamblea Constituyente Libre y Soberana.

Schlotthauer, que viajó en nombre de Izquierda Socialista/FIT Unidad y de la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional (UIT-CI), participó de diversas movilizaciones y acciones como parte de la columna de Uníos – Partido de Trabajadores, organización hermana de la UIT-CI y que tiene entre sus referentes al histórico dirigente y diputado nacional (mc) Enrique Fernández Chacón.

Entre sus actividades compartió charlas, debates y experiencias con dirigentes sindicales, de las mujeres, campesinas y de la juventud. En todos los casos constató el fuerte rechazo al gobierno de Boluarte, al parlamento corrupto y a la dirigencia política tradicional. Como le expresaron dos campesinas provenientes del Departamento de Puno, provincia de Lampas, en medio de la manifestación: “Yo vengo a la ciudad de Lima, yo no quiero a Dina, que se vaya Dina, cierre del congreso, nueva constitución es lo que yo quiero […]  ahora nos dicen terrucas (término despectivo para referirse a terroristas), nosotros pasamos toda nuestra vida trabajando, ellos son los terrucos, se roban nuestro oro, se lo llevan sin miedo, mientras que a nosotros no nos hacen valer (se refiere al olvido y la discriminación), nosotros somos la raza inca”.

En el mismo sentido se expresó Mariana Jesús Gallegos Jáuregui, vicepresidenta del Frente de Defensa del Pueblo de Parinacochas, Ayacucho, quien calificó al gobierno de Boluarte como un gobierno cívico militar. Durante una extensa charla resaltó el papel de las mujeres y los y las jóvenes en esta difícil coyuntura, en la que se lucha contra el gobierno y para exigir la Asamblea Constituyente Libre y Soberana. La compañera Mariana Jesús destacó además la necesidad de construir un partido de las y los trabajadores junto a los campesinos para superar esta crisis.

Desde Lima, Schlotthauer resumió así su visita: “Vinimos a traer el apoyo del pueblo argentino, de Izquierda Socialista/FIT Unidad y de la UIT-CI a las movilizaciones contra Dina Boluarte, cuyo apellido resuena con el ‘¡Fuera Boluarte!’ en todo el país. No es casual que el grito que más se escucha en las calles es: Dina asesina, el pueblo te repudia ¿cuántos muertos quieres para tu renuncia?. Conseguir su renuncia sería un gran triunfo, pero es necesario también dar la pelea de fondo, tanto por una Asamblea Constituyente para terminar con el legado fujimorista, como por un verdadero gobierno de los trabajadores y campesinos junto a las organizaciones en lucha.”
 
* En Lima: la diputada Mónica Schlotthauer en apoyo a la lucha del pueblo peruano
 

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