Jun 19, 2026 Last Updated 8:09 PM, Jun 18, 2026

Escribe Mariano Barba

La conmemoración del 1° de Mayo por parte de la CGT, realizada el jueves 30, pasará a la historia porque se pareció más a una misa con oradores que a un acto reivindicativo. Comenzó con el discurso de un cura. Hubo algunas críticas al gobierno, pero terminaron enojados con quienes les cantaban desde abajo “paro, paro, paro, paro general”. No se habló de un plan de lucha.

Recordemos que el gobierno de Javier Milei logró imponer en febrero la reforma laboral con el voto de diputados y senadores radicales y peronistas. La CGT no la enfrentó porque negoció mantener la caja de las obras sociales y el aporte “solidario”, a cambio de dejar pasar el resto del ataque a conquistas históricas de la clase trabajadora. Luego optó por judicializar la reforma y consiguió una medida cautelar que suspendió la aplicación de 82 artículos. Con ese fallo, convocó al acto del 30. Sin embargo, pocos días antes, la Cámara de Apelaciones del Trabajo revirtió la cautelar y confirmó la plena vigencia de la reforma. Ante este nuevo ataque, la CGT volvió a no hacer nada.

El 30, la concurrencia no llenó la Plaza ni mostró entusiasmo por escuchar a los oradores. En primera fila participaron Gerardo Martínez, de la Unión Obrera de la Construcción, amigo de Milei e integrante del Consejo de Mayo; Andrés Rodríguez, de la Unión del Personal Civil de la Nación; Juan Carlos Schmid, de la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte; Sergio Palazzo, de La Bancaria; y Walter Correa, ministro de Trabajo de la provincia de Buenos Aires. También hubo presencia de todas las alas del peronismo, desde el kicillofismo hasta quienes responden a Cristina Fernández de Kirchner. Las primeras filas del acto estuvieron copadas por la burocracia sindical y la cúpula del peronismo.

El acto comenzó con un homenaje al papa Francisco, a un año de su fallecimiento, reivindicado por el cura villero Lorenzo “Toto” de Vedia, quien llamó a “pensar en la unidad más que en las internas”, interviniendo en la interna del peronismo.

La CGT sigue traicionando

Luego hablaron los tres integrantes del triunvirato: Jorge Sola, del Seguro; Cristian Jerónimo, del Vidrio; y Octavio Argüello, de Camioneros. Argüello llamó a “profundizar los conflictos, se terminó la paciencia, señor presidente”. Parecía que se convocaría a un nuevo paro general, pero todo quedó en una arenga. No se convocó a ninguna medida. Jerónimo también criticó al gobierno. Sin embargo, quien dejó claro el rumbo de la CGT fue Sola al cerrar el acto. Respondió a las críticas y afirmó: “A los que nos critican, les decimos que esta CGT estuvo siempre al frente de esta lucha […] y hacemos un llamado claro a las empresas nacionales y a las pymes: es el momento de estar juntos. El movimiento obrero no es enemigo de las empresas. Tenemos que estar más unidos que nunca”. Más claro imposible.

La CGT no hizo prácticamente nada contra el gobierno y tampoco hará nada contra los grandes empresarios que pagan salarios miserables, despiden o cierran empresas. Tampoco impulsará un plan de lucha contra la motosierra de Milei, a la que prácticamente no mencionaron durante el acto.
Que la CGT ya se montó en la campaña electoral del peronismo lo demuestra su accionar el viernes 1° de mayo por la mañana. Sus dirigentes asistieron a un encuentro en Parque Norte, donde se reunieron con referentes del Partido Justicialista de varias provincias, senadores, diputados e intendentes que buscan construir una alternativa electoral dentro del peronismo.

En síntesis, en este 1° de mayo la CGT volvió a mostrar su desprecio por las necesidades de las y los trabajadores. Esa actitud es la que denunciamos desde Izquierda Socialista, el sindicalismo combativo y el Frente de Izquierda Unidad. Por eso le exigimos que rompa el pacto con el gobierno ultraderechista y convoque a un paro y a un plan de lucha nacional para derrotar la motosierra de Milei y de los gobernadores, como lo reclamó un sector en su acto. Mientras tanto, seguimos apoyando todas las luchas para que triunfen y apostando a construir una nueva conducción combativa y democrática, como impulsa el Plenario del Sindicalismo Combativo y como se expresó en el acto unitario de Plaza de Mayo convocado por Izquierda Socialista, el Partido Obrero y el MST.

Acto completo


Escribe Mercedes de Mendieta, diputada nacional electa Izquierda Socialista/ FIT Unidad

En una nueva postal de alineamiento con Washington, Javier Milei volvió a mostrar su sometimiento explícito a Trump y el imperialismo norteamericano y en contra de cualquier atisbo de soberanía nacional. Esta vez, en un gesto verdaderamente lamebotas se subió al portaaviones estadounidense USS Nimitz (una de las máquinas de guerra más imponentes del planeta) y participó de ejercicios navales en el Atlántico Sur, a escasos kilómetros de Mar del Plata, en el marco del operativo Passex 2026. A bordo de un portaaviones nuclear y rodeado de funcionarios, Milei escenificó un nuevo acto de subordinación a Estados Unidos, profundizando una política exterior alineada con los intereses del imperialismo.

Sin dudas se trató de un gesto político contundente: el presidente es funcional al intento de Trump de convertir a nuestro país en un punto estratégico geopolítico para convertirnos en el “patio trasero” de Estados Unidos, en línea con la vieja Doctrina Monroe que desde el siglo XIX define a América Latina como zona de influencia exclusiva del imperialismo norteamericano y que ha tomado fuerza desde la llegada del ultraderechista Trump a su segunda presidencia.

Si bien el ingreso de fuerzas extranjeras requiere la autorización del Congreso Nacional, como ya nos tiene acostumbrados, Milei lo hizo mediante el Decreto 264/2026, lo que refuerza su carácter autoritario al servicio del ataque a la soberanía nacional.

Una escena obscena: los lamebotas del imperialismo

El espectáculo montado sobre el USS Nimitz incluyó el traslado del presidente en un avión militar estadounidense que aterrizó directamente sobre la cubierta del portaaviones nuclear. A su lado, una comitiva que incluyó desde Karina Milei; el ministro de Defensa, Carlos Presti; la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva; el canciller, Pablo Quirno; el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem; el embajador de Estados Unidos en la Argentina, Peter Lamelas; el jefe del Estado Mayor Conjunto, Marcelo Dalle Nogare; y el jefe de la Armada, Juan Carlos Romay. La “casta” estuvo presente en pleno, ahora alineada bajo la bandera de la sumisión militar con Washington.

La visita al portaaviones se suma a otros gestos recientes de sumisión, como el impulso a una Base Naval Integrada en Ushuaia junto al Comando Sur estadounidense. Bajo el argumento de la “cooperación”, se abre la puerta a una mayor injerencia militar extranjera en una zona estratégica clave: el acceso a la Antártida y los recursos del Atlántico Sur.

Pero el alineamiento de Milei no se queda en el Atlántico Sur. Milei se encolumna sin matices detrás de la ofensiva imperialista de Trump y Netanyahu contra Irán y el Líbano. En un gesto de provocación mientras la Flotilla Global Sumud viaja a Gaza a intentar romper el cerco humanitario, viajó a Israel en plena escalada genocida en medio oriente, y más allá de que protagonizó escenas que fueron un verdadero papelón, incluidos cantos y gestos extravagantes, se reunía con el principal genocida del mundo y con pedido de captura internacional Benjamin Netanyahu. Mostrando una vez más su complicidad con el genocidio hacia el pueblo palestino, por lo que seguimos diciendo ¡No en nuestro nombre! Por una Palestina Libre del Río al Mar.

Milei se muestra decidido a profundizar un modelo de dependencia que subordina los intereses nacionales a las necesidades geopolíticas de Estados Unidos. Mientras nuestro país cae en la decadencia de la motosierra con una crisis económica y social muy profunda, se fortalecen los vínculos con el aparato militar de la principal potencia imperialista mundial. Hoy el gobierno ultraderechista se muestra como un actor disciplinado dentro del esquema global del imperialismo norteamericano.

Escribe Adolfo Santos
Dirigente de Izquierda Socialista/FIT Unidad

Peter Thiel está en Argentina. Se compró una casa por 12 millones de dólares en el exclusivo Barrio Parque de CABA y se reunió en Casa Rosada con el presidente ultraderechista Javier Milei. Este megamillonario germano-estadounidense que se define como “muy libertario” y cree que las libertades democráticas y lo que él entiende como “libertad” son incompatibles, claramente en la línea más de ultraderecha de los anarco-capitalistas. Es el dueño de Palantir Technologies una plataforma de datos utilizados por la CIA y otros organismos militares y de inteligencia.

Miembro del Partido Republicano, el mismo de Donald Trump, Thiel es parte del negocio de las empresas tecnológicas digitales. Fue fundador de PayPal, una empresa de alcance mundial que intermedia pagos y transferencias de dinero entre usuarios y en 2002 la vendió a eBay por mil quinientos millones de dólares. Es socio en decenas de empresas como Facebook, entre otras, que le generaron una fortuna de miles de millones de dólares y lo integraron a los círculos de los megamillonarios, como Elon Musk. Aunque no sufrió acusaciones directas, aparece mencionado en los archivos de Epstein.

Pero su más polémica y cuestionable actividad se generó a partir del papel de su empresa Palantir colocando el desenvolvimiento tecnológico de Inteligencia Artificial (IA) al servicio de la guerra. Su IA es soporte del proyecto Maven, un programa del Pentágono que almacena millones de datos mediante los cuales el máximo organismo militar norteamericano mantiene un control sobre personas, organizaciones, instituciones, gobiernos y países lo que, entre otras cosas, le facilita las operaciones militares. Originalmente, era Google quien suministraba esos datos, sin embargo, a raíz de una serie de huelgas y protestas de los empleados de esa empresa contra un suministro que implicaba crímenes y muertes inocentes, en 2018 Google fue obligada a romper el contrato con el Pentágono.

La utilización de los informes que le provee Palantir a los servicios de inteligencia del imperialismo yanqui y que este comparte con el régimen sionista israelí, han generado y siguen generando repugnantes crímenes. Uno de los más graves fue el reciente bombardeo de la escuela primaria Shajareh Tayyebeh en Minab, al sur de Irán que asesinó 168 niñas de entre 7 y 12 años. El ejército yanqui utilizó la IA de Palantir para identificar ese objetivo que, por estar desactualizado habría, supuestamente, indicado que se trataba de un cuartel militar. Se trata de la misma herramienta tecnológica que utiliza el sionismo que, desde el Centro de Coordinación Civil-Militar (CMCC) que opera en el sur de Israel, vigila y organiza ataques aéreos contra poblaciones palestinas indefensas.

Rechazamos los honores con los que Milei y el canciller Pablo Quirno reciben a Peter Thiel en la Casa Rosada con la motosierra en la cabecera de la mesa. Mucho menos que se instale en nuestro país para acompañar el experimento anarcocapitalista del libertario. Thiel es un agente del Pentágono y de los servicios de inteligencia norteamericanos, además de miembro destacado de la ultraderecha mundial: Parte de su tarea va a ser apoderarse de la mayor cantidad de datos posibles para ofrecerlos a las multinacionales yanquis y a los servicios de inteligencia norteamericano y así ampliar su influencia. Viene a nuestro país a colaborar con el gobierno de ultraderecha de Milei y ofrecer sus conocimientos para restringir, aún más, la democracia y las libertades.

El mismo día que Javier Milei recibió a Peter Thiel en Casa Rosada, determinó la clausura de la sala de periodistas de Casa de Gobierno. Un hecho inédito que ni siquiera la dictadura genocida se animó a ejecutar. ¿Casualidad? La realidad es que coincidió con la visita de quien cree que las libertades democráticas deben ser eliminadas y reemplazadas por regímenes autoritarios, donde se sometan a los pueblos a la más feroz superexplotación y a sus recursos al saqueo de los megamillonarios.  La visita de Peter Thiel es una muestra de a dónde quiere ir el gobierno ultraderechista de Javier Milei y cuál es el camino para imponer su ajuste de la motosierra. Una razón para seguir luchando contra este plan de guerra contra el pueblo trabajador.

Todas las mediciones dan una abrupta caída en la consideración del gobierno de Javier Milei. No es para menos. La motosierra sigue provocando enormes penurias para el pueblo trabajador y la juventud.

Una encuesta del 9 de abril de la consultora Zuban Córdoba señala que el 65% desaprueba al presidente, algo que fue corroborado por otra de la Universidad de San Andrés. También revela que el 74% está económicamente mal y que, si las elecciones fueran hoy, el 60% no votaría al gobierno nacional.

Clarín, aún antes del escándalo de Manuel Adorni, había analizado diez estudios nacionales que mostraban que sólo el 37% evaluaba positivamente al gobierno y que, por primera vez, se le atribuía la responsabilidad directa de lo que está ocurriendo, y ya no a la “herencia recibida” (46% de responsabilidad de Milei frente a 41% del gobierno anterior). A su vez, también se redujo drásticamente la franja de quienes decían “estoy mal, pero estaremos mejor”, lo que muestra la caída de las expectativas de cambios favorables a futuro.

Para medir el malhumor social, entre otros datos, la consultora reveló que el 72% rechaza las agresiones imperialistas de Donald Trump a Irán (entre ellos, el 53% de quienes votaron a Milei en el balotaje) y que el alineamiento con Trump y el asesino Benjamín Netanyahu por parte de Milei “no representa al conjunto del pueblo argentino”. Otro dato contundente es que Milei pierde “la batalla cultural” en las redes: el 89% de las menciones le son contrarias.

Si bien es cierto que la corrupción del caso Adorni, y otros, impacta directamente sobre el gobierno, todos los analistas consideran que el desasosiego social radica en la mala situación económica: la inflación, la caída permanente de los salarios y jubilaciones, los despidos y el ataque sistemático a los más necesitados. Es decir, no se trata de una caída coyuntural del gobierno, sino de algo más estructural. “En pocas semanas el gobierno perdió el capital político que había mostrado tras el triunfo electoral de octubre pasado. El 60% bascula entre la bronca, la impotencia, la frustración, el hartazgo y el enojo. La paciencia social que el presidente pidió no es infinita, ni ciega ni absoluta. Empieza a dar muestras de agotamiento” (La Nación, 12/4, columna de Joaquín Morales Solá). Comentarios de este tipo inundan los medios.

Milei acusó el golpe. Tuvo que reconocer que hay personas que la pasan mal, pidió un par de veces “paciencia” y llegó a calificar como “repugnante” el 3,4% de inflación de marzo. Incluso dejó entrever un resultado electoral adverso al decir: “Si no nos acompañan no pasa nada, todos podemos volver a trabajar en el sector privado”. Pero, a renglón seguido, señaló que “la motosierra no se detiene”. El ministro de Economía, Luis Caputo, por su parte, volvió a sus mentiras al afirmar que los próximos 18 meses serán los mejores, que se viene la desinflación y el crecimiento y que por eso “somos referencia en el mundo”. Es decir, más de lo mismo.

Que la motosierra sigue lo demuestra el envío de una ley para atacar a las personas con discapacidad, con más quitas de pensiones, medicamentos y tratamientos; el ataque a las universidades mediante el ahogo presupuestario y el incumplimiento de la Ley de Financiamiento aprobada; y la amenaza de 700 despidos en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial, 785 en la Dirección Nacional de Vialidad, desvinculaciones en el Servicio Meteorológico Nacional y en la Comisión Nacional de Energía Atómica, entre otras medidas repudiables.

El peronismo, ante esto, mira todo en función de las presidenciales de 2027. En medio de su crisis interna y de los tejes y manejes electoralistas, deja correr el desgaste de Milei sin ponerle palos en la rueda, pensando solo en los votos. Creían que esa política les iba a funcionar el año pasado y fracasaron. Ya hicieron lo mismo en 2019, cuando pidieron el voto “contra la derecha” de Mauricio Macri, ganaron y llevaron al pueblo trabajador al desastre. La CGT, por su parte, sigue en pacto con el gobierno. Lo ratifica su acto-misa del 30 de abril. Vergonzoso.

¿Cuál es la tarea entonces de las y los luchadores? En primer lugar, enfrentar el plan motosierra de Milei, los gobernadores y el FMI hasta derrotarlo, repudiando el pacto de la CGT y exigiendo que convoque a un paro general y un plan de lucha nacional. En segundo lugar, postular otro plan económico alternativo, obrero y popular. Ante la debacle del gobierno y la crisis social, se hace imperioso luchar por aumento de salarios y jubilaciones, contra los despidos y por medidas de fondo que solo el Frente de Izquierda Unidad postula, como el no pago de la deuda externa, la reestatización de las privatizadas y la nacionalización de la banca y el comercio exterior. En tercer lugar, postular al Frente de Izquierda Unidad como la única alternativa política en defensa del pueblo trabajador y de la juventud.

Así como las encuestas dan mal a Milei, en contrapartida, el Frente de Izquierda ha pegado un salto en la consideración de una importante franja obrera y popular. Por eso vamos a postular al Frente de Izquierda el 1° de mayo con el gran acto que estamos impulsando entre Izquierda Socialista, el Partido Obrero y el MST en Plaza de Mayo. Lamentablemente, el PTS, con su referenta Myriam Bregman, dividió al Frente de Izquierda Unidad al convocar a un acto propio. Un grave error, más en esta situación.

Para dar con más fuerza las peleas venideras, llamamos a las y los trabajadores y demás sectores populares a concurrir el 1° de mayo a Plaza de Mayo, postulando un gobierno de la clase trabajadora y de la izquierda que termine con los males sociales e inicie un cambio de fondo, obrero y popular, para terminar con este sistema capitalista de hambre y explotación.

Nuestro semanario. En el que te acercamos el reflejo de las luchas del movimiento obrero, las mujeres y la juventud, además un análisis de los principales hechos de la realidad nacional e internacional.

Es una herramienta fundamental para fortalecer a Izquierda Socialista y al Frente de Izquierda.

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