Oct 20, 2026 Last Updated 5:24 PM, Oct 19, 2026

El primer candidato a diputado provincial por la Tercera Sección Electoral de las listas de Milei es Maximiliano Bondarenko, un ex comisario de la “maldita” Policía Bonaerense, conocida por regentear el juego clandestino, la droga, la prostitución, los desarmaderos de autos robados y las zonas liberadas para los piratas del asfalto.

Este ex comisario no es nuevo en la política bonaerense, es un típico tránsfuga que pasó por el PRO, luego se incorporó al radicalismo en el sector de Facundo Manes, y finalmente dio otro salto para aterrizar en La Libertad Avanza (LLA). Es un símbolo claro de cómo piensa ejecutar el ajuste de la motosierra: con palos y represión. 

Escribe Adolfo Santos

El cierre de listas del peronismo, ahora Fuerza Patria, en la provincia de Buenos Aires, quedó cruzado por una feroz interna. Los tres principales grupos en pugna: La Cámpora (kirchnerismo), el “massismo” y el Movimiento Derecho al Futuro del gobernador Axel Kicillof, trataron hasta última hora de imponer sus candidatos. Con el plazo casi agotado y sin un acuerdo cerrado, cerca de la medianoche un sospechoso corte de luz, obligó a la Justicia Electoral a prorrogar el plazo hasta el lunes. Consiguieron un respiro para evitar una fractura expuesta, pero no pueden disimular la profunda crisis de ese partido.

Como expresó un dirigente peronista kirchnerista: “Un cierre así es una catástrofe. Las heridas van a quedar, pero nos une el espanto de Milei”. La disputa no es programática o por integrar referentes que hayan estado a la cabeza de las luchas, es por cargos y espacios de poder que le permitan tener influencia en los negocios que ofrece la política patronal. Salvo pequeños períodos, el peronismo gobierna la provincia desde hace décadas y la situación social ha empeorado sin solución de continuidad. Kicillof también aplica el ajuste. Lo sufren las y los docentes, los trabajadores y trabajadoras de la salud o los estatales, en el Gran Buenos Aires aumenta el desempleo y más del 50% de la población vive bajo la línea de pobreza.

Frente a ese escenario, amplios sectores populares no ven salida con el peronismo, lo que lleva a políticos oportunistas a saltar del barco para tratar de retener votos. Es el caso del intendente de Tigre, el ex massista Julio Zamora, que se sumó a Somos Buenos Aires, una lista integrada por referentes de diferentes partidos patronales que se autodenomina la “tercera vía”. Es un “sálvese quien pueda” frente a una crisis que cada vez tiene más dificultades para mantener unido al peronismo y donde la pelea por  los pequeños espacios de poder se disputa a dentelladas.

No hay nada nuevo o que pueda “enamorar” en las candidaturas de Fuerza Patria. Son las caras de siempre. Veamos los candidatos de las dos principales secciones electorales. En la Primera presentan al ex ministro de Alberto Fernández Gabriel Katopodis, a Malena Galmarini, esposa de Sergio Massa, y a Mario Ishii, intendente de José C Paz, famoso por admitir que cubría a los ambulancieros cuando vendían “falopa” en su municipio. En la Tercera sección Fernando Espinosa, acusado de abuso sexual, irá como primer candidato a concejal por La Matanza y Verónica Magario, ex intendenta de ese partido y actual vicegobernadora de la provincia, será la principal figura. Algunos de ellos solo se presentan de forma “testimonial”, engañando al votante, porque luego no asumirán. Ninguno representa los intereses de los que sufren el ajuste y pelean en las calles contra el plan motosierra. 

El peronismo no es salida para el pueblo trabajador, es más de lo mismo. Por eso es fundamental apoyar y votar las listas del Frente de Izquierda Unidad, la única alternativa para el pueblo pobre y trabajador. Es la única fuerza cuyos legisladores a nivel nacional, provincial y municipal se han plantado contra las medidas de ajuste de Milei y de los gobernadores, incluido Kicillof. Lo hacen desde sus bancas, pero también en las calles, participando, apoyando y tratando de unificar las luchas para que triunfen. El FIT Unidad es el único espacio que propone un programa alternativo frente al ultraderechista Milei y el doble discurso del peronismo, cuya propuesta es “mejorar” las negociaciones con el FMI y los acreedores usureros, una estrategia que nos llevó al desastre actual. Contra todas las variantes patronales, sumate a fortalecer una alternativa de izquierda en la disputa electoral.


Escribe José Castillo

Javier Milei y Luis Caputo anuncian que, supuestamente, han derrotado la inflación. Pero esa afirmación está muy lejos de la realidad que vive cada día el pueblo trabajador.

El gobierno festejó porque la inflación oficial de junio fue del 1,6%. Ese fue el número del Índice de Precios al Consumidor (IPC) nacional. Se mantuvo en línea con el dato de mayo (1,5%). Por supuesto, Milei, el ministro Caputo y el coro de periodistas afines al oficialismo salieron a repetir, como loros, que se trataba de “un gran éxito”, que la inflación está aniquilada y que esto “demuestra” las bondades del plan económico. Sin embargo, cualquier trabajador o trabajadora, jubilado o jubilada, o quienes viven de changas y se las rebuscan como pueden, sienten en el bolsillo que nada de eso se corresponde con la realidad.

Lo primero y principal: el conjunto de los salarios (formales, tercerizados, públicos, privados e incluso los de la economía informal) ha quedado muy rezagado respecto de la astronómica suba de precios del año pasado. Quien menos perdió, resignó al menos un 15 % de sus ingresos; otros, mucho más, llegando a superar el 30%. En lo que va de 2025, la inflación siguió ganándole por goleada a los salarios y jubilaciones. La prueba más clara es que la Secretaría de Trabajo no está homologando acuerdos paritarios que superen el 1% mensual. Incluso en mayo y junio (los “mejores meses” en términos inflacionarios) los salarios volvieron a perder frente al índice de precios.

Sobran las encuestas y testimonios que confirman que la inmensa mayoría del pueblo trabajador no llega a fin de mes. Es impactante la cantidad de personas que usa tarjetas de crédito para comprar comida y termina endeudada. La morosidad ya alcanza el 5% en tarjetas bancarias y el 10% en medios de pago no bancarizados. Es decir, miles de familias no pueden pagar las cuotas y quedan atrapadas en financiaciones con tasas usurarias que superan el 100% anual.

¿Cuánto es, efectivamente, el costo de vida para el pueblo trabajador?

Son muchísimos los trabajadores y trabajadoras que sienten que su bolsillo perdió mucho más que el 1,6% que marcó el IPC de junio. Y efectivamente, una lectura fina de los propios datos oficiales permite entender por qué. En el Gran Buenos Aires, por ejemplo, la inflación fue más alta (2%), un valor similar al que registró la inflación en CABA (2,1%).

Pero hay otro factor, más técnico, que también ayuda al gobierno a enmascarar lo que realmente ocurre con los ingresos populares: el IPC se calcula en base a una canasta de consumos vieja, de 2004/2005. En ese entonces, las tarifas de servicios públicos y otras boletas tenían mucho menos peso en los gastos del hogar. Incluso había consumos que no existían, como Netflix o Spotify. El rubro que más impacto tenía era alimentos y bebidas.

Hoy, cualquier trabajador o trabajadora sabe que apenas empieza el mes, ya se le va una parte sustancial del sueldo en pagar la luz, el gas, el agua, el celular, internet, la SUBE y, si corresponde, prepagas o colegios privados. Si se le suma expensas y alquileres, prácticamente no queda nada. Y justamente, esos son los rubros que más aumentaron durante el gobierno de Milei. En el último año (junio 2024 a junio 2025), la inflación interanual fue del 39,4%, pero en servicios como luz, agua, transporte, prepagas y gastos financieros, la suba fue del 63,6%. ¿A alguien le habrán aumentado los ingresos un 60%? Ahí está el verdadero agujero en el bolsillo popular.

Incluso el supuesto “éxito” del gobierno en junio, con un 1,6%, oculta diferencias internas importantes: los bienes de consumo, como alimentos, subieron 0,8%, pero los servicios aumentaron 3,2%.

La Junta Interna de ATE Indec dio un dato lapidario para sintetizar lo que se está viviendo: en junio, una familia tipo necesitó 1.869.924 pesos para cubrir su canasta familiar. La inmensa mayoría de la clase trabajadora gana mucho menos. Ni hablar de las jubilaciones.

Por todo esto, necesitamos seguir luchando contra este plan de hambre: la motosierra de Milei, los gobernadores y el FMI. Es urgente exigir a la CGT y a las CTA que rompan el inmovilismo y convoquen a un nuevo paro general de 36 horas. Y, al mismo tiempo, oponer al programa de súper ajuste otro completamente distinto: un programa obrero y popular, que empiece por dejar de pagar la deuda externa, rompa con el FMI y ponga todos los recursos al servicio de resolver las urgencias del pueblo trabajador.


Escribe José Castillo

El gobierno dice que el magro incremento votado en el Congreso para las y los jubilados pone en riesgo la estabilidad del plan económico. Pero la realidad es que, este año, lo que se gasta mensualmente en jubilaciones es similar a lo que se capitaliza en intereses para los bancos por letras, bonos, pases y otros instrumentos financieros. Si tomamos el famoso “aumento” votado semanas atrás (y que Javier Milei se dispone a vetar) su costo representa cinco veces menos que ese monto.

El oficialismo intenta evitar que se dispare la inflación manteniendo artificialmente bajo el valor del dólar. Lo consigue, por ahora, gracias a que está utilizando los fondos que ingresaron por el préstamo del FMI, además de otros créditos menores de bancos internacionales. Todo ese dinero deberá devolverse con intereses. Con esos dólares se financia la fiesta de productos importados, el turismo al exterior y la fuga de capitales de los especuladores financieros amigos del gobierno.

¿Cómo evita que los pesos de esos especuladores vayan directo a comprar dólares y disparen la cotización? Garantizándoles mejores y más seguros negocios en pesos, junto con la certeza de que, cuando quieran, podrán volver a dólares sin trabas. El mecanismo es el mismo que desde hace décadas se conoce como “bicicleta financiera”, hoy rebautizada en la City como carry trade. En concreto, los bancos, financieras, agencias de bolsa y cuevas del microcentro venden dólares, se pasan a pesos e “invierten” en instrumentos financieros (bonos, letras, pases) con tasas astronómicas. En algún momento, cuando consideran que ya ganaron lo suficiente o que el riesgo aumentó, piden cobrar en efectivo esos títulos, y con ese dinero vuelven al dólar, provocando una suba abrupta de su precio. Es la misma historia de siempre en la especulación argentina.

En estos días vivimos un nuevo capítulo. El ministro Luis Caputo intentó canjear las LEFI (letras financieras que vencían diariamente y rendían casi un 30% anual) por otras letras, las Lecap, de mayor plazo y menor tasa. Los bancos no aceptaron. Liquidaron sus LEFI, cobraron en efectivo y se fueron al dólar, que subió por encima de los 1.300 pesos. El gobierno retrocedió y volvió a ofrecer pases (instrumento similar a las LEFI), otra vez a un día, pero con una tasa del 47%. Los bancos aceptaron, encantados con una tasa más alta y el mismo plazo que antes. El dólar, por su parte, quedó en 1.300: prácticamente no bajó. En resumen, ganaron los que apostaron al dólar y también los que especularon en pesos. Y todo eso lo pagamos todos. Como se decía al principio, ese mecanismo cuesta mucho más que el conjunto de las jubilaciones. Un ejemplo concreto, en pocos días, de cómo ganan los buitres y pierde el pueblo trabajador.

Los vencimientos de esta y todas las estafas anteriores se acumulan. Ya se esfumó el 44% del préstamo del FMI. De acá a fin de año vencen más de 10 mil millones de dólares entre el gobierno nacional, las provincias, el Banco Central y la deuda “privada”. A eso se suma toda esa montaña de bonos y letras en pesos que, en cualquier momento, pueden convertirse en deuda en dólares.

Por eso, insistimos: hay que cortar de raíz esta bola especulativa. Hay que dejar de pagar todo vencimiento de deuda externa y romper el acuerdo con el FMI que nos somete. Ese es el prerrequisito básico para poder implementar un programa alternativo que priorice al pueblo trabajador y no a los pulpos financieros.



Escribe Mercedes de Mendieta, diputada nacional Izquierda Socialista/FIT Unidad

En una semana difícil para el gobierno de Javier Milei, tanto en el Congreso como en las calles, el Senado aprobó leyes que generaron una fuerte reacción del oficialismo. Se trata de dos demandas populares: el aumento de las jubilaciones y la continuidad de la moratoria previsional, además de declarar la emergencia en discapacidad.

La respuesta del “brazo armado digital” de las Fuerzas del Cielo no se hizo esperar. En la red social X, el Gordo Dan llamó a sacar “los tanques a las calles” y afirmó que “hay que dinamitar el Congreso”. Sus provocaciones no fueron casuales. La ministra represora de Inseguridad, que avanza con detenciones arbitrarias, palos a jubiladas y jubilados, y ciberpatrullaje en redes sociales, no dudó en denunciar un supuesto “golpe institucional”.

Al troll liberfacho se le sumó otro: Fran Fijap, tuiteando que “hay que dinamitar todo el Congreso, con diputados y senadores adentro”. En la misma línea, la cuenta “El Trumpista” posteó: “El Javo debería organizar milicias populares, entregando armamento a ciudadanos para facilitar el cierre del Congreso”.

“El Gordo Dan” es líder de la tropa, dirige campañas del ejército de trolls liberfachos y, a su vez, es conductor del streaming Carajo, desde donde se han iniciado campañas de odio, como por ejemplo contra la periodista Julia Mengolini, y mensajes homodiantes hacia el diputado Esteban Paulón, entre tantos otros. El Gordo Dan no es un outsider cualquiera: es una pieza del engranaje comunicacional del mileísmo, un vocero informal. Es el “brazo armado digital” de los llamados líderes de las Fuerzas del Cielo.

Ahora bien, llamar a “sacar tanques a la calle” o “ponerle una bomba al Congreso” no es una metáfora inocente. Es una incitación directa a la violencia política, que no solo banaliza el terrorismo de Estado y la violencia institucional de nuestra historia reciente, sino que también legitima un clima de persecución contra quienes piensan distinto. Nada extraño viniendo de quienes niegan el genocidio e impulsan campañas contra opositores.

Días atrás, el presidente de La Libertad Avanza en la localidad bonaerense de Punta Indio y militar retirado, Pablo Cabrera, realizó una repudiable declaración sobre los Ford Falcon verdes (símbolos de la última dictadura genocida) diciendo que “olía a justicia”.

Llamamos a repudiar los dichos del Gordo Dan y de todo el ejército de trolls negacionistas de Milei, y advertimos que cualquier intento de vetar estas leyes será respondido con la más amplia unidad en las calles.

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