A casi tres años del jujeñazo la justicia de Jujuy elevó a Juicio a 19 luchadores.
El gobierno provincial de Carlos Sadir y Gerardo Morales, junto al juez Rodolfo Miguel “Nino” Fernández y el fiscal Diego Funes, fijaron el próximo 26 de octubre como fecha de inicio de uno de los juicios más polémicos contra la lucha social en la provincia.
Entre los imputados se encuentra el “Profe” José Iván Blacutt, dirigente de Izquierda Socialista y miembro de la comisión directiva de Adiunju, sindicato de docentes universitarios. Junto a él, otros 18 dirigentes de distintas organizaciones sociales, como la CCC, Nuestra América, el MRP y UNIR, entre otras, comparten el mismo destino.
En este marco, el pasado lunes 14 de septiembre se realizó en la sede de Adiunju una conferencia de prensa donde los imputados, junto a su equipo de abogados, pudieron informar a los medios y a la sociedad en su conjunto sobre su situación de persecución y criminalización. Allí contaron con el apoyo de sectores sindicales combativos como el SEOM, de municipales, y Cedems, de docentes, así como de distintas organizaciones sociales, comunidades originarias y organismos de derechos humanos.
En esta oportunidad, los abogados denunciaron algunas de las tantas irregularidades de la causa, como la exclusión de testimonios y la imposibilidad de presentar pruebas fundamentales para la defensa. Además, cuestionaron que la causa se eleve a juicio cuando aún existen presentaciones y recursos pendientes de resolución judicial.
En la lucha por el desprocesamiento de los compañeros se vienen realizando diferentes acciones, como la radio abierta del jueves 17 en Plaza Belgrano, donde se expresó todo el repudio en un marco de unidad. Entre distintos sectores, Sebastián López, secretario general del SEOM, y Mercedes “Mecha” Sosa, secretaria general de Cedems, declararon su total apoyo a los procesados y condenaron la persecución a los luchadores sociales.
Tal como declaró el “Profe” Iván Blacutt, “esta acción judicial es una clara persecución política en miras de las elecciones de 2027. El gobierno de Jujuy, al igual que el gobierno nacional de Milei, busca disciplinar y callar la protesta social”.
El sábado 19, en la Marcha de la Bronca, también se denunció la persecución política y el armado de causas contra luchadores, que en Jujuy es moneda corriente. El repudio a la causa es fuerte y amplio, por lo que reclamamos el desprocesamiento y el no inicio de este juicio contra los luchadores del Jujeñazo.
Corresponsal
Agustín Blanco
La multinacional alemana Adidas, que acompañó al nazismo hace casi un siglo, recibió un fuerte repudio tras las disculpas que soltó por la utilización que hizo de un soldado israelí amputado para graficar su campaña para ofrecer calzados individuales. Gracias a la brutalidad sionista, Palestina es el país en el que más niños y jóvenes perdieron extremidades en los últimos años.
La firma dio marcha atrás con la utilización del influencer Shalev Biton, soldado israelí que perdió su pierna en 2021 a partir de un misil antitanque que lo encontró en Gaza, luego de que el repudio generalizado se manifestara en las redes sociales y ante la posibilidad de que un boicot merme sus ventas.
Además de Biton, Adidas dio lugar a otros nueve atletas paralímpicos para graficar la campaña Single shoe. La decisión de retirarlo llegó luego de fuertes declaraciones como la que hizo Omar Haliwa, un amputado palestino de 14 años quien ofreció su testimonio a la agencia de noticias turca Anadolu. “¿Cómo puede Adidas traer a un soldado israelí y ponerlo en un anuncio mientras nosotros sufrimos tanto?”, reclamó el adolescente.
Por su parte, el dirigente Omar Barghouti, cofundador del movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS), destacó que Palestina cuenta con “el mayor número de niños del mundo que han perdido extremidades”, situación que “hace que la elección de marketing sea aún más inmoral”.
Mientras se codea con el sionismo al igual que hizo con el nazismo hace un siglo, sólo en 2025 Adidas ganó 24.811 millones de euros, además de obtener beneficios por otros 2.056 millones.
Navitas Petroleum, es una empresa israelí, que junto a Rockhopper (empresa petrolera británica) aprobaron una inversión de 1.800 millones de dólares para llegar primeras al petróleo en Sea Lion. ¡Tienen planteado llevarse el primer barril en 2028!
Todo esto es ilegal y sucede mientras el gobierno de Milei, cómplice del genocida Israel, ahora hipócritamente defensor de las Malvinas, no hace nada más que dar discursos.
¡Todavía no salió el primer barril, estamos a tiempo de frenarlo!
FUERA ISRAEL DE PALESTINA
FUERA LOS INGLESES Y NAVITAS DE MALVINAS
7 DE OCTUBRE
3 años de la profundización del genocidio contra el pueblo palestino.
¡EL GENOCIDIO CONTINÚA!
Israel ataca deliberadamente a infancias palestinas, desde el 2023 más de 20.000 infancias palestinas fueron asesinadas y más de 44.000 resultaron heridas. Comete un genocidio reproductivo, el control sobre el crecimiento demográfico palestino es uno de los objetivos centrales para el exterminio del pueblo palestino. Hay 9.600 palestines secuestrades en prisiones israelíes, el sistema de detención israelí es un régimen de humillación, coerción y terror sistemático e institucionalizado, con el respaldo de las autoridades israelíes.
Israel continúa con el bloqueo de insumos médicos y alimentos, permitiendo ingresar solo al 30% de los camiones con insumos.
Sigue expandiendo la línea amarilla, más del 60% del territorio es controlado por Israel, dejando a casi dos millones de personas hacinadas en espacios cada vez más reducidos.
¡POR UNA PALESTINA LIBRE DEL RÍO AL MAR!
¡NOS VEMOS EN LAS CALLES!
@accionargentinaxpalestina @movimiento_bds

José Castillo
La Inteligencia Artificial está en el centro del debate. Su control por grandes corporaciones y su uso en la disputa entre Estados Unidos y China la convierten en una amenaza para el pueblo trabajador.
El 3 de septiembre, OpenAI lanzó GPT-6 Astra, su modelo de inteligencia artificial más avanzado. Su presidente y cofundador, Greg Brockman, cerró la presentación afirmando “bienvenidos a la era de la Inteligencia Artificial General (AGI)”.
Pero el tecnooptimismo duró poco. El 9 de septiembre, el experto británico Jacob Coxon, exmiembro de Anthropic y OpenAI, dos de las empresas que compiten por la punta de la investigación en inteligencia artificial junto con Alphabet-Google, Amazon, Microsoft y Tesla, denunció que quienes desarrollan estos modelos consideran que una futura superinteligencia artificial “podría matarnos a todos para finales de la década”. También cuestionó a ambas compañías y afirmó que están avanzando hacia sistemas capaces de mejorarse a sí mismos, “jugando con nuestras vidas”.
En los días siguientes empezaron a conocerse informes sobre eventos ocurridos principalmente en entornos de prueba, en los que agentes de IA realizaron acciones no indicadas previamente, vulneraron sistemas o modificaron su propio funcionamiento, incluso sorteando algunas restricciones impuestas por sus desarrolladores.
Las afirmaciones de Coxon no fueron aisladas. Evan Hubinger, responsable de seguridad de Anthropic, le dio la razón y sostuvo que, en su estimación personal, existe más de un 10% de riesgo de que una IA pueda provocar la extinción humana durante la próxima década. Varios referentes del sector también reconocieron la existencia de riesgos graves y la necesidad de reforzar los mecanismos de seguridad.
El debate sobre el nivel alcanzado por la IA
¿La inteligencia artificial ha alcanzado finalmente capacidades comparables a las humanas?
Sin duda, los últimos avances, como GPT-6 Astra, representan un salto espectacular. No existe todavía consenso científico ni una medición universal que permita afirmar que se haya alcanzado la AGI, definida como sistemas altamente autónomos capaces de superar a los humanos en la mayoría de los trabajos económicamente valiosos, ni mucho menos la superinteligencia, un escalón superior que implicaría la existencia de máquinas ampliamente más inteligentes que los seres humanos.
Seamos claros. No estamos afirmando que sea imposible que en un futuro, ese estadio pueda alcanzarse.
Lo que sí está sucediendo es que existe una carrera por desarrollar modelos cada vez más avanzados, que se lanzan al mercado o se ponen a disposición de los complejos militares antes de que existan controles suficientemente probados para evitar accidentes, usos indebidos o consecuencias catastróficas. “Hoy hay más regulaciones para servir una hamburguesa que para ofrecer un producto de la IA”, se afirma en el documental de Netflix El Doc de la IA.
Al riesgo para el pueblo trabajador de que la IA genere la destrucción de millones de puestos de trabajo y un incremento catastrófico del desempleo, en vez de traer progreso y más tiempo libre, se suman ahora las advertencias sobre los peligros de un desarrollo descontrolado y su aplicación militar.
La competencia por la IA entre Trump y el gobierno chino
Donald Trump se opone a frenar la carrera por la IA. Así como entre las empresas nadie quiere desacelerar por miedo a perder una ventaja competitiva o una porción del mercado, el gobierno yanqui coloca el desarrollo tecnológico como una pieza central de su competencia con China. Trump ha insistido en que Estados Unidos debe conservar el liderazgo y sostuvo que la IA podría tener un impacto incluso mayor que la Revolución Industrial.
El gobierno de Xi Jinping, por su parte, también participa de esta competencia tecnológica, atravesada por objetivos económicos, geopolíticos y militares. La disputa entre Estados Unidos y China por los chips, los modelos de IA y otras tecnologías avanzadas se ha convertido en uno de los principales puntos de tensión entre ambas potencias.
Evidentemente, semejante competencia no se resuelve con un mero “sistema de alerta para incidentes de IA”, como se ha informado que se estudia implementar.
El problema no es la IA
Los pulpos monopólicos de la IA siguen adelante con sus desarrollos porque están en una competencia por los mercados y las ganancias futuras, sin que la seguridad sea necesariamente el criterio principal que ordena esa carrera. No suena muy distinto de cómo actúan las grandes corporaciones que hoy, a pesar de todas las advertencias de los defensores del ambiente, priorizan sus ganancias.
Esto se potencia con la carrera por el liderazgo tecnológico entre Estados Unidos y China, que incluye los negocios y el posicionamiento de sus propios monopolios transnacionales y también aplicaciones militares. La comparación con la carrera por el armamento nuclear aparece incluso dentro del propio sector tecnológico.
Alexander Karp, director ejecutivo de Palantir, la empresa cofundada por Peter Thiel, escribió en 2023 una nota en The New York Times titulada “Nuestro momento Oppenheimer, la creación de las armas de IA”, trazando un paralelismo entre la física nuclear y la ciencia de la computación. Palantir aporta tecnología utilizada por organismos estadounidenses como el ICE y por el Departamento de Defensa. Su sistema Maven fue utilizado en operaciones militares contra Irán y forma parte de la infraestructura estadounidense de procesamiento de información y selección de objetivos.
Ese sistema también estuvo involucrado en el proceso de selección de objetivos durante la campaña en la que fue bombardeada una escuela primaria en Minab, Irán, donde murieron más de 150 personas, muchas de ellas niñas y niños. Investigaciones posteriores señalaron una posible dependencia excesiva de la información procesada mediante Maven, aunque la responsabilidad concreta por la selección de ese objetivo ha sido objeto de investigación.
El capitalismo funciona colocando todos los desarrollos tecnológicos y los avances de la ciencia y la técnica bajo la lógica de la competencia y la rentabilidad. Tecnologías que podrían contribuir al progreso y liberar tiempo de tareas penosas pueden convertirse, bajo esas condiciones, en herramientas de desempleo masivo, supervigilancia, represión y destrucción mediante drones, sistemas automatizados de combate u otras aplicaciones militares.
La salida no está en oponerse a la IA. De lo que se trata es de discutir quién controla estas tecnologías, con qué objetivos se desarrollan y al servicio de qué intereses se utilizan. Desde una perspectiva socialista, planteamos que estos desarrollos estén bajo control público y de sus trabajadoras y trabajadores, como parte de una planificación democrática y responsable orientada a las necesidades sociales y no a las ganancias privadas.

José Castillo
Ya desde 2024, el gobierno viene insistiendo en abrir la Argentina a los pulpos de la IA. En una entrevista con Alejandro Fantino, citada en el libro Teoría de la Dependencia Digital, de Cecilia Rikap, Javier Milei afirmó que “nosotros estamos buscando ser uno de los cuatro polos de inteligencia artificial del mundo […] porque tenemos recursos humanos […] la cantidad de pibes hoy programando acá vos no te das una idea […] Para que trabajen los centros de datos necesitás energía. ¿Hay energía acá? Sí. Y, además, ¿qué necesitás? Frío. Con lo cual en el sur podés hacer una cosa fenomenal. Grandes extensiones de tierra, frío, acceso a la energía barata y capital humano”.
Lo único cierto de todo esto es que los centros de datos, el último eslabón de la cadena de la IA, necesitan enormes cantidades de energía, electricidad y agua. Construirlos no nos transforma en un nuevo Silicon Valley ni requiere de “pibes programando”. Sí requiere de lugares del planeta donde otros, llamados Alphabet (Google), Microsoft, Amazon, Meta o Tesla, descarguen la parte más contaminante del proceso. “Zonas de sacrificio” aptas para el saqueo.
Milei tiene en debate el super-RIGI, que ofrece exenciones impositivas similares a las del RIGI a inversiones de base superiores a 1.000 millones de dólares en lo que denomina “sectores sin desarrollo previo”. Entre todos esos negocios, el privilegiado es, sin duda, el de los data centers de Inteligencia Artificial.
Elon Musk aparece picando en punta. Hace pocas semanas, directivos de Tesla estuvieron en la Casa Rosada prometiendo llevar a la Patagonia inversiones de xAI, la compañía de IA de Musk. Pero no es el único caso. Un año atrás estuvo el anuncio de OpenAI de instalar en el sur del país el proyecto Stargate, un megacentro de datos impulsado a nivel local por Sur Energy, la firma de Emiliano Kargieman, fundador del unicornio Satellogic.
Nada de la punta del desarrollo de la IA generativa, ni siquiera del desarrollo industrial de microprocesadores u otros elementos de hardware, será fabricado en la Argentina. Todo esto es apenas una pata más del saqueo.