Dec 02, 2023 Last Updated 7:30 PM, Dec 1, 2023

Escribe Adolfo Santos

Impactados por el resultado electoral del domingo 19 de noviembre, los dirigentes peronistas buscan una explicación frente a la derrota a manos del ultraderechista Javier Milei. Muchos de ellos, culpan a los medios y otros, a los propios votantes que no habrían sido capaces de comprender el peligro que significaba el candidato de La Libertad Avanza. Lejos de eso, creemos que el mayor responsable del triunfo de Milei, es el propio gobierno peronista y sus políticas nefastas.

No se podía esperar un resultado diferente con un gobierno peronista que frustró ampliamente las expectativas de las y los trabajadores y sectores populares. No tuvimos las “heladeras llenas” prometidas después de los cuatro años del desastroso gobierno Macri. Al contrario, el Frente de Todos, ahora Unión por la Patria, encabezado por Alberto Fernández, Cristina Kirchner y Sergio Massa, profundizaron la decadencia. De la mano del Fondo Monetario aplicaron nuevos ajustes para cumplir con los acuerdos y nos impusieron una inflación de más de 140% que pulveriza salarios y jubilaciones y nos somete a una pobreza que supera el 40%. Un brutal ajuste hecho con la complicidad de la CGT, las CTA y el conjunto de la traidora burocracia sindical.

Esa es la principal explicación del resultado electoral, fue un voto castigo ante una situación económica insoportable. Aunque hay más motivos para rechazar al gobierno peronista, la inseguridad, la corrupción y dirigentes viviendo como millonarios, ajenos a las principales necesidades del pueblo trabajador. Fue un voto esencialmente contra el gobierno y la falta de políticas de fondo para resolver los graves problemas sociales, lo que no significa necesariamente un apoyo a las propuestas ultraderechistas de Milei. No importó que Massa haya ganado el debate, que Milei sea tildado de desequilibrado o que hablara con Conan, su perro muerto, primó el hartazgo y el repudio a las propuestas políticas que nos gobiernan hace décadas y a quienes las aplicaron. Esas son las principales razones que indujeron a que el voto se canalice equivocadamente hacia un ultraderechista tipo Bolsonaro cuyo fracaso ya se evidenció en Brasil.

El peronismo no es salida

Frente a este resultado es importante sacar conclusiones. En primer lugar, que el peronismo como referente de la clase trabajadora y las demandas populares ya no es alternativa. Sus relaciones estrechas con el Fondo Monetario lo atan a los intereses del sistema financiero internacional, y sus gobiernos estuvieron marcados por la dependencia económica y política.

Sus políticas al servicio de los bancos demostraron, una vez más, que, al igual que los partidos que integran Juntos por el Cambio, gobiernan para los intereses de los poderosos. La defensa del extractivismo de las multinacionales, por ejemplo, ubica al peronismo en la vereda opuesta a las luchas ambientales.

Es un partido patronal que se construye con el apoyo de los grandes empresarios, por eso es probable que un sector de la dirigencia peronista busque un lugar al lado del nuevo gobierno y acompañe parte de las reformas reaccionarias que viene planteando Milei. Prueba de ello son algunas declaraciones de los burócratas sindicales peronistas (ver "Cavalieri, Barrionuevo y el nefasto papel de la burocracia sindical peronista").

Con el gobierno peronista de Alberto, Cristina y Massa profundizaron la crisis económica-social y no cumplieron con la  promesasde la “heladera llena”. Es evidente que el peronismo no es la herramienta que necesita la clase trabajadora, las y los jubilados, las mujeres y la juventud para enfrentar el nuevo gobierno ultraderechista encabezado por Milei y mejorar la situación de la clase trabajadora y sectores populares.  

De los últimos veinte años, el peronismo kirchnerista gobernó dieciséis, sin embargo no hizo cambios económicos estructurales para resolver los graves problemas sociales del país. Cristina sostiene que el capitalismo es “el sistema económico de producción de bienes y servicios que se ha demostrado más eficiente”, en esto coincide con Milei, Macri y todos los políticos patronales. Pero lo cierto es que bajo este sistema solo ha crecido la pobreza y la miseria, por lo que necesitamos un cambio de fondo.

Desde Izquierda Socialista y el Frente de Izquierda somos los únicos que planteamos un programa distinto al ajuste permanente, que pasa por romper con el FMI, dejar de pagar la deuda externa y lograr un gobierno de las y los trabajadores en camino a un socialismo con democracia obrera para poner todos los recursos al servicio de resolver las necesidades populares. Por eso, te invitamos a incorporarte a Izquierda Socialista para ayudarnos a avanzar en este proyecto.

Escribe Adolfo Santos

Hay otros actores importantes que ayudaron a hundir al peronismo y determinaron el triunfo de la ultraderecha. Al hartazgo, hay que sumarle la orfandad con que las y los trabajadores, se vieron expuestos para enfrentar a este gobierno. La burocracia sindical que conduce la CGT fue una vergüenza. Los principales dirigentes sindicales actuaron en estos años como agentes de los patrones y del gobierno peronista y no de las necesidades de sus bases. Dejaron pasar los ajustes, negociaron reducciones de derechos durante la pandemia, cerraron paritarias a la baja, apoyaron los acuerdos con el FMI que implican más ajustes mientras se fotografiaban con el embajador de los Estados Unidos Marc Stanley.

Después del triunfo de Milei, los burócratas sindicales no han manifestado preocupación con las medidas anunciadas ni piensan convocar a los trabajadores para debatir los peligros del nuevo gobierno y como organizarnos para enfrentarlos. Al contrario, hubo quien le envió un mensaje de “felicitación” al nuevo presidente. “No nos estamos pintando la cara. Tiene que primar la sensatez”, le transmitió a Clarín otro dirigente cegetista.  Los menos recatados, como el mercantil Armando Cavalieri y el gastronómico Luis Barrionuevo, han sido claros. El dirigente de comercio, refiriéndose a Milei, advirtió en un comunicado dirigido a su sector: “es imperante que nos pongamos a trabajar fuertemente sin mezquindades para lograr los acuerdos necesarios”.

Mientras que Barrionuevo, recordado por decir: “tenemos que dejar de robar por dos años”, fue más allá y se realineó nuevamente con Milei. “Estamos para colaborar y trabajar. A mi no me enamoran los hombres, lo que me enamoran son los proyectos y la gestión”. Lamentablemente, no hay nada de extraño en un burócrata sindical peronista enamorado de un proyecto patronal y ultraderechista. Con estos burócratas no hay salida. Necesitamos construir una nueva dirección combativa y democrática. Es el camino que nos muestra el Plenario del Sindicalismo Combativo que impulsan los ferroviarios del Sarmiento, el Sutna, las conducciones y oposición Multicolor en docente, entre otros. El camino es la democracia sindical para decidir, autonomía de los patrones y los gobiernos y la lucha como método de conquista.
      

Estamos a menos de dos semanas del balotaje, que definirá el próximo presidente. ¿En qué condiciones llegan el pueblo trabajador y sectores populares? Bronca, desilusión, puede ser una primera imagen. Se acaba de conocer el índice de precios de la ciudad de Buenos Aires, que anticipa en unos días al nacional que da a conocer el Indec: 9,4% sumando un 146,4% en los diez primeros meses del año. Desde la devaluación de agosto, realizada por exigencia del FMI a hoy, vamos a tener alrededor de un 30% de suba de precios, número mucho peor cuando observamos lo que pasó con los bienes de la canasta familiar. Cualquier estadística que tomemos no nos deja mentir: los salarios y las jubilaciones, que ya venían perdiendo y por mucho con respecto a la inflación de los últimos años, sufrieron en este trimestre un nuevo zarpazo que virtualmente los pulverizaron. No lo pueden disimular ni siquiera las medidas paliativas y electoralistas que tomó el gobierno en los últimos dos meses. Todo esto es la culminación de un ajuste que ya lleva todo el actual gobierno peronista del Frente de Todos, sometido a cumplir con las exigencias del Fondo y los cronogramas permanentes de vencimientos de deuda externa. Así llegamos a un 40% de pobres. A que sea una utopía algo tan básico como poder alquilar un lugar para vivir.

Por eso, los miles que votaron a Massa en la primera vuelta, no lo hicieron contentos, ni mucho menos entusiasmados. Fue apenas la reacción ante el abismo que planteaba la posibilidad de un triunfo del ultraderechista Milei.

Es que si bronca o desilusión es un primer adjetivo adecuado para explicar lo que se percibe en infinidad de diálogos con compañeras y compañeros de trabajo, estudio, vecinos o familiares, lo segundo es preocupación. Ante la posibilidad de que, justamente por culpa del desastre que ha sido este gobierno para el pueblo trabajador, llegue a ganar un candidato ultraderechista, negacionista de la dictadura, que propone legalizar la compra-venta de órganos, privatizar todo, desde los ferrocarriles hasta las ballenas, antiderechos de las mujeres hasta el extremo ya no solo de plantear terminar con el aborto legal, sino incluso con la responsabilidad de los padres de mantener a sus hijos pasando la cuota alimentaria; con candidatos que tratan a las disidencias asimilándolas a “gente con piojos”; y un etcétera infinito. Donde la clase trabajadora y sectores populares olfatean que lo que se viene si gana este personaje es perder más derechos laborales y ser reprimido y encarcelado si se intenta protestar.

Por eso, son miles los que, incluso con bronca y la nariz tapada, votaron a Massa en octubre. Y serán muchos más los que ya anuncian que lo harán en el balotaje. Es que son millones los que plantean que lo fundamental es decir ¡No! al facho de Milei, a la negacionista y pro-milica Victoria Villarruel y al tren fantasma que lo acompaña, ahora sumando desde hace un par de semanas nada menos que al ajustador Macri y la “rambo” Patricia Bullrich. Por eso, desde Izquierda Socialista compartimos la preocupación ante la posibilidad del triunfo del ultraderechista y hemos planteado el llamado al voto crítico a Massa (ver "Declaración de Izquierda Socialista sobre el balotaje / Llamamos a votar contra el ultraderechista Milei").

Diciendo con toda claridad: no le damos ningún apoyo político a Massa, ni al actual gobierno, ni a un futuro gobierno de Unión por la Patria. Seguimos criticando y apoyando todas las luchas contra el ajuste en curso, hasta el mismo día de la elección. Y, al día siguiente del balotaje, si gana Massa, ya estaremos enfrentando el nuevo ajuste que, sin duda, llevará adelante el nuevo gobierno de la mano del FMI.

Sergio Massa desde poco antes de la primera vuelta viene hablando de armar un gobierno de unidad nacional con el resto de los partidos patronales. Así va sumando, con más o menos apoyo explícito, a radicales (se habla del represor Gerardo Morales), de legisladores del peronismo cordobés, del salteño Urtubey (que se acaba de pronunciar públicamente por Massa) y de tantos otros. Massa incluso ha hecho un guiño al establishment económico anunciando que su ministro de Economía será de “otro espacio político”. Es que ese eventual gobierno de unidad nacional estará, como el actual, al servicio de un nuevo plan de ajuste, surgido de la “renegociación” del acuerdo con el Fondo y los buitres de la deuda.

En estos pocos días que quedan compartimos y somos parte de los millones que quieren cerrarle el paso al gobierno al ultraderechista Milei y sus políticas de guerra contra el pueblo trabajador. Pero, al igual que tantos otros compañeros y compañeras, ya avisamos que estaremos desde el primer día en las calles peleando contra el mayor ajuste que se viene, sea quien sea el ganador. Y planteando, tras esta coyuntura, que la única salida, incluso para que no aparezca más un Milei es construir otra alternativa política, la que plantea Izquierda Socialista y el Frente de Izquierda Unidad, diciendo que quienes deben gobernar son las y los trabajadores, con un programa diferente obrero y popular, que comience por suspender los pagos de deuda externa, romper con el FMI y priorizar con todo ese dinero la resolución de las más urgentes necesidades populares. Superando al peronismo que nos ha llevado a esta situación y postulando la construcción de una Argentina socialista. A esa pelea te convocamos.

Escribe Adolfo Santos

La crisis económica y social se profundiza y el gobierno peronista continúa aplicando medidas de ajustes para cumplir sus compromisos con el Fondo Monetario. A pocos días de la segunda vuelta electoral que definirá el próximo presidente, no hay expectativas que un nuevo gobierno nos vaya a sacar de la situación de pobreza sistémica a que nos llevaron las políticas de los partidos patronales. Por eso repetimos, gane quien gane, deberemos continuar luchando para mejorar el salario, las jubilaciones, conquistar empleos de calidad, por servicios públicos eficientes, en defensa del ambiente, de los derechos de las mujeres, las disidencias y de la juventud.

No hay salida con las variantes patronales que están en disputa. Como lo hicimos durante la campaña electoral, insistimos que la única alternativa para pelear por los cambios de fondo que necesitamos es la que propone el Frente de Izquierda. Una propuesta que comienza por parar la sangría que generan los pagos sistemáticos de una deuda externa fraudulenta y destinar esos recursos a resolver los graves problemas sociales. Hace apenas una semana el ministro Massa volvió a efectuar un desembolso de 2.600 millones de dólares al organismo financiero internacional para lo cual tuvo que recurrir a nuevos endeudamientos con China, ya que no dispone de reservas propias. “Que nadie dude respecto de la capacidad de pago de los vencimientos de Argentina ante el FMI en los próximos meses”, declaró el candidato peronista Sergio Massa confirmando que continuará con esta política de entrega y de ajustes al compás del FMI.

El peronismo y Milei junto al macrismo son más ajuste. La alternativa es el programa de emergencia obrero y popular que defendemos desde el Frente de Izquierda. Proponemos suspender inmediatamente los pagos de la deuda externa y romper con el FMI. Esta medida y otras como acabar con la especulación financiera y cambiaria nacionalizando la banca y el comercio exterior, imponiendo nuevos y fuertes impuestos a los ricos y a las grandes empresas nos van a permitir disponer de los recursos necesarios para resolver los graves problemas sociales. Es la única forma de aumentar salarios y jubilaciones para que nadie gane menos que la canasta familiar, crear trabajo genuino y de calidad a través de un plan de construcción de viviendas populares que a la vez resuelva el grave déficit habitacional y aumente los presupuestos de salud y educación.

Para avanzar en ese proyecto es necesario fortalecer a los que luchan contra las políticas de ajuste del gobierno y los patrones como lo hace el sindicalismo combativo, con dirigentes anti burocráticos como los que acaban de ganar el Cuerpo de Delegados de la Unión Ferroviaria del Sarmiento, con el “Pollo” Sobrero a la cabeza. Fortalecer y sumar el movimiento de mujeres que dio la pelea contra el gobierno y la ultraderecha en el reciente Encuentro Plurinacional de Mujeres realizado en Bariloche. Unirnos alrededor de la izquierda que lucha por los derechos humanos junto al Encuentro Memoria Verdad y Justicia, que pelea en defensa del ambiente, contra el saqueo extractivista del capitalismo, que se moviliza junto a la juventud en defensa de la justa causa del pueblo palestino y que está a disposición de las luchas populares.

Ese es nuestro principal compromiso, combatir los planes de los partidos patronales, cualquiera que sea el ganador el próximo día 19 de noviembre. Aunque no sean lo mismo, ninguno de los dos representa nuestros intereses ni propone un proyecto al servicio de la clase trabajadora, de las mujeres, de la juventud, los sectores populares o por la defensa del ambiente. Como expresaron la mayoría de las intervenciones de los dirigentes del FIT Unidad después de la elección del 22 de octubre, seguiremos junto al sindicalismo combativo que integró nuestras listas y con toda la militancia del Frente de Izquierda, construyendo una fuerte alternativa al calor de las luchas y las movilizaciones contra el mayor ajuste que se prepara de la mano del FMI.

     Aumento de emergencia de salarios y jubilaciones


Trabajo genuino para todas y todos. Reestatización de las privatizadas


             Romper con el FMI y dejar de pagar la deuda externa

Nacionalización de la banca y el comercio exterior

             Para terminar con la inflación: precios máximos y congelamiento de los productos de la canasta familiar


Escribe José Castillo

El ministro de Economía y candidato presidencial de Unión por la Patria, Sergio Massa, anunció que se apresta a llevar adelante una nueva “renegociación” del acuerdo con el FMI. No se trata de nada progresista; por el contrario, lo que se viene es más ajuste y saqueo de nuestros recursos.

Desde el mismísimo comienzo del gobierno de Alberto Fernández la renegociación de la deuda externa fue un tema siempre presente. Así, en agosto de 2020, plena pandemia, se firmó el acuerdo con los acreedores privados, que ya desde el año pasado estamos pagando. En marzo de 2022, por su parte, se aprobó el nuevo programa con el FMI, por el que el gobierno se comprometió a llevar adelante un feroz ajuste, creciente año a año. Desde fines de julio del año pasado, Sergio Massa es el encargado de ejecutarlo.

Ese es el motivo fundamental por el que nuestro país tiene una pobreza del 40% y en ascenso. La inflación descomunal sobre los productos de la canasta familiar, que pulveriza salarios y jubilaciones, es el mecanismo más perverso por el que se garantiza cumplir con las exigencias del FMI. El propio Sergio Massa lo reconoció, al explicar que la devaluación del 22% llevada adelante al día siguiente de las PASO de agosto fue realizada por exigencia del Fondo. Recordemos que ese hecho fue el desencadenante del aumento de la inflación a dos dígitos en agosto, septiembre y muy probablemente octubre.

Mientras seguimos pagando (y este mes se acaban de efectuar nuevos desembolsos) la realidad es que continuamos debiéndole al FMI los mismos 45.000 millones de capital que tomó prestados Macri (recordemos que para fugarlos con beneficios para sus amigos). A ello le tenemos que agregar que, por más renegociación con los privados que hubo en 2020, el monto total de la deuda externa siguió aumentando y hoy (sumando deuda del estado nacional, Banco Central, provincias y otros pasivos contingentes, como juicios a pagar en jurisdicciones extranjeras) ya orilla los 500.000 millones de dólares.

¿A qué vuelve el FMI?

Apenas terminado el balotaje, una delegación del FMI arribará a nuestro país. Su objetivo será realizar una nueva auditoría del cumplimiento de la metas del programa. Pero, lo más importante, antes de desembolsar los montos pendientes comprometidos (que, recordemos no son para otra cosa que para cumplir con los vencimientos con el propio Fondo), es que se procederá a renegociar todo el acuerdo. No importa que el actual gobierno peronista haya enviado al Congreso Nacional un presupuesto que ya contiene lo esencial de las medidas de ajuste. Se nos exigirá aún más. Es que el nuevo acuerdo de facilidades extendidas que se viene tendrá como requisitos avanzar con la reforma laboral (flexibilización de los convenios), la previsional (subir la edad jubilatoria y terminar con los regímenes especiales, empezando por el docente) y fiscal (menos impuestos a los ricos y más al pueblo trabajador, a la vez de desfinanciar a las provincias, de quiénes dependen la salud y la educación públicas. Además de una nueva devaluación y un fortísimo tarifazo en los servicios públicos privatizados.

Massa vuelve con lo mismo que amagaron el anterior ministro de Economía, Martín Guzmán y la propia Cristina. Que es posible renegociar un acuerdo “progre” que garantice inclusión social y redistribución de la riqueza. Con plazos más largos (a veinte años) para que no se acumulen tantos vencimientos y una tasa de interés más baja que la prohibitiva actual (que llega hasta el usurario valor de 8% anual en dólares). Nada de esto sucederá. El FMI viene por su proyecto de siempre: cobrar y ajustar, ajustar y cobrar. Gane quien gane lo primero que tendrá que resolver es su política frente a las exigencias del Fondo. Massa ya ha dicho que no piensa romper el acuerdo ni dejar de pagar la deuda. Milei fue peor aún: anunció que va a realizar un ajuste mayor aún al exigido por el FMI.

¿Cuál es la salida?

Como venimos señalando insistentemente desde Izquierda Socialista y el Frente de Izquierda Unidad: no existe ningún acuerdo “progresista” o que garantice “el crecimiento y la redistribución de la riqueza” de la mano del FMI. La única salida pasa por romper con las cadenas políticas y económicas que nos atan al Fondo, dejar de pagar ya mismo la deuda externa, y poner todos esos recursos al servicio de un plan económico de emergencia, obrero y popular, que vuelque todos los recursos para comenzar a resolver las más urgentes necesidades de salarios y jubilaciones dignas, trabajo genuino, salud y educación pública de calidad y vivienda populares para quiénes la necesiten.

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